<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6662313409533785359</id><updated>2011-12-13T14:30:20.342-08:00</updated><category term='Spencer'/><category term='Mises'/><category term='Rand'/><category term='Thoreau'/><category term='Read'/><category term='Spooner'/><category term='Hayek'/><category term='Whittle'/><category term='Bastiat'/><category term='Sowell'/><title type='text'>Textos Liberales</title><subtitle type='html'>Blog Anexo a Liberales Argentinos</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://textosliberales.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6662313409533785359/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://textosliberales.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>SkyNet silverstar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13554111438503881841</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='22' src='http://bp0.blogger.com/_aY_6UVEczgs/R31CohKLrvI/AAAAAAAAC8M/ZLAYouAHYbM/S220/malvina.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>13</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6662313409533785359.post-5963545468490512109</id><published>2009-01-31T18:24:00.001-08:00</published><updated>2009-01-31T18:24:59.727-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Bastiat'/><title type='text'>El Estado</title><content type='html'>&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Por Frédéric Bastiat  &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; &lt;small&gt; Composición aparecida en el &lt;i&gt;Diario de Debates&lt;/i&gt;, número del 25 de setiembre de 1948. &lt;/small&gt;  &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Yo quisiera que se creara un premio, no de quinientos francos, sino de un millón, con coronas, cruz y cinta en favor de aquél que diera una definición buena, simple e inteligible de esta palabra: El Estado. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; ¡Qué inmenso servicio proporcionaría a la sociedad! ¡El Estado! ¿Qué es? ¿Dónde está? ¡Qué hace? ¿Qué debería hacer? &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Todo lo que nosotros sabemos es que es un personaje misterioso, y seguramente el más solicitado, el más atormentado, el más atareado, el más aconsejado, el más acusado, el más invocado y el más provocado que hay en el mundo. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Porque, Señor, no he tenido el honor de conocerle, pero yo apuesto diez contra uno a que después de seis meses Usted hace utopías, y si Usted hace utopías, apuesto diez contra uno a que Usted encarga al Estado de realizarlas. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Y Usted, Señora, estoy seguro de que desearía en el fondo de su corazón curar todos los males de la triste humanidad y que Usted no estaría de ningún modo molesta si el Estado quisiera solamente prestarse a ello. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Pero, ¡ay! El infeliz, como Fígaro, no sabe a quién oír ni a cuál lado volverse. Las cien mil bocas de la prensa y de la tribuna le gritan a la vez: &lt;/p&gt;&lt;dl style="text-align: justify;"&gt;&lt;dd&gt; "Organiza el trabajo a los trabajadores. &lt;/dd&gt;&lt;dd&gt; Extirpa el egoísmo. &lt;/dd&gt;&lt;dd&gt; Reprime la insolencia y la tiranía del capital. &lt;/dd&gt;&lt;dd&gt; Haz experimentos sobre el estiércol y sobre los huevos. &lt;/dd&gt;&lt;dd&gt; Surca el país de rieles. &lt;/dd&gt;&lt;dd&gt; Irriga los llanos. &lt;/dd&gt;&lt;dd&gt; Puebla de árboles las montañas. &lt;/dd&gt;&lt;dd&gt; Funda granjas modelos &lt;/dd&gt;&lt;dd&gt; Funda talleres armoniosos. &lt;/dd&gt;&lt;dd&gt; Coloniza Argelia. &lt;/dd&gt;&lt;dd&gt; Amamanta a los niños. &lt;/dd&gt;&lt;dd&gt; Instruye la juventud. &lt;/dd&gt;&lt;dd&gt; Asegura la vejez. &lt;/dd&gt;&lt;dd&gt; Envía a los campos los habitantes de los pueblos. &lt;/dd&gt;&lt;dd&gt; Pondera los beneficios de todas las industrias. &lt;/dd&gt;&lt;dd&gt; Presta dinero sin interés a quienes lo deseen. &lt;/dd&gt;&lt;dd&gt; Libera Italia, Polonia y Hungría. &lt;/dd&gt;&lt;dd&gt; Eleva y perfecciona el caballo de silla. &lt;/dd&gt;&lt;dd&gt; Estimula el arte, fórmanos músicos y bailarines. &lt;/dd&gt;&lt;dd&gt; Prohibe el comercio y, a la misma vez crea una marina mercante. &lt;/dd&gt;&lt;dd&gt; Descubre la verdad y echa en nuestras cabezas una pizca de razón. El Estado tiene por misión  esclarecer, desarrollar, agrandar, fortalecer,  espiritualizar y santificar el alma de los pueblos." &lt;/dd&gt;&lt;/dl&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; - "¡Eh! Señores, un poco de paciencia, responde el Estado, con un aire lastimoso. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; "Yo intentaré satisfacerlos, pero para ello me hacen falta algunos recursos. He preparado proyectos concernientes a cinco o seis impuestos totalmente nuevos y los más benignos del mundo. Ustedes querrán el placer de pagarlos". &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Pero entonces un gran grito se eleva: "¡Ah no! ¡Ah no! ¡Cuál sería el buen mérito de hacer cualquier cosa con recursos! No valdría la pena de llamarse Estado. Lejos de preocuparnos por nuevos impuestos, le conminamos a retirar los antiguos. Suprime: &lt;/p&gt;&lt;dl style="text-align: justify;"&gt;&lt;dd&gt; El impuesto de la sal; &lt;/dd&gt;&lt;dd&gt; El impuesto de las bebidas; &lt;/dd&gt;&lt;dd&gt; El impuesto de las cartas; &lt;/dd&gt;&lt;dd&gt; La concesión; &lt;/dd&gt;&lt;dd&gt; Las patentes; &lt;/dd&gt;&lt;dd&gt; Las prestaciones." &lt;/dd&gt;&lt;/dl&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; En medio de este tumulto y después de que el país ha cambiado dos o tres veces su Estado por no tener satisfechos a todos tales demandas, he querido hacer ver que ellas han sido contradictorias. ¡De qué me he atrevido, por Dios! ¿No pude guardar para mí esta infortunada observación? &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Heme aquí desacreditado ante todos por siempre, acusando recibo de que soy un hombre &lt;em&gt;sin corazón y sin entrañas&lt;/em&gt;, un filósofo seco, un individualista, un burgués y, para decirlo todo en una palabra, un economista de la escuela inglesa o estadounidense. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; ¡Oh! Perdónenme, escritores sublimes, que nada me detiene, ni las mismas contradicciones. Estoy equivocado, sin duda, y me retracto de todo corazón. No pido nada mejor, estén seguros, que Ustedes hayan verdaderamente descubierto, fuera de nosotros, un ser bienhechor e inagotable, llamado Estado, que tiene pan para todas las bocas, trabajo para todos los brazos, capitales para todas las empresas, crédito para todos los proyectos, aceite para todas las llagas, alivio para todos los sufrimientos, consejo para todos los perplejos, soluciones para todas las dudas, verdades para todas las inteligencias, distracciones para todos los aburrimientos, leche para la infancia, vino para la vejez, que provee a todas nuestras necesidades, previene todos nuestros deseos, satisface todas nuestras curiosidades, endereza todos nuestros errores, todas nuestras faltas y nos dispensa a todos en adelante de previsión, de prudencia, de juicio, de sagacidad, de experiencia, de orden, de economía, de temperamento y de actividad. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; ¿Y por qué no lo desearía? Dios me perdone, entre más he reflexionado, más encuentro que el asunto es cómodo y estoy impaciente de tener, yo también, a mi alcance, esta fuente inagotable de riquezas y de luces, esta medicina universal, este tesoro sin fondo, este consejero infalible que Ustedes llaman Estado. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; También pido que me lo muestren, que me lo definan, porque propongo la creación de un premio para el primero que descubra este fénix. Porque, en fin, bien se me recordará que este descubrimiento precioso todavía no ha sido hecho, porque, hasta ahora, a todo esto que se presenta bajo el nombre del Estado el pueblo le derroca enseguida, precisamente porque no llena las condiciones algo contradictorias del programa. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; ¿Falta decirlo? Temo que seamos, en este respecto, engañados por una de las más bizarras ilusiones que se hayan apoderado jamás del ser humano. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; El hombre repugna de la Pena, del Sufrimiento. Y sin embargo está condenado por la naturaleza al Sufrimiento de la Privación si no acepta la Pena del Trabajo. No tiene luego más que la elección entre estos dos males. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; ¿Cómo hacer para evitar los dos? Hasta aquí no ha encontrado ni encontrará jamás otro medio: &lt;em&gt;disfrutar del trabajo de otro&lt;/em&gt;; hacer de suerte que la Pena y la Satisfacción no incumban a cada uno según la proporción natural, sino que toda la pena sea para los unos y todas las satisfacciones para los otros. De allí la esclavitud, de allí la expoliación, en cualquier forma que tome: guerras, imposturas, violencias, restricciones, fraudes, etc., abusos monstruosos pero consecuentes con el pensamiento que les ha dado nacimiento. Se debe odiar y combatir a los opresores, no se puede decir que sean absurdos. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; La esclavitud está terminando, gracias al Cielo, y, por otro lado, esta disposición por la que estamos listos a defender nuestro bien hace que la Expoliación directa y cándida no sea fácil. Una cosa pues permanece. Es esta infeliz inclinación primitiva que llevan dentro de sí todos los hombres a dividir en dos partes la suerte compleja de la vida, rechazando la Pena sobre otros y guardando la Satisfacción para sí mismos. Queda por ver bajo cuál forma nueva se manifiesta esta triste tendencia. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; El opresor no actúa más directamente por sus propias fuerzas sobre el oprimido. No, nuestra conciencia se ha convertido en demasiado meticulosa para ello. Hay todavía tirano y víctima, pero entre ellos se coloca un intermediario que es el Estado, es decir la ley misma. ¿Qué más propio para hacer callar nuestros escrúpulos y, lo qué es quizás más apreciado, para vencer las resistencias? Luego, todos, con un título cualquiera, bajo un pretexto o bajo otro, nos dirigimos al Estado. Le decimos: "No he encontrado entre mis goces y mi trabajo una proporción que me satisfaga. Bien quisiera, para establecer el equilibrio deseado, tomar algún poco del bien de otro. Pero esto es peligroso. ¿No podría Usted facilitarme la cosa? ¿No podría darme una buena plaza? ¿O bien dificultar la industria de mis competidores? ¿O bien prestarme capitales que Usted haya tomado a sus propietarios? ¿O asegurarme el bienestar cuando tenga cincuenta años? Por este medio, llegaré a mi meta con toda tranquilidad de conciencia, porque la ley misma habrá actuado por mí, ¡y tendré todas las ventajas de la expoliación sin tener ni los riesgos ni los odios! &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Como es cierto, por una parte, que dirigimos todos al Estado alguna demanda semejante y que, por otra parte, está comprobado que el Estado no puede procurar satisfacción a los unos sin aumentar el trabajo de los otros, en espera de otra definición del Estado me creo autorizado a dar aquí la mía. ¿Quién sabe si me llevaré el premio? Hela aquí: &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; El Estado &lt;em&gt;es la gran ficción a través de la cual todo el mundo se esfuerza en vivir a expensas de todo el mundo&lt;/em&gt;. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Porque, hoy como en otros tiempos, cada uno, un poco más, un poco menos, quisiera aprovecharse del trabajo de otro. Este sentimiento no se osa exhibirlo, se disimula a sí mismo; ¿y entonces qué se hace? Se imagina un intermediario, se envía al Estado, y cada clase por turno viene a decirle: "Usted que puede tomar lealmente, honestamente, tome del público y compartiremos". ¡Ay! El Estado no tiene más que inclinarse a seguir el diabólico consejo; porque está compuesto de ministros, de funcionarios, de hombres en fin, quienes, como todos los hombres, llevan en el corazón el deseo y toman siempre con ardor la ocasión de ver agrandarse sus riquezas y su influencia. El Estado, pues, comprende de prisa el partido que puede sacar del papel que el público le ha confiado. Será el árbitro, el amo de todos los destinos: tomará mucho, luego se dejará mucho a sí mismo; multiplicará el número de sus agentes, ensanchará el círculo de sus atribuciones; terminará por adquirir proporciones aplastantes. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Pero lo que falta señalar es la asombrosa ceguera del público en todo esto. Cuando los soldados victoriosos reducen a los vencidos a esclavitud, han sido bárbaros, pero no han sido absurdos. Su meta, como la nuestra, fue vivir a expensas del otro; pero, como a nosotros, no les falló. ¿Qué debemos pensar de un pueblo donde no parece sospecharse que el &lt;em&gt;pillaje recíproco&lt;/em&gt; no es menos pillaje porque sea recíproco, que no es menos criminal porque se ejecute legalmente y con orden, que no se ajusta para nada al bienestar público, que lo disminuye por el contrario tanto como cuesta este intermediario dispendioso que llamamos Estado? &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Y a esta gran quimera la hemos colocado, para edificación del pueblo, en el frontispicio de la Constitución. He aquí las primeras palabras del preámbulo: "Francia se constituye en República para? llamar a todos los ciudadanos a un grado siempre más elevado de moralidad, de luz y de bienestar." &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Así, es Francia o la &lt;em&gt;abstracción&lt;/em&gt; quien llama a los franceses o las &lt;em&gt;realidades&lt;/em&gt; a la moral, al bienestar, etc. ¿Hay que abundar en el sentido de esta bizarra ilusión que nos lleva a todos a esperar otra energía que la nuestra? ¿Hay que dar a entender que hay, al lado y fuera de los franceses un ser virtuoso, esclarecido, rico, que puede y debe verter sobre ellos sus beneficios? ¿Hay que suponer, y por cierto muy gratuitamente, que hay entre Francia y los franceses, entre la simple denominación abreviada, abstraída, de todas las individualidades y de estas individualidades mimas, relaciones de padre a hijo, de tutor a pupilo, de profesor a escolar? Sé bien que se dice a veces metafóricamente: La patria es una madre tierna. Pero para atrapar en flagrante delito de inanidad a la proposición constitucional, es suficiente mostrar que puede ser invertida no solo diría que sin inconveniente, sino incluso con ventaja. ¿La exactitud sufriría si el preámbulo hubiera dicho: &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; "Los franceses se han constituido en República para llamar a Francia a un grado siempre más elevado de moralidad, de luz y de bienestar"?. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Ahora bien, ¿cuál es el valor de un axioma en el que el sujeto y el predicado pueden cambiar de sitio sin inconveniente? Todo el mundo comprende cuando se dice: la madre amamantará al niño. Pero sería ridículo decir: el niño amamantará a la madre. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Los estadounidenses se hacían otra idea de las relaciones de los ciudadanos con el Estado cuando colocaron a la cabeza de su Constitución estas simples palabras: &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; "Nosotros, el pueblo de los Estados Unidos, para formar una unión más perfecta, establecer la justicia, asegurar la tranquilidad interior, proveer a la defensa común, acrecentar el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad  a nosotros mismos y a nuestra posteridad, decretamos, etc." &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Aquí el punto de creación quimérica, punto de abstracción a la que los ciudadanos piden todo. No esperan nada más que de ellos mismos y de su propia energía. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Si se me permite criticar las primeras palabras de nuestra Constitución, no hace más, como se podría creer, que una pura sutileza metafísica. Pretendo que esta &lt;em&gt;personificación&lt;/em&gt; del Estado ha sido en el pasado y será en el provenir una fuente fecunda de calamidades y de revoluciones. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; He aquí el Público de un lado, el Estado del otro, considerados como dos seres distintos, éste teniendo que entregar a aquél, aquél teniendo derecho a reclamar de éste el torrente de felicidades humanas. ¿A qué debe llegarse? &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Al hecho de que el Estado no es manco ni puede serlo. Tiene dos manos, una para recibir y otra para dar, dicho de otro modo, la mano ruda y la mano dulce. La actividad de la segunda está necesariamente subordinada a la actividad de la primera. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; En rigor, el Estado puede tomar y no dar. Esto se observa y se explica por la naturaleza porosa y absorbente de sus manos, que retienen siempre una parte y algunas veces la totalidad de lo que ellas tocan. Pero lo que no se ha visto jamás ni jamás se verá e incluso no se puede concebir es que el Estado dé al público más de lo que le ha tomado. Es luego muy loco que tomemos alrededor de él la humilde actitud de mendigos. Es radicalmente imposible conferir una ventaja particular a algunos individuos que constituyen la comunidad sin infligir un daño superior a la comunidad entera. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Se encuentra luego colocado, por nuestras exigencias, en un círculo vicioso manifiesto. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Si rehusa el bien que se exige de él, es acusado de impotencia, de mala voluntad, de incapacidad. Si intenta realizarlo, se reduce a golpear al pueblo con impuestos redoblados, a hacer mayor mal que bien, a atraerse, por otro lado, la desafección general. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Así, en el público hay esperanzas, en el gobierno dos promesas: &lt;em&gt;muchos beneficios y no impuestos&lt;/em&gt;. Esperanzas y promesas que, siendo contradictorias, no se realizan jamás. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; ¿No es ello la causa de todas nuestras revoluciones? Porque entre el Estado, que prodiga promesas imposibles, y el público, quien ha concebido esperanzas irrealizables, se vienen a interponer dos clases de hombres: los ambiciosos y los utópicos. Su papel está totalmente trazado por la situación. Es suficiente a estos cortesanos de popularidad gritar a las orejas del pueblo: "El poder te engaña; si nosotros estuviéramos en su lugar, te colmaríamos de beneficios y te liberaríamos de impuestos". &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Y el pueblo cree, y el pueblo espera, y el pueblo hace una revolución. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Tan pronto sus amigos se encargan de los asuntos, son urgidos a ejecutarlos. "Denme luego trabajo, pan, seguros, crédito, instrucción, colonias, dice el pueblo, y sin embargo, según sus promesas, libérenme de las garras del fisco". &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; El &lt;em&gt;Estado&lt;/em&gt; nuevo no está más apurado que el Estado antiguo, pues, en realidad lo imposible bien se puede prometer, pero no cumplir. Busca ganar tiempo, que le hace falta para madurar sus vastos proyectos. Primero, hace algunos tímidos ensayos; por un lado, extiende un poco la instrucción primaria; por el otro, modifica un poco el impuesto de las bebidas (1830). Pero la contradicción sales siempre por delante; si quiere ser filántropo, está forzado a permanecer fiscal; si renuncia al fisco, le falta renunciar también a la filantropía. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Estas dos promesas se impiden siempre y necesariamente la una a la otra. Usar del crédito, es decir, devorar el provenir, es de hecho un medio actual de conciliarlos; se ensaya hacer un poco de bien en el presente a expensas de mucho mal en el porvenir. Pero este proceder evoca el espectro de la bancarrota a quien toma el crédito. ¿Qué hacer luego? Entonces el Estado nuevo toma su parte valientemente; reúne las fuerzas para mantenerse, sofoca la opinión, recurre a lo arbitrario, ridiculiza sus antiguas máximas, declara que se no puede administrar más que con la condición de ser impopular; en una palabra, se proclama &lt;em&gt;gubernamental&lt;/em&gt;. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Y está aquí lo que los otros buscadores de popularidad esperan. Ellos explotan la misma ilusión, pasan por la misma vía, obtienen el mismo éxito, y van sobre todo a hundirse en el mismo abismo. Así hemos llegado a febrero. En esta época, la ilusión que ha sido objeto de este artículo había penetrado más que nunca en las ideas del pueblo con las doctrinas socialistas. Más que nunca, se esperaba que el &lt;em&gt;Estado&lt;/em&gt; bajo la forma republicana abriera totalmente la gran fuente de beneficios y cerrara la de impuestos. "Me he equivocado a menudo, - dice el pueblo - pero me vigilaré a mí mismo para no equivocarme una vez más." &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; ¿Qué puede hacer el gobierno provisional? ¡Ay! Lo que se hace siempre en coyunturas parecidas: prometer y ganar tiempo. No faltaba más, y para dar a sus promesas más solemnidad, las fija en sus decretos. "Aumento del bienestar, disminución del trabajo, seguridad, crédito, instrucción gratuita, colonias agrícolas, roturación y al mismo tiempo reducción del impuesto de la sal, de las bebidas, de las cartas, de la carne, todo será concedido? al venir la Asamblea Nacional". &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; La Asamblea Nacional ha venido, y como no se pueden realizar dos contradicciones, su tarea, su triste tarea, se ha limitado a retirar, lo más suavemente posible, uno tras otro, todos los decretos del gobierno provisional. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Sin embargo, para no volver la decepción más cruel, ha sido necesario transigir un poco. Ciertos compromisos se han mantenido, otros han recibido un muy limitado comienzo de ejecución. También la administración actual se esfuerza en imaginar nuevos impuestos. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Ahora me transporto con el pensamiento a algunos meses en el porvenir, y me pregunto, con tristeza en el alma, lo que vendrá cuando los agentes de la nueva creación vayan a nuestras campiñas a colectar los nuevos impuestos sobre las sucesiones, sobre las rentas, sobre los beneficios de la explotación agrícola. Que el Cielo desmienta mis presentimientos, pero veo allí un papel a desempeñar por los buscadores de popularidad. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Lean el último Manifiesto de los Montagnards, aquél que se ha emitido a propósito de la elección presidencial. Es un poco largo, pero, después de todo, se resume en dos palabras: &lt;em&gt;El Estado debe dar mucho a los ciudadanos y tomar poco de ellos&lt;/em&gt;. Es siempre la misma táctica o, si se quiere, el mismo error. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; "El estado debe gratuitamente instrucción y educación para todos los ciudadanos". &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Debe: "Una enseñanza general y profesional apropiada hasta donde sea posible a las necesidades, a las vocaciones y a las capacidades de cada ciudadano". &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Debe: "Enseñar sus deberes hacia Dios, hacia los hombres y hacia sí mismo; desarrollar sus sentimientos, sus aptitudes y sus facultades, darles en fin la ciencia de su trabajo, el entendimiento de sus intereses y el conocimiento de sus derechos". &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Debe: "Poner al alcance de todos las letras y las artes, el patrimonio del pensamiento, los tesoros del espíritu, todos los disfrutes intelectuales que elevan y fortalecen el alma." &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Debe: "Reparar todo siniestro, incendio, inundación, etc. (este et caetera dice más de lo que dice) sufrido por un ciudadano." &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Debe: "Intervenir en las relaciones del capital con el trabajo y hacerse regulador del crédito." &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Debe: "A la agricultura estímulos serios y una protección eficaz". &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Debe: "Volver a comprar los ferrocarriles, los canales, las minas" y sin duda también administrarlas con esa capacidad industrial que le caracteriza. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Debe: "provocar las iniciativas generosas, estimularlas y ayudarlas con todos los recursos capaces de hacerlas triunfar. Regulador del crédito, comanditará ampliamente las asociaciones industriales y agrícolas, a fin de asegurar el éxito." &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; El Estado debe todo ello, sin perjuicio de los servicios a los que debe hacer frente hoy; y, por ejemplo, deberá tener siempre respecto a los extranjeros una actitud amenazante, pues dicen los signatarios del programa "ligado por esta solidaridad santa y por las precedentes de la Francia republicana, llevamos nuestros votos y nuestras esperanzas más allá de las barreras que el despotismo eleva entre las naciones: el derecho que queremos para nosotros, lo queremos para todos aquellos a los que oprime el jugo de las tiranías; queremos que nuestra gloriosa armada sea, si hace falta, la armada de la libertad". &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Verán que la mano dulce del Estado, esta buena mano que da y que reparte, estará muy ocupada bajo el gobierno de Montagnard. ¿Creen Ustedes quizás que lo estará de la misma manera la mano ruda, esta mano que penetra y extrae de nuestros bolsillos? &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Desengáñense. Los buscadores de popularidad no sabrán su oficio si no tienen el arte de mostrar la mano dulce ocultando la mano ruda. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Su reino será seguramente el jubileo del contribuyente. "Es lo superfluo, dicen, no lo necesario lo que el impuesto debe atacar." &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; ¿No será un buen tiempo aquél en que, para colmarnos de beneficios, el fisco se contentará con mermar nuestro superfluo? &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Esto no es todo. Los Montagnards aspiran a que "el impuesto pierda su carácter opresivo y no sea más que un acto de fraternidad". &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; ¡Bondad del cielo! Sabía bien que está de moda meter la fraternidad en todas partes, pero no sospechaba que se la pudiera meter en el cobro del recaudador. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Llegando a los detalles, los signatarios del programa dicen: &lt;/p&gt;&lt;dl style="text-align: justify;"&gt;&lt;dd&gt;  "Queremos la abolición inmediata de los impuestos que golpean a los objetos de primera necesidad, como la sal, las bebidas, &lt;i&gt;et caetera&lt;/i&gt;. &lt;/dd&gt;&lt;dd&gt;  "La reforma del impuesto a los bienes raíces, de las concesiones, de las patentes. &lt;/dd&gt;&lt;dd&gt;  "La justicia gratuita, es decir la simplificación de formas y la reducción de gastos." (Esto sin duda se refiere al timbre.) &lt;/dd&gt;&lt;/dl&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Así, impuesto a los bienes raíces, concesiones, patentes, timbre, sal, bebidas, correos, todo eso desaparece. Estos señores han encontrado el secreto de dar una actividad ardorosa a la &lt;em&gt;mano dulce&lt;/em&gt; del Estado paralizando su &lt;em&gt;mano ruda&lt;/em&gt;. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Bien, pregunto al lector imparcial, ¿no es eso infantilismo, y más aún, infantilismo peligroso? ¿Cómo el pueblo no hará revolución sobre revolución una vez que decide a no detenerse hasta que haya realizado esta contradicción: "No dar nada al Estado y recibir mucho!" &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; ¿Creen que si los Montagnards llegarán al poder no serán las víctimas de los medios que han empleado para tomarlo? &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; Ciudadanos, en todos los tiempos dos sistemas políticos han estado presentes y ambos pueden apoyarse en buenas razones. Según uno, el Estado debe hacer mucho, pero también debe tomar mucho. Según el otro, esa doble función se debe hacer sentir poco. Entre los dos sistemas es necesario optar. Pero en cuanto a un tercer sistema, que participe de los otros dos y que consista en exigir del Estado sin darle nada, es quimérico, absurdo, pueril, contradictorio, peligroso. Aquellos que lo ponen por delante para darse el placer de acusar a todos los gobernantes de impotencia y exponerles así a ataques, estos a Ustedes los adulan o los engañan, o al menos se engañan a ellos mismos. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; En cuanto a nosotros, pensamos que el Estado no es o no debería ser otra cosa que la &lt;em&gt;fuerza común&lt;/em&gt; instituida no para ser entre todos los ciudadanos un instrumento de opresión y de expoliación recíproca sino, por el contrario, para garantizar a cada uno lo suyo y hacer reinar la justicia y la seguridad.  &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;address&gt;&lt;a href="http://bastiat.org/"&gt;Frédéric Bastiat&lt;/a&gt; (1801-1850) &lt;/address&gt;  &lt;/div&gt;&lt;h6 style="text-align: justify;"&gt; Traducido al español por  &lt;a href="mailto:%20Alex%20Montero%20%3Ckairos2000@usa.net%3E"&gt;Alex Montero&lt;/a&gt;. &lt;p&gt; Puesto al HTML por  &lt;a href="http://fare.tunes.org/"&gt;Faré Rideau&lt;/a&gt;  para  &lt;a href="http://bastiat.org/"&gt;Bastiat.org&lt;/a&gt;. &lt;/p&gt;&lt;/h6&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6662313409533785359-5963545468490512109?l=textosliberales.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6662313409533785359/posts/default/5963545468490512109'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6662313409533785359/posts/default/5963545468490512109'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://textosliberales.blogspot.com/2009/01/el-estado.html' title='El Estado'/><author><name>Fernando Amaya Dalmasso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11385828011914474342</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_wucf1foXoP0/SQzRHGVtqJI/AAAAAAAAAJs/vsXY94nf34U/S220/fzerox-128.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6662313409533785359.post-7090219783941708929</id><published>2008-12-09T11:02:00.000-08:00</published><updated>2008-12-09T11:08:07.705-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Spencer'/><title type='text'>De La Libertad A La Esclavitud</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;color:#006600;"&gt;Autor: Herbert Spencer&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#006600;"&gt;Año: 1891&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#006600;"&gt;Traducción: Mariano Bas Uribe&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#006600;"&gt;Fuente: liberalismo.org&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De entre las muchas formas en las que las deducciones de sentido común acerca de los asuntos sociales se ven rotundamente contradichas por la realidad (como cuando las medidas que se toman para suprimir un libro incrementan su circulación, o como cuando los intentos por evitar tipos de interés usureros hacen que las condiciones sean más duras para el prestatario, o como cuando hay mayores dificultades de obtener cosas en los lugares en que se fabrican que en cualquier otro sitio), una de las más curiosas es la forma en que cuanto más mejoran las cosas, más fuertes son las protestas por lo malas que son.&lt;br /&gt;En tiempos en que la gente no tenía ningún poder político, la gente raramente se quejaba por ello, pero cuando las instituciones libres habían avanzado en Inglaterra de tal manera que nuestras disposiciones constitucionales eran la envidia del continente, las denuncias sobre el poder aristocrático fueron haciéndose cada vez más fuertes, hasta que se obtuvo un enorme aumento del cuerpo electoral, al que pronto siguieron quejas en el sentido de que las cosas iban mal, queriendo conseguir un mayor aumento. Si repasamos el trato a las mujeres en tiempos primitivos, cuando realizaban todas las faenas y después de que comían los hombres recibían la comida que quedaba, hasta la Edad Media en que servían las comidas a los hombres, a nuestros días donde en nuestras disposiciones sociales las quejas de las mujeres se ponen siempre por delante, vemos que el peor trato va de la mano de la menor conciencia aparente de que el trato fuera malo; mientras que ahora, que se les trata mejor que nunca, la proclamación de sus quejas se fortalece cada día: las mayores protestas vienen del "paraíso de las mujeres", Estados Unidos. Hace un siglo, cuando era dificilísimo encontrar a un hombre que no se hubiera emborrachado alguna vez y cuando la incapacidad de tomar una o dos botellas de vino llevaba al desprecio, no había protestas contra el vicio de la bebida, pero ahora que en el transcurso de cincuenta años, los esfuerzos voluntarios de las sociedades de templanza, junto con otras causas generales, han generado una relativa sobriedad, hay airadas demandas de leyes que prevengan los ruinosos efectos del comercio de bebidas alcohólicas. Lo mismo pasa con la educación. Hace unas pocas generaciones, la capacidad de leer y escribir se limitaba prácticamente a las clases altas y medias y no se sugería que debería darse unos rudimentos de cultura a los trabajadores o, si se sugería, se ridiculizaba; pero cuando en tiempos de nuestros abuelos empezó a difundirse el sistema de escuelas dominicales, iniciado por unos pocos filántropos, y fue seguido por el establecimiento de escuelas de día, con el resultado de que entre las masas los que podían leer y escribir dejaron de ser excepciones y se incrementó la demanda de libros baratos, se empezó a protestar porque la gente perecía por falta de conocimientos y se decía que el Estado no debía simplemente educarles sino forzarles a educarse.&lt;br /&gt;Y esta es también la postura general de la gente respecto de la comida, el vestido, el alojamiento y los muebles. Dejando aparte de la comparación sólo a los estados bárbaros, ha habido un notable progreso desde el tiempo en que la mayoría de la gente del campo vivía del pan de cebada y centeno y de la harina de avena, hasta el actual en que el consumo de pan blanco de trigo es universal; desde los días en que las largas camisas de tela burda dejaban las piernas al desnudo, hasta los actuales en que la gente trabajadora, igual que sus empleadores, tienen cubierto el cuerpo entero con dos o más capas de ropa; de la vieja era de cabañas de una habitación sin chimeneas, o del siglo XV cuando incluso la casa de un gentilhombre normal no solía tener molduras ni enlucidos en sus paredes, al siglo actual cuando cualquier casa tiene más de una habitación, y las de los artesanos más, teniendo todas chimeneas, hogares y ventanas acristaladas, acompañadas en casi todos los casos por empapelados y puertas pintadas; ha habido, como digo, un notable progreso en la condición de la gente. Y este progreso ha sido aún más destacable en nuestro tiempo. Cualquiera que mirara sesenta años atrás, cuando la cantidad de pobreza era mucho mayor que ahora y abundaban los mendigos, se sorprendería por el tamaño comparado de las nuevas casas ocupadas por los operarios, por las mejores ropas de los trabajadores, que llevan paño los domingos y las doncellas que compiten con sus señoras, por el más alto nivel de vida que lleva a una mayor demanda de las mejores calidades de comida para la gente trabajadora: todo ello resultado del doble cambio hacia mayores sueldos y productos más baratos y una distribución de los impuestos que ha favorecido a las clases inferiores a costa de las superiores. También se sorprendería por el contraste entre la poca atención que producía entonces el bienestar del pueblo y la que produce hoy, con la consecuencia de que, fuera y dentro del Parlamento, los planes para beneficiar a millones son los asuntos principales y se espera que todo el que tenga medios se una a alguna labor filantrópica. Aunque la mejora, física y mental, de las masas avanza mucho más rápidamente que nunca, al tiempo que la rebaja en los índices de mortandad prueba que la vida media es más llevadera, crece cada vez más la protesta de que los males son tan grandes que nada que no sea una revolución social podrá curarlos. A la vista de mejoras evidentes, unidas a un crecimiento de la longevidad, que por sí sola sería una prueba concluyente de la mejora general, se proclama, con vehemencia cada vez mayor, que las cosas van tan mal que la sociedad debe destruirse y reorganizarse bajo otra planificación. Por tanto, en este caso, como en todos los que hemos dado previamente como ejemplos, a medida que disminuye el mal, aumenta la protesta y tan pronto como se demuestra que las causas naturales son poderosas, crece la creencia de que no tienen poder.&lt;br /&gt;No es que los males a remediar sean pequeños. Nadie debe suponer que, al resaltar la paradoja precedente, quiera ilustrar los sufrimientos que todos los hombres deben soportar. El destino de la gran mayoría ha sido siempre, y sin duda sigue siendo, tan triste que es doloroso pensar en ello. No cabe duda de que el tipo de organización social existente no es uno que cualquiera que se preocupe por sus semejantes pueda contemplar con satisfacción y sin duda las actividades humanas que conlleva están lejos de ser admirables. Las fuertes divisiones de categorías y las inmensas desigualdades en los medios no concuerdan con esas relaciones humanas ideales que gusta pensar la imaginación empática y la conducta general, bajo la presión y excitación de la vida social tal y como se desempeña hoy día, resulta repulsiva en distintos aspectos. Aunque los muchos que vilipendian la competencia, extrañamente ignoran los enormes beneficios que produce; aunque olvidan que la mayoría de los utensilios y productos que distinguen a la civilización de la barbarie y hacen posible el mantenimiento de una gran población en un área pequeña han sido desarrollados en la lucha por la existencia; aunque hacen caso omiso del hecho de que al tiempo que cada hombre, como productor, sufre por los precios inferiores de la competencia, también, como consumidor, obtiene grandes ventajas por el abaratamiento de todo lo que tiene que comprar; aunque persista en vilipendiar los males de la competencia sin decir nada de los beneficios, no hay que negar que hay grandes males, que constituyen una gran contrapartida a los beneficios. El sistema en que vivimos actualmente favorece la deshonestidad y la mentira. Provoca adulteraciones de todo tipo; es reprensible por las imitaciones baratas que acaban en muchos casos echando del mercado a los productos genuinos; lleva al uso de pesos y medidas trucados; permite el soborno, que vicia la mayoría de las relaciones comerciales, desde las del fabricante y el comprador a las del tendero y el sirviente; favorece el engaño hasta tal punto que se castiga al ayudante que no puede decir una mentira sin inmutarse y a menudo da a elegir al comerciante concienzudo entre adoptar las malas prácticas de sus competidores o dañar grandemente a sus acreedores mediante la bancarrota. Además, los extendidos fraudes, comunes en el mundo comercial y expuestos diariamente en tribunales y periódicos, se producen en buena medida por la presión que produce la competencia a las clases altas industriales y el resto al pródigo gasto que, como consecuencia implícita del éxito en el mundo comercial, lleva el prestigio. Junto a estos males menores, debe incluirse el mayor: que la distribución que logra el sistema da a quienes regulan y supervisan una parte de la producción total que resulta ser demasiado grande respecto de la que se da a los verdaderos trabajadores. Por tanto, no se piense que al decir lo que hemos dicho más arriba, infravaloramos esos vicios de nuestros sistemas competitivos, que hace treinta años describíamos y denunciábamos. Pero no es una cuestión de males absolutos, es una cuestión de males relativos, si los males que se sufren hoy son mayores o menores que los que sufriríamos bajo otro sistema, si los esfuerzos por mitigarlos por las vías que hoy se emplean, pueden tener más éxito que los que se conseguirían por otras vías.&lt;br /&gt;Esta es la cuestión que se va aquí a evaluar. Deben excusarme por haber antepuesto diversas verdades que son, para algunos en todo caso, tolerablemente familiares, antes de proceder a hacer deducciones que no son tan familiares.&lt;br /&gt;----------------------&lt;br /&gt;En general, cada hombre trabaja para poder evitar las penalidades. En unos casos, le estimula el recuerdo de las punzadas del hambre, en otros, la visión del látigo del negrero. Su temor más inmediato puede ser el castigo que le puedan infligir las circunstancias físicas o un agente humano. Puede tener un amo, pero éste puede ser la Naturaleza o un prójimo. Cuando está bajo la coerción impersonal de la Naturaleza, decimos que es libre; cuando está bajo la coerción personal de alguien por encima de él, le llamamos, de acuerdo con el grado de dependencia, un esclavo, un siervo o un vasallo. Por supuesto, omito la pequeña minoría que hereda bienes: un elemento social incidental y no necesario. Sólo hablo de la inmensa mayoría, gente con cultura y sin ella, que se mantiene por su trabajo, físico o mental y debe o bien esforzarse para lograr sus deseos sin limitaciones, estimulados sólo por la idea de males o bienes que aparezcan naturalmente, o esforzarse para lograr su deseo limitado, estimulados sólo por la idea de males o bienes que aparezcan artificialmente.&lt;br /&gt;Los hombres pueden trabajar juntos en una sociedad bajo cualquiera de estas dos formas de control: formas que, aunque se entremezclan en algunos casos, son esencialmente opuestas. Empleando el término colaboración en este sentido amplio, y no en el restringido que actualmente se le da, podemos decir que la vida social puede desenvolverse mediante cooperación voluntaria o mediante cooperación obligatoria; o, por usar las palabras de Sir Henry Maine, el sistema debe ser de contrato o de institución; en uno al individuo se le deja actuar de la mejor forma que pueda a través de sus esfuerzos espontáneos y obtener triunfar o fracasar de acuerdo con su eficiencia y en el otro tiene un lugar prefijado, trabaja bajo normas coercitivas y tiene su parte adjudicada de comida ropa y alojamiento.&lt;br /&gt;El sistema de cooperación voluntaria se desarrolla hoy día en las industrias en las sociedades civilizadas. De una forma simple, lo tenemos en todas las granjas, donde los trabajadores, pagados por el propio granjero y recibiendo órdenes directamente de él, son libres de quedarse o irse a su voluntad. En su forma más compleja se ve en las fábricas, el las que por debajo de los socios vienen los empleados y gestores, y por debajo de ellos los cronometradores y supervisores, y bajo éstos los operarios en sus distintas categorías. En cada uno de estos casos es evidente que están trabajando juntos, o cooperando, los empleadores y empleados, para obtener en el primer caso una cosecha y en el otro un producto manufacturado. Y al mismo tiempo hay una cooperación mucho más intensa, aunque inconsciente, con otros trabajadores de todas las categorías dentro de la sociedad entera. Pues mientras estos empleadores y empleados concretos están muy ocupados con sus trabajos concretos, otros empleadores y empleados están haciendo otras cosas para que puedan seguir su vida cotidiana y la de todos los demás. Esta cooperación voluntaria, desde sus formas más simples a las más complejas, tiene el rasgo común de que los afectados trabajan junto de forma consentida. No hay nadie que obligue en los términos o a la aceptación. Es totalmente cierto que en muchos casos un empleador puede dar, o un empleado tomar, sin quererlo: dirá que las circunstancias le obligan. ¿Qué son, empero, las circunstancias? En un caso son los bienes encargados o un contrato cerrado que no puede atender o ejecutar sin ceder y en el otro someterse a un salario inferior del que desearía porque de otra manera no tendría dinero para procurarse comida y calor. La fórmula general no es "Hazlo o te lo haré hacer", sino "Hazlo o abandona tu puesto y atente a las consecuencias".&lt;br /&gt;En el lado opuesto, la cooperación obligatoria se ejemplifica con un ejército, no tanto por nuestro propio ejército, cuyo servicio se realiza por acuerdo para un periodo específico, sino un ejército continental, de servicio militar obligatorio. En él, en tiempo de paz las tareas diarias (limpieza, desfiles, trabajos físicos, guardias y demás) y en tiempo de guerra las distintas acciones en el campo y el campo de batalla, se realizan bajo mandato, sin dejar posibilidad de elegir. Desde el soldado raso a los suboficiales y la media docena de grados de oficiales de escalafón, la ley universal es la obediencia absoluta del grado inferior al superior. La esfera de las opiniones individuales se limita a las opiniones del superior. La insubordinación es castigada, de acuerdo con su gravedad, con arrestos, trabajos extraordinarios, prisión, castigos físicos y, en último caso, fusilamiento. En lugar de la idea de que debe haber obediencia respecto de las tareas encargadas bajo amenaza de despido, la idea es en este caso "Obedezca a todo lo ordenado bajo pena de recibir castigo y quizás morir".&lt;br /&gt;Está forma de cooperación, que sigue ejemplificada en un ejército, ha sido en tiempos pasados la forma de cooperación de toda la población civil. En todas partes y en todo momento, la guerra crónica genera una estructura de tipo militar, no sólo en un cuerpo de soldados, sino en toda la comunidad. En la práctica, mientras se produce el conflicto entre las sociedades y la lucha se considera la única ocupación humana, la sociedad es el ejército inactivo y el ejército la sociedad movilizada, quedando los que no que no toman parte en la batalla: esclavos, siervos, mujeres, etc., como intendencia. Por tanto, naturalmente, en toda la masa de individuos inferiores que constituyen la intendencia, se mantiene un sistema de disciplina igual en naturaleza, aunque más simple. Al ser el grupo guerrero, bajo esas condiciones, el grupo que gobierna y al ser el resto de la comunidad incapaz de resistirles, quienes controlen al grupo guerrero evidentemente impondrán su control sobre el grupo no guerrero y el régimen de coerción le será aplicado sólo con las modificaciones que impliquen las distintas circunstancias. Los prisioneros de guerra se convierten en esclavos. Quienes eran agricultores libres antes de que se conquistara su país, se convierten en siervos ligados a la tierra. Los jefes pequeños se someten a los jefes superiores; los pequeños señores se convierten en vasallos de los grandes y así sucesivamente hasta los más altos: los órdenes y poderes sociales tienen la misma una naturaleza esencial similar a los de una organización militar. Y mientras que para los esclavos la cooperación obligatoria es el sistema incondicional, para todos los niveles superiores el sistema es una cooperación que es en parte obligatoria. El juramento de fidelidad de cada hombre a su superior toma la forma de "Soy tu hombre".&lt;br /&gt;En toda Europa, y especialmente en nuestro propio país, el sistema de cooperación obligatoria fue relajando gradualmente su rigor, mientras que el sistema de cooperación voluntaria lo reemplazaba paso a paso. Tan pronto como la guerra dejaba de ser el asunto vital, la estructura que producía y que era apropiada para ella, lentamente se vio sustituida por la que producía y era apropiada para la industria. En la misma medida en que una parte decreciente de la comunidad se dedicaba a actividades ofensivas y defensivas, un parte creciente se dedicaba a la producción y distribución. Al hacerse más numerosa, más poderosa y refugiarse en pueblos que estuvieran menos a merced del poder de la clase militar, la vida de la población industrial discurría bajo el sistema de cooperación voluntaria. Aunque los gobiernos municipales y las regulaciones gremiales, en parte dominadas por ideas y costumbres derivadas del tipo de sociedad militar, eran hasta cierto punto coercitivos, aún así, la producción y la distribución se desarrollaban principalmente bajo acuerdos, tanto entre compradores y vendedores como entre patronos y trabajadores. Tan pronto como se convirtieron estas relaciones sociales y formas de actividad en dominantes en las poblaciones urbanas, influyeron en toda la comunidad: la cooperación obligatoria fue cayendo progresivamente en desuso, a través del cambio de dinero por servicios, militares y civiles, mientras que la división de categorías sociales se hacía menos rígida y disminuía el poder de clase. Hasta que finalmente, las restricciones hacia los nuevos negocios cayeron en desuso, así como la imposición de unos estamentos sobre otros, y la cooperación voluntaria se convirtió en principio universal. La compraventa se convirtió en la ley para todos los tipos de servicios, así como para todos los tipos de productos.&lt;br /&gt;----------------------&lt;br /&gt;La inquietud generada por la presión contra las condiciones de la existencia, impulsa continuamente el deseo de intentar nuevas cosas. Todos sabemos cómo el mantenerse en la misma postura prolongadamente se convierte en algo que aburre, todos hemos descubierto que incluso las silla más cómoda, que nos agrada en un primer momento, se convierte después de unas horas en intolerable y cambiarse a una silla más dura, que antes habríamos dejado de ocupar, parece un gran alivio por un tiempo. Lo mismo pasa con la humanidad en general. Habiendo luchado mucho tiempo por emanciparse de la dura disciplina del antiguo régimen y habiendo descubierto que el nuevo régimen en el que ha crecido, aunque relativamente cómodo, no deja de tener problemas y molestias, su impaciencia respecto de éstos le lleva a probar otro sistema, sistema que es, aunque no sea aparente en principio, el mismo del que se libraron con gran regocijo las generaciones pasadas.&lt;br /&gt;Tan pronto como se descarta el régimen de contratos se adopta necesariamente el régimen de institución. Tan pronto como se abandona la cooperación voluntaria debe sustituirse por la cooperación obligatoria. Debe haber algún tipo de organización del trabajo, y si ésta no es la que se produce por acuerdo en libre competencia, debe ser impuesta por la autoridad. Distinto en apariencia y nombre, pues lo para el antiguo orden podían ser esclavos y siervos trabajando para amos, que estaban sometidos a barones, que a su vez eran vasallos de duques o reyes, el nuevo orden buscado, constituido por trabajadores bajo capataces de pequeños grupos, supervisados por superintendentes, que están sometidos a directores locales, controlados por responsables de distritos, que a su vez están bajo el gobierno central, resultar ser en esencia el mismo en principio. Tanto en un caso como en otro, debe haber niveles establecidos y una subordinación forzosa de cada nivel respecto de los superiores. De esta verdad el comunista y socialista no se ocupan. Irritados con el sistema existente bajo el que cada uno de nosotros se ocupa de sí mismo, mientras todos vemos que cada uno ha jugado limpio, él piensa cuánto mejor sería que todos nos ocupáramos de cada uno y evitar pensar en el mecanismo por el que esto se hace. Es inevitable que si todos nos ocupamos de cada uno, ese "todos" debe tener los medios, las cosas necesarias para vivir. Lo que se da debe tomarse de las contribuciones acumuladas y debe por tanto requerir su parte a cada uno, debe decírsele cuánto tiene que aportar a la existencia general en forma de producción para que tenga tanto para obtener su sustento. Por tanto, antes de recibir, debe ponerse a las órdenes y obedecer a quienes le digan lo que ha de hacer, a qué horas y dónde y quién le dará su parte de comida, ropa y alojamiento. Si se excluye la competencia, y con ella la compraventa, no puede haber intercambio voluntario de tanto trabajo por tanta producción, sino un reparto de uno a otro de acuerdo con lo que digan los oficiales nombrados. Este reparto debe ser forzoso. El trabajo debe hacerse sin alternativa posible, y el beneficio, sea el que sea, debe aceptarse igualmente. Pues el trabajador no puede dejar su puesto y ofrecerse en otro sitio. Bajo ese sistema no pueden aceptarle en ningún sitio, salvo que lo ordene la autoridad. Y es evidente que habrá una orden tajante que prohíba el empleo en un lugar a un miembro insubordinado de otro: el sistema no podría funcionar si se permitiera fácilmente ir y venir a su gusto. Con cabos y sargentos a sus órdenes, los capitanes de la industria deben seguir las órdenes de los coroneles, y éstos las de los generales, hasta el consejo del comandante en jefe, y esta obediencia es necesaria en todo este ejército industrial, igual que en un ejército armado. "Haz las tareas prescritas y llévate las raciones que te corresponden", debe ser la regla de uno y otro.&lt;br /&gt;"Bien, sea", contesta el socialista. "Los trabajadores nombrarán a sus propios oficiales y éstos estarán siempre sometidos a las críticas de las masas que controlan. Al temer a la opinión pública, se asegurarán actuar juiciosa y justamente, ya que si no lo hacen, se verán depuestos por el voto popular, general o local. ¿Qué problema hay en estar bajo superiores, cuando éstos mismos están bajo control democrático?" El socialista cree totalmente en esta atractiva visión.&lt;br /&gt;----------------------&lt;br /&gt;El latón y el hierro son más simples que la carne y la sangre, la madera inerte que el nervio vivo y una máquina construida por uno trabaja de forma más definida que un organismo construido por otro, especialmente cuando la máquina funciona mediante fuerzas inorgánicas como el vapor o el agua, al contrario que el organismo, que funciona mediante las fuerzas de centros nerviosos vivos. Por tanto, es manifiesto que las formas en que funcionará una máquina serán mucho más fáciles de calcular que las de un organismo. ¡Aun así, qué pocas veces el inventor prevé correctamente las acciones de su nuevo aparato! Leamos la lista de patentes y encontraremos que no más de un invento entre cincuenta acaba resultando útil. Aunque le parecía muy factible al inventor, una u otra pega evita que funcione como se pretendía y acaba dando un resultado muy diferente del que se deseaba.&lt;br /&gt;¿Qué diríamos entonces de esos proyectos que no tienen nada que ver con materiales y fuerzas inertes, sino con organismos complejos vivos en formas aún menos previsibles y que implican la cooperación de multitudes en dichos organismos? Incluso las unidades a partir de las cuales se formaría este cuerpo político reorganizado son a menudo incomprensibles. Todo el mundo se ve sorprendido de vez en cuando por el comportamiento de otros, incluso de actos de parientes que conoce muy bien. Así, viendo lo difícil que resulta que pueda prever las acciones de un individuo, ¿cómo puede, con cierto grado de certidumbre, prever la operación de una estructura social? Actuaría asumiendo que todos los afectados juzgarán rectamente y actuarán lealmente, que pensarán como tendrían que pensar y actuarán como tendrían que actuar y lo asumiría a pesar de que las experiencias cotidianas le demuestran que los hombres no hacen una cosa ni otra y olvidando que las quejas que tiene contra el sistema existente demuestran que cree que los hombres no tienen el conocimiento ni la rectitud que su plan requiere que tengan.&lt;br /&gt;Las constituciones escritas hacen sonreír a quienes han observado sus resultados y los sistemas sociales en el papel afectar de forma similar a quienes han contemplado la evidencia disponible. ¡Poco podían soñar los hombres que escribieron la revolución francesa y se les encomendó que establecieran el nuevo aparato gubernamental que una de las primeras actuaciones de este aparato sería decapitarles a todos! Poco podían anticipar los hombres que escribieron la Declaración Americana de Independencia y crearon la República que después de algunas generaciones el legislativo caería en manos de conspiradores, que lo que crearon se convertiría en luchas por ocupar los puestos, que la acción política se vería viciada por la intrusión de un elemento extraño que sostuviera el equilibrio entre los partidos, que los electores, en vez de juzgar por sí mismos, se verían encaminados por sus "jefes" hacia las urnas a miles y que los hombres respetables serían expulsados de la vida pública mediante insultos y calumnias de políticos profesionales. Tampoco fueron mejores las previsiones en aquéllos que dieron constituciones a los demás estados del Nuevo Mundo, en los que innumerables revoluciones han demostrado con maravillosa constancia los contrastes entre los resultados esperados de los sistemas políticos y los conseguidos. No han sido menores en los casos de los sistemas de reorganización social propuestos hasta donde se han podido probar. Salvo cuando se ha insistido en el celibato, su historia ha sido siempre la de un desastre: el último caso es el de la Colonia Icariana de Cabet, relatada por uno de sus miembros, la Señora Fleury Robinson, en The Open Court (una historia de divisiones, subdivisiones, sub-subdivisiones, acompañada por numerosas secesiones individuales y la disolución final). El fracaso de esos planes sociales, al igual que los planes políticos, se debe a una causa general.&lt;br /&gt;----------------------&lt;br /&gt;La metamorfosis es la ley universal, ejemplificada en los Cielos y la Tierra: especialmente en el mundo orgánico y principalmente en su división animal. Ninguna criatura, salvo las más simples y diminutas, comienza su existencia en una forma como la que finalmente adopta, y en algunos casos la diferencia es grande, tan grande que la relación entre la primera forma y la definitiva sería increíble si no se nos mostrara diariamente en cada corral y en cada jardín. Y aún hay más. Los cambios de forma son normalmente varios, cada uno de ellos parece ser una completa transformación: huevo, larva, pupa, imago, por ejemplo. Y esta metamorfosis universal, que se muestra de forma similar en el desarrollo de un planeta y de cada semilla que germina en su superficie, también se manifiesta en las sociedades, se tomen éstas como un todo o se consideren sus distintas instituciones. Ninguna termina tal como empieza y la diferencia entre su estructura original y la definitiva es tal que al principio el cambio de otra hubiera parecido increíble. En la tribu más salvaje, el jefe, obedecido como líder guerrero, pierde su posición cuando termina la batalla e incluso cuando las guerras continuas han producido una jefatura permanente, éste, al construirse su propia choza, obtener su propia comida y fabricarse sus propios instrumentos, sólo se diferencia de los demás por su influencia predominante. No hay ninguna señal de que con el paso del tiempo, mediante conquistas y uniones de tribus y consolidaciones de grupos que se forman a partir de otros grupos hasta que se forma una nación, se originara a partir del jefe primitivo uno que, como zar o emperador, rodeado de pompa y ceremonia, tenga un poder despótico sobre millones de personas y lo ejerza a través de cientos de miles de soldados y funcionarios. Cuando los primeros misioneros cristianos, con su humildad externa y sus vidas de renuncia, se extendieron por la Europa pagana, predicando el perdón de los pecados y devolver bien por mal, nadie soñaba que con el paso del tiempo sus representantes formarían una vasta jerarquía, poseyendo en todas partes una enorme cantidad de terrenos, distinguiéndose por la arrogancia de sus miembros, grado sobre grado, regidos por obispos militares que llevarían a sus servidores a la batalla y encabezados por un papa que ejercitaría un poder supremo sobre los reyes. Lo mismo ha pasado con el propio sistema industrial que ahora tantos desean reemplazar. En su forma original no había profecías acerca del sistema fabril o de organizaciones afines de trabajadores. Diferenciado de éstos sólo por ser el cabeza de la empresa, el maestro trabajaba junto con los aprendices y un oficial o dos, compartiendo mesa y mantel, y vendiendo este lo que producía el conjunto. Sólo con el crecimiento industrial empezó un empleo de gran número de ayudantes y una renuncia por parte del maestro a realizar trabajos que no fueran de supervisión. Y sólo en los tiempos más recientes se ha producido la evolución de las organizaciones bajo las cuales los trabajos de cientos y miles de hombres asalariados se ven dirigidos por distintos niveles de oficiales asimismo asalariados, bajo un director o varios. Estos grupos de productores, originalmente pequeños y semisocialistas, como las familias o comunidades de alojamiento de los primeros tiempos, se fueron disolviendo lentamente por no poder mantener su base: las grandes empresas, con una mejor subdivisión del trabajo, triunfaron porque servían más efectivamente a los deseos de la sociedad. Pero no tenemos que remontarnos siglos para encontrar transformaciones grandes e inesperadas. Cuando se votaron 30.000 libras al año como un experimento para ayuda educativa, se hubiera calificado de idiota a quien se hubiera opuesto profetizando que en cincuenta años la suma a gastar mediante impuestos imperiales y tasas locales ascendería a 10.000.000 de libras, o quien dijera que a la ayuda a la educación le seguirían ayudas de alimentación y ropa, o quien dijera que padres e hijos, sin remisión, se verían obligados, aunque se estuvieran muriendo de hambre, bajo amenaza de multa o prisión, a conformarse y recibir los que, con carácter papal, el Estado califica como educación. Nadie, como digo, hubiera soñado que a partir de un germen de aspecto tan inocente, éste hubiera evolucionado tan rápidamente hacia este sistema tiránico, al que se somete mansamente gente que se considera a sí misma libre.&lt;br /&gt;Por tanto, en las convenciones sociales, igual que en todas las demás cosas, el cambio es inevitable. Es descabellado suponer que al establecer nuevas instituciones, éstas mantendrán por mucho tiempo el carácter que se les dio por sus fundadores. Rápida o lentamente se transformarán en instituciones distintas de las pretendidas, tan distintas que pueden llegar a ser irreconocibles por sus planificadores. ¿Y en este caso, cuál será la metamorfosis? La respuesta hacia la que apuntan los ejemplos anteriores y la que ofrecen distintas analogías, resulta manifiesta.&lt;br /&gt;Un rasgo fundamental de toda organización avanzada es el desarrollo de un aparato regulador. Si las partes de un todo van a actuar de consuno, debe haber dispositivos para que dirijan su acción y, en proporción a lo grande y complejo del todo y a los muchos requerimientos que tienen que cumplir sus muchas agencias, el aparato directivo debe ser extenso, complicado y poderoso. No hay que decir que esto pasa con los organismos individuales y es obvio que lo mismo debe ocurrir con los organismos sociales. Más allá del aparato regulador, como el que requiere nuestra propia sociedad para gestionar la defensa nacional y mantener el orden público y la seguridad personal, debe haber, bajo un régimen socialista, un aparto regulador omnipresente que controle todos los tipos de producción y distribución y adjudicando las partidas de productos de cada tipo requeridos por cada localidad, cada taller, cada individuo. Bajo nuestra actual cooperación voluntaria, con sus contratos libres y su competencia, la producción y distribución no requieren una supervisión administrativa. La oferta y la demanda, y el deseo de cada hombre de ganarse la vida satisfaciendo las necesidades de sus semejantes, desarrollan espontáneamente ese maravilloso sistema por el que una gran ciudad trae diariamente comida a todos los hogares o la almacena en las tiendas cercanas, ofrece ropa de una enorme variedad a sus ciudadanos, tiene casas y muebles y combustible listos o almacenados en cada localización y alimenta a las mentes usando desde hojas volanderas, que aparecen cada hora, a multitud de novelas semanales y libros de instrucción menos abundantes, editados sin escatimar en pequeños pagos. Y por todo el reino, tanto la producción como la distribución se gestionan de forma similar con una mínima supervisión que resulta ser eficiente al tiempo que las cantidades de los distintos productos necesarios día a día en cada localidad se ajustan sin emplear ninguna administración, salvo la búsqueda del beneficio. Supongamos que este régimen industrial de servicio, que actúa espontáneamente, se ve reemplazado por un régimen de obediencia industrial, impuesto por funcionarios públicos. ¡Pensemos en la enorme administración que requeriría esa distribución de todos los productos a toda la gente en todas las ciudades pueblos y villas que realizan actualmente los comerciantes! Asimismo imaginemos la aún mayor administración que requeriría hacer todo lo que hacen agricultores, ganaderos, fabricantes y comerciantes, no sólo teniendo distintos niveles de superintendentes locales, sino también subcentros y centros principales para adjudicar las cantidades de cada cosa allá donde se necesita y su ajuste a los momentos en que se requiere. Añadamos el personal necesario para trabajar en minas, ferrocarriles, carreteras, canales; el personal necesario para gestionar los negocios de importación y exportación y la administración de la navegación mercantil; el personal necesario para suministrar a los pueblos no sólo el agua y el gas sino la locomoción que ofrecen tranvías, omnibuses y otros vehículos y la distribución de energía y otros. Unamos a éstas las administraciones ya existentes postales, telegráficas y telefónicas y finalmente la policía y el ejército, mediante los cuales los dictados de este inmenso sistema regulador consolidado tendrían que imponerse en todos lados. ¡Imaginemos todo esto y después preguntémonos cuál sería la situación real de los trabajadores! Ya en el continente, donde las organizaciones administrativas están más desarrolladas y son más coercitivas que aquí, hay protestas constantes sobre la tiranía de las burocracias, la prepotencia y brutalidad de sus miembros. ¿En qué se convertirán cuando no sólo se controlen las acciones más públicas de los ciudadanos y se añadan este control más extenso de sus respectivas tareas diarias? ¿Qué ocurrirá cuando las distintas divisiones de este ejército de funcionario, unidos por intereses propios del funcionariado (los intereses de los reguladores frente a los de los regulados), tengan a su disposición toda la fuerza que necesiten para suprimir la insubordinación y actuar como "salvadores de la sociedad"? ¿Dónde estarán los verdaderos picadores y mineros y fundidores y tejedores cuando quienes ordenen y supervisen, dispuestos como una clase sobre otra, hayan llegado, después de varias generaciones, a entremezclarse con los de niveles afines, bajo sentimientos como los que hay entre las clases existentes y cuando se hayan producido así una serie de castas de superioridad creciente y cuando todos ellos, teniendo todo bajo su poder hayan organizado modos de vida que les favorezcan, llegando incluso a formar una nueva aristocracia mucho más complicada y mejor organizada que la antigua? ¿Cómo se las arreglará el trabajador individual si está insatisfecho con su tratamiento, pensando que no tiene una parte adecuada de los productos o que tiene que hacer más de lo que se le debería pedir o quiere asumir una función para la que se cree capacitado pero que sus superiores no creen adecuada para él o desea asumir una carrera independiente? A esta unidad insatisfecha de la inmensa maquinaria se le dirá que debe someterse o irse. La sanción más suave por desobediencia sería la excomunión industrial. Si se formara una organización internacional como la propuesta, la exclusión en un país implicaría la exclusión en todos los demás: la excomunión industrial significaría morirse de hambre.&lt;br /&gt;El que las cosas seguirán este camino es una conclusión a la que se llega no sólo por deducción, ni sólo por inducción a partir de experiencias del pasado como las de los ejemplos anteriores, ni sólo considerando las analogías que nos proporcionan organismos de todo tipo: también se llega por la observación de casos cotidianos. La verdad de que la estructura reguladora siempre tiende a incrementar su poder se ejemplifica en cualquier comunidad humana. La historia de cada sociedad culta, o de cualquier sociedad a estos efectos, nos demuestra cómo su personal permanente o parcialmente permanente, domina sus procesos y determina las acciones de la sociedad con pocas resistencias, incluso cuando los miembros de las sociedad están en desacuerdo: el rechazo de algo parecido a un paso revolucionario resulta ser normalmente un elemento disuasorio eficaz. Esto ocurre en las sociedades anónimas, como, por ejemplo, las propietarias de vías férreas. Los planes del consejo de administración se aprueban normalmente con poca o ninguna discusión y si hay una oposición considerable, se aplasta inmediatamente mediante un abrumador número de apoderados enviado por quienes siempre apoyan a la administración existente. Sólo cuando se extrema la mala gestión, puede la resistencia de los accionistas apartar del poder a los dirigentes. Tampoco es distinto en las sociedades formadas por trabajadores que tienen especial conciencia de los intereses de dichos trabajadores: los sindicatos. También en éstos las agencias reguladoras son todopoderosas. Sus miembros, aun cuando disientan de las políticas seguidas, normalmente ceden ante las autoridades que han designado. Como no pueden separarse sin hacer enemigos entre sus compañeros de trabajo y sin perder toda posibilidad de emplearse, se rinden. También se nos ha demostrado en el último congreso que en la organización general de sindicatos de reciente constitución ya hay quejas sobre "conspiradores" y "jefes" y "funcionarios permanentes". Luego si esta supremacía de los reguladores se aprecia en entes de un origen tan moderno, formados por hombres que tienen, en muchos de los casos, poderes ilimitados para hacer valer su independencia, ¿cuál no será la supremacía de los reguladores en entes establecidos hace tiempo, que han crecido y se han organizado enormemente y en los que, en lugar de controlar sólo una pequeña parte de la vida de la unidad, controlan toda ella?&lt;br /&gt;----------------------&lt;br /&gt;De nuevo tendremos la réplica: "Nos protegeremos de todo eso. Todo el mundo tendrá educación y todos, con los ojos constantemente abiertos ante el abuso de poder, actuaremos rápidamente para prevenirlo". El valor de estas expectativas sería pequeño, aunque no pudiéramos identificar las causas que producirán la decepción, ya que en los asuntos humanos los planes más prometedores se tornan erróneos en formas que nadie anticiparía. Pero en este caso el que irá mal se deriva de causas que no llaman la atención. La labor de las instituciones viene determinada por los caracteres de los hombres y los defectos que estos caracteres tengan traerán inevitablemente los resultados arriba indicados. No hay manera de asegurar los sentimientos necesarios para prevenir el crecimiento de una burocracia despótica.&lt;br /&gt;Si fuera necesario tener una evidencia indirecta, podríamos emplear la que resulta del comportamiento del llamado Partido Liberal, un partido que, renunciando a la idea original de un líder como portavoz de una política conocida y aceptada, se considera a sí mismo obligado a aceptar la política que dicta su líder sin necesidad de aprobación o matización, un partir tan completamente ajeno al sentimiento y las ideas que implica el liberalismo, como para no ofenderse ante este pisoteo al derecho a la opinión privada que constituye la raíz del liberalismo; no, ¡un partido que vilipendia como renegados liberales a aquellos de sus miembros que rechazan someter su independencia! Pero no nos a dedicar espacio a pruebas indirectas de que la mayoría de los hombres no tienen las naturalezas necesarias para comprobar el desarrollo del funcionariado tiránico, será suficiente contemplar las pruebas directas generadas por esas clases de entre las que más predomina la idea socialista y que se consideran más interesados en propagarla: las clases obreras. Éstas constituirían la masa principal de la organización socialista y sus caracteres determinarían su naturaleza. Luego, ¿cómo son sus caracteres, tal como se muestran en organizaciones como las que ya han formado?&lt;br /&gt;En lugar del egoísmo de las clases patronales y el egoísmo de la competencia, tendríamos el altruismo de un sistema de ayuda mutua. ¿Hasta dónde puede verse ahora mismo este altruismo en el comportamiento de los trabajadores entre sí? ¿Qué diremos de las reglas que limitan el número de nuevos brazos admitidos en cada negocio o las que dificultan el ascenso de las clases trabajadoras inferiores a niveles superiores? Yo no veo en esas regulaciones nada de ese altruismo que prevalecería con el socialismo. Por el contrario, veo una búsqueda de intereses privados no menos intensa que la de los comerciantes. Por tanto, salvo que supongamos que la naturaleza humana mejorará repentinamente, debemos concluir que la búsqueda del interés privado dominará las acciones de todas las clases que compongan una sociedad socialista.&lt;br /&gt;Con la despreocupación pasiva por los derechos de otros va la invasión activa de ellos. "Sé uno de los nuestros o te quitaremos tus medios de vida" es la amenaza usual de cada sindicato a otros miembros del mismo negocio. Al tiempo que sus miembros insisten en su propia libertad para combinar y fijar los salarios por los que trabajarán (ya que están perfectamente justificados para hacerlo), no sólo se niega la libertad de aquéllos que discrepan de ellos, sino que además la afirmación de ésta se trata como un crimen. Los individuos que mantienen sus derechos para firmar sus propios contratos son vilipendiados como ‘esquiroles’ y ‘traidores’ y tratados con una violencia que podría ser inmisericorde si no hubiera sanciones legales ni policía. Junto con ese pisoteo de las libertades de los hombres de su misma clase, va un dictado perentorio a la clase trabajadora: no sólo los términos y los acuerdos laborales prescritos serán conformes, sino que ninguno de los que pertenezcan a su cuerpo tendrá empleo, e incluso en algunos casos habrá una huelga si el patrono llega a acuerdos con sociedades que dan trabajo a hombres no sindicalizados. Luego aquí vemos en los sindicatos una determinación de imponer sus regulaciones sin considerar los derechos de los coaccionados. La inversión de ideas y sentimientos es tan completa que el mantenimiento de estos derechos se considera como vil y su conculcación como virtuosa.&lt;a title="" href="http://www.liberalismo.org/articulo/390/51/libertad/esclavitud/#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;[1]&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Junto con esta agresividad en una dirección aparece una sumisión en la contraria. La coerción a los no sindicalizados por parte de los sindicatos sólo es comparable a su sumisión a sus líderes. A lo que puedan conseguir en la lucha someten las libertades y criterios individuales y no muestran ningún resquemor por muy dictatorial que pueda ser la presión que reciban. En todas partes vemos esa subordinación con la que grupos de trabajadores abandonan su trabajo y retornan a él según se lo ordenen sus superiores. Tampoco se resisten cuando se les obliga a aportar para apoyar a huelguistas cuyos actos pueden aprobar o no, sino más bien maltratan a los miembros recalcitrantes de su grupo que no aportan.&lt;br /&gt;Por tanto, los rasgos mostrados deben operar en cualquier nueva organización social y la cuestión que debe plantearse es: ¿Cómo operarán cuando se libren de todas sus restricciones? Hasta ahora, los distintos grupos de hombres que los muestran están en medio de una sociedad parcialmente pasiva, parcialmente antagonista, están sujetos a la crítica y reprobación de una prensa independiente y están sometidos al control de la ley impuesto por la policía. Si en estas circunstancias, estos grupos normalmente actúan de forma que eliminan la libertad individual, ¿qué ocurrirá cuando, en lugar de ser sólo partes dispersas de la comunidad, gobernadas por distintos reguladores, constituyan toda la comunidad, gobernada por un sistema consolidado de dichos reguladores; cuando funcionarios de todos los niveles, incluyendo los que gestionen la prensa, formen parte de la organización regulatoria y cuando la ley sea a la vez dictada y administrada por dicha organización? Los partidarios fanáticos de una teoría social son capaces de tomar cualquier medida, no importa lo extrema que ésta sea, para mantener sus puntos de vista: manteniendo, igual que los despiadados sacerdocios del pasado, que el fin justifica los medios. Y cuando se haya establecido la organización socialista global, el enorme y vasto grupo consolidado de quienes dirijan sus actividades, usando sin control la coerción que les parezca necesaria en interés del sistema (que será en la práctica su propio interés), no tendrán reparo en imponer su rigurosa ley sobre la vida entera de los trabajadores reales hasta que finalmente se desarrolle una oligarquía funcionarial con sus distintos niveles, que ejerza una tiranía más gigantesca y más terrible cualquiera que haya contemplado el mundo.&lt;br /&gt;----------------------&lt;br /&gt;Déjenme rechazar de nuevo cualquier deducción errónea. Quienquiera que suponga que la argumentación anterior implica conformidad con las cosas tal como son, comete un profundo error. El estado social actual es transitorio, igual que lo fueron los anteriores. Vendrá, según espero y creo, un futuro estado social que diferirá tanto del presente como el presente difiere del pasado con sus caballeros armados y siervos indefensos. En Social Statics, así como en The Study of Sociology y Political Institutions se demuestra claramente el deseo de una organización más propicia a la felicidad de los hombres que la existente. Mi oposición al socialismo nace de la creencia de que detendría en buena medida el progreso y nos llevaría a un estado inferior. Sólo la lenta modificación de la naturaleza humana mediante la disciplina de la vida social puede producir cambios ventajosos permanentes.&lt;br /&gt;Un error fundamental que domina el pensamiento de casi todas las partes, políticas y sociales, es que ante el mal se puede adoptar remedios inmediatos y radicales. "Si no haces eso, sino esto, se evitará el daño". "Adopte mi plan y el sufrimiento desaparecerá". "La corrupción indudablemente desaparecerá al adoptar esta medida". En todas partes encontramos creencias, expresas o implícitas, de este tipo. Son todas infundadas. Es posible eliminar causas que intensifiquen los males, es posible cambiar los males de una forma a otra y es posible, y muy común, acrecentar el daño por culpa de los esfuerzos hechos para evitarlo, pero es imposible cualquier cosa parecida a una cura inmediata. En el transcurso de miles de años, la humanidad, a causa de su multiplicación, se ha visto forzada a pasar de un estado salvaje original, en el que pequeños grupos se mantenían con alimento silvestre, al estado civilizado en que la comida necesaria para mantener a grandes grupos sólo puede obtenerse mediante un trabajo continuo. La naturaleza que requiere este último modo de vida es muy diferente de la que requería el anterior y ha habido que soportar largas y continuas molestias para transformar uno en otro. Tiene que considerarse necesariamente a la miseria como una constitución que no está en armonía con sus condiciones y una constitución heredada de los hombres primitivos no está en armonía con las condiciones impuestas a los actuales. Por tanto, es imposible establecer inmediatamente un estado social satisfactorio. Una naturaleza como la que ha llenado Europa de millones de hombres armados, aquí para conquistar y allí por revancha; una naturaleza como la que lleva a naciones calificadas como cristianas a competir con otras mandando expediciones de filibusteros por todo el mundo, a pesar de las quejas de los aborígenes, al tiempo que miles de sacerdotes de la religión de amor lo contemplan aprobadoramente; una naturaleza como la que, al tratar con razas más débiles va más allá de la primitiva regla de vida por vida y que por una vida quita muchas; una naturaleza como esa puede, en mi opinión, en modo alguno, conjuntarse en una comunidad armoniosa. La raíz de toda acción social bien ordenada es un sentimiento de justicia, que insiste a la vez en la libertad personal y atiende a una libertad igual para los demás, y actualmente existe una cantidad muy poco apropiada de este sentimiento.&lt;br /&gt;De aquí la necesidad de una mayor continuidad en una disciplina social que requiera que cada hombre lleve sus asuntos con la debida consideración a los asuntos de los demás y que, al tiempo que insista en que tendrá todos los beneficios que le otorga la naturaleza a su conducta, también lo haga en que no perjudicará a otros con los daños que ésta produzca, salvo que éstos decidan libremente afrontarlos. Y así la creencia que lleva a eludir esta disciplina, no sólo desaparecerá, sino que ocasionará peores males que aquéllos de los que se pretende escapar.&lt;br /&gt;Por tanto, no son principalmente en interés de las clases patronales por lo que deba resistirse al socialismo, sino mucho más en interés de las clases de empleados. La producción debe regularse de una forma u otra y los reguladores, por la naturaleza de las cosas, deben ser siempre ser una clase pequeña comparada con la de los verdaderos productores. Bajo cooperación voluntaria, como la actual, los reguladores, al buscar su propio interés, se quedan con una parte tan grande del producto como pueden, pero, como vemos diariamente en los éxitos de los sindicatos, se ven restringidos en su búsqueda de fines egoístas. Bajo la cooperación obligatoria que necesitaría el socialismo, los reguladores, que buscarían su propia interés con no menos egoísmo, no podrían alcanzar la resistencia combinada de los trabajadores libres y su poder, no controlado entonces por el rechazo a trabajar salvo en los términos establecidos, crecería y se ramificaría y consolidaría hasta convertirse en irresistible. El resultado final, como hemos apuntado antes, debe ser una sociedad como la del antiguo Perú, espantosa de contemplar, en la que la masa del pueblo, compartimentada en grupos de 10, 50, 100, 500 y 1000, gobernada por funcionarios de distintos grados y, unida a sus distritos, supervisada en sus vidas privadas así como en sus trabajos y que trabaja duramente sin esperanzas en apoyo de la organización gubernamental.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6662313409533785359-7090219783941708929?l=textosliberales.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6662313409533785359/posts/default/7090219783941708929'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6662313409533785359/posts/default/7090219783941708929'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://textosliberales.blogspot.com/2008/12/de-la-libertad-la-esclavitud.html' title='De La Libertad A La Esclavitud'/><author><name>Fernando Aguilera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18199502181315782658</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_ijxDXEu44ls/STwx85v8glI/AAAAAAAAAAM/hIYa63jCJY4/S220/1157325117_f.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6662313409533785359.post-1381295270604013961</id><published>2008-12-09T06:20:00.000-08:00</published><updated>2008-12-09T06:23:52.024-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mises'/><title type='text'>La Inviabilidad del Socialismo - Ludwig von Mises</title><content type='html'>Se piensa con frecuencia que si el socialismo no funciona, se debe a que nuestros contemporáneos no poseen aún las necesarias virtudes cívicas, y que los hombres, tal como son actualmente, son incapaces de poner en el desempeño de las tareas que el estado socialista les asigne el mismo celo con que realizan su diario trabajo bajo el signo de la propiedad privada de los medios de producción. En el régimen capitalista, saben que el fruto de su trabajo personal es suyo y que sus ingresos aumentan cuanto más producen, reduciéndose en caso contrario. Por el contrario, en un sistema socialista el que personalmente se gane más o menos no depende ya casi de la excelencia del propio trabajo; en efecto, cada miembro de la sociedad tiene teóricamente asignada una determinada cuota de la renta nacional, sin que varíe de forma apreciable por el hecho de que se trabaje con desgana o con ahínco. La gente piensa que la productividad socialista ha de ser por fuerza inferior a la de la comunidad capitalista.&lt;br /&gt;Así es, en efecto. pero no es éste el fondo de la cuestión. Si fuera posible en la sociedad socialista cifrar la productividad del trabajo de cada camarada con la misma precisión con que se puede conocer, mediante el cálculo económico, la del trabajador en el mercado, podría hacerse funcionar el socialismo sin que la buena o mala fe del individuo en su actividad productiva tuviera que preocupar a nadie. Podría entonces la comunidad socialista determinar qué cuota de la producción total corresponde a cada trabajador y, consiguientemente, cifrar la cuantía en que cada uno ha contribuido a ella. El que en una sociedad colectivista no sea posible efectuar semejante cálculo es lo único que, al final, hace que el socialismo sea inviable.&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;La cuenta de pérdidas y ganancias, instrumento típico del régimen capitalista, es un claro indicativo de si, dadas las circunstancias del momento, se debe o no seguir adelante con todas y cada una de las operaciones en curso; en otras palabras, si se está administrando, empresa por empresa, del modo más económico posible, es decir, si se está consumiendo la menor cantidad posible de factores de producción. Si un negocio arroja pérdidas, ello significa que las materias primas, los productos semielaborados y los distintos tipos de trabajo en él empleados deberían dedicarse a otros cometidos, en los que se produzcan o bien mercancías distintas, que los consumidores valoran en más y estiman más urgentes, o bien idénticos productos, pero con arreglo a un método más económico, o sea, con menor inversión de capital y trabajo. por ejemplo, cuando el tejer manualmente dejó de ser rentable, ello no indicaba sino que el capital y el trabajo invertido en las instalaciones de tejido mecánico eran más productivos, por lo que era antieconómico mantener instalaciones en las que una misma inversión de capital y trabajo producía menos. En el mismo sentido, bajo el régimen capitalista, si se trata de montar una nueva empresa, fácilmente se puede calcular de antemano su rentabilidad. Supongamos que se proyecta un nuevo ferrocarril; cifrado el tráfico previsto y las tarifas que aquél puede soportar, no es difícil averiguar si resultará o no beneficiosa la necesaria inversión de capital y trabajo. Cuando ese cálculo nos dice que el proyectado ferrocarril no va a producir beneficios, hay que concluir que existen otras actividades sociales que reclaman con mayor urgencia el capital y el trabajo en cuestión; en otras palabras, que todavía no somos lo suficientemente ricos como para efectuar tal inversión ferroviaria. El cálculo de valor y rentabilidad no sólo sirve para averiguar si una determinada operación futura será o no conveniente; ilustra además acerca de cómo funcionan, en cada instante, todas y cada una de las divisiones de las diferentes empresas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El cálculo económico capitalista, sin el cual resulta imposible ordenar racionalmente la producción, se basa en cifras monetarias. El que los precios de los bienes y servicios se expresen en términos dinerarios permite que, pese a la heterogeneidad de aquéllos, puedan todos, al amparo del mercado, ser manejados como unidades homogéneas. En una sociedad socialista, donde los medios de producción son propiedad de la colectividad y donde, consecuentemente, no existe el mercado ni hay intercambio alguno de bienes y servicios productivos, resulta imposible que aparezcan precios para los aludidos factores denominados de orden superior. El sistema no puede, por tanto, planificar racionalmente, al serle imposible recurrir a un cálculo que sólo puede practicarse recurriendo a un cierto denominador común al que pueda reducirse la inaprehensible heterogeneidad de los innumerables bienes y servicios productivos disponibles. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Contemplemos un sencillo supuesto. Para construir un ferrocarril que una el punto A con el punto B, cabe seguir diversas rutas, pues existe una montaña que separa A de B. La línea ferroviaria podría ascender por encima del accidente orográfico, contornear el mismo o atravesarlo mediante un túnel. Es fácil decidir, en una sociedad capitalista, cuál de las tres soluciones sea la procedente. Se cifra el costo de las diferentes líneas y el importe del tráfico previsible. Conocidas tales sumas, no es difícil deducir qué proyecto es el más rentable. Una sociedad socialista, en cambio, no puede efectuar un calculo tan sencillo, pues es incapaz de reducir a unidad de medida uniforme las heterogéneas cantidades de bienes y servicios que es preciso tomar en consideración para resolver el problema. La sociedad socialista está desarmada ante esos problemas corrientes, de todos los días, que cualquier administración económica suscita. Al final, no podría ni siquiera llevar sus propias cuentas.&lt;br /&gt;El capitalismo ha aumentado la producción de forma tan impresionante que ha conseguido dotar de medios de vida a una población como nunca se había conocido; pero, nótese bien, ello se consiguió a base de implantar sistemas productivos de una dilación temporal cada vez mayor, lo cual sólo es posible al amparo del calculo económico. Y el cálculo económico es, precisamente, lo que no puede practicar el orden socialista. Los teóricos del socialismo han querido, infructuosamente, hallar fórmulas para regular económicamente su sistema, prescindiendo del cálculo monetario y de los precios. Pero en tal intento han fracasado lamentablemente. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los dirigentes de la ideal sociedad socialista tendrían que enfrentarse a un problema imposible de resolver, pues no podrían decidir, entre los innumerables procedimientos admisibles, cuál sería el más racional. El consiguiente caos económico acabaría, de modo rápido e inevitable, en un universal empobrecimiento, volviéndose a aquellas primitivas situaciones que, por desgracia, ya conocieron nuestros antepasados. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El ideal socialista, llevado a su conclusión lógica, desemboca en un orden social bajo el cual el pueblo, en su conjunto, sería propietario de la totalidad de los factores productivos existentes. La producción estaría, pues, enteramente en manos del gobierno, único centro de poder social. La administración, por sí y ante sí, habría de determinar qué y cómo debe producirse y de qué modo conviene distribuir los distintos artículos de consumo. Poco importa que este imaginario estado socialista del futuro nos lo representemos bajo forma política democrática o cualquier otra. Porque aun una imaginaria democracia socialista tendría que ser forzosamente un estado burocrático centralizado en el que todos (aparte de los máximos cargos políticos) habrían de aceptar dócilmente los mandatos de la autoridad suprema, independientemente de que, como votantes, hubieran, en cierto modo, designado al gobernante.&lt;br /&gt;Las empresas estatales, por grandes que sean, es decir, las que a lo largo de las últimas décadas hemos visto aparecer en Europa, particularmente en Alemania y Rusia, no tropiezan con el problema socialista al que aludimos, pues todavía operan en un entorno de propiedad privada. En efecto, comercian con sociedades creadas y administradas por capitalistas, recibiendo de estas indicaciones y estímulos que su propia actuación ordenan. Los ferrocarriles públicos, por ejemplo, tienen suministradores que les procuran locomotoras, coches, instalaciones de señalización y equipos, mecanismos todos ellos que han demostrado su utilidad en empresas de propiedad privada. Los ferrocarriles públicos, por tanto, procuran estar siempre al día tanto en la tecnología como en los métodos de administración.&lt;br /&gt;Es bien sabido que las empresas nacionalizadas y municipalizadas suelen fracasar; son caras e ineficientes y, para que no quiebren, es preciso financiarlas mediante subsidios que paga el contribuyente.&lt;br /&gt;Desde luego, cuando una empresa pública ocupa una posición monopolista —como normalmente es el caso de los transportes urbanos y las plantas de energía eléctrica— su pobre eficiencia puede enmascararse, resultando entonces menos visible el fallo financiero que suponen. En tales casos, es posible que dichas entidades, haciendo uso de la posibilidad monopolista, amparada por la administración, eleven los precios y resulten aparentemente rentables, no obstante su desafortunada gerencia. En tales supuestos, aparece de modo distinto la baja productividad del socialismo, por lo que resulta un poco más difícil advertirla. Pero, en el fondo, todo es lo mismo. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ninguna de las mencionadas experiencias socializantes sirve para advertir cuáles serían las consecuencias de la real plasmación del ideal socialista, o sea, la efectiva propiedad colectiva de todos los medios de producción. En la futura sociedad socialista omnicomprensiva, donde no habrá entidades privadas operando libremente al lado de las estatales, el correspondiente consejo planificador carecerá de esa guía que, para la economía entera, procuran el mercado y los precios mercantiles. En el mercado, donde todos los bienes y servicios son objeto de transacción, cabe establecer, en términos monetarios, razones de intercambio para todo cuando es objeto de compraventa. Resulta así posible, bajo un orden social basado en la propiedad privada, recurrir al cálculo económico para averiguar el resultado positivo o negativo de la actividad económica de que se trate. En tales supuestos, se puede enjuiciar la utilidad social de cualquier transacción a través del correspondiente sistema contable y de imputación de costos. Más adelante veremos por qué las empresas públicas no pueden servirse de la contabilización en el mismo grado en que la aprovechan las empresas privadas. El cálculo monetario, no obstante, mientras subsista, ilustra incluso a las empresas estatales y municipales, permitiéndoles conocer el éxito o el fracaso de su gestión. Esto, en cambio, sería impensable en una economía enteramente socialista no podrían jamás reducir a común denominador los costos de producción de la heterogénea multitud de mercancías cuya fabricación programaran. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Esta dificultad no puede resolverse a base de contabilizar ingresos en especie contra gastos en especie, pues no es posible calcular más que reduciendo a común denominador horas de trabajo de diversas clases, hierro, carbón, materiales de construcción de todo tipo, máquinas y restantes bienes empleados en la producción. Sólo es posible el cálculo cuando se puede expresar en términos monetarios los múltiples factores productivos empleados. Naturalmente, el cálculo monetario tiene sus fallos y deficiencias; lo que sucede es que no sabemos con qué sustituirlo. En la práctica, el sistema funciona siempre y cuando el gobierno no manipule el valor del signo monetario; y, sin cálculo, no es posible la computación económica. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;He aquí por qué el orden socialista resulta inviable; en efecto, tiene que renunciar a esa intelectual división del trabajo que mediante la cooperación de empresarios, capitalistas y trabajadores, tanto en su calidad de productores como de consumidores, permite la aparición de precios para cuantos bienes son objeto de contratación. Sin tal mecanismo, es decir, sin cálculo, la racionalidad económica se evapora y desaparece.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Extracto del libro "Liberalismo"&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6662313409533785359-1381295270604013961?l=textosliberales.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6662313409533785359/posts/default/1381295270604013961'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6662313409533785359/posts/default/1381295270604013961'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://textosliberales.blogspot.com/2008/12/la-inviabilidad-del-socialismo-luudwig.html' title='La Inviabilidad del Socialismo - Ludwig von Mises'/><author><name>flavio g</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_ICglJvh8qjI/STu0eSSVcRI/AAAAAAAAAG8/q6oWwptOb_A/S220/portada_bases.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6662313409533785359.post-4666016464227140308</id><published>2008-12-08T18:27:00.000-08:00</published><updated>2008-12-08T18:30:40.314-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Thoreau'/><title type='text'>Desobediencia Civil</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;color:#009900;"&gt;Autor: Henry David Thoreau&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#009900;"&gt;Traducción: Hernando Jiménez&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#009900;"&gt;Fuente: eserver.org&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo de todo corazón en el lema “El mejor gobierno es el que tiene que gobernar menos”, y me gustaría verlo hacerse efectivo más rápida y sistemáticamente. Bien llevado, finalmente resulta en algo en lo que también creo: “El mejor gobierno es el que no tiene que gobernar en absoluto”. Y cuando los pueblos estén preparados para ello, ése será el tipo de gobierno que tengan. En el mejor de los casos, el gobierno no es más que una conveniencia, pero en su mayoría los gobiernos son inconvenientes y todos han resultado serlo en algún momento. Las objeciones que se han hecho a la existencia de un ejército permanente, que son varias y de peso, y que merecen mantenerse, pueden también por fin esgrimirse en contra del gobierno. El ejército permanente es sólo el brazo del gobierno establecido. El gobierno en sí, que es únicamente el modo escogido por el pueblo para ejecutar su voluntad, está igualmente sujeto al abuso y la corrupción antes de que el pueblo pueda actuar a través suyo. Somos testigos de la actual guerra con Méjico, obra de unos pocos individuos comparativamente, que utilizan como herramienta al gobierno actual; en principio, el pueblo no habría aprobado esta medida. El gobierno de los Estados Unidos ¿qué es sino una tradición, bien reciente por cierto, que lucha por proyectarse intacta hacia la posteridad, pero perdiendo a cada instante algo de su integridad? No tiene la vitalidad y fuerza de un solo hombre: porque un solo hombre puede doblegarlo a su antojo. Es una especie de fusil de madera para el mismo pueblo, pero no es por ello menos necesario para ese pueblo, que igualmente requiere de algún aparato complicado que satisfaga su propia idea de gobierno. Los gobiernos demuestran, entonces, cuán exitoso es imponérsele a los hombres y aún, hacerse ellos mismos sus propias imposiciones para su beneficio. Es excelente, tenemos que aceptarlo. Sin embargo, este gobierno nunca adelantó una empresa, excepto por la algarabía con la que sacó el cuerpo. No mantiene al país libre. No deja al Oeste establecido. No educa. El carácter inherente al pueblo americano es el responsable de todo lo que se ha logrado, y hubiera hecho mucho más si el gobierno no le hubiera puesto zancadilla, como ha ocurrido tantas veces. Porque el gobierno es una estratagema por la cual los hombres intentan dejarse en paz los unos a los otros y llega al máximo de conveniencia cuando los gobernados son dejados en paz.&lt;br /&gt;Si el mercado y el comercio no estuvieran hechos de caucho, jamás lograrían salvar los obstáculos que los legisladores les atraviesan en forma sistemática. Y si uno fuera a juzgar a esos señores sólo por el efecto de sus acciones, y no en parte por sus intenciones, merecerían ser castigados como a los malhechores que atraviesan troncos sobre los rieles del ferrocarril.&lt;br /&gt;Pero, para hablar en forma práctica y como ciudadano, a diferencia de aquellos que se llaman “antigobiernistas”, yo pido, no como “antigobiernista” sino como ciudadano, y de inmediato, un mejor gobierno. Permítasele a cada individuo dar a conocer el tipo de gobierno que lo impulsaría a respetarlo y eso ya sería un paso ganado para obtener ese respeto. Después de todo, la razón práctica por la cual, una vez que el poder está en manos del pueblo, se le permite a una mayoría, y por un período largo de tiempo, regir, no es porque esa mayoría esté tal vez en lo correcto, ni porque le parezca justo a la minoría, sino porque físicamente son los más fuertes. Pero un gobierno en el que la mayoría rige en todos los casos no se puede basar en la justicia, aún en cuanto ésta es entendida por los hombres. ¿No puede haber un gobierno en el que las mayorías no decidan de manera virtual lo correcto y lo incorrecto – sino a conciencia?, ¿en el que las mayorías decidan sólo los problemas para los cuales la regulación de la conveniencia sea aplicable? ¿Tiene el ciudadano en algún momento, o en últimas, que entregarle su conciencia al legislador? ¿Para qué entonces la conciencia individual? Creo que antes que súbditos tenemos que ser hombres. No es deseable cultivar respeto por la ley más de por lo que es correcto. La única obligación a la que tengo derecho de asumir es a la de hacer siempre lo que creo correcto. Se dice muchas veces, y es cierto, que una corporación no tiene conciencia; pero una corporación de personas conscientes es una corporación con conciencia. La ley nunca hizo al hombre un ápice más justo, y a causa del respeto por ella, aún el hombre bien dispuesto se convierte a diario en el agente de la injusticia. Resultado corriente y natural de un indebido respeto por la ley es el ver filas de soldados, coronel, capitán, sargento, polvoreros, etc., marchando en formación admirable sobre colinas y cañadas rumbo a la guerra, contra su voluntad, alás!, contra su sentido común y sus conciencias, lo que hace la marcha más ardua y produce un pálpito en el corazón. No les cabe duda de que la tarea por cumplir es infame; todos están inclinados hacia la paz. Pero, qué son? Son hombres acaso? O pequeños fuertes y polvorines al servicio de algún inescrupuloso que detenta el poder? Visiten un patio de la Armada y observen un marino, el hombre que el gobierno americano puede hacer, o mejor en lo que lo puede convertir con sus artes nigrománticas – una mera sombra y reminiscencia de humanidad, un desarraigado puesto de lado y firmes, y, se diría, enterrado ya bajo las armas con acompañamiento fúnebre...aunque puede ser que&lt;br /&gt;“No se oyó ni un tambor, ni la salva de adiós escuchamos, cuando el cuerpo del héroe y su honor en la tumba en silencio enterramos”. La masa de hombres sirve pues al Estado, no como hombres sino como máquinas, con sus cuerpos. Son el ejército erguido, la milicia, los carceleros, los alguaciles, posse comitatus, etc. En la mayoría de los casos no hay ningún ejercicio libre en su juicio o en su sentido moral; ellos mismos se ponen a voluntad al nivel de la madera, la tierra, las piedras; y los hombres de madera pueden tal vez ser diseñados para que sirvan bien a un propósito. Tales hombres no merecen más respeto que el hombre de paja o un bulto de tierra. Valen lo mismo que los caballos y los perros. Aunque aún en esta condición, por lo general son estimados como buenos ciudadanos. Otros – como la mayoría de los legisladores, los políticos, abogados, clérigos y oficinistas – sirven al Estado con la cabeza, y como rara vez hacen distinciones morales, están dispuestos, sin proponérselo, a ponerle una vela a Dios y otra al Diablo. Unos pocos, como héroes, patriotas, mártires, reformadores en el gran sentido, y hombres – sirven al Estado a conciencia, y en general le oponen resistencia. Casi siempre son tratados como enemigos. El hombre sabio será útil sólo como hombre, y no aceptará ser “arcilla” o “abrir un hueco para escapar del viento”, sino que dejará ese oficio a sus cenizas.&lt;br /&gt;“Soy nacido muy alto para ser convertido en propiedad, para ser segundo en el control o útil servidor e instrumento de ningún Estado soberano del mundo”. El que se entrega por completo a sus congéneres les parece a ellos inútil y egoísta; pero aquel que se les entrega parcialmente es considerado benefactor y filántropo.&lt;br /&gt;¿Cómo le conviene a una persona comportarse frente al gobierno americano de hoy? Le respondo que no puede, sin caer en desgracia, ser asociado con éste. Yo no puedo, ni por un instante, reconocer una organización política que como gobierno mío es también gobierno de los esclavos. Todos los hombres reconocen el derecho a la revolución; es decir, el derecho a negarse a la obediencia y poner resistencia al gobierno cuando éste es tirano o su ineficiencia es mayor e insoportable. Pero muchos dicen que ese no es el caso ahora. Pero era el caso, creo, en la Revolución de 1775. Si alguien viene a decirme que aquel era un mal gobierno porque gravaba ciertas mercancías extranjeras que llegaban a sus puertos, seguramente no haría yo mucho caso del asunto, puesto que me basto sin ellas. Toda máquina produce una fricción, y ésta probablemente no es suficiente para contrarrestar el mal. En todo caso, es un gran mal hacer gran bulla al respecto. Pero cuando la fricción se apodera de la máquina y la opresión y el robo se organizan, les digo, no mantengamos tal máquina por más tiempo. En otras palabras, cuando una sexta parte de la población de una nación que ha tomado como propio ser el refugio de la libertad está esclavizada, y todo un país está injustamente subyugado y conquistado por un ejército extranjero y sujeto a la ley militar, no creo que sea demasiado pronto para que los honestos se rebelen y hagan revolución. Lo que hace más urgente esta obligación es que el país así dominado no es el nuestro y lo único que nos queda es el ejército invasor.&lt;br /&gt;Paley, conocida autoridad con muchos otros en asuntos morales, en su capítulo sobre “Obligación a la obediencia al Gobierno Civil”, resuelve toda obligación moral a la conveniencia y continúa diciendo que “en cuanto el interés de toda la sociedad lo requiera, es decir, en cuanto al gobierno establecido no se pueda oponer resistencia o cambiar sin inconveniencia pública, es la voluntad de Dios...que el gobierno establecido sea obedecido...y no más. Al admitir este principio, la justicia de cada caso específico de resistencia se reduce al computo de la cantidad de peligro y afrenta, por un lado, y a la probabilidad y costo de remediarlo, por el otro”. De esto, dice, cada persona juzgará por sí misma. Pero parece que Paley nunca contempló aquellos casos en los que la ley de conveniencia no es aplicable, en los que un pueblo, tanto como un individuo, debe ejercer justicia, cueste lo que cueste. Si injustamente le he arrebatado una tabla a un hombre que se está ahogando, debo devolvérsela aunque yo me ahogue. Esto, según Paley, no sería conveniente. Pero aquel que salve su vida en tal forma, la perderá. Este pueblo tiene que dejar de tener esclavos y de hacerle la guerra a Méjico, aunque le cueste su propia existencia como pueblo.&lt;br /&gt;En sus prácticas, las naciones están de acuerdo con Paley, pero cree alguien que Massachusetts está haciendo lo correcto en la crisis actual?&lt;br /&gt;“Una puta por Estado, recamado de plata, que le lleven la cola, pero que deja la huella de su alma en la mugre”. En la práctica, quienes se oponen a una reforma en Massachusetts no son cien políticos del Sur, sino cien mil comerciantes y granjeros del Norte, quienes están más interesados en el comercio y la agricultura que en la humanidad, y no están preparados para hacer justicia a los esclavos y a Méjico, cueste lo que cueste. Yo no lucho con adversarios lejanos, sino en contra de quienes, aquí mismo en casa, cooperan y licitan por los que están lejos, y sin los cuales estos últimos serían inofensivos. Estamos acostumbrados a decir que las masas no están preparadas; pero las mejoras son lentas, porque los pocos no son ni materialmente más sabios ni mejores que los muchos. No es tan importante que muchos sean tan buenos como usted, como que haya alguna bondad absoluta en alguna parte, porque ella será la levadura para todo el conjunto. Hay miles de personas que se oponen a la esclavitud y la guerra, pero sin embargo no hacen nada para terminarlas; hay quienes, considerándose hijos de Washington y Franklin, se sientan con las manos en los bolsillos, y dicen que no saben qué hacer, y no hacen nada; hay quienes, anteponen el asunto del libre comercio al de la libertad y leen muy calmados las cotizaciones junto con los últimos informes sobre Méjico, después de la cena, y hasta se quedan dormidos sobre ellos. ¿Cuál es la cotización para un hombre honesto y patriota hoy? Ellos se lo preguntan, tienen remordimientos y hasta redactan un memorial, pero no hacen nada con convicción y efecto. Esperan, muy bien dispuestos, a que otros le pongan remedio al mal, para que ya no les remuerda. Cuando mucho, depositan un voto barato, con un débil patrocinio y deseo de feliz viaje a lo correcto, en cuanto a ellos respecta. Hay novecientos noventa y nueve patronos de la virtud por un hombre virtuoso. Pero es más fácil negociar con el dueño real de alguna cosa que con su guardián temporal. Toda votación es un tipo de juego como las damas o el backgammon, con un ligero tinte moral, un jueguito entre lo correcto y lo incorrecto con preguntas morales, acompañado, naturalmente, de apuestas. El carácter de los votantes no entra en juego. Deposito mi voto, por si acaso, pues lo creo correcto, pero no estoy comprometido en forma vital con que esa corrección prevalezca. Se lo dejo a la mayoría. La obligación de mi voto, por lo tanto, nunca excede la conveniencia. Aún votar por lo correcto no es hacer nada por ello. Es simplemente expresar bien débilmente ante los demás un deseo de que eso (lo correcto) prevalezca. El hombre sabio no deja el bien a la merced del chance, ni desea que prevalezca por el poder de la mayoría. Hay poca virtud en la acción de las masas. Cuando la mayoría finalmente vote por la abolición de la esclavitud, será porque ya es indiferente a ella, o por que queda poca esclavitud para ser abolida con su voto. Entonces ellos mismos serán los únicos esclavos. Sólo acelera con su voto la abolición de la esclavitud quien afirma por medio de él su propia libertad.&lt;br /&gt;Me entero de una convención a reunirse en Baltimore, o en alguna otra parte, para escoger un candidato a la Presidencia, convención formada principalmente por editores y políticos de profesión; pero me pregunto, ¿qué representa para una persona independiente, inteligente y respetable la decisión que allí se tome? ¿No tenemos, sin embargo, la ventaja de la sabiduría y la honestidad? ¿No contamos con algunos votos independientes? ¿No hay muchas personas en este país que no asisten a convenciones? Pero no: encuentro que el llamado hombre respetable ha sido arrastrado de su posición, y se desespera de su país, cuando su país tiene más razones para desesperarse de él. En el acto, adopta a uno de los candidatos seleccionados, como el único disponible, probando que él mismo está disponible para cualquier propósito del demagogo. Su voto no tiene más valor que el de cualquier extranjero sin principios o nacional a sueldo, que haya sido comprado. ¡Loa al hombre que es hombre!, o, como dice un vecino “es hueso difícil de roer”. Nuestras estadísticas están erradas: la población es presentada exageradamente grande. ¿Cuántos habitantes hay por milla cuadrada en este país? Escasamente uno. Es que los Estados Unidos no ofrecen aliciente para que las gentes se establezcan aquí? El norteamericano ha degenerado en el Tipo Simpático – conocido por el desarrollo de su órgano de sociabilidad, por la falta manifiesta de intelecto y por una seguridad desenfadada, cuya primera y más importante preocupación al llegar a este mundo, es ver que los hospicios estén en buenas condiciones, y antes de que haya estrenado su atuendo viril, empieza a recolectar fondos para sostener a las viudas y huérfanos que puedan aparecer, y quien, en últimas, se aventura a vivir solo de la ayuda de la Mutual de Seguros, que le ha prometido enterrarlo decentemente.&lt;br /&gt;De hecho, no es obligación de un individuo dedicarse a la erradicación del mal, aún del más enorme; bien puede tener otras inquietudes que lo ocupen. Pero es su obligación al menos lavarse las manos de ese mal, y si no le dedica mayor pensamiento, tampoco debe darle su apoyo en la práctica. Si yo me dedico a otras empresas y contemplaciones, debo ante todo ver que no las emprenda montado sobre los hombros de otro. Debo desmontarme primero para que él pueda adelantar sus contemplaciones también. Vean qué gran inconsistencia se tolera. Les he oído decir a algunos de mis paisanos: “Me gustaría que me ordenaran ir a ayudar a extinguir una insurrección de esclavos o a marchar a Méjico, ya vería si voy”. Y, sin embargo, cada uno de ellos ha contribuido, directamente con su obediencia, e indirectamente con su dinero, suministrando un sustituto. El soldado que rehusa servir en una guerra injusta es aplaudido por aquellos que no rehusan sostener al gobierno injusto que hace la guerra; es aplaudido por aquellos cuyos actos y autoridad ese gobierno no tiene en cuenta ni valora en nada. Como si el Estado estuviera tan arrepentido que contratara a uno para que lo azotara mientras peca, pero no para dejar de pecar. Así, bajo el rótulo del Orden y Gobierno Civil se nos hace a todos rendir homenaje y sostener nuestra propia maldad. Después del primer sonrojo de pecado se pasa a la indiferencia y de lo inmoral se llega a lo amoral, lo que resulta necesario para esa vida que nos hemos forjado. El error más amplio y permanente necesita de la más desinteresada virtud para sostenerse. Los nobles son quienes más comúnmente incurren en el ligero reproche que se le hace a la virtud del patriotismo. Aquellos, quienes a la vez que desaprueban el carácter y las medidas de un gobierno, le entregan su respaldo, son sin duda sus más conscientes soportes y con frecuencia el obstáculo más serio a la reforma.&lt;br /&gt;Algunos le están pidiendo al Estado disolver la Unión para desconocer las solicitudes del Presidente. Por qué no la disuelven ellos mismos – la unión entre ellos y el Estado – y se niegan a pagar su cuota al Tesoro? No están ellos en la misma relación con el Estado que éste con la Unión? Y no son las mismas razones que han impedido al Estado oponerse a la Unión las que les impiden a ellos oponerse al Estado? ¿Cómo puede una persona estar satisfecha con sólo mantener una opinión y al mismo tiempo disfrutarlo? ¿Hay alguna satisfacción en ello, si su opinión es la de que está siendo agraviado? Si a usted lo engañan así sea en un solo dólar, usted no queda satisfecho con saber que lo engañaron, con decirlo, ni aún con pedir que se le restituya lo que le pertenece; sino que usted se empeña de manera efectiva en recuperar la suma completa y en ver que no se le vuelva a engañar jamás. La acción por principio, la percepción y el desarrollo de lo correcto, cambian las cosas y las relaciones; es algo esencialmente revolucionario y no concuerda con nada de lo que fue. No solo dividió Estados e Iglesias, divide a las familias; ay!, divide al individuo, separando en él lo diabólico de lo divino.&lt;br /&gt;Existen leyes injustas: ¿debemos estar contentos de cumplirlas, trabajar para enmendarlas, y obedecerlas hasta cuando lo hayamos logrado, o debemos incumplirlas desde el principio? Las personas, bajo un gobierno como el actual, creen por lo general que deben esperar hasta haber convencido a la mayoría para cambiarlas. Creen que si oponen resistencia, el remedio sería peor que la enfermedad. Pero es culpa del gobierno que el remedio sea peor que la enfermedad. Es él quien lo hace peor. ¿ Por qué no está más apto para prever y hacer una reforma? ¿ Por qué no valora a su minoría sabia? ¿Por qué grita y se resiste antes de ser herido? ¿Por qué no estimula a sus ciudadanos a que analicen sus faltas y lo hagan mejor de lo que él lo haría con ellos? ¿Por qué siempre crucifica a Cristo, excomulga a Copérnico y a Lutero y declara rebeldes a Washington y a Franklin? Uno pensaría que una negación deliberada y práctica de su autoridad fue la única ofensa jamás contemplada por su gobierno, o si no, por qué no ha asignado un castigo definitivo, proporcionado y apropiado? Si un hombre que no tiene propiedad se niega sólo una vez a rentar nueve chelines al Estado, es puesto en prisión por un término ilimitado por ley que yo conozca, y confinado a la discreción de aquellos que lo pusieron allí; pero si le roba noventa veces nueve chelines al Estado, es pronto puesto de nuevo en libertad.&lt;br /&gt;Si la injusticia es parte de la fricción necesaria de la máquina del gobierno, vaya y venga, tal vez la fricción se suavice – ciertamente la máquina se desgasta. Si la injusticia tiene un resorte, una polea, un cable, una manivela exclusivamente para sí, quizá usted pueda considerar si el remedio no es peor que la enfermedad; pero si es de tal naturaleza que le exige a usted ser el agente de injusticia para otro, entonces yo le digo, incumpla la ley. Deje que su vida sea la contra fricción que pare la máquina. Lo que tengo que hacer es ver, de cualquier forma, que yo no me presto al mal que condeno. En cuanto a adoptar las maneras que el Estado ha entregado para remediar el mal, yo no sé nada de tales maneras. Toman mucho tiempo, y la vida se habrá acabado para entonces. Tengo otras cosas que hacer. Yo vine a este mundo no propiamente a convertirlo en un buen sitio para vivir, sino a vivir en él, ya sea bueno o malo. Una persona no tiene que hacerlo todo, sino algo; y puesto que no puede hacerlo todo, no es necesario que ande haciendo peticiones al gobernador o al legislador más de lo que ellos me las tienen que hacer a mí. ¿Y si ellos no oyen mi petición, qué tengo que hacer? En este caso el Estado no tiene respuesta: su propia Constitución es el mal. Esto puede parecer fuerte, terco y no conciliatorio, pero es tratar con la mayor amabilidad y consideración al único espíritu que puede agradecerlo o merecerlo. Así que todo es cambio para mejorar, como el nacimiento y la muerte, que convulsionan el cuerpo. No dudo en afirmar que aquellos que se llaman abolicionistas debería retirar inmediatamente su apoyo personal y económico al gobierno de Massachusetts, y no esperar a constituir una mayoría de uno que les otorgue el derecho de prevalecer. Creo que es suficiente con tener a Dios de su lado, sin esperar a ese otro uno. Más aún, cualquier hombre más correcto que sus vecinos constituye de por sí una mayoría de uno.&lt;br /&gt;Yo me entrevisto con el gobierno americano, o su representante, el gobierno del Estado, directamente, cara a cara, una vez al año – nada más – en la persona de su recaudador de impuestos; esta es la única forma en la que una persona de mi posición puede encontrarse con ese Estado. Y entonces él dice bien claro: Reconózcame; y la manera más sencilla, la más efectiva, en el actual curso de los hechos, la manera indispensable de tratar con él en su cara, de expresarle uno su poca satisfacción y poco amor por él es negarlo. Mi vecino civil, el recaudador, es el hombre de carne y hueso con quien tengo que tratar – porque, después de todo, es con hombres y no con papeles con quienes yo peleo, y él ha escogido voluntariamente ser un agente del gobierno. ¿Cómo hará para saber bien lo que él es y lo que tiene que hacer como funcionario del gobierno, o como hombre, cuando se vea obligado a considerar si a mí – su vecino - a quien respeta como buen vecino - me trata como tal, o como a un loco que altera la paz, e igualmente resolver cómo puede sobreponerse a esa obstrucción a la buena voluntad, sin que lo asalten pensamientos más rudos y contundentes, o sin adoptar un vocabulario acorde con su acción? Yo sí lo sé muy bien: si mil, o cien o diez hombres – a quienes puedo nombrar – si sólo diez hombres honestos – alás! si un hombre HONESTO, en este Estado de Massachusetts, dejara de tener esclavos, realmente se retirara de esa cosociedad y fuera encerrado por ello en la cárcel del Condado, eso sería la abolición de la esclavitud en América. Porque lo que importa no es qué tan pequeño pueda ser el comienzo: lo que se hace una vez bien, se hace para siempre. Pero preferimos hablar de ello: a lo que digamos, reducimos nuestra misión. La reforma cuenta con muchos informes periodísticos a su servicio, pero ni con un solo hombre.&lt;br /&gt;Si mi estimado vecino, el embajador del Estado, que dedicará sus días a tratar el asunto de los derechos humanos en la Cámara del Consejo, en vez de ser amenazado con las prisiones de Carolina, fuera a sentarse como prisionero de Massachusetts, ese Estado que está tan ansioso por endilgarle el pecado de la esclavitud a su hermana, aunque hasta el momento solo se ha basado en un acto de inhospitalidad para pelear con ella, no desestimaría considerar el tema en la legislatura del próximo invierno.&lt;br /&gt;Bajo un gobierno que encarcela injustamente, el verdadero lugar para un hombre justo está en la cárcel. El lugar apropiado hoy, el único sitio que Massachusetts ha provisto para sus espíritus más libres y menos desalentados está en sus prisiones: está en ser encerrados y excluidos del Estado por acción de éste, así como ellos mismos se han puesto fuera de él, movidos por sus propios principios. Es allí donde los deben encontrar el esclavo fugitivo, el prisionero mejicano puesto en libertad bajo palabra y el indio que vino a interceder por las faltas imputadas a su raza. Es allí, en ese suelo separado, pero más libre y honorable, donde el Estado coloca a los que no están con él, sino en su contra, donde el hombre libre puede habitar con honor. Si alguien piensa que su influjo se pierde allí, y que su voz ya no llega al oído del Estado, que él mismo no es visto como el enemigo dentro de sus muros, no sabe qué tanto la verdad es más fuerte que el error, ni qué tanto puede elocuente y efectivamente combatir la injusticia quien la ha experimentado en su propia persona. Deposite su voto completo, no sólo una tira de papel, sino todo su influjo. Una minoría es impotente, ni siquiera es una minoría, mientras se amolde a las mayorías; pero se vuelve insostenible cuando obstaculiza con todo su peso. Si la alternativa es mantener a todos los justos presos o renunciar a la esclavitud y la guerra, el Estado no dudará en escoger. Si mil ciudadanos no pagaran sus impuestos este año, esa no sería una medida violenta y sangrienta, como sí lo sería pagarlos, habilitando al Estado para que ejerza violencia y derrame sangre inocente. Esta es, de hecho, la definición de una revolución pacífica, si es que tal revolución es posible. Si el recaudador, o cualquier otro funcionario – como ya ha sucedido - me pregunta: “y entonces qué hago? ”, mi respuesta es: “si usted de verdad quiere hacer algo, renuncie al puesto”. Cuando el súbdito se ha negado a someterse y el funcionario renuncia a su cargo, la revolución se ha logrado. ¿Y no hay también derramamiento de sangre cuando se hiere la conciencia? Por esta sangre brotan la hombría y la inmortalidad de un ser humano y esa sangre fluye hacia una muerte eterna. Veo esa sangre fluyendo ahora.&lt;br /&gt;Hasta ahora, he considerado el encarcelamiento del transgresor más que la confiscación de sus bienes – aunque ambos sirven el mismo propósito – porque aquellos que se sostienen en la corrección más pura, y en consecuencia son más peligrosos para el Estado corrupto, generalmente no han dedicado mucho tiempo a acumular propiedades. A ellos, el Estado comparativamente les presta poco servicio, y un pequeño impuesto es costumbre que parezca exorbitante, particularmente si se les obliga a pagarlo con trabajo de sus propias manos. Si hubiese alguien que viviera completamente sin el uso del dinero, el Estado mismo dudaría en exigírselo. Pero el rico – sin hacer comparaciones odiosas – está siempre vendido a la institución que lo hace rico. En estricto sentido, a más dinero menos virtud, porque el dinero se interpone entre la persona y sus objetivos y los obtiene para él; ciertamente, no fue gran virtud obtenerlo. El dinero pone de lado muchas preguntas que de otra manera la persona se vería obligada a responder, mientras que la nueva pregunta es difícil pero superflua: cómo gastarlo! Así, le han quitado a la persona su piso moral. Las oportunidades de vivir se disminuyen en proporción al aumento de los llamados “medios de subsistencia”. Lo mejor que una persona puede hacer por su cultura cuando es rica, es realizar los esquemas que se propuso cuando era pobre. Cristo respondía a los súbditos de Heródes según su condición. “Mostradme vuestro dinero del tributo”, les decía, y uno sacó un centavo del bolsillo, “si usáis dinero acuñado con la imagen del César, y que él ha hecho corriente y valioso, es decir, sois un hombre del Estado y disfrutáis a gusto de las ventajas del gobierno del César, entonces retribuid con algo de lo que le pertenece cuando él os lo pide. Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, y no los dejaba más sabios en cuanto cuál era para cuál, porque ellos no querían saber.&lt;br /&gt;Cuando yo converso con el más libre de mis vecinos, me doy cuenta de que cualquier cosa que mi interlocutor diga sobre la magnitud y seriedad de un asunto, lo mismo que su preocupación por la tranquilidad pública, me la presenta sujeta a la protección del Gobierno vigente y más bien se espanta de las consecuencias que la desobediencia les pueda acarrear a su propiedad y a sus familias. Por mi parte, no quiero ni pensar que alguna vez dependa de la protección del Estado. Pero si yo niego la autoridad del Estado cuando éste me presenta la cuenta de los impuestos, pronto se llevarán y gastarán mis propiedades y me acosarán a mí y a mis hijos indefinidamente. Esto es doloroso. Esto hace imposible a la persona vivir honestamente y al tiempo con comodidad en lo que a exterioridades respecta. No vale la pena acumular propiedades que de seguro se volverán a ir. Hay que alquilar o invadir cualquier predio, cultivar una pequeña cosecha y comérsela pronto. Hay que vivir dentro de sí mismo y depender de uno mismo, siempre arremangado y listo a arrancar, sin tener muchos asuntos pendientes. Un hombre puede volverse rico en Turquía, si es en todo aspecto un buen súbdito del gobierno turco. Confucio dijo: “Si un Estado es gobernado por los principios de la razón, la pobreza y la miseria son objeto de vergüenza; si el Estado no es gobernado por los principios de la razón, la riqueza y los honores son objeto de vergüenza”. No: hasta cuando se me extienda la protección de Massachusetts hasta un puerto en el Sur, donde mi libertad esté en peligro, o hasta cuando me dedique a aumentar mi patrimonio aquí con industriosidad pacífica, me puedo dar el lujo de rehusar la sumisión a Massachusetts, y a su derecho sobre mi propiedad y mi vida. En todo caso, me sale más barato sufrir el castigo por desobediencia al Estado que obedecer. Me sentiría que yo mismo valdría menos.&lt;br /&gt;Hace unos años, el Estado me llamó a favor de la Iglesia y me conminó a pagar una suma para el mantenimiento de un clérigo, cuyos sermones mi padre escuchaba, pero yo no. “Pague”, se me dijo, “o será encerrado en la cárcel”. Yo me negué a pagar. Desagraciadamente, otra persona consideró apropiado hacerlo por mí. Yo no entendía por qué el maestro de escuela tenía que pagar impuesto para sostener al cura, y no el cura para sostener al maestro, así yo no fuera maestro del Estado, sino que me sostenía por suscripción propia. Yo no veía por qué el Liceo no podía presentar su cuenta de impuestos y hacer que el Estado respaldara su petición lo mismo que la de la Iglesia. Sin embargo, a petición de los Concejales, fui condescendiente como para hacer la siguiente declaración por escrito: “Sírvanse enterarse de que yo, Henry Thoreau, no deseo ser considerado miembro de ninguna sociedad a la cual yo mismo no me haya unido”. El Estado, habiéndose enterado de que yo no quería ser considerado miembro de esa iglesia, nunca me ha vuelto a hacer tal exigencia, aunque decía que tenía que acogerse a su presunción en ese momento. Si hubiese sabido los nombres, me habría retirado de todas las sociedades a las que nunca me inscribí, pero no supe dónde encontrar la lista completa.&lt;br /&gt;Hace seis años que no pago el impuesto de empadronamiento. Me apresaron una vez por eso, por una noche. Y mientras meditaba sobre el grosor de los muros de piedra, de dos o tres pies de ancho, de la puerta de madera y hierro de un pie de espesor, y de las rejas de hierro por las que se colaba la luz, no pude evitar aterrarme de la tontería de aquella institución que me trataba como si yo no fuera más sino carne, sangre y huesos que encerrar. Concluí finalmente que ésta era la mayor utilidad que el Estado podía sacar de mí y que nunca pensó en beneficiarse de alguna manera con mis servicios. Pensé que si había un muro de piedra entre mis conciudadanos y yo, había uno mucho más difícil de trepar o atravesar antes de que ellos pudieran llegar a ser tan libres como yo. Nunca me sentí encerrado, y los muros semejaban un gran desperdicio de piedra y argamasa. Sentí que yo era el único de mis conciudadanos que había pagado el impuesto. Ciertamente no sabían cómo tratarme; pero se comportaban como tipos maleducados. En cada amenaza y en cada lisonja se pifiaban, porque creían que lo que yo más quería era estar del otro lado del muro. Yo no podía sino sonreír de ver con qué laboriosidad cerraban la puerta a mis meditaciones, lo que los dejaba de nuevo sin oposición ni obstáculo, y esas meditaciones eran realmente lo único peligroso que allí había. Como no me podían atrapar, resolvieron castigar mi cuerpo, como niños, que si no pueden llegar a la persona a la que tienen tirria, le maltratan el perro. Observé que el Estado era ingenioso sólo a medias, que era tímido. Como una viuda en medio de su platería, y que no diferenciaba sus amigos de sus enemigos, y así perdí lo que me quedaba de respeto por él y le tuve lástima.&lt;br /&gt;El Estado, pues, nunca confronta a conciencia la razón de una persona, intelectual o moralmente, sino sólo su cuerpo, sus sentidos. No está equipado con un ingenio superior o una honestidad superior, sino con fuerza superior. Yo no nací para ser forzado. Respiro a mi manera. Ya veremos quien es el más fuerte. ¿Qué fuerza tiene una multitud? Sólo me pueden forzar los que obedecen una ley más alta que yo. Quieren forzarme a que me vuelva como ellos. No escucho a quienes han sido forzados por las masas a vivir así o asá. ¿Qué vida es ésa? Cuando un gobierno me dice, “la bolsa o la vida”, por qué tengo que correr a darle mi plata? Pueden estar en apuros y no saber qué hacer: lo siento mucho. Ellos verán qué hacen. Que hagan como yo. No vale la pena lloriquear por eso. Yo no soy responsable de que la maquinaria de la sociedad funcione. No soy hijo del ingeniero. Sólo veo que cuando una bellota y una castaña caen juntas, la una no se queda inerte para hacerle campo a la otra, ambas obedecen sus propias leyes y germinan y crecen y florecen lo mejor que pueden, hasta que una, quizás, eclipsa y destruye a la otra. Si una planta no puede vivir de acuerdo a la naturaleza, se muere; lo mismo el hombre.&lt;br /&gt;La noche en la prisión fue novedosa e interesante. Cuando entré, los prisioneros, en mangas de camisa, gozaban de una charla y del aire de la noche. Pero el carcelero dijo: “Vamos muchachos, es hora de encerrarlos”, entonces se dispersaron, y oí el ruido de sus pasos de regreso a la vacuidad de sus compartimentos. El carcelero me presentó a mi compañero como “un tipo de primera y un hombre inteligente”. Cuando cerraron la puerta, me indicó dónde colgar mi sombrero y me contó cómo arreglaba sus asuntos allí. Los cuartos eran blanqueados una vez al mes, y éste, al menos, era el más blanco; el amoblado de forma muy sencilla y seguramente el más pulcro del pueblo. Naturalmente quería saber de dónde venía yo, qué me había traído. Cuando le hube contado, yo también le pregunté por qué estaba allí, bajo la presunción de que era un hombre honesto, y claro que lo era. “Bien”, dijo, “me acusan de quemar un granero, pero nunca lo hice”. Por lo que pude descubrir, él probablemente se había acostado borracho, fumando pipa, y el granero se incendió. Gozaba de la reputación de ser inteligente; había estado allí cerca de tres meses esperando el juicio, y tendría que esperar otro tanto, pero estaba domesticado y contento, puesto que recibía alimentación gratis y se consideraba bien tratado. Él miraba por una ventana y yo por la otra. Observé que si uno se quedaba allí por largo tiempo su actividad central se reducía a mirar por la ventana. Pronto leí todas las huellas que allí quedaban y examiné por donde se habían escapado los antiguos prisioneros, donde habían segueteado una reja y oí la historia de varios inquilinos de aquella celda; descubrí que aún allí había historias y habladurías que nunca circulaban más allá de los muros de la prisión. Seguramente ésta es la única casa del pueblo donde se escriben versos, que luego se imprimen en hojas que no se publican. Pude ver una larga lista de jóvenes que habían intentado escapar, quienes se vengaron cantando sus versos.&lt;br /&gt;Yo le sonsaqué a mi compañero todo lo que pude, movido por el temor de no volver a verlo; luego me indicó cuál era mi cama y me dejó apagar la vela.&lt;br /&gt;Tendido allí por una noche fue como viajar a un país remoto que nunca había esperado visitar. Me pareció que no había escuchado antes el llamado de las campanas del reloj del pueblo ni el sonido nocturno de la aldea, puesto que dormíamos con las ventanas abiertas, que daban a la parte interna de las rejas. Fue ver mi pueblo natal a la luz del Medioevo y nuestro Concord convertido en un Rin, que pasaba con sus caballos y castillos. Oí las voces de antiguos burgueses por las calles. Fui el espectador y oyente involuntario de todo lo dicho y hecho en la posada vecina: una nueva y extraña experiencia. Fue una visión más cercana de mi pueblo. Me metí dentro. Nunca antes había visto sus instituciones. Ésta es una de sus instituciones características porque éste es un Condado. Empecé a comprender lo que son sus habitantes.&lt;br /&gt;Por la mañana, nos pasaron el desayuno por un hueco de la puerta por donde cabían jarros de lata y una cuchara metálica. Cuando vinieron por los platos, fui tan bisoño como para devolver el pan que había dejado, pero mi camarada lo agarró y dijo que debía reservarlo para el almuerzo o la comida. Pronto lo dejaron salir a segar heno en un campo vecino, a donde iba todos los días sin regresar hasta el medio día; así que me dijo adiós y que dudaba de que me volviera a ver.&lt;br /&gt;Cuando salí de prisión – porque alguien se atravesó y pagó el impuesto – no percibí que hubiera habido grandes cambios en el exterior, como los que encuentra el que entra joven y sale viejo; y sin embargo, un cambio se presentó ante mis ojos – el pueblo, el Estado, el país eran más grandes de lo que el mero tiempo podía afectarlos. Vi más claro el Estado en el que vivía. Vi hasta qué punto se podía tener como buenos amigos y vecinos a las personas entre quienes había vivido. Su amistad era ante todo para los buenos tiempos. Vi que básicamente no se proponían hacer el bien, que eran de otra raza distinta a la mía por sus prejuicios y supersticiones . Como los chinos y los malayos, que en sus sacrificios por la humanidad no se arriesgan ni siquiera en sus propiedades. Vi que, después de todo, no eran tan nobles, sino que trataban al ladrón como éste los había tratado, y confiaban que por cierto cumplimiento externo y algunas oraciones, y por seguir una senda particularmente derecha e inútil salvarían sus almas. Puede que esto sea juzgarlos un tanto duro, pero muchos de ellos ni siquiera son conscientes de que en su pueblo exista una institución como la cárcel.&lt;br /&gt;Una antigua costumbre del pueblo, cuando el deudor pobre salía de la cárcel, era ir a saludarlo, mirándolo por entre los dedos, que representaban los barrotes de la cárcel; “¿Cómo le va?”. Mis vecinos no me dieron ese saludo; sólo me miraban y luego se miraban, como si yo hubiera vuelto de un largo viaje. A mí me tomaron prisionero mientras iba donde el zapatero a recoger un zapato remontado. Cuando me soltaron por la mañana procedí a terminar el mandado y después de ponerme el zapato me uní a un grupo de recogedores de arándano, que se mostraron impacientes por ponerse bajo mi conducción. El caballo pronto fue bien cargado y en media hora estuvimos en medio de un campo de arándanos en lo alto de una colina, a dos millas de distancia, y el Estado ya no se veía por ninguna parte.&lt;br /&gt;Esta es la historia completa de “Mis Prisiones”.&lt;br /&gt;Nunca me he negado a pagar el impuesto de rodamiento, porque quiero ser tan buen vecino como mal súbdito, y en cuanto a subvencionar escuelas, aquí estoy dando mi contribución para educar a mis compatriotas. No es por un punto en especial de la cuenta de impuestos que me niego a pagarla. Simplemente deseo rehusar la sumisión al Estado, retirarme y permanecer retirado de manera efectiva. No me interesa seguirle la pista a mi dólar, si puedo, hasta que ese dólar le compre un rifle a un hombre para que le dispare a otro – el dólar es inocente – pero sí me interesa seguirle la pista a los efectos de mi sumisión.&lt;br /&gt;De hecho, le declaro la guerra al Estado, a mi manera, aunque lo utilice y me aproveche de él en cuanto pueda, como es usual en tales casos.&lt;br /&gt;Si otros, por simpatía con el Estado, pagan el impuesto que a mí me piden, hacen lo mismo que cuando pagaron el suyo, es decir, apoyan la injusticia más de lo que el Estado les exige. Si pagan el impuesto por una solidaridad equivocada con la persona a la que se le ha cobrado, para salvarle sus propiedades o evitarle que termine en la cárcel, es porque no han medido con inteligencia hasta dónde dejan interferir sus sentimientos personales con el bien público.&lt;br /&gt;Esta es mi posición en el momento. Pero uno no puede estar demasiado a la defensiva en este caso, no sea que sus acciones se parcialicen por la obstinación o la demasiada preocupación por la opinión de los demás. Hay que dejar a cada quien hacer sólo lo que le pertenece a él y a su momento.&lt;br /&gt;A vece me digo, bueno, esta gente es bien intencionada, sólo son ignorantes, obrarían mejor si supieran cómo: Por qué poner a los vecinos en la dificultad de tratarlo a uno en una forma en que no están inclinados a hacerlo? Pero recapacito: esa no es razón para que yo actúe como ellos o permita que otros sufran un dolor mayor y diferente. Y luego, vuelvo y me digo, cuando millones de hombres, sin agresividad, sin mala intención, sin sentimientos personales de ningún tipo, piden solo unas monedas, sin la posibilidad, tal es su manera de ser, de retractarse o alterar su exigencia, y sin la posibilidad, por parte de quien recibe la petición, de apelar a otros millones de personas, por qué exponerse a esta fuerza bruta sobrecogedora? No nos oponemos al frío y al hambre, a los vientos y a las olas con tanta obstinación. Nos entregamos sumisos a mil necesidades similares. Usted no pone las manos al fuego. Pero también en la medida en que yo no veo esto como una fuerza bruta total sino como una fuerza humana en parte, y considero que yo tengo que ver con esos millones como lo tengo con millones de hombres, y no como brutos o cosas inanimadas, veo que esa apelación es posible, en primer lugar y de forma instantánea, de ellos a su Creador y, en segundo lugar, de ellos a sí mismos. Pero si deliberadamente pongo las manos al fuego, no hay apelación al fuego, ni al Creador del fuego, y sólo yo tengo que culparme por ello. Si pudiera convencerme de que tengo algún derecho a estar satisfecho con los hombres como son, y tratarlos de acuerdo a eso, y no según mis expectativas y exigencias de lo que ellos y yo debemos ser, entonces, como un musulmán y fatalista, trabajaría por conformarme con las cosas tal y como están, y con decir que eso es la voluntad de Dios. Y, sobre todo, está la diferencia entre oponerse a esto o a una fuerza bruta y natural, y es que yo puedo oponerme a esto con algún efecto, pero no puedo esperar como Orfeo cambiar la naturaleza de las rocas, los árboles o las bestias.&lt;br /&gt;No deseo pelear con ningún hombre o nación. No quiero pararme en pelos, hacer diferencias sutiles, o creerme mejor que los demás. Hasta busco, podría decir, casi una excusa para ajustarme a las leyes de la tierra. Estoy más que listo para amoldarme a ellas. Ciertamente tengo razones para catalogarme de este modo; y cada año, cuando el recaudador llega, estoy dispuesto a revisar las actas y la posición de los gobiernos nacional y federal, y el espíritu de la gente para aceptar el conformismo.&lt;br /&gt;“Tenemos que querer a nuestro país como a nuestros padres. Debemos respetar los efectos y enseñar al alma asuntos de conciencia y religión, y no el deseo de dominio o beneficio”. Creo que el Estado pronto podrá quitarme esta carga de encima y entonces ya no seré mejor patriota que mis conciudadanos. Vista desde un mirador más bajo, la Constitución, con todas sus faltas, es muy buena; la ley y las Cortes muy respetables; aún este Estado y este gobierno americano son, en muchos aspectos admirables; y hay algunas cosas, que tantos otros han descrito, por las que agradecer; pero analizadas desde una perspectiva superior y aún desde la más alta, ¿quién dice lo que son o que vale la pena considerarlas o siquiera pensarlas?&lt;br /&gt;Con todo, el gobierno no me preocupa mucho, y pienso en él lo menos que puedo. No es mucho el tiempo que vivo bajo el gobierno, aún en este mundo. Si un hombre piensa libremente, sueña, imagina libremente, nunca estará por mucho tiempo de acuerdo con lo que no es como con lo que es, así que no puede ser interrumpido por gobernantes o reformadores obtusos.&lt;br /&gt;Sé que muchas personas no piensan como yo, pero aquellos cuyas vidas, por obra de su profesión, están dedicadas al estudio de materias afines no me satisfacen casi en nada. Estadistas y legisladores, que están siempre de acuerdo dentro de la institución, nunca la ven clara y desnuda. Hablan de la sociedad en movimiento, pero no tienen lugar de descanso sin ella. Pueden ser hombres de cierta experiencia y discernimiento, y sin duda han inventado sistemas ingeniosos y útiles, que les agradecemos, pero todo su ingenio y utilidad reposa en límites estrechos. Olvidan que el mundo no está gobernado por los programas y la ventaja personal. Webster nunca se le enfrenta al gobierno, así que no puede hablar de él con autoridad. Sus palabras son sabiduría para aquellos legisladores que no contemplan reformas esenciales en el gobierno actual; pero para los pensadores y para aquellos que legislan para todo tiempo, Webster no acierta una. Conozco a aquellos cuya serena y sabia especulación sobre este tema pronto les hará ver la estrechez del pensamiento y el pupilaje de Webster.&lt;br /&gt;Con todo, comparado con los ordinarios alcances de muchos reformadores, y la aún más ordinaria sabiduría y elocuencia de los políticos en general, las de Webster son las casi únicas palabras razonables y valiosas, y le agradecemos al Cielo por él. Comparativamente, es siempre fuerte, original y sobre todo, práctico. Sin embargo, su cualidad no es la sabiduría sino la prudencia. La verdad de los abogados no es la Verdad, sino la consistencia o una conveniencia consistente. La Verdad está siempre en armonía consigo misma y no está interesada en revelar la justicia que pueda concordar con el mal obrar. Webster merece ser llamado, como lo ha sido, el Defensor de la Constitución. No se le pueden dar otros golpes distintos a los defensivos. No es un líder sino un seguidor. Sus líderes son los hombres de 1787. “Yo nunca he hecho un esfuerzo”, dice, “y nunca propongo hacer un esfuerzo, nunca he apoyado un esfuerzo y no tengo intención de apoyarlo para interferir el acuerdo inicial por el cual los diversos estados formaron la Unión”, y respecto de la aprobación que la Constitución otorgó a la esclavitud: “Puesto que era parte del paquete inicial...déjenla ahí”. A pesar de su agudeza y capacidad, Webster es incapaz de aislar un hecho de sus meras relaciones políticas, y verlo como se le presenta al intelecto – por ejemplo, qué incumbe a un hombre hacer aquí en América hoy respecto de la esclavitud – sino que se aventura, o es llevado a dar una respuesta desesperada a lo siguiente, pretendiendo hablar de forma absoluta y como individuo particular – de lo cual qué nuevo y singular se puede sacar a favor de la obligación social? “La forma”, dice, “ como los gobiernos de los Estados donde existe la esclavitud la regulen, está a su propia consideración, bajo la responsabilidad de sus constituyentes, según las leyes generales de la propiedad, humanidad y justicia y según Dios. Las asociaciones formadas en otra parte, salidas de sentimientos humanitarios, o por cualquier otra causa, no tienen nada que ver con ello. Nunca han recibido motivación de parte mía, y nunca la tendrán.” (Estos apartes han sido insertados, puesto que la conferencia fue leída. H.D.T.)&lt;br /&gt;Aquellos que no conocen una fuente más pura de verdad, que no han buscado el manantial más arriba, se apoyan, y lo hacen sabiamente, en la Biblia y en la Constitución, y beben de ellas con reverencia y humanidad; pero aquellos que observan de donde esa verdad vierte gota a gota a este lago o a aquel estanque se amarran los calzones y siguen su peregrinaje hacia el nacedero.&lt;br /&gt;No ha aparecido en América el genio legislador. Son raros en la historia del mundo. Hay oradores, políticos, y hombres elocuentes por miles; pero aún no ha abierto la boca el que tiene que formular las preguntas más molestas. Nos gusta la elocuencia en sí misma y no por la verdad que contenga o por cualquier acto heroico que inspire. Nuestros legisladores no han aprendido todavía el valor comparativo del libre cambio y la libertad, la unión y la rectitud hacia la nación. No tienen genio ni talento para hacerse preguntas humildes sobre impuestos y finanzas, comercio, manufactura y agricultura. Si se nos dejara sólo a la ingeniosa oratoria de nuestros legisladores del Congreso para guiarnos, sin la corrección de la experiencia niveladora y las quejas efectivas del pueblo, América no podría mantener su rango entre las naciones. Mil ochocientos años, aunque quizás yo no tenga derecho a decirlo, lleva escrito el Nuevo Testamento; y sin embargo, dónde está el legislador que tiene la sabiduría y el talento práctico para valerse de la luz que aquel irradia sobre la ciencia de la legislación.&lt;br /&gt;La autoridad del gobierno – porque yo gustosamente obedeceré a aquellos que pueden actuar mejor que yo, y en muchas cosas hasta a aquellos que ni saben ni pueden actuar tan bien – es una autoridad impura: porque para ser estrictamente justa tiene que ser aprobada por el gobernado. No puede tener derecho absoluto sobre mi persona y propiedad sino en cuanto yo se lo conceda. El paso de la monarquía absoluta a una limitada, de la monarquía limitada a la democracia, es el progreso hacia el verdadero respeto al individuo. Hasta el filósofo chino fue lo suficientemente sabio para ver en el individuo la base del imperio. ¿Es la democracia que conocemos la última mejora posible de gobierno? ¿No es posible adelantar un paso en el reconocimiento y la organización de los derechos del hombre? Jamás existirá un Estado realmente libre e iluminado hasta cuando ese Estado reconozca al individuo como un poder más alto e independiente, del cual se deriva su propio poder y autoridad y lo trate de acuerdo a ello. Me complace imaginar un Estado que finalmente pueda darse el lujo de ser justo con todos, y que trate al individuo con respecto; más aún, que no llegue a pensar que es inconsistente con su propia tranquilidad si unos cuantos viven separados de él, no mezclándose con él, sin abrazarlo, pero cumpliendo con su obligación de vecinos y compañeros. Un Estado que produjera este fruto y lo entregase tan pronto estuviese maduro abriría el camino para otro Estado, aún más perfecto y glorioso, que yo he soñado también, pero que aún no he visto por ninguna parte.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6662313409533785359-4666016464227140308?l=textosliberales.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6662313409533785359/posts/default/4666016464227140308'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6662313409533785359/posts/default/4666016464227140308'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://textosliberales.blogspot.com/2008/12/desobediencia-civil.html' title='Desobediencia Civil'/><author><name>Fernando Aguilera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18199502181315782658</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_ijxDXEu44ls/STwx85v8glI/AAAAAAAAAAM/hIYa63jCJY4/S220/1157325117_f.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6662313409533785359.post-1494507544850168356</id><published>2008-12-08T18:05:00.000-08:00</published><updated>2008-12-08T18:08:05.219-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Spooner'/><title type='text'>Los Vicios No Son Crímenes</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;color:#006600;"&gt;Autor: Lysander Spooner&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#006600;"&gt;Fuente: Wikisource&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una reivindicación de la libertad moral&lt;br /&gt;Escrito en 1875.&lt;br /&gt;I.&lt;br /&gt;Vicios son aquellos actos por los que un hombre se daña a sí mismo o a su propiedad.&lt;br /&gt;Delitos o crímenes son aquellos actos por los que un hombre daña la persona o propiedad de otro.&lt;br /&gt;Los vicios son simplemente los errores que un hombre comete en la búsqueda de su propia felicidad. Al contrario que los delitos, no implican malicia hacia otros, ni interferencia con sus personas o propiedades.&lt;br /&gt;En los vicios falta la verdadera esencia del delito (esto es, la intención de lesionar la persona o propiedad de otro).&lt;br /&gt;En un principio legal que no puede haber delito sin voluntad criminal; esto es, sin la voluntad de invadir la persona o propiedad de otro. Pero nunca nadie practica un vicio con esa voluntad criminosa. Practica su vicio solamente por su propia satisfacción y no por malicia alguna hacia otros.&lt;br /&gt;En tanto no se haga y reconozca legalmente esta clara distinción entre vicios y delitos, no puede haber en la tierra cosas como el derecho individual, la libertad o la propiedad; cosas como el derecho de un hombre a controlar su propia persona y propiedad y los correspondientes derechos de otro hombre a controlar su propia persona y propiedad.&lt;br /&gt;Para un gobierno, declarar un vicio como delito y penalizarlo como tal, es un intento de falsificar la verdadera naturaleza de las cosas. Es tan absurdo como sería declarar lo verdadero, falso o lo falso, verdadero. II.&lt;br /&gt;Cada acto voluntario de la vida de un hombre es virtuoso o vicioso. Quiere decirse que está de acuerdo o en conflicto con las leyes naturales de la materia y el pensamiento, de las que depende su salud y bienestar físico, mental y emocional. En otras palabras, todo acto de su vida tiende, en general o bien a su satisfacción o a su insatisfacción. Ningún acto de su existencia resulta indiferente.&lt;br /&gt;Más aún, cada ser humano difiere de los demás seres humanos en su constitución física, mental y emocional y también en las circunstancias que le rodean. Por tanto, muchos actos que resultan virtuosos y tienden a la satisfacción, en el caso de una persona, son viciosos y tienden a la insatisfacción, en el caso de otra.&lt;br /&gt;También muchos actos que son virtuosos y tienden a la satisfacción en el caso de un hombre en un momento dado y bajo ciertas circunstancias, resultan ser viciosos y tender a la insatisfacción en el caso de la misma persona en otro momento y bajo otras circunstancias. III.&lt;br /&gt;Saber qué acciones son virtuosas y cuáles viciosas (en otras palabras, saber qué acciones tienden, en general, a la satisfacción y cuáles a la insatisfacción) en el caso de cada hombre, en todas y cada una de las condiciones en las que pueda encontrarse es el estudio más profundo y complejo al que nunca se haya dedicado o pueda nunca dedicarse la mejor mente humana. Sin embargo, es un estudio constante que cada hombre (tanto el más pobre como el más grande en intelecto) debe necesariamente realizar a partir de los deseos y necesidades de su propia existencia. También es un estudio en que cada persona, de su cuna a su tumba, debe formar sus propias conclusiones, porque nadie sabe o siente, o puede saber o sentir, como él mismo sabe y siente los deseos y necesidades, las esperanzas y los temores y los impulsos de su propia naturaleza o la presión de sus propias circunstancias. IV.&lt;br /&gt;A menudo no es posible decir de aquellos actos denominados vicios que lo sean realmente, excepto a partir de cierto grado. Es decir, es difícil decir de cualquier acción o actividad, que se denomine vicio, que realmente hubiera sido vicio si se hubiera detenido antes de determinado punto. La cuestión de la virtud o el vicio, por tanto, en todos esos casos es una cuestión de cantidad y grado y no del carácter intrínseco de cualquier acto aislado por sí mismo. A este hecho se añade la dificultad, por no decir la imposibilidad, de que alguien (excepto cada individuo por sí mismo) trace la línea adecuada o algo que se le parezca; es decir, indicar dónde termina la virtud y empieza el vicio. Y ésta es otra razón por la que toda la cuestión de la virtud y el vicio debería dejarse a cada persona para que la resuelva por sí misma. V.&lt;br /&gt;Los vicios son normalmente placenteros, al menos por un tiempo y a menudo no se descubren como vicios, por sus efectos, hasta después de que se han practicado durante años, quizás una vida entera. Muchos, quizá la mayoría, de los que los practican, no los descubren como vicios en toda su vida. Las virtudes, por otro lado, a menudo parecen tan duras y severas, requieren al menos el sacrificio de tanta satisfacción inmediata y los resultados, que son los que prueban que son virtudes, son a menudo de hecho tan distantes y oscuros, tan absolutamente invisibles en la mente de muchos, especialmente de los jóvenes, que, por su propia naturaleza, no puede ser de conocimiento universal, ni siquiera general, que son virtudes. En realidad, los estudios de profundos filósofos se han dedicado (si no totalmente en vano, sin duda con escasos resultados) a esforzarse en trazar los límites entre las virtudes y los vicios.&lt;br /&gt;Si, por tanto, resulta tan difícil, casi imposible en la mayoría de los casos, determinar qué es vicio y qué no, o en concreto si es tan difícil, en casi todos los casos, determinar dónde termina la virtud y empieza el vicio, y si estas cuestiones, que nadie puede real y verdaderamente determinar para nadie salvo para sí mismo, no se dejan libres y abiertas para que todos las experimenten, cada persona se ve privada del principal de todos sus derechos como ser humano, es decir: su derecho a inquirir, investigar, razonar, intentar experimentos, juzgar y establecer por sí mismo qué es, para él, virtud y qué es, para él, vicio; en otras palabras, qué es lo que, en general, le produce satisfacción y qué es lo que, en general, le produce insatisfacción. Si este importante derecho no se deja libre y abierto para todos, entonces se deniega el derecho de cada hombre, como ser humano racional, a la “libertad y la búsqueda de la felicidad”. VI.&lt;br /&gt;Todos venimos al mundo ignorando todo lo que se refiere a nosotros mismos y al mundo que nos rodea. Por una ley fundamental de nuestra naturaleza todos nos vemos impulsados por el deseo de felicidad y el miedo al dolor. Pero tenemos que aprender todo respecto de qué nos produce satisfacción o felicidad y nos evita el dolor. Ninguno de nosotros es completamente parecido, física, mental o emocionalmente o, en consecuencia, en nuestros requisitos físicos, mentales o emocionales para obtener satisfacción y evitar la insatisfacción. Por tanto, nadie puede aprender de otro esta lección indispensable de la satisfacción y la insatisfacción, de la virtud y el vicio. Cada uno debe aprender por sí mismo. Para aprender, debe tener libertad para experimentar lo que considere pertinente para formarse un juicio. Algunos de estos experimentos tienen éxito y, como lo tienen, se les denomina virtudes; otros fracasan y, precisamente por fracasar, se les denomina vicios. Se obtiene tanta sabiduría de los fracasos como de los éxitos, de los llamados vicios como de las llamadas virtudes. Ambos son necesarios para la adquisición de ese conocimiento (de nuestra propia naturaleza y del mundo que nos rodea y de nuestras adaptaciones o inadaptaciones a cada uno), que nos mostrará cómo se adquiere felicidad y se evita el dolor. Y, salvo que se permita intentar satisfactoriamente esta experimentación, se nos restringiría la adquisición de conocimiento y consecuentemente buscar el gran propósito y tarea de nuestra vida. VII.&lt;br /&gt;Un hombre no está obligado a aceptar la palabra de otro, o someterse a la autoridad de alguien en un asunto tan vital para él y sobre el que nadie más tiene, o puede tener, un interés como el que él mismo tiene. No puede, aunque quisiera, confiar con seguridad en las opiniones de otros hombres, porque encontrará que las opiniones de otros hombres no son coincidentes. Ciertas acciones, o secuencias de acciones, han sido realizadas por muchos millones de hombres, a través de sucesivas generaciones, y han sido por ellos consideradas, en general, como conducentes a la satisfacción, y por tanto virtuosas. Otros hombres, en otras épocas o países, o bajo otras condiciones, han considerado, como consecuencia de su experiencia y observación, que esas acciones tienden, en general, a la insatisfacción, y son por tanto viciosas. La cuestión de la virtud y el vicio, como ya se ha indicado en la sección previa, también se ha considerado, para la mayoría de los pensadores, como una cuestión de grado, esto es, de hasta qué nivel deben realizarse ciertas acciones, y no del carácter intrínseco de un acto aislado por sí mismo. Las cuestiones acerca de la virtud y el vicio por tanto han sido tan variadas y, de hecho, tan infinitas, como las variedades de mentes, cuerpos y condiciones de los diferentes individuos que habitan el mundo. Y la experiencia de siglos ha dejado sin resolver un número infinito de estas cuestiones. De hecho, difícilmente puede decirse que se haya resuelto alguna. VIII.&lt;br /&gt;En medio de esta inacabable variedad de opiniones, ¿qué hombre o grupo de hombres tiene derecho a decir, respecto de cualquier acción o series de acciones “Hemos intentado este experimento y determinado todas las cuestiones relacionadas con él. Lo hemos determinado no sólo para nosotros, sino para todos los demás. Y respecto de todos los que son más débiles que nosotros, les obligaremos a actuar de acuerdo con nuestras conclusiones. No puede haber más experimentos posibles sobre ello por parte de nadie y por tanto, no puede haber más conocimientos por parte de nadie”?&lt;br /&gt;¿Quiénes son los hombres que tienen derecho a decir esto? Sin duda, ninguno. Los hombres que de verdad lo han dicho o bien son descarados impostores y tiranos, que detendrían el progreso del conocimiento y usurparían un control absoluto sobre las mentes y cuerpos de sus semejantes, a los que debemos resistirnos instantáneamente y hasta el final; o bien son demasiado ignorantes de su propia debilidad y de sus relaciones reales con otros hombres como para merecer otra consideración que la simple piedad o el desdén.&lt;br /&gt;Sabemos sin embargo que hay hombres así en el mundo. Algunos intentan ejercitar su poder sólo en una esfera pequeña, por ejemplo, sobre sus hijos, vecinos, conciudadanos y compatriotas. Otros intentan ejercitarlo a un nivel mayor. Por ejemplo, un anciano en Roma, ayudado por unos pocos subordinados, intenta decidir acerca de todas las cuestiones de la virtud y el vicio, es decir, de la verdad y la mentira, especialmente en asuntos de religión. Afirma conocer y enseñar qué ideas y prácticas religiosas son beneficiosas o perjudiciales para la felicidad del hombre, no sólo en este mundo, sino en el venidero. Afirma estar milagrosamente inspirado para realizar su trabajo y así virtualmente conocer, como hombre sensible, que nada menos que esa inspiración milagrosa le cualifica para ello. Sin embargo esa inspiración milagrosa no le ha resultado suficiente para permitirle responder más que unas pocas cuestiones. La más importante que los comunes mortales pueden conocer ¡es una creencia implícita en su infalibilidad (del papa)! y en segundo lugar que los peores vicios de los que podemos ser culpables son ¡creer y declarar que sólo es un hombre como el resto!&lt;br /&gt;Hicieron falta entre quince y dieciocho siglos para permitirle llegar a conclusiones definitivas acerca de estos dos puntos vitales. Y aún parece que el primero debe ser previo a resolver cualquier otra cuestión, porque hasta que no se determinó su propia infalibilidad, no tenía autoridad para decidir otra cosa. Sin embargo, hasta ese momento, intentó o pretendió establecer unas pocas más. Y quizás pueda intentar establecer unas pocas más en el futuro, si continuara encontrando quien le escuche. Pero sin duda su éxito no apoya, hasta ahora, la creencia de que será capaz de resolver todas las cuestiones acerca de la virtud y el vicio, incluso en su peculiar área religiosa, a tiempo para satisfacer las necesidades de la humanidad. Él, o sus sucesores, sin duda, se verán obligados, en poco tiempo, a reconocer que ha asumido una tarea para la cual toda su inspiración milagrosa resultaba inadecuada y que, necesariamente, debe dejarse a cada ser humano que resuelva todas las cuestiones de este tipo por sí mismo. Y es razonable esperar que los demás papas, en otras áreas menores, tengan en algún momento motivos para llegar a la misma conclusión. Sin duda, nadie, sin afirmar una inspiración sobrenatural, debería asumir una tarea para la que obviamente es necesaria una inspiración de ese tipo. Y, sin duda, nadie someterá su propio juicio a las enseñanzas de otros, antes de convencerse de que éstos tienen algo más que un conocimiento humano ordinario sobre esta materia.&lt;br /&gt;Si esas personas, que se muestran a sí mismos como adornadas tanto por el poder como por el derecho a definir y castigar los vicios de otros hombres dirigieran sus pensamientos hacia sí mismos, probablemente descubrirían que tienen mucho trabajo a realizar en casa, y que, cuando éste se completara, estarían poco dispuestos a hacer más con el fin de corregir los vicios de otros que sencillamente comunicar los resultados de su experiencia y observaciones. En este ámbito sus trabajos podrían posiblemente ser útiles, pero en el campo de la infalibilidad y la coerción, probablemente, por razones bien conocidas, se encontrarían con incluso menos éxito en el futuro que el que hubieran tenido en el pasado. IX.&lt;br /&gt;Por las razones dadas, ahora resulta obvio que el gobierno sería completamente impracticable si tuviera que ocuparse de los vicios y castigarlos como delitos. Cada ser humano tiene sus vicios. Casi todos los hombres tienen multitud. Y son de todo tipo: fisiológicos, mentales, emocionales, religiosos, sociales, comerciales, industriales, económicos, etc., etc. Si el gobierno tuviera que ocuparse de cualquiera de esos vicios y castigarlos como delitos, entonces, para ser coherente, debe ocuparse de todos ellos y castigar a todos imparcialmente. La consecuencia sería que todo el mundo estaría en prisión por sus vicios. No quedaría nadie fuera para cerrarles las puertas. De hecho no podrían constituirse suficientes tribunales para procesar a los delincuentes, ni construirse suficientes prisiones para internarlos. Toda la industria humana de la adquisición de conocimiento e incluso de obtener medios de subsistencia debería frenarse, ya que todos deberíamos ser siendo juzgados constantemente o en prisión por nuestros vicios. Pero aunque fuera posible poner en prisión a todos los viciosos, nuestro conocimiento de la naturaleza humana nos dice que, como norma general, habría, con mucho, más gente en prisión por sus vicios que fuera de ella. X.&lt;br /&gt;Un gobierno que castigara imparcialmente todos los vicios es una imposibilidad tan obvia que no hay ni habrá nunca nadie lo suficientemente loco como para proponerlo. Lo más que algunos proponen es que el gobierno castigue algunos, o como mucho unos pocos, de los que estime peores. Pero esta discriminación es completamente absurda, ilógica y tiránica. ¿Es correcto que algún hombre afirme: “Castigaremos los vicios de otros, pero nadie castigará los nuestros. Restringiremos a los otros su búsqueda de la felicidad de acuerdo con sus propias ideas, pero nadie nos restringirá la búsqueda de nuestra propia felicidad de acuerdo con nuestras ideas. Evitaremos que otros hombres adquieran conocimiento por experiencia acerca de lo que es bueno o necesario para su propia felicidad, pero nadie evitará que nosotros adquiramos conocimiento por experiencia acerca de lo que es bueno y necesario para nuestra propia felicidad”?&lt;br /&gt;Nadie ha pensado nunca, excepto truhanes o idiotas, hacer suposiciones tan absurdas como éstas. Y aún así, evidentemente, sólo es bajo esas suposiciones que algunos afirman el derecho a penalizar los vicios de otros, al tiempo que piden que se les evite ser penalizados a su vez. XI.&lt;br /&gt;Nunca se hubiera pensado en algo como un gobierno, formado por asociación voluntaria, si el fin propuesto hubiera sido castigar imparcialmente todos los vicios, ya que nadie hubiera querido una institución así o se hubiera sometido voluntariamente a ella. Pero un gobierno, formado por asociación voluntaria, para el castigo de todos los delitos, es algo razonable, ya que todo el mundo quiere para sí mismo protección frente a todos los delitos de otros e igualmente acepta la justicia de su propio castigo si comete un delito. XII.&lt;br /&gt;Es una imposibilidad natural que un gobierno tenga derecho a penalizar a los hombres por sus vicios, porque es imposible que un gobierno tenga derecho alguno excepto los que tuvieran previamente, como individuos, los mismos individuos que lo compongan. No podrían delegar en un gobierno derechos que no posean por sí mismos. No podrían contribuir al gobierno con ningún derecho, excepto con los que ya poseen como individuos. Ahora bien, nadie, excepto un individuo o un impostor, puede pretender que, como individuo tenga derecho a castigar a otros hombres por sus vicios. Pero todos y cada uno tienen un derecho natural, como individuos, a castigar a otros hombres por sus delitos, puesto que todo el mundo tiene un derecho natural no sólo a defender su persona y propiedades frente a agresores, sino también a ayudar y defender a todos los demás cuya persona o propiedad se vean asaltadas. El derecho natural de cada individuo a defender su propia persona y propiedad frente a un agresor y ayudar y defender a cualquier otro cuya persona o propiedad se vea asaltada, es un derecho sin el cual los hombres no podrían existir en la tierra. Y el gobierno no tiene existencia legítima, excepto en tanto en cuanto abarque y se vea limitado por este derecho natural de los individuos. Pero la idea de que cada hombre tiene un derecho natural a decidir qué son virtudes y qué son vicios (es decir, qué contribuye a la felicidad de sus vecinos y qué no) y a castigarlos por todo lo que no contribuya a ello, es algo que nunca nadie ha tenido la imprudencia de afirmar. Son sólo aquéllos que afirman que el gobierno tiene algún poder legítimo, que ningún individuo o individuos les ha delegado o podido delegar, los que afirman que el gobierno tenga algún poder legítimo para castigar los vicios.&lt;br /&gt;Valdría para un papa o un rey (que afirman haber recibido su autoridad directamente del Cielo para gobernar sobre sus semejantes) afirmar ese derecho como vicarios de Dios, el de castigar a la gente por sus vicios, pero resulta un total y absoluto absurdo que cualquier gobierno que afirme que su poder proviene íntegramente de la autorización de los gobernados, afirmar poder alguno de este tipo, porque todos saben que los gobernantes nunca lo autorizarían. Para ellos autorizarlo sería un absurdo, porque sería renunciar a su propio derecho a buscar su felicidad, puesto que renunciar a su derecho a juzgar qué contribuye a su felicidad es renunciar a su derecho a buscar su propia felicidad. XIII.&lt;br /&gt;Ahora podemos ver qué simple, fácil y razonable resulta que sea asunto del gobierno castigar los delitos, comparado con castigar los vicios. Los delitos son pocos y fácilmente distinguibles de los demás actos y la humanidad generalmente está de acuerdo acerca de qué actos son delitos. Por el contrario, los vicios son innumerables y no hay dos personas que se pongan de acuerdo, excepto en relativamente pocos casos, acerca de cuáles son. Más aún, todos desean ser protegidos, en su persona y propiedades, contra las agresiones de otros hombres. Pero nadie desea ser protegido, en su persona o propiedades, contra sí mismo, porque resulta contrario a las leyes fundamentales de la propia naturaleza humana que alguien desee dañarse a sí mismo. Uno sólo desea promover su propia satisfacción y ser su propio juez acerca de lo que promoverá y promueve su propia satisfacción. Es lo que todos quieren y a lo que tienen derecho como seres humanos. Y aunque todos cometemos muchos errores y necesariamente debemos cometerlos, dada la imperfección de nuestro conocimiento, esos errores no llegan a ser un argumento contra el derecho, porque todos tienden a darnos el verdadero conocimiento que necesitamos y perseguimos y no podemos obtener de otra forma.&lt;br /&gt;El objetivo que se persigue, por tanto, al castigar los delitos, no sólo tiene una forma completamente diferente, sino que se opone directamente al que se persigue al castigar los vicios.&lt;br /&gt;El objetivo que se persigue al castigar los delitos es asegurar a todos y cada uno de los hombre por igual, la mayor libertad que pueda conseguirse (consecuentemente con los mismos derechos de otros) para buscar su propia felicidad, con la ayuda del propio criterio y mediante el uso de su propiedad. Por otro lado, el objetivo perseguido por el castigo de los vicios es privar a cada hombre de su derecho y libertad natural a buscar su propia felicidad, con la ayuda del propio criterio y mediante el uso de su propiedad.&lt;br /&gt;Por tanto, ambos objetivos se oponen directamente entre sí. Se oponen directamente entre sí como la luz y la oscuridad, o la verdad y la mentira, o la libertad y la esclavitud. Son completamente incompatibles entre sí y suponer que ambos pueden contemplarse en un solo gobierno es absurdo, imposible. Sería suponer que los objetivos de un gobierno serían cometer crímenes y prevenirlos, destruir la libertad individual y garantizarla. XIV.&lt;br /&gt;Por fin, acerca de este punto de la libertad individual: cada hombre debe necesariamente juzgar y determinar por sí mismo qué le es necesario y le produce bienestar y qué lo destruye, porque si deja de realizar esta actividad por sí mismo, nadie puede hacerlo en su lugar. Y nadie intentará si quiera realizarla en su lugar, salvo en unos pocos casos. Papas, sacerdotes y reyes asumirán hacerlo en su lugar, en ciertos casos, si se lo permiten. Pero, en general, sólo lo harán en tanto en cuanto puedan administrar sus propios vicios y delitos al hacerlo. En general, sólo lo harán cuando puedan hacer de él su bufón y su esclavo. Los padres, sin duda con más motivo que otros, intentan hacer lo mismo demasiado a menudo. Pero en tanto practican la coerción o protegen a un niño de algo que no sea real y seriamente dañino, le perjudican más que benefician. Es una ley de la naturaleza que para obtener conocimiento e incorporarlo a su ser, cada individuo debe ganarlo por sí mismo. Nadie, ni siquiera sus padres, puede indicarles la naturaleza del fuego de forma que la conozcan de verdad. Debe experimentarla él mismo y quemarse, antes de conocerla.&lt;br /&gt;La naturaleza conoce, mil veces mejor que cualquier padre, para qué está designado cada individuo, qué conocimiento necesita y cómo debe obtenerlo. Sabe que sus propios procesos para comunicar ese conocimiento no sólo son los mejores, sino los únicos que resultan efectivos.&lt;br /&gt;Los intentos de los padres por hacer a sus hijos virtuosos generalmente son poco más que intentos de mantenerlos en la ignorancia de los vicios. Son poco más que intentos de enseñar a sus hijos a conocer y preferir la verdad, manteniéndolos en la ignorancia de la falsedad. Son poco más que intentos de enseñar a sus hijos a buscar y apreciar la salud, manteniéndolos en la ignorancia de la enfermedad y de todo lo que la causa. Son poco más que intentos de enseñar a sus hijos a amar la luz, manteniéndolos en la ignorancia de la oscuridad. En resumen, son poco más que intentos de hacer felices a sus hijos, manteniéndolos en la ignorancia de de todo lo que les cause infelicidad.&lt;br /&gt;Que los padres puedan ayudar a sus hijos en definitiva en su búsqueda de la felicidad, dándoles sencillamente los resultados de su propia (de los padres) razón y experiencia, está muy bien y es un deber natural y adecuado. Pero practicar la coerción en asuntos en lo que los hijos son razonablemente competentes para juzgar por sí mismos es sólo un intento de mantenerlos en la ignorancia. Y esto se parece mucho a una tiranía y a una violación del derecho del hijo a adquirir por sí mismo y como desee los conocimientos, igual que si la misma coerción se ejerciera sobre personas adultas. Esa coerción ejercida contra los hijos es una negación de su derecho a desarrollar las facultades que la naturaleza les ha dado y a que sean como la naturaleza las diseñó. Es una negación de su derecho a sí mismos y al uso de sus propias capacidades. Es una negación del derecho a adquirir el conocimiento más valioso, es decir, el conocimiento que la naturaleza, la gran maestra, está dispuesta a impartirles.&lt;br /&gt;Los resultados de esa coerción nos son hacer a los hijos sabios o virtuosos, sino hacerlos ignorantes y por tanto débiles y viciosos, y perpetuar a través de ellos, de edad en edad, la ignorancia, la superstición, los vicios y los crímenes de los padres. Lo prueba cada página de la historia del mundo.&lt;br /&gt;Quienes mantienen opiniones opuestas son aquéllos cuyas teologías falsas y viciosas o cuyas ideas generales viciosas, les han enseñado que la raza humana tiende naturalmente hacia la maldad, en lugar de hacia la bondad, hacia lo falso, en lugar de hacia lo verdadero, que la humanidad no dirige naturalmente sus ojos hacia la luz, que ama la oscuridad en lugar de la luz y que sólo encuentra su felicidad en las cosas que les llevan a la miseria. XV.&lt;br /&gt;Pero estos hombres, que afirman que el gobierno debería usar su poder para prevenir el vicio, dicen o suelen decir: “Estamos de acuerdo con el derecho de un individuo a buscar a su manera su propia satisfacción y consecuentemente a ser vicioso si le place, sólo decimos que el gobierno debería prohibir que se les vendieran los artículos que alimentan su vicio”.&lt;br /&gt;La respuesta a esto es que la simple venta de cualquier artículo (independientemente del uso que se vaya a hacer de él) es legalmente un acto perfectamente inocente. La cualidad del acto de la venta depende totalmente de la cualidad del empleo que se haga de la cosa vendida. Si el uso de algo es virtuoso y legal, entonces su venta para ese uso es virtuosa y legal. Si el uso es vicioso, entonces la venta para ese uso es viciosa. Si el uso es criminal, entonces la venta para ese uso es criminal. El vendedor es, como mucho, sólo un cómplice del uso que se haga del artículo vendido, sea virtuoso, vicioso o criminal. Cuando el uso es criminal, el vendedor es cómplice del crimen y se le puede castigar como tal. Pero cuando el uso sea sólo vicioso, el vendedor sería sólo un cómplice del vicio y no se le puede castigar. XVI.&lt;br /&gt;Pero nos preguntaremos: “¿No existe un derecho por parte del gobierno de evitar que continúe un proceso que conduce a la autodestrucción?”&lt;br /&gt;La respuesta es que el gobierno no tiene derecho en modo alguno, mientras los calificados como viciosos permanezcan cuerdos (compos mentis), capaces de ejercitar un juicio y autocontrol razonables, porque mientras se mantengan cuerdos debe permitírseles juzgar y decidir por sí mismos si los llamados vicios son de verdad vicios, si realmente les conducen a la destrucción y si, en suma, se dirigirán a ella o no. Cuando pierdan la cordura (non compos mentis) y sean incapaces de un juicio o autocontrol razonables, sus amigos o vecinos o el gobierno deben ocuparse de ellos y protegerles de daños, tanto a ellos como a personas a las que pudieran dañar, igual que si la locura hubiera acaecido por cualquier otra causa distinta de su supuestos vicios.&lt;br /&gt;Pero del hecho de que los vecinos de un hombre supongan que se dirige a la autodestrucción por culpa de sus vicios, no se deduce, por tanto, que no esté cuerdo (non compos mentis) y sea incapaz de un juicio o autocontrol razonables, entendidos dentro del ámbito legal de estos términos. Hombres y mujeres pueden ser adictos a a muchos y muy deleznables vicios (como la glotonería, la embriaguez, la prostitución, el juego, las peleas callejeras, mascar tabaco, fumar y esnifar, tomar opio, llevar corsé, la pereza, la prodigalidad, la avaricia, la hipocresía, etc., etc.) y aún así seguir estando cuerdos (compos mentis), capaces de un juicio y autocontrol razonables, tal como significan en la ley. Mientras sean cuerdos debe permitírseles controlarse a sí mismos y a su propiedad y ser sus propios jueces y estimar a dónde les llevan sus vicios. Los espectadores pueden esperar que, en cada caso individual, la persona viciosa vea el fin hacia el que se dirige y eso le induzca a rectificar. Pero si elige seguir adelante hacia lo que otros hombres llaman destrucción, debe permitírsele hacerlo. Y todo lo que puede decirse, en lo que se refiere a su vida, es que ha cometido un grave error en su búsqueda de la felicidad y que otros harán bien en advertir su destino. Acerca de cuál puede ser su situación en la otra vida, es una cuestión teológica de la que la ley en este mundo no tiene más que decir que sobre cualquier otra cuestión teológica que afecte a la situación de hombre en una vida futura.&lt;br /&gt;¿Se puede saber cómo se puede determinar la cordura o locura de un hombre vicioso? La respuesta es que tiene que determinarse con el mismo tipo de evidencia que la cordura o locura de aquéllos que se consideren virtuosos y no otra. Esto es, por las mismas evidencias con las que los tribunales legales determinan si un hombre debe ser enviado a un manicomio o si es competente para hacer testamente o disponer de otra forma de su propiedad. Cualquier duda debe resolverse a favor de su cordura, como en cualquier otro caso, y no de su locura.&lt;br /&gt;Si una persona realmente pierde la cordura (non compos mentis), y es incapaz de un juicio o autocontrol razonables, resulta un crimen por parte de otros hombres darle o venderle medios de autolesión[1]. No hay crímenes más fácilmente punibles ni casos en los que los jurados estén más dispuestos a condenar que aquéllos en que una persona cuerda vende o da a un loco un artículo con el cual este último pueda dañarse a sí mismo. XVII.&lt;br /&gt;Pero puede decirse que algunos hombres, por culpa de sus vicios, se vuelven peligrosos para otras personas: que por ejemplo, un borracho, a veces resulta pendenciero y peligroso para su familia y otros. Y cabe preguntarse: “¿No tiene la ley nada que decir en este caso?”&lt;br /&gt;La respuesta es que si, por la ebriedad o cualquier otra causa, un hombre se vuelve realmente peligroso, con todo derecho no solamente su familia u otros, no sólo él mismo, pueden moderarlo hasta el punto que requiera la seguridad de otras personas, sino que a cualquier otra persona (que sepa o tenga base suficiente para creer que es peligroso) se le puede prohibir vender o dar cualquier cosa que haya razones para suponer que le hará peligroso.&lt;br /&gt;Pero del hecho de que un hombre se vuelva pendenciero y peligroso después de beber alcohol y de que sea un delito darle o venderle licor a ese hombre, no se sigue que sea un delito vender licores a los cientos y miles de otras personas que no se vuelven pendencieros y peligrosos al beberlos. Antes de condenar a un hombre por el delito de vender licor a un hombre peligroso, debe demostrarse que ese hombre en particular al que se le vendió el licor era peligroso y también que el vendedor sabía, o tenía base suficiente para suponer, que el hombre se volvería peligroso al beberlo.&lt;br /&gt;La presunción legal de ley sería, en todo caso, que la venta es inocente y la carga de la prueba del delito, en cualquier caso particular, reside en el gobierno. Y ese caso particular debe probarse como criminal, independientemente de todos los demás.&lt;br /&gt;A partir de estos principios, no hay dificultad en condenar y castigar a los hombres por la venta o regalo de cualquier artículo a un hombre que se vuelve peligroso para otros al usarlo. XVIII.&lt;br /&gt;Pero a menudo se dice que algunos vicios generan molestias (públicas o privadas) y que esas molestias pueden atajarse y penarse.&lt;br /&gt;Es verdad que cualquier cosa que sea real y legalmente una molestia (sea pública o privada) puede atajarse y penarse. Pero no es cierto que los meros vicios privados de un hombre sean, en cualquier sentido legal, molestos para otro hombre o el público.&lt;br /&gt;Ningún acto de una persona puede ser una molestia para otro, salvo que obstruya o interfiera de alguna forma con la seguridad y el uso pacífico o disfrute de lo que posee el otro con todo derecho.&lt;br /&gt;Todo lo que obstruya una vía pública es una molestia y puede atajarse y penarse. Pero un hotel o tienda o taberna que vendan licores no obstruyen la vía pública más que una tienda de telas, una joyería o una carnicería.&lt;br /&gt;Todo lo que envenene el aire o lo haga desagradable o insalubre es una molestia. Pero ni un hotel, ni una tienda, ni una taberna que vendan licores envenenan el aire o lo hacen desagradable o insalubre a otras personas.&lt;br /&gt;Todo lo que tape la luz a la cual un hombre tenga derecho en una molestia. Pero ni un hotel, ni una tienda, ni una taberna que vendan licores tapan la luz de nadie, salvo en casos en que una iglesia, un colegio o una vivienda la taparían igualmente. Desde este punto de vista, por tanto, los primeros no son ni más ni menos molestos que los últimos.&lt;br /&gt;Algunas personas habitualmente dicen que una tienda de licores es peligrosa, de la misma forma que una fábrica de pólvora. Pero no hay analogía entre ambos casos. La pólvora puede explotar accidentalmente y especialmente en esos fuegos que tan a menudo se dan en las ciudades. Por esa razón resulta peligrosa para personas y propiedades en su cercanía inmediata. Pero los licores no pueden explotar así y por tanto no son molestias peligrosas en el sentido que lo son las fábricas de pólvora en las ciudades.&lt;br /&gt;Pero también se dice que los lugares donde se consume alcohol están frecuentemente concurridos por hombres ruidosos y bulliciosos, que alteran la tranquilidad del barrio y el sueño del resto de los vecinos.&lt;br /&gt;Esto puede ser ocasionalmente cierto, pero no muy frecuentemente. En todo caso, cuando esto ocurra, la molestia puede atajarse mediante el castigo al propietario y sus clientes y, si es necesario, cerrando el local. Pero un grupo de bebedores ruidosos no es una molestia mayor que cualquier otro grupo de gente ruidosa. Un bebedor alegre y divertido altera la tranquilidad de barrio exactamente en la misma medida que un fanático religioso que grita. Un grupo ruidoso de bebedores es una molestia exactamente en la misma medida que un grupo de fanáticos religiosos que grita. Ambos son molestias cuando alteran el descanso y el sueño o la tranquilidad de los vecinos. Incluso un perro que suele ladrar, alterando el sueño o la tranquilidad del vecindario, es una molestia. XIX.&lt;br /&gt;Pero se dice que el hecho de que una persona incite a otro al vicio es un crimen.&lt;br /&gt;Es ridículo. Si cualquier acto particular es simplemente un vicio, entonces quien incita a otro a cometerlo, es simplemente cómplice en el vicio. Evidentemente, no comete ningún crimen, pues sin duda un cómplice no puede cometer una infracción superior al autor.&lt;br /&gt;Cualquier persona cuerda (compos mentis), capaz de un juicio y autocontrol razonables, se presume que resulta mentalmente competente para juzgar por sí mismo todos los argumentos, a favor y en contra, que se le dirijan para persuadirle de hacer cualquier acto en particular, siempre que no se emplee fraude para engañarle. Y si se le persuade o induce a realizar la acción, ésta se convierte en propia e incluso aunque resulte dañina para sí mismo, no puede alegar que la persuasión o los argumentos a los que dio su consentimiento, sean delitos contra sí mismo.&lt;br /&gt;Por supuesto, cuando hay fraude el caso es distinto. Si por ejemplo, ofrezco veneno a un hombre asegurándole que es una bebida sana e inocua y lo bebe confiando en mi afirmación, mi acción es un delito.&lt;br /&gt;Volenti non fit injuria es una máxima legal. Con consentimiento, no hay daño. Es decir, legalmente no hay error. Y cualquier persona cuerda (compos mentis) capaz de un juicio razonable para determinar la verdad o falsedad de las razones y argumentos a los que da su consentimiento, esta “consintiendo”, desde el punto de visita legal, y asume por sí mismo toda responsabilidad por sus actos, siempre y cuando no haya sufrido un fraude intencionado.&lt;br /&gt;Este principio, con consentimiento, no hay daño, no tiene límites, excepto en el caso de fraudes o de personas que no tengan capacidad de juzgar en ese caso particular. Si una persona que posee uso de razón y a la que no se engaña mediante fraude consiente en practicar el vicio más deleznable y por tanto se inflige los mayores sufrimientos o pérdidas morales, físicas o pecuniarias, no puede alegar error legal. Para ilustrar este principio, tomemos el caso de la violación. Tener conocimiento carnal de una mujer, sin su consentimiento, es el mayor delito, después del asesinato, que puede cometerse contra ella. Pero tener conocimiento carnal, con su consentimiento, no es delito, sino, en el peor de los casos, un vicio. Y a menudo se sostiene que una niña de nada más que diez años de edad tiene uso de razón de forma que su consentimiento, aunque se procure mediante recompensa o promesa de recompensa, es suficiente para convertir el acto, que de otra forma sería un grave delito, simplemente en un acto de vicio[2].&lt;br /&gt;Vemos el mismo principio en los boxeadores profesionales. Si yo pongo un solo dedo sobre la persona de otro, contra su consentimiento, no importa lo suave que sea ni lo pequeño que sea el daño en la práctica, esa acción es un delito. Pero si dos personas acuerdan salir y golpear la cara del otro hasta hacerla papilla, no es delito, sino sólo un vicio.&lt;br /&gt;Incluso los duelos no han sido generalmente considerados como delitos, porque la vida de cada hombre es suya y ambas partes acuerdan que cada una puede acabar con la vida del otro, si puede, mediante el uso de las armas acordadas y de conformidad con ciertas reglas que han aceptado mutuamente.&lt;br /&gt;Y esta es una opinión correcta, salvo que se pueda decir (posiblemente no) que “la ira es locura” hasta el punto de que priva a los hombres de su razón hasta el punto de impedirles razonar.&lt;br /&gt;El juego es otro ejemplo del principio de que con consentimiento no hay daño. Si me llevo un solo céntimo de la propiedad de un hombre, sin su consentimiento, el acto es un delito. Pero si dos hombres, que se encuentran compos mentis, poseen capacidad razonable de juzgar la naturaleza y posibles consecuencias de sus actos, se reúnen y cada uno voluntariamente apuesta su dinero contra el del otro al resultado de un tirada de dados y uno de ellos pierde todas sus propiedades (sean lo grandes que sean), no es un delito, sino sólo un vicio.&lt;br /&gt;Ni siquiera sería un crimen ayudar a una persona a suicidarse, si éste posee uso de razón.&lt;br /&gt;Es una idea algo común que el suicido es en sí mismo un evidencia concluyente de locura. Pero, aunque normalmente puede ser una fuerte evidencia de locura, no es concluyente en todos los casos. Muchas personas, con indudable uso de razón han cometido suicidio para escapar de la vergüenza del descubrimiento público de sus crímenes o para evitar alguna otra gran calamidad. El suicidio, en estos casos puede no haber sido la respuesta más sensata, pero sin duda no era una prueba de falta alguna de capacidad de razonar[3]. Y si estaba dentro de los límites de lo razonable, no era un crimen que otras personas le ayudaran, proporcionándole los instrumentos o de otra forma. Y si, en esos casos, no sería un crimen ayudar al suicido, ¿no sería absurdo decir que es un crimen ayudar a alguien en algún acto que sea realmente placentero y que una gran parte de la humanidad ha creído útil? XX.&lt;br /&gt;Sin embargo, algunas personas suelen decir que el abuso de las bebidas alcohólicas es el principal motivo de los delitos, que “llena nuestras prisiones de criminales” y que esta razón es suficiente para prohibir su venta.&lt;br /&gt;Quienes dicen eso, si hablan seriamente, hablan a tontas y a locas. Evidentemente quieren decir que un gran porcentaje de los delitos los cometen personas cuyas pasiones criminales se ven excitadas, en ese momento, por el abuso del alcohol y como consecuencia de ese abuso.&lt;br /&gt;Esta idea es completamente descabellada.&lt;br /&gt;En primer lugar, los peores delitos que se cometen en el mundo los provocan principalmente la avaricia y la ambición.&lt;br /&gt;Los peores crímenes son las guerras que llevan a cabo los gobiernos para someter, esclavizar y destruir la humanidad.&lt;br /&gt;Los delitos que se cometen en el mundo que quedan en segundo lugar también los provocan la avaricia y la ambición: y no se cometen por súbitas pasiones, sino por hombres calculadores, que mantienen la cabeza fría y serena y no tienen intención alguna de ir a prisión por ellos. Se cometen, no tanto por personas que violan la ley, sino por hombres que, por sí mismos o mediante sus instrumentos, hacen las leyes, por hombres que se han asociado para usurpar un poder arbitrario y mantenerlo por medio de la fuerza y el fraude y cuyo propósito al usurparlo y mantenerlo es asegurarse a sí mismos, mediante esa legislación injusta y desigual, esas ventajas y monopolios que les permiten controlar y extorsionar el trabajo y propiedades de otros, empobreciéndoles así, con el fin de satisfacer su propia riqueza y engrandecimiento[4]. Los robos e injusticias así cometidos por estos hombres, de conformidad con las leyes (es decir, sus propias leyes), son como montañas frente a colinillas, comparados con los delitos cometidos por otros criminales al violar las leyes.&lt;br /&gt;Pero, en tercer lugar, hay un gran número de fraudes de distintos tipos cometidos en transacciones de comercio, cuyos autores, con su frialdad y sagacidad, evitan que operen las leyes. Y sólo sus mentes frías y calculadoras les permiten hacerlo. Los hombres bajo el influjo de bebidas intoxicantes están poco dispuestos y son completamente incapaces para practicar con éxito estos fraudes. Son los más incautos, los menos exitosos, los menos eficientes y los que menos debemos temer de todos los criminales de los que las leyes deben ocuparse.&lt;br /&gt;Cuarto. Los ladrones, atracadores, rateros, falsificadores y estafadores profesionales, que atentan contra la sociedad son cualquier cosa menos bebedores imprudentes. Su negocio es de un carácter demasiado peligroso para admitir esos riesgos en los que incurrirían.&lt;br /&gt;Quinto. Los delitos que pueden considerarse como cometidos bajo la influencia de bebidas alcohólicas son principalmente agresiones y reyertas, no muy numerosas y generalmente no muy graves. Algunos otros pequeños delitos, como hurtos y otros pequeños ataques a la propiedad, se cometen a veces bajo la influencia de la bebida por parte de personas poco inteligentes, generalmente delincuentes no habituales. Las personas que cometen estos dos tipos de delitos no son más que unas pocas. No puede decirse que “llenen nuestras prisiones” y si lo hacen, deberíamos congratularnos de que necesitemos para internarlos tan pocas prisiones o tan pequeñas.&lt;br /&gt;Por ejemplo, el Estado de Massachussets tiene un millón y medio de habitantes. ¿Cuántos están actualmente el prisión por delitos (no por el vicio de la bebida, sino por delitos) cometidos contra personas o propiedades bajo el influjo de bebidas alcohólicas? Dudo que sea uno de cada diez mil, es decir, unos ciento cincuenta en total y los crímenes por los que están en prisión son en su mayoría de muy poca importancia.&lt;br /&gt;Y pienso que debe estimarse que estos pocos hombres son mucho más dignos de compasión que de castigo, porque fue su pobreza y miseria, más que su adicción al alcohol o tendencia al crimen, lo que les llevó a beber y les impulsó a cometer los delitos bajo la influencia del alcohol.&lt;br /&gt;La dogmática acusación de que la bebida “llena nuestra prisiones” sólo la hacen, creo, aquellos hombres que no saben más que llamar criminal a un borracho y que no tienen mejor justificación para su acusación que el vergonzoso hecho de somos una gente tan brutal e insensible que condenamos y castigamos como si fueran criminales a personas tan débiles y desafortunadas como los borrachos.&lt;br /&gt;Los legisladores que autorizan y los jueces que ejecutan atrocidades como éstas son intrínsecamente criminales, salvo que su ignorancia sea tal que les excuse (lo que probablemente no ocurre). Y habría más motivo en su conducta para que se les castigara como criminales.&lt;br /&gt;Un juez de orden público en Boston me contó una vez que estaba acostumbrado a juzgar a borrachos (enviándoles a prisión durante treinta días –creo que era la sentencia tipo–) ¡a un ritmo de uno cada tres minutos! y a veces incluso más rápido, condenándoles así como delincuentes y enviándoles a la cárcel, sin piedad y sin averiguar las circunstancias, por una debilidad que debería hacerles dignos de compasión y protección, y no de castigo. Los verdaderos criminales en estos casos no eran los hombres que fueron a prisión, sino el juez y los que estaban detrás de él y le pusieron allí.&lt;br /&gt;Recomiendo a esas personas a las que tanto les perturba el miedo a que las prisiones de Massachussets se llenen de criminales que empleen al menos una parte de su filantropía en prevenir que nuestras prisiones se llenen de gente que no son criminales. No recuerdo haber oído que nunca sus simpatías se hayan ejercido activamente en ese sentido. Por el contrario, perecen tener tal pasión por castigar criminales que no les preocupa averiguar particularmente si un candidato a castigo es realmente un criminal. Déjenme asegurarles que esa pasión es mucho más peligrosa y mucho menos caritativa, tanto moral como legalmente, que la pasión por la bebida.&lt;br /&gt;Parece mucho más consecuente con el carácter despiadado de estos hombres enviar a un pobre hombre a prisión por embriaguez y así aplastarle, degradarle, desanimarle y arruinarle de por vida, que sacarle de la pobreza y miseria que ha hecho de él un borracho.&lt;br /&gt;Sólo aquellas personas que tienen poca capacidad o disposición a iluminar, fomentar o ayudar a la humanidad, poseen esa violenta pasión por gobernarlos, dominarlos y castigarlos. Si en lugar de mantenerse al margen y consentir y sancionar todas las leyes por las que el hombre débil es en el primer lugar sometido, oprimido y desalentado y después castigado como un criminal, se dedicaran a la tarea de defender su derechos y mejorar su condición y así fortalecerle y permitirle sostenerse por sus propios medios y resistir las tentaciones que le rodean, tendrían, creo, poca necesidad de hablar sobre leyes y prisiones tanto para vendedores como para consumidores de alcohol e incluso para cualquier otra clase de criminales ordinarios. Si, en resumen, estos hombres, que tienen tantas ganas de suprimir los delitos, suspendieran, por un momento, sus reclamaciones al gobierno de ayuda para suprimir los delitos de individuos y se dirigieran a la gente para pedir ayuda para suprimir los delitos del gobierno, demostrarían su sinceridad y sentido común más claramente que ahora. Cuando todas las leyes sean tan justas y equitativas que hagan posible que todos los hombres y mujeres vivan honrada y virtuosamente y les hagan sentirse cómodos y felices, habrá muchas menos ocasiones que ahora para acusarles de vivir deshonesta y viciosamente. XXI.&lt;br /&gt;Pero también se dice que el consumo de bebidas alcohólicas lleva a la pobreza y por tanto hace a los hombres mendigos y grava a los contribuyentes, y que esto es razón suficiente para que deba prohibirse su venta.&lt;br /&gt;Hay varias respuestas a este argumento.&lt;br /&gt;1. Una respuesta es que si el consumo del alcohol lleva a la pobreza y la mendicidad es una razón suficiente para prohibir su venta, igualmente es una razón suficiente para prohibir su consumo, ya que es el consumo y no la venta, lo que lleva a la pobreza. El vendedor, como mucho, sería simplemente un cómplice del bebedor. Y es una norma legal, y también de la razón, que si el principal actor no puede ser castigado, tampoco puede serlo el cómplice.&lt;br /&gt;2. Una segunda respuesta al argumento sería que si el gobierno tiene derecho y se ve obligado a prohibir cualquier acto (que no sea criminal) simplemente porque se supone que lleva a la pobreza, siguiendo al misma lógica, tiene derecho y se ve obligado a prohibir cualquier otro acto (aunque no sea criminal) que, en opinión del gobierno, lleve a la pobreza. Y bajo este principio, el gobierno no sólo tendría el derecho, sino que se vería obligado, a revisar los asuntos privados de cada hombre y sus gastos personales y determinar si cada uno de ellos lleva o no a la pobreza y a prohibir y castigar todos los de la primera clase. Un hombre no tendría derecho a gastar un céntimo de su propiedad de acuerdo con sus gustos o criterios, salvo que el legislador sea de la opinión de que ese gasto no le lleva a la pobreza.&lt;br /&gt;3. Una tercera respuesta al mismo argumento sería que si un hombre se entrega a la pobreza e incluso a la mendicidad (sea por sus vicios o sus virtudes), el gobierno no tiene obligación de ocuparse de él, salvo que quiera hacerlo. Puede dejarle perecer en la calle o hacerle depender a la caridad privada, si quiere. Puede cumplir su libre deseo y discreción en este asunto, porque en este caso estaría fuera de toda responsabilidad. No es, necesariamente, obligación del gobierno ocuparse de los pobres. Un gobierno (esto es, un gobierno legítimo) es simplemente una asociación voluntaria de individuos, que se une para los propósitos que les parezcan y sólo para esos propósitos. Si ocuparse de los pobres (sean éstos virtuosos o viciosos) no es uno de esos propósitos, el gobierno como tal no tiene más derecho ni se ve más obligado a hacerlo que un banco o una compañía de ferrocarriles.&lt;br /&gt;Sea cual sea la moralidad que tengan las reclamaciones de un hombre pobre (sea éste virtuoso o vicioso) acerca de la caridad de sus conciudadanos, no puede reclamar legalmente contra ellos. Puede depender totalmente de su caridad, si se dejan. No puede demandar, como un derecho legal, que deben alimentarle y vestirle. No tiene más derechos morales o legales frente a un gobierno (que no es sino una asociación de individuos) que los que pueda tener sobre cualquier otro individuo respecto de su capacidad privada.&lt;br /&gt;Por tanto, de la misma forma que un pobre (sea virtuoso o vicioso) no tiene más capacidad de reclamar, legal o moralmente al gobierno comida o vestido que la que tiene frente a personas privadas, un gobierno no tiene más derecho que una persona privada a controlar o prohibir los gastos o las acciones de un individuo justificándolas en que le llevan a la pobreza.&lt;br /&gt;El señor A, como individuo, claramente no tiene derecho a prohibir las acciones o gastos del señor Z, aunque tema que esas acciones o gastos puedan llevarle (a Z) a la pobreza y que Z puede, por tanto, en un futuro indeterminado, pedirle afligido (a A) algo de caridad. Y si A no tiene, como individuo, ese derecho a prohibir cualquier acción o gasto de Z, el gobierno, que no es más que una asociación de individuos, no puede tener ese derecho.&lt;br /&gt;Sin duda, ningún hombre compos mentis mantendría que su derecho a disponer y disfrutar de su propiedad fuera una posesión de tan poco valor que autorizara a algunos o todos sus vecinos (se hagan llamar a sí mismos gobierno o no) a intervenir y prohibirle cualquier gasto excepto aquéllos que piensen que no le llevarán a la pobreza y no le conviertan en alguien que les reclame caridad.&lt;br /&gt;Si un hombre compos mentis llega a la pobreza por sus virtudes o sus vicios, nadie puede tener derecho alguno a intervenir basándose en puede apelar en el futuro a su compasión, porque si se apelara a ella, tendría perfecta libertad para actuar de acuerdo con su gusto y criterio respecto de atender sus solicitudes.&lt;br /&gt;El derecho a rechazar dar caridad a los pobres (sean éstos virtuosos o viciosos) es un derecho sobre el que los gobiernos siempre actúan. Ningún gobierno hace más provisiones para los pobres que las que quiere. En consecuencia, los pobres quedan, en su mayor parte, dependiendo de la caridad privada. De hecho, a menudo se les deja sufrir enfermedades e incluso morir porque ni la caridad pública ni la privada acuden en su ayuda. Qué absurdo es, por tanto, decir que el gobierno tiene derecho a controlar el uso de la propiedad de la gente, por miedo a que en el futuro lleguen a ser pobres y pidan caridad.&lt;br /&gt;4. Incluso una cuarta respuesta al argumento sería que el principal y único incentivo por el que cada individuo tiene que trabajar y crear riqueza es que puede disponer de ella de acuerdo con su gusto y criterio y para su propia satisfacción y la de quienes ame[5].&lt;br /&gt;Aunque a menudo puede que un hombre, por inexperiencia o mal juicio, gaste parte de los productos de su trabajo de forma poco juiciosa y por tanto no consiga el máximo bienestar, adquiere sabiduría en ello, como en todo, a través de la experiencia, por sus errores tanto como por sus éxitos. Y esta es la única manera de la que puede adquirir sabiduría. Cuando se convenza de que ha hecho un gasto absurdo, al tiempo aprenderá a no volver a hacer algo parecido. Y debe permitírsele hacer sus propios experimentos a su satisfacción, es ésta como en otras materias, ya que de otra forma no tendría motivo para trabajar o crear riqueza en absoluto.&lt;br /&gt;Todo hombre que sea hombre, debería mejor ser un salvaje y ser libre para crear o procurar sólo esa pequeña riqueza que pueda controlar y consumir diariamente, que ser un hombre civilizado que sepa cómo crear y acumular riqueza indefinidamente y al que no se la permita disfrutar o disponer de ella, salvo bajo la supervisión, dirección y dictado de una serie de idiotas y tiranos entrometidos y sobrevalorados, quienes, sin más conocimiento que el de sí mismos y quizás ni la mitad de eso, asumirían su control bajo la justificación de que no tiene el derecho o la capacidad de determinar por sí mismo qué debería hacer con los resultados de su propio trabajo.&lt;br /&gt;5. Una quinta respuesta al argumento sería que si fuera tarea del gobierno vigilar los gastos de cualquier persona (compos mentis y que no sea criminal) para ver cuáles llevan a la pobreza y cuáles no y prohibir y castigar los primeros, entonces, siguiendo esta regla, se ve obligado a vigilar los gastos de todas las demás personas y prohibir y castigar todo lo que, en su criterio, lleve a la pobreza.&lt;br /&gt;Si ese principio se llevara a efecto imparcialmente, la consecuencia sería que toda la humanidad estaría tan ocupada en vigilar los gastos de los demás y en testificar, acusar y castigar aquéllos que lleven a la pobreza, que no quedaría en absoluto tiempo para crear riqueza. Todo el mundo capaz de trabajo productivo o bien estaría en la cárcel o actuaría como juez, jurado, testigo o carcelero. Sería imposible crear suficientes tribunales para juzgar o construir suficientes prisiones para contener a los delincuentes. Cesaría toda labor productiva y los idiotas que estuvieran tan atentos a prevenir la pobreza, no sólo serían pobres, prisioneros y famélicos, sino que harían que los demás fueran asimismo pobres, prisioneros y famélicos.&lt;br /&gt;6. Si lo que se quiere decir es que un hombre puede al menos verse obligado con todo derecho a apoyar a su familia y, en consecuencia, a abstenerse de todo gasto que, en opinión del gobierno, le lleve a impedirle realizar esta labor, pueden darse varias respuestas. Pero con sólo esta es suficiente: ningún hombre, salvo un loco o un esclavo, aceptaría que sea su familia, si esa aceptación fuera a ser una excusa del gobierno para privarle de su libertad personal o del control de su propiedad.&lt;br /&gt;Cuando se otorga a un hombre su libertad natural y el control de su propiedad, normalmente, casi siempre, su familia es su principal objeto de orgullo y cariño y querrá, no sólo voluntariamente, sino con la máxima dedicación, emplear sus mejores capacidades de cuerpo y mente, no sólo para proveerles las necesidades y placeres de la vida ordinarios, sino a prodigarles todos los lujos y elegancias que su trabajo pueda obtener.&lt;br /&gt;Un hombre no entabla una obligación legal ni moral con su esposa o hijos para hacer algo por ellos, excepto cuando puede hacerlo de acuerdo con su libertad personal y su derecho natural a controlar su propiedad a su discreción.&lt;br /&gt;Si un gobierno puede interponerse y decir a un hombre (que esté compos mentis y cumple con su familia como cree que debe cumplir y de acuerdo con su juicio, por muy imperfecto que éste sea): “Nosotros (el gobierno) sospechamos que no estás empleando tu trabajo de la mejor forma para tu familia, sospechamos que tus gastos y tus disposiciones sobre tu propiedad no son tan juiciosos como deberían ser en interés de tu familia y por tanto te pondremos, a ti y a tu propiedad, bajo vigilancia especial y te indicaremos lo puedes hacer o no contigo y con tu propiedad y de ahora en adelante tu familia nos tendrá a nosotros (el gobierno) y no a ti, como apoyo”. Si un gobierno pudiera hacer esto, quedarían aplastados todo orgullo, ambición y cariño que un hombre pueda sentir por su familia, hasta donde es posible que una tiranía pueda aplastarlos, y o bien no tendrá nunca una familia (que pueda reconocer públicamente como suya) o arriesgará su propiedad y su vida para derrocar una tiranía tan insultante, despiadada e insufrible. Y cualquier mujer que quiera que su marido (siendo éste compos mentis) se someta a un insulto y prohibición tan antinatural, no merece en absoluto su cariño ni ninguna otra cosa que no sea su disgusto y desprecio. Y probablemente en seguida él le hará entender que, si escoge confiar en el gobierno como su apoyo y el de sus hijos, en lugar de en él, sólo podrá confiar en el gobierno. XXII.&lt;br /&gt;Otra respuesta completa al argumento de que el abuso del alcohol lleva a la pobreza es que, por regla general, pone el efecto por delante de la causa. Supone que es el abuso del alcohol el que causa la pobreza, en lugar de que la pobreza es la que causa el abuso del alcohol.&lt;br /&gt;La pobreza es la madre natural de prácticamente toda ignorancia, vicio, crimen y miseria en el mundo[6]. ¿Por qué es tan grande el porcentaje de trabajadores en Inglaterra que se dan a la bebida y el vicio? Sin duda, no porque sean por naturaleza peores que otros. Sino porque su pobreza extrema y desesperada les mantiene en la ignorancia y el servilismo, destruye su coraje y su autoestima, les somete a tan constantes insultos y prohibiciones, a tan incesantes amargas miserias de todo tipo y por fin les lleva a tal grado de desesperación que el pequeño desahogo que pueden permitirse con la bebida u otros vicios es, en ese momento, un alivio. Ésta es la causa principal de la ebriedad y otros vicios que prevalecen entre los trabajadores de Inglaterra.&lt;br /&gt;Si esos trabajadores ingleses que ahora son borrachos y viciosos, hubieran tenido las mismas oportunidades y entorno vital que las clases más afortunadas; si se hubieran criado en hogares confortables, felices y virtuosos, en lugar de escuálidos, horribles y viciosos; si hubieran tenido oportunidades para adquirir conocimientos y propiedades y hacerse inteligentes, acomodados, alegres, independientes y respetados y asegurarse todos los placeres intelectuales, sociales y domésticos con los que puede honrada y justamente remunerarles la industria; si pudieran tener todo esto, en lugar de haber nacido a una vida de desesperanza, de duro trabajo sin recompensa, con la seguridad de morir en la fábrica, se hubieran visto tan libres de sus vicios y debilidades presentes como aquéllos que ahora se los reprochan.&lt;br /&gt;No tiene sentido decir que la ebriedad o cualquier otro vicio sólo se añade a sus miserias, porque está en la naturaleza humana (en la debilidad de la naturaleza humana, si lo prefieren), que el hombre puede soportar hasta cierto punto la miseria antes de perder la esperanza y el coraje y rendirse a cualquier cosa que les prometa un alivio y mitigación de su presente, aunque el coste sea mayor miseria para el futuro. Predicar moralidad y templanza a esos desdichados, en lugar de aliviar sus sufrimientos o mejorar sus condiciones, es simplemente burlarse de sus desdichas.&lt;br /&gt;¿Querrían esos que suelen atribuir a los vicios la pobreza de los hombres, en lugar a la pobreza sus vicios (como si todos los pobres, o casi todos, fueran especialmente viciosos), decirnos si toda la pobreza que ha aparecido tan de repente en último año y medio[7] (como si dijéramos, en un momento) para veinte de millones de personas de Estados Unidos, les parece una consecuencia natural de su ebriedad o de otros vicios? ¿Fue su ebriedad u otros vicios los que paralizaron, como si hubiera caído un rayo, todas las industrias de las que vivían y que, hace pocos días, funcionaban prósperamente? ¿Fueron los vicios que afectaron a la parte adulta de esos veinte millones de vagabundos sin empleo los que les llevaron a consumir sus pocos ahorros, si es que los tenían, y así convertirse en mendigos (mendigando trabajo y, si no lo encuentran, mendigando pan)? ¿Fueron sus vicios los que sin previo aviso llenaron las casas de tantos de necesidad, miseria, enfermedad y muerte? No. Sin duda no fue la ebriedad ni otros vicios de estos trabajadores los que les llevó a esa ruina y desdicha. Y si no lo fue, ¿qué fue?&lt;br /&gt;Ese es el problema que debe resolverse, porque se viene repitiendo constantemente y no puede dejarse de lado. De hecho, la pobreza de una gran parte de la humanidad, de todo el mundo, es el gran problema de la humanidad. El que esa pobreza extrema y casi universal exista en todo el mundo y haya existido en todas las generaciones pasadas prueba que se origina en causas que la naturaleza humana común de quienes la sufren no ha sido hasta ahora suficiente fuerte como para superarlas. Pero quienes la sufren al menos están empezando a ver las causas y se están decidiendo a eliminarlas a toda costa. Y quienes imaginen que no tienen nada que hacer salvo seguir atribuyendo esa pobreza a sus vicios y predicando contra ellos por esos mismos vicios, pronto despertarán para descubrir que eso ya es pasado. Y entonces la cuestión será no cuáles son los vicios de los hombres, sino cuáles son sus derechos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[1] Dar a un loco un puñal u otra arma o cosa con la que pueda autolesionarse, es un crimen.&lt;br /&gt;[2] La ley de Massachussets indica los diez años como la edad a la que una niña se supone que tiene discernimiento suficiente para disponer de su virtud. ¡Pero la misma ley establece que ninguna persona, hombre o mujer, de ninguna edad ni grado de sabiduría o experiencia tiene discernimiento suficiente para beber un vaso de alcohol bajo su propio criterio! ¡Qué ejemplo de la sabiduría legislativa de Massachussets!&lt;br /&gt;[3] Catón se suicidó para evitar caer en las manos de César. ¿Quién hubiera sospechado que estuviera loco? Bruto hizo lo mismo. Colt se suicidó sólo aproximadamente una hora antes de ser ahorcado. Lo hizo para evitar traer a su nombre y a su familia la desgracia de que se dijera que le habían ahorcado. Esto, sea o no sensato, fue claramente un acto dentro de lo razonable. ¿Supone alguien que la persona que le dio el instrumento necesario era un criminal?&lt;br /&gt;[4] Un ejemplo de este hecho se encuentra en Inglaterra, cuyo gobierno durante más de mil años no ha sido más que una banda de ladrones que ha conspirado para monopolizar la tierra y, en la medida de lo posible, el resto de la riqueza. Esos conspiradores, haciéndose llamar reyes, nobles y terratenientes han detentado, por la fuerza o el fraude, el poder civil y militar; se han mantenido en el poder únicamente por la fuerza y el fraude y el uso corrupto de su riqueza y sólo han empleado su poder para robar y esclavizar a la mayor parte de su gente y someter y esclavizar a otros. Y el mundo ha estado y está lleno de ejemplos sustancialmente similares. Y, como podemos imaginar, el gobierno de nuestro propio país no difiere mucho de otros en este aspecto.&lt;br /&gt;[5] Por este solo incentivo estamos en deuda por toda la riqueza creada a través del trabajo humano y acumulada en beneficio de la humanidad.&lt;br /&gt;[6] Excepto aquellos grandes crímenes que unos pocos, autodenominándose gobiernos, practican contra la mayoría, mediante una extorsión y tiranía sistemáticas y organizadas. Y sólo la pobreza, ignorancia y consecuente debilidad de la mayoría, les permite adquirir y mantener sobre ellos un poder tan arbitrario.&lt;br /&gt;[7] Esto es, del 1 de septiembre de 1873 al 1 de marzo de 1875.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6662313409533785359-1494507544850168356?l=textosliberales.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6662313409533785359/posts/default/1494507544850168356'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6662313409533785359/posts/default/1494507544850168356'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://textosliberales.blogspot.com/2008/12/los-vicios-no-son-crmenes.html' title='Los Vicios No Son Crímenes'/><author><name>Fernando Aguilera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18199502181315782658</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_ijxDXEu44ls/STwx85v8glI/AAAAAAAAAAM/hIYa63jCJY4/S220/1157325117_f.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6662313409533785359.post-1910103134905910365</id><published>2008-12-08T16:37:00.000-08:00</published><updated>2008-12-08T16:45:10.417-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Bastiat'/><title type='text'>Petición de los fabricantes de velas, por Frederic Bastiat</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Petición de los fabricantes de candelas, velas, lámparas, candeleros, faroles, apagavelas, apagadores y productores de sebo, aceite, resina, alcohol y generalmente de todo lo que concierne al alumbrado.&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A los señores miembros de la Cámara de Diputados&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Señores:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ustedes están en el buen camino. Rechazan las teorías abstractas; la abundancia y el buen mercado les impresionan poco. Se preocupan sobre todo por la suerte del productor. Ustedes le quieren liberar de la competencia exterior; en una palabra, ustedes le reservan el mercado nacional al trabajo nacional.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Venimos a ofrecerles a Ustedes una maravillosa ocasión para aplicar su... ¿Cómo diríamos? ¿Su teoría? No, nada es más engañoso que la teoría. ¿Su doctrina? ¿Su sistema? ¿Su principio? Pero Ustedes no aman las doctrinas, Ustedes tienen horror a los sistemas y, en cuanto a los principios, declaran que no existen en economía social; diremos por tanto su práctica, su práctica sin teoría y sin principios.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Nosotros sufrimos la intolerable competencia de un rival extranjero colocado, por lo que parece, en unas condiciones tan superiores a las nuestras en la producción de la luz que inunda nuestro mercado nacional a un precio fabulosamente reducido; porque, inmediatamente después de que él sale, nuestras ventas cesan, todos los consumidores se vuelven a él y una rama de la industria francesa, cuyas ramificaciones son innumerables, es colocada de golpe en el estancamiento más completo. Este rival, que no es otro que el sol, nos hace una guerra tan encarnizada que sospechamos que nos ha sido suscitado por la pérfida Albión (¡buena diplomacia para los tiempos que corren!) en vista de que tiene por esta isla orgullosa consideraciones de las que se exime respecto a nosotros.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Demandamos que Ustedes tengan el agrado de hacer una ley que ordene el cierre de todas las ventanas, tragaluces, pantallas, contraventanas, póstigos, cortinas, cuarterones, claraboyas, persianas, en una palabra, de todas las aberturas, huecos, hendiduras y fisuras por las que la luz del sol tiene la costumbre de penetrar en las casa, en perjuicio de las bellas industrias con las que nos jactamos de haber dotado al país, pues sería ingratitud abandonarnos hoy en una lucha así de desigual.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Quieran los señores Diputados no tomar nuestra petición como una sátira y no rechazarla sin al menos escuchar las razones que tenemos que hacer valer para apoyarla.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Primero, si Ustedes cierran tanto como sea posible todo acceso a la luz natural, si Ustedes crearan así la necesidad de luz artificial, ¿cuál es en Francia la industria que, de una en una, no sería estimulada?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Si se consume más sebo, serán necesarios más bueyes y carneros y, en consecuencia, se querrá multiplicar los prados artificiales, la carne, la lana, el cuero y sobre todo los abonos, base de toda la riqueza agrícola.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Si se consume más aceite, se querrá extender el cultivo de la adormidera, del olivo, de la colza. Estas plantas ricas y agotadoras del suelo vendrían a propósito para sacar ganancias de esta fertilidad que la cría de las bestias ha comunicado a nuestro territorio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Nuestros páramos se cubrirán de árboles resinosos. Numerosos enjambres de abejas concentrarán en nuestras montañas tesoros perfumados que se evaporan hoy sin utilidad, como las flores de las que emanan. No habría por tanto una rama de la agricultura que no tuviera un gran desarrollo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lo mismo sucede con la navegación: millares de buques irán a la pesca de la ballena y dentro de poco tiempo tendremos una marina capaz de defender el honor de Francia y de responder a la patriótica susceptibilidad de los peticionarios firmantes, mercaderes de candelas, etc.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¿Pero qué diremos de los artículos París? Vean las doraduras, los bronces, los cristales en candeleros, en lámparas, en arañas, en candelabros, brillar en espaciosos almacenes comparados con lo que hoy no son más que tiendas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No hay pobre resinero, en la cumbre de su duna, o triste minero, en el fondo de su negra galería, que no vean aumentados su salario y su bienestar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Quieran reflexionarlo, señores, y quedarán convencidos que no puede haber un francés, desde opulento accionista de Anzin hasta el más humilde vendedor de fósforos, a quien el éxito de nuestra demanda no mejore su condición.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Prevemos sus objeciones, señores; pero Ustedes no nos opondrán una sola que no hayan recogido en los libros usados por los partidarios de la libertad comercial. Osamos desafiarlos a pronunciar una palabra contra nosotros que no se regrese al instante contra Ustedes mismos y contra el principio que dirige toda su política.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¿Nos dirán que, si ganamos esta protección, Francia no ganará nada porque el consumidor hará los gastos?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Les responderemos:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ustedes no tienen el derecho de invocar los intereses del consumidor. Cuando se les ha encontrado opuestos al productor, en todas las circunstancias los han sacrificado. Ustedes lo han hecho para estimular el trabajo, para acrecentar el campo de trabajo. Por el mismo motivo, lo deben hacer todavía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ustedes mismos han salido al encuentro de la objeción cuando han dicho: el consumidor está interesado en la libre introducción del hierro, de la hulla, del ajonjolí, del trigo y de las telas. - Sí, dijeron Ustedes, pero el productor está interesado en su exclusión. - Y bien, si los consumidores están interesados en la admisión de la luz natural, los productores lo están en su prohibición.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero, dirán Ustedes todavía, el productor y el consumidor no son más que uno solo. Si el fabricante gana por la protección, hará ganar al agricultor. Si la agricultura prospera, abrirá mercado a las fábricas. - ¡Y bien! Si nos confieren el monopolio del alumbrado durante el día, primero compraremos mucho sebo, carbón, aceite, resinas, cera, alcohol, plata, hierro, bronces, cristales, para alimentar nuestra industria y, además, nosotros y nuestros numerosos abastecedores nos haremos ricos, consumiremos mucho y esparciremos bienestar en todas las ramas del trabajo nacional.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¿Dirán Ustedes que la luz del sol es un don gratuito y que rechazar los dones gratuitos sería rechazar la riqueza misma bajo el pretexto de estimular los medios para adquirirla?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero pongan atención a que Ustedes llevan la muerte en el corazón de su política; pongan atención a que hasta aquí ustedes han rechazado siempre el producto extranjero porque él se aproxima a ser don gratuito y precisamente porque se aproxima a ser don gratuito. Para cumplir las exigencias de otros monopolizadores, Ustedes tenían un semi-motivo; para acoger nuestra demanda, Ustedes tienen un motivo completo y rechazarnos precisamente por usar el fundamento de Ustedes mismos sobre el que nos hemos fundamentado más que los demás sería formular la ecuación + x + = -; en otros términos, sería amontonar absurdo sobre absurdo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El trabajo y la naturaleza concurren en proporciones diversas, según los países y los climas, a la creación de un producto. La parte que pone la naturaleza es siempre gratuita; la parte del trabajo es la que le da valor y por la que se paga.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Si una naranja de Lisboa se vende a mitad de precio que una naranja de París es porque el calor natural y por consecuencia gratuito hace por una lo que la otra debe a un calor artificial y por tanto costoso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Luego, cuando una naranja nos llega de Portugal, se puede decir que nos ha sido dada la mitad gratuitamente, la mitad a título oneroso o, en otros términos, a mitad de precio en relación con aquella de París.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ahora bien, es precisamente esta semi-gratuidad (perdón por la palabra) lo que Ustedes alegan para excluirla. Ustedes dicen: ¿Cómo el trabajo nacional podría soportar la competencia del trabajo extranjero cuando aquél tiene que hacer todo y éste no cumple más que la mitad de la tarea, pues el sol se encarga del resto? Pero si la semi-gratuidad les decide a rechazar la competencia, ¿cómo la gratuidad entera les llevará a admitir la competencia? O no son lógicos o deberían rechazar la semi-gratuidad como dañina a nuestro trabajo nacional, rechazar a fortiori y con el doble más de celo la gratuidad entera.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Otra vez, cuando un producto, hulla, hierro, trigo o tela, nos viene de fuera y podemos adquirirlo con menos trabajo que si lo hiciéramos nosotros mismos, la diferencia es un don gratuito que se nos confiere. Este don es más o menos considerable conforme la diferencia sea más o menos grande. Es de un cuarto, la mitad o tres cuartos del valor del producto si el extranjero no nos pide más que tres cuartos, la mitad o un cuarto del pago. Es tan completo como podría ser cuando el donador, como hace el sol por la luz, no nos pide nada. La cuestión, lo postulamos formalmente, es saber si Ustedes quieren para Francia el beneficio del consumo gratuito o las pretendidas ventajas de la producción onerosa. Escojan, pero sean lógicos; porque, en tanto que Ustedes rechacen, como lo han hecho, la hulla, el hierro, el trigo y los tejidos extranjeros en la proporción en que su precio se aproxima a cero, qué inconsecuente sería admitir la luz del sol, cuyo precio es cero durante todo el día.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6662313409533785359-1910103134905910365?l=textosliberales.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6662313409533785359/posts/default/1910103134905910365'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6662313409533785359/posts/default/1910103134905910365'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://textosliberales.blogspot.com/2008/12/peticin-de-los-fabricantes-de-velas-por.html' title='Petición de los fabricantes de velas, por Frederic Bastiat'/><author><name>Mariano Iraola</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-2XGRdsFeUXo/TbCDu7T4ueI/AAAAAAAAAOw/95peNmMPlyk/s220/FOTO.JPG'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6662313409533785359.post-403718601397959186</id><published>2008-12-08T11:27:00.000-08:00</published><updated>2008-12-08T11:33:04.786-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Spooner'/><title type='text'>El derecho natural: la ciencia de la justicia</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Autor: Lysander Spooner&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Fuente: Wikisource&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Capítulo I La ciencia de la justicia&lt;br /&gt;I&lt;br /&gt;La ciencia de lo mío y de lo tuyo -la ciencia de la justicia- es la ciencia de todos los derechos del hombre: de todos los derechos que un hombre posee sobre su persona y sus bienes; de todos los derechos a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad. Es esta ciencia, y sólo ella, la que dice a cualquier hombre aquello que, sin lesionar los derechos de otra persona, puede y no puede hacer; aquello que puede y no puede tener; aquello que puede y no puede decir. Es la ciencia de la paz; la única ciencia de la paz; ya que es la única ciencia que nos dice en qué condiciones los hombres pueden vivir en paz, o deberían vivir en paz los unos con los otros. Tales condiciones son sencillamente las siguientes: primero, que cada hombre hará, en lo que a todos los otros se refiere, todo aquello que la justicia le obliga a hacer; así pagará sus deudas, devolverá cualquier bien tomado como préstamo o robado a su propietario y reparará cualquier daño que haga sufrir a la persona o a los bienes de otro. La segunda condición consiste en que cada hombre se abstenga de hacer sufrir a otro o de hacer aquello que la justicia prohiba; abstenerse, por tanto, de todo robo, agresión, incendio criminal, asesinato, así como de cualquier otro crimen que perjudique a personas o bienes de otro. Contando con que estas condiciones sean observadas, los hombres permanecerán en paz unos con otros. A partir del momento en que una de estas condiciones fuera violada, los humanos entrarán en guerra. Y permanecerán necesariamente en guerra hasta que la justicia sea restablecida. En todos los tiempos, tan atrás como nos informa la historia, y en todas partes, siempre que los hombres se esforzaron por vivir en paz unos con otros, el instinto natural y la sabiduría colectiva de la raza humana reconocieron y prescribieron, como condición indispensable, la obediencia a esta obligación única y universal; a saber, que cada cual tiene o debe comportarse honestamente en lo que se refiere a todos los demás. Según la antigua máxima, todo el deber legal de un hombre para con sus semejantes se resume en la sencilla frase siguiente: “Vivir honestamente, no causar daño sea a quien sea, dar a cada uno lo que le es debido”. En verdad, la totalidad de esta máxima puede reducirse incluso con los términos siguientes: vivir honestamente; porque vivir honestamente es no causar daño a nadie, y dar a cada cual lo que le es debido.&lt;br /&gt;II&lt;br /&gt;El hombre tiene ciertamente para con sus semejantes muchos otros deberes morales; así, tiene que alimentar a los hambrientos, vestir a los desnudos, cobijar a los que no tienen techo, cuidar a los enfermos, proteger a los indefensos, ayudar a los débiles, enseñar a los ignorantes. Pero estos deberes son simples deberes morales, y con relación a ellos cada hombre es el único juez capaz de decidir por sí mismo, en cada caso particular, cómo y hasta que punto podrá o querrá cumplirlos. Las cosas son diferentes cuando se trata de sus deberes legales -, estos que consisten en una conducta honesta en lo que se refiere a sus semejantes: en este punto, sus semejantes tienen no solamente el derecho a juzgar, sino, en vistas a su propia protección, el deber de hacerlo. Y, en caso que sea necesario, tienen el derecho de obligarlo a cumplir sus deberes legales; lo que se podrá hacer ya sea a título individual o por concertación. Del mismo modo, lo podrán hacer al momento, si la situación lo exige, o después de deliberarlo, y de manera sistemática, si lo juzgaran bueno, y la situación lo permite.&lt;br /&gt;III&lt;br /&gt;Aunque cada uno - cada hombre, o grupo de hombres, en pie de igualdad con cualquier otro - tenga el derecho a rechazar la injusticia y de prestar justicia a sí mismo, y de dispensarla a todos los que se sientan lesionados, para evitar los errores que resultan a veces por la precipitación y la pasión, y a fin de que cualquier hombre que lo desee tenga medios para garantizar su protección sin necesidad de recurrir a la fuerza, es evidentemente deseable que los humanos se asocien - contando que la asociación sea libre y voluntaria - para garantizar la justicia entre sí y para asegurar su protección contra los malhechores venidos del exterior. Es de igual manera sumamente deseable que se pongan de acuerdo sobre un plano o un sistema de proceso judicial que, enjuiciando diferencias, avale la prudencia, la deliberación, una investigación minuciosa y, hasta donde sea posible, la ausencia de cualquier influencia externa, con el simple deseo de hacer justicia. Ahora bien, semejantes asociaciones solamente serán justas y deseables en la medida en que fueren totalmente voluntarias. Nadie puede ser legítimamente obligado, en contra de su voluntad, a adherirse a una asociación como tal o a apoyarla. Sólo el propio interés, el propio juicio, la conciencia de cada uno determinaran a adherirse, o no, a una asociación, y a ésta en vez de aquélla. Si un hombre elige, en lo que se refiere a la protección de sus derechos, depender tan solo de sí mismo, y de la asistencia voluntaria que otras personas puedan libremente ofrecerle en caso de necesidad, tiene todo el derecho a hacer esta elección. Y semejante actitud deberá proporcionarle una razonable seguridad, con tal de que él mismo manifieste una solicitud recíproca de manera que los hombres, en este caso, puedan ayudar a defender a las personas perjudicadas; y con tal de que él mismo “se comporte honestamente, no cause daño a nadie, y dé a cada uno aquello que le es debido”. Porque un hombre así tendrá buenas razones para creer que siempre se encontrará con amigos y defensores en caso de necesidad, se adhiera o no a una asociación. Es cierto que en estricta justicia nadie puede ser obligado a adherirse a una asociación cuya protección no desea, ni ser obligado a sustentarla. Del mismo modo, según la razón y la justicia, no podremos esperar de cualquier hombre que se una o apoye una asociación cuyos fines y métodos piense que no serán un modelo para alcanzar el objetivo que la asociación pretende alcanzar, a saber mantener la justicia sin con eso incurrir ella misma en la práctica de la injusticia. Juntarse a una asociación que se cree ineficaz, o apoyarla, sería en efecto, absurdo. Unirse a una asociación que se cree capaz de cometer ella misma una injusticia, dar sustento a esta asociación, sería criminoso. Por tanto, es preciso dejar a cada uno la libertad de adherirse o no adherirse a una asociación que ha sido creada en vistas al efecto referido, tal como se le deja la libertad de adherirse o no a cualquier otra asociación, según le convenga conforme a su interés, a su juicio o a su consciencia. Una asociación de protección mutua contra la injusticia es como una asociación de protección mutua contra el incendio o el naufragio. No hay ninguna razón para obligar a nadie, sea quien fuera, a apoyar o unirse contra la propia voluntad a una de estas asociaciones, ni para obligar a nadie a reunirse con cualquier otra asociación cuyas ventajas - suponiendo que las tenga - no le interesan o cuyos fines y métodos no aprueba.&lt;br /&gt;IV&lt;br /&gt;No se podrá objetar a estas asociaciones voluntarias el argumento de que les faltaría este conocimiento de la justicia, como ciencia, que les sería necesario para mantener la justicia y evitar que incurran, ellas mismas, en la práctica de la injusticia. La honestidad, la justicia, el Derecho Natural, todo esto es habitualmente un asunto mucho más simple y fácil, a cuya comprensión tienen pleno acceso los espíritus simples. Los que quieren así esclarecer un caso particular no necesitan las más de las veces ir muy lejos para conseguirlo. Es cierto que se trata de una ciencia que es preciso aprender, como cualquier otra. Pero también es verdad que se aprende muy fácilmente. Aunque tan ilimitada en sus aplicaciones como las relaciones y transacciones infinitas que se pueden establecer entre los hombres, la ciencia de la justicia está con todo constituida por un pequeño número de principios simples y elementales, principios cuya verdad y equidad son aprendidas casi intuitivamente por cada espíritu común. Y la mayoría de los hombres tienen la misma percepción de lo que constituye la justicia, o de lo que la justicia exige, aprenden de la misma manera los hechos a partir de los cuales extraerán sus conclusiones. Aunque quisieran, una vez que los hombres viven en contacto unos con otros y mantienen relaciones entre sí, no podrían evitar aprender una gran parte del Derecho Natural. Las relaciones entre los hombres, sus posesiones separadas y sus necesidades individuales, así como la disposición que cada hombre tiene de exigir con insistencia lo que considera que se le debe y de reprobar y repeler cualquier intrusión en aquello que considera ser su derecho, todo esto le obliga que a cada instante su espíritu se pregunte: ¿Será justo? ¿Será injusto? ¿Será mejor está cosa? ¿O lo será la otra? Pues bien, tales son las cuestiones del Derecho Natural; cuestiones a las que, en la gran mayoría de los casos, el espíritu humano responde del mismo modo. Los críos aprenden muy pronto los principios fundamentales del Derecho Natural. Así, comprenden rápidamente que un niño, a menos que tenga sus buenas razones, no debe pegar a otro o hacerle daño; ni ejercer un control o un dominio arbitrario sobre otro; ni, por la fuerza, por estafa o robo, apoderarse de un bien que pertenece a otro niño; y que, si hace una cosa que está mal en detrimento de otro, el niño perjudicado tiene no sólo el derecho a resistir, sino también, si es necesario, castigar al agresor obligándole a una reparación como conviene al derecho y al deber moral de todos los otros niños y de todas las demás personas, que ayudarían a la parte perjudicada, defendiendo sus derechos y reparando los daños que hubiera sufrido. Tales son los principios fundamentales del Derecho Natural que rigen los intercambios más importantes del hombre como tal. Ahora bien, los niños lo aprenden incluso antes de saber que tres más tres son seis, o que cinco más cinco suman diez. Ni siquiera sus juegos infantiles serían posible sin el constante respeto a estos principios; y es de la misma manera imposible que personas, sea cual sea su edad, vivan conjuntamente y en paz sin que los mismos principios sean respetados. No sería extravagante mantener que, en la mayor parte de los casos, sino en todos, la humanidad, en el conjunto de sus miembros, jóvenes y viejos, aprende este Derecho Natural mucho antes de aprender el sentido de las palabras por medio de las cuales lo describimos. En realidad sería imposible hacer que los hombres comprendieran el sentido real de las palabras si no empezaran por comprender el sentido verdadero de las propias cosas. Hacer comprender el sentido de las palabras justicia e injusticia antes de conocer la naturaleza de estas cosas sería tan imposible como hacerles comprender el sentido de las palabras caliente y frío, húmedo y seco, luz y tinieblas, blanco y negro, uno y dos, antes de conocer la naturaleza de esas cosas. Los hombres deben necesariamente conocer los sentimientos y las ideas no menos que los objetos materiales, antes de conocer el sentido de las palabras por medio de las cuales los describimos.&lt;br /&gt;Capítulo II La ciencia de la justicia (continuación)&lt;br /&gt;I&lt;br /&gt;Si la justicia no es un principio natural, no es un principio. Si no es un principio natural, pura y simplemente no existe. Si la justicia no es un principio natural, todo lo que los hombres hubieran dicho y escrito acerca de la justicia, desde tiempos inmemoriales, hubiera sido escrito sobre una cosa que no existe. Si la justicia no es un principio natural, todas las llamadas a la justicia que siempre oímos, fueron llamadas y luchas por una cosa puramente imaginaria, por una fantasía de la imaginación, y no por una realidad. Si la justicia no es un principio natural, tampoco la injusticia existe; y todos los crímenes que fueron cometidos en este mundo nada tuvieron de crímenes, no pasando de simples acontecimientos, como el caer de la lluvia o el sol que se pone; acontecimientos de los que las víctimas no tienen más razones para quejarse que aquellas que tendrían para hacerlo acerca del curso de los ríos o del crecimiento de la vegetación. Si la justicia no es un principio natural, los gobiernos (como se les llama) no tienen más derecho ni razón de conocerla, o de pretender profesarla y conocerla, que de conocer cualquier otro objeto inexistente; y cuando profesan establecer la justicia, o mantener la justicia, o tener la justicia en cuenta, profesan una palabrería de imbéciles o un fraude de impostores. Si por el contrario la justicia es un principio natural, entonces necesariamente es un principio inmutable; y que no puede ser alterado - por un poder inferior al establecido - del mismo modo que tampoco pueden serlo la ley de la gravitación o de la luz, los principios de las matemáticas, o cualquier otro principio natural o ley natural; y todas las tentativas o pretensiones, por parte de cualquier hombre o grupo de hombres - bajo el nombre de gobierno o bajo cualquier otro nombre - de intentar sustituir la justicia por su propio poder, voluntad, placer o juicio en lo que se refiere a la regulación del comportamiento de quien fuere, son un absurdo, una usurpación, y una tiranía tan grande como serían sus esfuerzos para establecer su poder, voluntad, placer o juicio en lugar de cualquiera de las leyes físicas, mentales o morales del universo.&lt;br /&gt;II&lt;br /&gt;Si existe un principio de justicia, se trata necesariamente, de un principio natural; y que es, como tal, materia de ciencia: puede ser aprendido y aplicado como cualquier otra ciencia. Pretender prolongarlo o restringirlo por medio de una legislación es tan falso, ridículo y absurdo como pretender por medio de una legislación prolongar o restringir las matemáticas, la química o cualquier otra ciencia.&lt;br /&gt;III&lt;br /&gt;Si existe un principio de justicia, toda la legislación de que la raza humana entera es capaz en nada puede aumentar o restringir su autoridad suprema. Y todas las tentativas de la raza humana, o de una porción de esta raza, intentando aumentar o restringir en lo que sea, y en el caso que sea la suprema autoridad de la justicia, no obligaría a los simples individuos más de lo que obliga el viento que pasa.&lt;br /&gt;IV&lt;br /&gt;Si existe un principio de justicia, o de Derecho Natural, se trata del principio o Ley que nos dice qué derechos pertenecen a cada ser humano por razón de su nacimiento; y por consiguiente qué derechos inherentes en cuanto a ser humano continuarán necesariamente perteneciéndole como adquiridos a lo largo de toda su vida; derechos que podrán ser pisoteados, pero que no pueden ser extinguidos, aniquilados, separados o eliminados de su naturaleza de ser humano; y que tampoco pueden ser privados de la autoridad o de la fuerza de la obligación que les son inherentes. Por el contrario, si no existe principio de justicia o de Derecho Natural, entonces cada uno de los seres humanos llega al mundo completamente desprovisto de derechos; llegando al mundo desprovisto de derechos, así seguirá necesariamente y para siempre. Por que si nadie, al nacer, llega al mundo con algún derecho, está claro que nadie tendrá nunca cualquier derecho que le sea propio, de la misma manera que jamás reconocerá derecho a otro. La consecuencia sería que la humanidad jamás tendría derecho; hablar de sus derechos sería, por parte de los hombres, hablar de lo que nunca tuvo existencia, de lo que nunca lo tendrá ni jamás podrá tener. V&lt;br /&gt;Si existe un principio de justicia, este principio es necesariamente la más elevada de las leyes, y por consiguiente la ley única y universal para todas las materias y la que sea naturalmente aplicable. Por consiguiente, toda la legislación humana nunca pasa de una simple toma de autoridad y dominio, sin que exista cualquier derecho a la autoridad o a la dominación. Nunca pasa de una intrusión, de un absurdo, de una usurpación y de un crimen. Por otro lado, si no existe principio natural de justicia, entonces tampoco existe injusticia. Si no existe principio natural de honestidad, tampoco existe la deshonestidad; y ningún acto de fuerza o de fraude cometido por un hombre contra la persona o los bienes de otro hombre podrá ser llamado, en ningún caso, injusto o deshonesto; no podrá ser objeto de una queja; no podrá ser prohibido o castigado como tal. En suma, si no existe principio de justicia, tampoco existen crímenes; y todas las pretensiones de los gobiernos o de aquello que lleva este nombre, afirmando que si existen, es, en todo o en parte, para castigar o prevenir los crímenes, son pretensiones a una existencia que contempla el castigo y la prevención de lo que nunca ha existido y nunca existirá. Estas pretensiones son pues el reconocimiento de que, en lo que se refiere a los crímenes, los gobiernos no tienen razón de ser; que nada tienen a hacer en esta materia y que nada hay en esta materia que puedan hacer. Son el reconocimiento de que los gobiernos existen en vistas al castigo y la prevención de actos que son, por naturaleza, puras imposibilidades.&lt;br /&gt;VI&lt;br /&gt;Si existe en la naturaleza un principio de justicia, un principio de honestidad, principios que describimos por medio de los términos “lo mío” y “lo tuyo”, principios de los derechos naturales del hombre sobre su persona y sus bienes, entonces tenemos una ley inmutable y universal; una ley que podemos aprender como aprendimos cualquier otra ciencia; una ley que sobrepasa y excluye todo lo que está en conflicto con ella; una ley que nos dice lo que es justo y lo que es injusto, lo que es honesto y lo que no lo es, lo que es mío y lo que es tuyo, lo que son mis derechos sobre mi persona y mis bienes y lo que son los tuyos sobre tu persona y tus bienes, y donde queda el límite entre mis derechos y los tuyos, así como entre cada uno de los míos y cada uno de los tuyos. Esta ley es la ley suprema y es la misma en todos los rincones del mundo entero, en todos los tiempos y para todos los pueblos; y será la misma única ley suprema en todos los tiempos y para todos los pueblos, mientras en la tierra hayan seres humanos. Mas sí, por el contrario, no existe en la naturaleza cualquier principio de justicia, cualquier principio de honestidad, cualquier principio regulador de los derechos naturales del hombre sobre su persona y sus bienes, entonces los términos de justicia e injusticia, honestidad y deshonestidad, todos los términos como “lo mío” y “lo tuyo”, los que significan que tal objeto es propiedad de tal hombre y que tal otro es propiedad de tal otro; los términos que son usados para describir los derechos naturales del hombre sobre su persona y sus bienes, o para describir las injusticias y los crímenes; todas estas palabras deberían ser excluidas de todas las lenguas humanas como desprovistas de sentido; y sería preciso declarar, de una vez por todas, que los mayores actos de fuerza y los mayores fraudes son en adelante la ley suprema y única que gobierna las relaciones entre los hombres; y que, se le deja a todas las personas o grupos (aquellos que se atribuyen el nombre de gobiernos) la libertad de practicar entre sí todos los actos de fuerza y todos los fraudes de que sean capaces.&lt;br /&gt;VII&lt;br /&gt;Si no existe principio de justicia, no puede existir ciencia de gobierno; y todo lo que el mundo alguna vez podrá ver, en materia de gobierno legítimo, es toda la rapacidad y la violencia por cuyo medio y a través de los tiempos y en todas las naciones, un pequeño número de corruptos se conjuraron a fin de obtener el poder sobre los demás seres humanos, los redujeron a la pobreza y a la esclavitud, y establecieron aquello que denominan gobiernos, procurando mantenerlos en la sujeción.&lt;br /&gt;VIII&lt;br /&gt;Si existe en la naturaleza un principio de justicia, este es necesariamente el único principio político que jamás existió o existirá. Todos los otros principios llamados políticos, principios que los hombres tienen el hábito de inventar, nada tienen de principios. O son puras vanaglorias de simples de espíritu que imaginan haber descubierto cualquier cosa mejor que la verdad, la justicia y la ley universal, o las astucias y pretextos a los que recurren los egoístas y perversos a fin de obtener la gloria, el poder y el dinero. &lt;a id="Cap.C3.ADtulo_III" name="Cap.C3.ADtulo_III"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Capítulo III El Derecho Natural contra la legislación&lt;br /&gt;I&lt;br /&gt;Una vez que el Derecho Natural, la justicia natural, es un principio naturalmente aplicable y apropiado para las justas soluciones de todas las controversias que pueden sobrevenir en el interior del género humano; una vez que, además de esto, es el único criterio por medio del cual cualquier controversia entre seres humanos puede ser legítimamente resuelta; toda vez que es un principio que cada uno decide aplicar cuando se trata de sí mismo, tenga o no el deseo de aplicarlo a los demás; dado que, en fin, es un principio inmutable, en todas partes y siempre igual, en todos los tiempos y todas las naciones; un principio que se impone con evidencia en todas las épocas y pueblos; un principio tan enteramente imparcial y equitativo para todos; tan indispensable para la paz de la humanidad en todos los sitios; tan esencial para la salvaguarda y para el bienestar de cada ser humano; principio, en fin, tan fácilmente aprendido, tan generalmente conocido, y tan simplemente conservado por las asociaciones voluntarias que todas las personas honestas pueden fácilmente y de manera legítima constituir; siendo este el mismo principio pues, que vengo diciendo, hay una cuestión que salta: ¿Por qué no prevalece un derecho universal, o casi universal? ¿Cómo es posible que no haya sido establecido de mucho antes en el mundo entero como única y exclusiva ley que obligue legítimamente a cada hombre, y a todos los hombres, a obedecerla? ¿Cómo es posible que un ser humano haya alguna vez podido concebir que un objeto tan evidentemente superfluo, falso, absurdo y abominable como la legislación debiera ser o pudiera ser de algún provecho para el género humano, o tener un lugar que ocupar en los asuntos humanos?&lt;br /&gt;II&lt;br /&gt;La respuesta a esta pregunta es que, a lo largo de toda la historia, siempre que un pueblo ha superado el estado salvaje y ha aprendido a aumentar sus medios de subsistencia a través del cultivo de la tierra, ha habido un número, más o menos grande de hombres, en el interior de este mismo pueblo, que se ha asociado y organizado en bando de asaltadores para despojar y dominar a los demás hombres que tenían acumulado algún bien que era posible arrancarles, o que habían demostrado, con su trabajo, que se les podría obligar a contribuir al sustento o al placer de aquellos que se preparaban para dominarlos. Estas bandas de ladrones, inicialmente en pequeño número, aumentaron su poder uniéndose unas con otras, inventando armas y una disciplina guerrera, perfeccionando su organización de manera que constituyeron un ejército y dividieron entre ellos el producto de sus saqueos (incluidos los prisioneros), según una proporción acordada de antemano, o según las órdenes de los jefes (siempre deseosos de aumentar el número de sus clientes). Estas bandas de ladrones no tuvieron dificultad para triunfar, dado que aquellos a los que despojaban y dominaban se encontraban comparativamente sin defensa; se dispersaban por la región totalmente invadidos, y sirviéndose de instrumentos rudimentarios y mediante un duro trabajo, arrancaban con esfuerzo su subsistencia de la tierra; no poseían otras armas de guerra aparte de palos y piedras; ignoraban la disciplina y la organización militar, y no disponían de medios que les permitiesen concentrar sus fuerzas o actuar coordinadamente cuando se veían atacados por sorpresa. En estas condiciones, la única solución que les quedaba para salvar cuando menos su vida o la de sus hijos era la de ceder no solamente las cosechas y la tierra que cultivaban, sino también sus propias personas y los miembros de sus familias, reducidos a la esclavitud. En adelante su suerte consistiría en cultivar para otros, como esclavos, la tierra que hasta entonces habían cultivado para sí mismos. Como estaban constantemente obligados a trabajar, la riqueza iba creciendo poco a poco, pero caía por entero en manos de los tiranos. Estos tiranos, que vivían sólo del saqueo y del trabajo de sus esclavos, y dedicaban toda su energía a capturar nuevos botines y a someter a otros seres humanos indefensos; y que, además de lo dicho, aumentaban en número, perfeccionaban su organización y multiplicaban sus armas de guerra, estos tiranos, decía, prolongaron sus conquistas hasta tal punto que, hoy, les es necesario actuar de manera sistemática y cooperar entre sí tanto para conservar lo que ya poseen como para mantener a sus esclavos en la sumisión. Ello sólo es posible por medio de la instauración de lo que llaman un gobierno y de la proclamación de lo que llaman leyes. Todos los grandes gobiernos de la tierra - los que hoy existen como los que han ido desapareciendo - han tenido el mismo carácter. No pasan de simples bandas de ladrones que se han asociado con el fin de despojar, conquistar y someter a sus semejantes. Sus leyes, como acostumbran a llamarlas, no son más que pactos que juzgan útil concertar entre sí con el fin de conservar su organización, de ponerse de acuerdo para despojar y dominar a los demás, y de garantizar la parte del botín a repartir. Tales leyes no pueden obligar más que los pactos que los asaltadores, bandidos y piratas establecen unos con otros a fin de perpetrar más fácilmente sus crímenes y poder compartir con la máxima tranquilidad el producto de sus robos. Así, por tanto, en lo fundamental, toda la legislación del mundo tiene por origen la voluntad de una clase de hombres empeñados en el expolio y la dominación de los otros, la manera de como hacer de estos últimos propiedad suya.&lt;br /&gt;III&lt;br /&gt;Con el tiempo, la clase de los ladrones, o propietarios de esclavos - que se había apoderado de todas las tierras, y poseía todos los medios de creación de riqueza - empezó a comprender que la manera más fácil de manejarlos y de explotarlos no era poseyéndolos, como antes, separadamente, teniendo cada propietario un cierto número de esclavos como si de otras tantas cabezas de ganado se tratase; sino que era preferible dar a los esclavos un estrecho margen de libertad, que hiciera posible imponerles la responsabilidad de hacer frente a su propia subsistencia, obligándoles al mismo tiempo a vender su trabajo a los propietarios de las tierras -los antiguos señores- de quienes recibirían como paga lo que ellos tuvieran a bien darles. Está claro que, ya que los nuevos liberados (como algunos equivocadamente les llamaron) no tenían ni tierra ni cualquier otra propiedad o medio de subsistencia, no les quedaba otra elección, si no querían morir de hambre, que la de vender su trabajo a los propietarios de las tierras, recibiendo como paga apenas el medio de satisfacer las necesidades vitales más imperiosas, y a veces menos que eso. Los nuevos liberados, o así llamados, no estaban mucho menos esclavizados que antes. Sus medios de subsistencia tal vez fueran todavía más precarios que en otros tiempos, cuando era interés de los propietarios de esclavos mantenerlos con vida. Los ex esclavos corrían ahora el riesgo de ser despedidos, echados de sus casas, privados de empleo y hasta de la posibilidad de ganarse la vida mediante su trabajo, en el caso de que este fuese el interés o el capricho del propietario. Muchos de ellos quedaban así reducidos por la necesidad a mendigar o a robar para no morir de hambre; lo que, bien entendido, amenazaba los bienes y la tranquilidad de sus antiguos señores. Por consiguiente, los anteriores propietarios juzgaron necesario, en vistas a la seguridad de sus personas y de sus bienes, perfeccionar de nuevo su organización en cuanto gobierno, y hacer leyes que mantuvieran sumisa a la nueva clase peligrosa. Por ejemplo, leyes que fijaban el precio por el cual sus miembros estaban obligados a trabajar, y ordenaban terribles castigos, sin excluir la misma muerte, para los robos y otros delitos a los que podían verse inducidos como único medio para no morir de hambre. Tales leyes fueron aplicadas durante siglos, o, en determinados países, milenios; todavía hoy siguen siendo aplicadas, con mayor o menor severidad, en casi todos los países del mundo. El fin y los efectos de estas leyes fueron siempre los de conservar entre las manos de la clase de los ladrones, propietarios de esclavos, un monopolio sobre todas las tierras, y en la medida de lo posible, sobre todos los otros medios de creación de riqueza, manteniendo así a la gran masa de los trabajadores en un estado de pobreza y de dependencia que los obligara a vender su trabajo a los tiranos por el precio más bajo con tal que fuera suficiente para conservar la vida. El resultado ha sido que la poca riqueza que existe en el mundo se encuentra enteramente en manos de un pequeño número - en las manos de la clase que hace las leyes y posee los esclavos; clase que es hoy tan esclavista en espíritu como antes; pero así como antes cada propietario mantenía sus propios esclavos como otras tantas cabezas de ganado, hoy la clase de los propietarios efectúa sus designios por medio de las leyes que dicta a fin de mantener a los trabajadores en estado de sumisión y dependencia. Así, la legislación en su conjunto, que alcanza hoy proporciones gigantescas, tiene su origen en las conspiraciones que siempre existieron por parte de unos pocos para mantener a la mayoría dominada, para extorsionarle su trabajo y todos los beneficios de este trabajo. Los motivos reales y el espíritu que cimentaron el conjunto de la legislación - a pesar de todos los pretextos y disfraces destinados a esconderlos - son hoy los mismos que hubo en otros tiempos y que siempre existieron. El fin de la legislación es simplemente mantener a una clase de hombres bajo la dependencia y el servicio en beneficio de otra clase de hombres.&lt;br /&gt;IV&lt;br /&gt;Siendo esto así, ¿qué es pues la legislación? Es la toma, por parte de un solo hombre o grupo de hombres, de un poder absoluto, irresponsable, sobre todos los demás hombres a los que sea posible someter. Es una conquista, por un hombre o grupo de hombres, del derecho a someter a todos los demás a su voluntad y a su servicio. Es la apropiación, por un hombre o grupo, del derecho de abolir de un solo golpe todos los derechos naturales, toda la libertad natural de los otros hombres; de hacer de todos los demás hombres esclavos; de dictar arbitrariamente a todos los otros hombres lo que pueden o no pueden hacer; lo que pueden o no pueden tener; lo que pueden o no pueden ser. Es, en una palabra, la conquista del derecho a desterrar de la tierra el principio de los derechos del hombre, el propio principio de la justicia, y de poner en su lugar la voluntad, placer o intereses personales de un hombre o de un grupo de hombres. Todo esto, nada menos, es inherente a la idea de que puede existir una legislación humana que obligue a aquellos a quien es impuesta.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6662313409533785359-403718601397959186?l=textosliberales.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6662313409533785359/posts/default/403718601397959186'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6662313409533785359/posts/default/403718601397959186'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://textosliberales.blogspot.com/2008/12/el-derecho-natural-la-ciencia-de-la.html' title='El derecho natural: la ciencia de la justicia'/><author><name>Fernando Aguilera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18199502181315782658</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_ijxDXEu44ls/STwx85v8glI/AAAAAAAAAAM/hIYa63jCJY4/S220/1157325117_f.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6662313409533785359.post-7272550765129967071</id><published>2008-12-08T10:12:00.001-08:00</published><updated>2008-12-08T10:16:11.893-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Whittle'/><title type='text'>Trinity (fragmento)</title><content type='html'>Por Bill Whittle (&lt;a href="http://www.ejectejecteject.com/"&gt;http://www.ejectejecteject.com/&lt;/a&gt;)&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Traducción por Mike@&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;[…] El capitalismo pone nerviosa a mucha gente. &lt;em&gt;Simplemente. No. Pueden. Soportarlo.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Ahora bien, yo he venido pensado desde hace tiempo sobre esto, y desde cualquier ángulo en que lo mire, llego siempre a la misma sorprendente conclusión, a saber:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lugar donde uno se sitúe en el espectro político y lo que uno piense de la gente rica y la gente pobre, las naciones ricas y las pobres, y de cómo éstas deben comportarse en el mundo se reduce, en mi mente, a una y sólo una cuestión: &lt;strong&gt;&lt;em&gt;¿La riqueza puede crearse, o sólo puede ser redistribuida?&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Si usted cree, como yo, que la riqueza puede ser manufacturada de la nada, entonces no hay límite a la cantidad de riqueza que usted puede amasar. Y como está siendo creada de la nada, no existe ninguna culpa moral en que usted haga dinero, porque usted trabajó duro para crearlo y no se lo ha robado a nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay una expresión para esto: &lt;em&gt;usted se lo ha ganado&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que es más... como la caridad depende del exceso de riqueza (capacidad en exceso), mientras uno más haga para sí mismo, mejor para los demás. Usted podría tirar la plata para caridad por la ventana, si así de duro fuera su corazón; eso no cambia el hecho de que usted gastará dinero para obtener las cosas que desea, y mientras más tenga, más podrá gastar. Ese dinero &lt;em&gt;va a otras personas&lt;/em&gt;. Este intercambio es llamado "la economía", y las sociedades ricas lo son porque han entendido en sus huesos esta pieza central del pensamiento capitalista: &lt;em&gt;la riqueza puede ser creada de la nada, por el ingenio humano y el trabajo duro.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Ahora bien, la gente de izquierda siente en sus tripas una revulsión hacia los ricos y la riqueza, porque cuando ven riqueza asumen naturalmente que le fue robada a los que no tienen ninguna, o sea, los pobres. Ese ricachón en un jet privado obviamente le ha quitado la riqueza a la gente pobre y es por consiguiente un criminal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando uno piensa en todos los manifestantes que se ven en TV, ya sea que estén en contra del "imperialismo", o la globalización, o las corporaciones, o se autodenominen Defensores de los Pobres Tanto En EE.UU. Como En Las Naciones Pobres del Mundo... toda esta furia y resentimiento hirviente, todas estas amargas diatribas, pueden atribuirse, a fin de cuentas, a haber elegido creer que hay una cantidad limitada de riqueza en el mundo, y que los ricos (la gente y las naciones) obtienen y mantienen sus fortunas robando la prosperidad de los débiles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto es tan idiota, tan demostrablemente falso, que uno realmente se pone a pensar por qué estamos teniendo esta discusión en primer lugar. Todo el dinero que le deben las naciones pobres a las ricas --dinero que les fue prestado para ayudar a que se levantaran de la pobreza y que fue derrochado en palacios para dictadores y Proyectos de Prestigio Socialista tales como Aeropuertos Internacionales en el Medio de la Nada--, todo este dinero sumado es apenas un pequeño porcentaje de la riqueza generada por las naciones ricas en un solo año. La idea de que los Estados Unidos pueden robar 10 trillones de dólares al año a naciones paupérrimas que no producen nada de valor es absolutamente &lt;strong&gt;&lt;em&gt;demencial&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, y aún así, y aún así, la seguimos escuchando una y otra y otra y otra vez de los Profesionales del Agravio, que deben de ser obtusos más allá de la comprensión humana para continuar haciendo de esta absurda mentira la base de su entera filosofía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si podemos probar que nuestro principio fundamental es correcto, o sea, que la riqueza está limitada sólo por la imaginación y el deseo de trabajar duro, entonces no sólo la teoría económica de la izquierda se viene abajo como una estatua de Lenin… su entera visión del mundo tiene que tener un defecto fatal también. Porque si los EE.UU. generan tanta riqueza como para&lt;em&gt; ser capaces de comprar petróleo a los precios fijados por el vendedor --consultar la realidad para la confirmación de este molesto hecho&lt;/em&gt;--, entonces tal vez los EE.UU. no están en Iraq o Afganistán para robar el petróleo de los pobres árabes. Debe de haber alguna otra razón para eso. Algo completamente incomprensible y desconocido… Seguridad Nacional, por ejemplo, o simple disgusto con la tortura y la represión y el terrorismo. Cosas como esas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Métanse esto en la cabeza, socialistas tontitos! No existe una gran olla de riqueza llena de Auténtico Sudor Mágico de Obreros del Tercer Mundo, de la cual EE.UU. roba usando su poderío militar cuando se le acaba la riqueza en casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí hay algo que aún el más lerdo manifestante hippie/poeta debería ser capaz de aprehender con su mente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Usted compra un block de hojas: &lt;strong&gt;u$s 1,29&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Usted roba una BIC del mostrador de Kinko's: &lt;strong&gt;gratis&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Usted escribe el guión de "Weekend at Bernie's 3: Bernie's Revenge": &lt;strong&gt;gratis&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Usted contrata alguien para tipearlo: &lt;strong&gt;u$s 30,00&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Usted hace 5 copias en Kinko's: &lt;strong&gt;u$s 62,20&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Usted envía las 5 copias por correo: &lt;strong&gt;u$s 7,82&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Cinco idiotas en Hollywood se enamoran de la idea: &lt;strong&gt;gratis&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Los cinco idiotas compiten con ofertas para usted: &lt;strong&gt;gratis&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Usted recibe un cheque por: &lt;strong&gt;UN MILLON DE DÓLARES&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Veamos, u$s 1.000.000 menos los u$s 101,30 de gastos... uhh... significa que usted, el Idiota del Pueblo, ha aumentado el Producto Bruto Interno en... uhh... &lt;em&gt;un millón de dólares&lt;/em&gt;, y ha hecho una ganancia personal de u$s 999.898 con 69 centavos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿De dónde salieron esos u$s 999.898,69? &lt;strong&gt;¡Del aire!&lt;/strong&gt; Usted los creó, de la nada. Usted agregó valor al papel y tinta con los que empezó. Con su talento monumental, su magnífico intelecto y la pluma que haría a Shakespeare llorar de envidia, usted ha creado WB3. Usted les ha dado a millones de personas dos horas de descostillante hilaridad, por la que ellos pagarán u$s 8 por cabeza, y usted ha creado riqueza. Lo que es más, cuando usted vaya y se gaste la plata en esas bazofias materiales que hacen la vida más divertida, usted estará aportándole riqueza al distribuidor de Sea-Doo, al dealer de BMW, a las chicas de Cheetah's en Las Vegas y a todos los demás. Sin mencionar el aporte de, qué sé yo… alrededor de &lt;em&gt;medio millón de dólares&lt;/em&gt; en welfare, Seguridad Social, Medicare, el Fondo Nacional de las Artes y el primer submarino volador a fusión nuclear y con armas láser, el &lt;em&gt;USS George W. Bush.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Usted no necesitó robarle u$s 999.898,69 a un granjero en Angola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y del mismo modo en que su guión de WB3 vale más que el costo del papel y la tinta usados para escribirlo, también mi Ford Escort ZX2 2000 vale más que el bloque de metal, el silicio de los cristales, los químicos para los plásticos y los neumáticos, y el costo de la fábrica, la electricidad para operarla, y el salario de quienes lo construyeron. Ese auto, como ese guión, tiene mayor valor que los materiales que lo componen. Por medio del ingenio humano, el valor es agregado. &lt;em&gt;La riqueza se crea de la nada.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se crea más riqueza relativa al construir un Learjet que al hacer un lápiz, pero obviamente, hay muchos más lápices que Learjets. Cada vez que construimos alguno de los dos, o cualquiera de las millones de cosas que existen en el medio, creamos riqueza. &lt;em&gt;De la nada&lt;/em&gt;. No fuimos y tomamos el dinero a punta de bayoneta de algún campesino que trata de ganarse su magro sustento diario en algún lugar, y si escucho esa mentira otra vez de alguno de esos &lt;em&gt;magníficamente&lt;/em&gt; densos, ciegos y ensoberbecidos idiotas, de ahora en más los voy a patear en las bolas. No tenemos por qué volver una y otra vez sobre algo tan simple, tan básico y totalmente &lt;strong&gt;obvio.&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6662313409533785359-7272550765129967071?l=textosliberales.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6662313409533785359/posts/default/7272550765129967071'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6662313409533785359/posts/default/7272550765129967071'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://textosliberales.blogspot.com/2008/12/trinity-fragmento.html' title='Trinity (fragmento)'/><author><name>Mike</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_7bj6iQ9MDyM/S9Rlw10WIUI/AAAAAAAAGxk/q2dqiS56mLY/S220/NS05.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6662313409533785359.post-1930601677046391605</id><published>2008-12-08T10:04:00.000-08:00</published><updated>2008-12-08T10:10:39.526-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hayek'/><title type='text'>El Camino de la Servidumbre (resumen)</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:85%;"  &gt;Introducción&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt; &lt;/span&gt;&lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;br /&gt;Los estudiantes de la historia de las ideas difícilmente puedan dejar de apreciar algo más que una similitud superficial entre la tendencia del pensamiento alemán después de la I Guerra Mundial y la tendencia del pensamiento actual en las democracias occidentales. Hasta hace muy poco tiempo, las políticas socialistas de los gobiernos alemanes eran consideradas como un modelo para los "progresistas", de la misma forma en que han sido consideradas las de Suecia más recientemente. Pocos han tenido el coraje de reconocer que el ascenso del fascismo y del nazismo no ha sido una reacción contra el socialismo anterior sino precisamente su consecuencia, y que los conflictos entre la "derecha" del nacionalsocialismo y la "izquierda" comunista no han sido sino luchas entre fracciones socialistas rivales.&lt;br /&gt;Actualmente (1944) existe entre las democracias occidentales la misma determinación, típica de Alemania después de la I Guerra Mundial, de preservar el tipo de organización nacional en la paz que había servido para los fines de la guerra. Hay el mismo menosprecio por el liberalismo del siglo XIX, el mismo espurio "realismo" e incluso el mismo cinismo y la misma aceptación fatalista de las "tendencias inevitables" de la economía. Tal parece como si existiera un rechazo a aprender de las lecciones de la historia.&lt;br /&gt;A través de todo el libro utilizo el término "liberal" en el sentido original del siglo XIX que todavía es habitual en Inglaterra. Sin embargo, con frecuencia su uso habitual en Estados Unidos viene a significar casi exactamente lo contrario. Ha sido parte del camuflaje del movimiento izquierdista de ese país, ayudado por la confusión de muchos que realmente creen en la libertad, que "liberal" haya venido a significa la defensa de casi todo tipo de control gubernamental. Todavía me resulta enigmático por qué los que verdaderamente creen en la libertad en Estados Unidos no sólo permitieron que se apoderara de este término, prácticamente indispensable, sino que casi la ayudaron al comenzar ellos mismos a utilizarlo como término de oprobio. Esto parece particularmente lamentable dado la consiguiente tendencia de los verdaderos liberales a describirse a si mismos como conservadores.&lt;br /&gt;Es cierto, por supuesto, algunas veces, en la lucha contra los que creen en el estado todopoderoso, los verdaderos liberales tienen que hacer causa común con los conservadores y, en algunas circunstancias, como en la Gran Bretaña contemporánea, difícilmente tengan otra forma de trabajar activamente por sus ideales. Pero el verdadero liberalismo sigue siendo muy distinto del conservadurismo, y el conservadurismo, aunque un elemento necesario en cualquier sociedad estable, no es un programa social; en sus tendencias paternalistas, nacionalistas y adoradoras del poder frecuentemente está más cerca del socialismo que el verdadero liberalismo; y con sus propensiones tradicionalistas, anti-intelectuales y frecuentemente místicas, nunca, excepto en cortos períodos de desilusión, resultará atractivo para los jóvenes y para todos los que creen que algunos cambios son deseables si este mundo ha de convertirse en un lugar mejor. Un movimiento conservador, por su propia naturaleza, está obligado a defender los privilegios establecidos y apoyarse en el poder del gobierno para la protección de esos privilegios. Sin embargo, lo esencial de la posición liberal es la negación de todo privilegio, si por privilegio se entiende, en su sentido propio y original, un estado que garantiza y protege derechos disponibles para algunos y no para otros (1).&lt;br /&gt;------------------------------------------&lt;br /&gt;(1) La sociedad norteamericana contemporánea se ha alejado enormemente del ideal liberal. La izquierda americana, que se siguen llamando "liberal" dentro del Partido Demócrata, está integrada por los modernos herederos del utopismo comunista. Consideran al estado como el instrumento idóneo para resolver todos los problemas de la sociedad. Han construido un enorme estado de beneficencia social (welfare state) y luchan por proteger privilegios, como la acción afirmativa, para determinados grupos como negros y mujeres, homosexuales, inválidos, viejos, veteranos y muchos otros. Y, a través del llamado "multiculturalismo" están impulsando la balcanización del país.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;Capítulo I&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;El Camino Abandonado&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Desde por lo menos 25 años antes de que el espectro del totalitarismo se convirtiera en una amenaza real, nos hemos estado alejando de las ideas básicas que han servido de fundamento a la civilización occidental. Hemos ido renunciando progresivamente a la libertad en los asuntos económicos. Sin embargo, sin esa libertad en los asuntos económicos, la libertad política y personal nunca ha existido en el pasado. Aunque hemos sido advertidos por los más grandes pensadores políticos del siglo XIX como De Tocqueville y Lord Acton, de que el socialismo significa esclavitud, nos hemos estado moviendo precisamente en la dirección del socialismo.&lt;br /&gt;Nos hemos estado alejando rápidamente no sólo de las ideas de Adam Smith y Hume, sino de las de Locke y Milton, y hasta de las características básicas de la civilización occidental establecidas por el cristianismo y la filosofía de los griegos y los romanos. Se ha estado abandonando progresivamente el individualismo básico de Erasmo y Montaigne, de Cicerón y Tácito, de Pericles y Tucídides. El individualismo se ha convertido en una mala palabra, y se ha querido hacer sinónimo de mezquindad y de egoísmo. Esto es completamente erróneo. El individualismo es el opuesto del socialismo, el fascismo y las demás formas de colectivismo. Los rasgos esenciales del individualismo se han derivado de elementos cristianos y de la filosofía de la antigüedad clásica que se cristalizaron por primera vez en el Renacimiento, y que se siguieron desarrollando en lo que conocemos hoy como la civilización occidental (2).&lt;br /&gt;La progresiva transformación de un rígido sistema jerárquico e otro sistema en donde los hombres pudieran intentar escoger su propio camino y donde hubiera la posibilidad de escoger entre diversas formas de vida, se encuentra íntimamente relacionado con el desarrollo del comercio. Una nueva perspectiva de la vida fue extendiéndose junto con el comercio desde las ciudades comerciales del norte de Italia hacia el norte y el oeste, a través de Francia y del suroeste de Alemania hasta Holanda y las islas británicas, echando profundas raíces dondequiera que no hubiera algún despotismo que pudiera asfixiarla.&lt;br /&gt;Fue en Holanda y en Inglaterra donde el comercio pudo desarrollarse mejor y convertirse en el fundamento de la vida política y social de esos países. Y fue de ahí que, a fines de los siglos XVII y XVIII comenzó de nuevo a extenderse, en una forma más desarrollada, hacia el este y el oeste, hacia el Nuevo Mundo y el centro de Europa, donde la opresión política y guerras devastadoras habían asfixiado los tempranos inicios de un desarrollo similar.&lt;br /&gt;Durante todo este período moderno de la historia de Europa, la dirección general del desarrollo social había sido hacia la liberación del individuo de las tradiciones culturales que lo mantenían limitado en sus actividades ordinarias. La consciencia de que los esfuerzos espontáneos de los individuos eran capaces de producir un orden complejo de actividades económicas, como era el mercado, sólo pudo producirse después que ese desarrollo hubo hecho algún progreso. La subsiguiente elaboración de una argumentación coherente a favor de la libertad económica fue el resultado del libre crecimiento de esa actividad económica que, a su vez, había sido el resultado, espontáneo e imprevisto, de la libertad política.&lt;br /&gt;Quizás si el mayor resultado del desencadenamiento de las energías individuales fue el maravilloso crecimiento de la ciencia que siguió la marcha de la libertad individual de Italia a Inglaterra, y más allá. Por supuesto que en otras épocas la capacidad de invención no había sido menor. Sin embargo, en otras épocas, los intentos de extender el uso de las invenciones mecánicas había sido rápidamente suprimido y el anhelo de cocimiento había sido sofocado. La concepción dominante en la mayoría se utilizaba como justificación para rechazar al innovador individual. Sólo desde que libertad industrial abrió el camino para explorar nuevos conocimientos, sólo cuando todo pudo ensayarse -si se podía encontrar a alguien que lo respaldara a su propio riesgo- fue que la ciencia comenzó a avanzar con pasos de gigante.&lt;br /&gt;Lo que el siglo XIX añadió al individualismo del período precedente fue la consciencia de la libertad, el desarrollo sistemático de lo que había ido creciendo de manera espontánea, y extender esas ideas de Inglaterra y Holanda al resto de Europa.&lt;br /&gt;Los resultados de este crecimiento superaron todas las expectativas. Dondequiera que se eliminaron las barreras al libre ejercicio del ingenio humano, el hombre pudo satisfacer un diapasón cada vez más amplio de sus necesidades (3). Y aunque el aumento del nivel de vida llevó a descubrir rápidamente aspectos tenebrosos de la sociedad, aspectos que la gente ya no estaba dispuesta a tolerar, el progreso llegó a todos los estratos de la sociedad. Lógicamente, el éxito desarrolló la ambición. Pronto, lo que había sido una deslumbradora promesa dejó de parecer suficiente. Se percibió el ritmo del progreso como muy lento, y los mismos principios que habían hecho posible ese progreso comenzaron a percibirse como obstáculos para un progreso todavía más rápido.&lt;br /&gt;Los principios básicos del liberalismo no se oponen en lo más mínimo al cambio. El principio fundamental del liberalismo: que para el ordenamiento de nuestros asuntos debemos hacer tanto uso como sea posible de las fuerzas espontáneas de la sociedad, y recurrir tan poco como sea posible a la coerción, es capaz de infinitas variaciones. Y, por supuesto, también ha progresado nuestra comprensión de las fuerzas sociales y de las condiciones más favorables para que esos principios funcionen de la mejor manera posible. (pág. 18)&lt;br /&gt;En realidad, la pérdida de popularidad del liberalismo se explica, en cierta medida, por su propio éxito. Ha venido a ser considerado un credo "negativo" porque no puede ofrecerle a los individuos otra cosa que una participación en el progreso general. Sin embargo, ya no se reconoce que ese progreso ha sido precisamente el resultado de la política liberal de libertad. Todo lo contrario, los hombres se han acostumbrado tanto a su nueva prosperidad que ahora las desigualdades les parecen insoportables e injustificadas. Ahora, la gran pregunta no es por qué algunos llegan a la riqueza, sino por qué no todos somos ricos.&lt;br /&gt;En este cambio de perspectiva ha jugado un papel decisivo la transferencia acrítica al terreno social de los hábitos intelectuales engendrados por los hábitos del ingeniero. Desde hace tiempo se pretende desplazar los anónimos e impersonales mecanismos del mercado por la dirección "consciente" de todas las fuerza sociales para poder alcanzar objetivos deliberadamente escogidos. En este proceso, ha sido muy importante que Inglaterra haya perdido su hegemonía cultural alrededor de 1870 y que ésta fuera pasando a Alemania. Hegel, List, Marx, Sombart y Mannheim se convirtieron e los pensadores más influyentes del mundo interpretando las ideas liberales como simples racionalizaciones de intereses egoístas.&lt;br /&gt;2) Actualmente, la arremetida contra la civilización occidental en Estados Unidos es directa. Bajo las banderas del llamado multiculturalismo, en numerosas universidades se han abandonado o rebajado drásticamente los tradicionales estudios sobre civilización occidental. Recientemente, la Universidad de Yale rechazó una donación de $20 millones (!) simplemente porque el donante quería que se invirtieran en el fortalecimiento de esos estudios tradicionales. Los multiculturalistas consideran que esos estudios son eurocéntricos (es decir, de interés sólo para descendientes de europeos y no de los mexicanos, chinos, vietnamitas, etc., que viven en Estados Unidos), racistas (de interés sólo para blancos) machistas (de interés sólo para varones) y homófobos (saturados de un temor patológico a los homosexuales). Y esto se ha convertido, en el decursar de las últimas tres décadas, en la ideología dominante en los medios académicos y de comunicación en Estados Unidos. No es extraño que los disidentes cubanos hayan encontrado tan poco apoyo en ellos. Quizás resida aquí una de las claves ocultas de la supervivencia del régimen de Fidel Castro.&lt;br /&gt;(3) Las consecuencias para la especie humana fueron incalculables. La población de Europa, la más adelantada del planeta, se había mantenido estática durante siglos. Pero, a partir del siglo XVIII, su crecimiento comenzó a acelerarse. Creció de 140 millones en 1750 a 187 millones en 1800, a 266 millones en 1850. Pero este crecimiento no se limitó a los países europeos sino que se extendió al mundo entero. La población de Asia, por ejemplo, creció en 300 millones en este mismo tiempo. La explosión demográfica, la mejor demostración de la efectividad del capitalismo, ha seguido incontenible hasta el día de hoy. Y, a pesar de todo, el crecimiento de la productividad del trabajo siempre se ha mantenido siempre por delante del crecimiento demográfico.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;Capítulo II&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;La Gran Utopía&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El extraordinario que el socialismo haya desplazado al liberalismo como la doctrina "progresista" de nuestro tiempo. Es extraordinario teniendo en cuenta que el socialismo fue reconocido tempranamente como una peligrosa amenaza para la libertad. No sólo eso. El socialismo comenzó como una reacción abierta contra el liberalismo de la Revolución Francesa. Ahora casi nadie recuerda que, en sus orígenes, el socialismo era francamente autoritario. Los escritores franceses que pusieron las bases del socialismo moderno no tenían la menor duda de que sus ideas sólo podían ser puestas en práctica mediante un gobierno dictatorial.&lt;br /&gt;Sólo bajo la influencia de las fuertes corrientes democráticas que precedieron la revolución de 1848 comenzó el socialismo a aliarse con las fuerzas de la libertad. Nadie vio esto más claramente que Tocqueville.&lt;br /&gt;"La democracia extiende la esfera de la libertad individual" dijo Tocqueville en 1848, "el socialismo la restringe. La democracia le da todo el valor posible a cada hombre; el socialismo hace de cada hombre un simple agente, un número. La democracia y el socialismo no tienen nada en común sino una palabra: igualdad. Pero observen la diferencia: mientras la democracia busca la igualdad en la libertad, el socialismo busca la igualdad en la restricción y la servidumbre".&lt;br /&gt;Para acallar esas sospechas y convertir el poderoso anhelo de libertad en un aliado, el socialismo comenzó a hacer, cada vez más, promesas de una "nueva libertad". Era la libertad económica sin la que, supuestamente, la libertad política "carecía de significado". Sólo el socialismo era capaz de hacer culminar la vieja lucha por la libertad humana, en la que la libertad política no era sino el primer paso. Por supuesto, hubo que cambiar el significado de la palabra "libertad" para hacer plausible este argumento. Para los creadores del concepto de la libertad política, ésta había sido siempre la libertad de la coerción, la libertad del poder arbitrario de otros hombres. Pero la "nueva" libertad era la eliminación de las circunstancias que limitan nuestras opciones. En este sentido, sólo venía a ser un sinónimo de poder o riqueza.&lt;br /&gt;La promesa era que las disparidades en las opciones de la gente iban a desaparecer. La demanda de la nueva libertad no era sino otro nombre para la vieja demanda de la distribución igualitaria de la riqueza. Esta promesa llevó a muchos liberales por el camino socialista, cegándolos al ineludible conflicto que existe entre socialismo y liberalismo. Engañados, abrazaron al socialismo como si fuera el legítimo heredero de la tradición liberal.&lt;br /&gt;Resulta particularmente significativa, y digna de observar, la relación entre fascismo y comunismo, y la facilidad con que se hace el tránsito de una ideología a la otra. Es verdad que ambas ideología compitieron en los años 30, pero ambas representan la misma ideología colectivista y antiliberal y compitieron por el mismo tipo de mentalidad (3). Sin embargo, ninguna de las dos podían convencer a los liberales de viejo tipo. El socialismo democrático ha sido la gran utopía de las últimas generaciones. Es una idea inalcanzable, y luchar por ella provoca efectos tan radicalmente opuestos a los que se persiguen que cuesta trabajo aceptar su necesaria vinculación.&lt;br /&gt;------------------------------------------&lt;br /&gt;(4) Son muy significativos los elementos fascistas en la ideología multiculturalista de los liberales contemporáneos, con su nihilismo básico.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;Capítulo III&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;Individualismo y Colectivismo&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Es imprescindible tener en cuenta que el socialismo no sólo significa un objetivo de mayor igualdad y seguridad sino también un método: la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, y la creación de un sistema de "economía planificada" en la que un organismo de planificación central sustituye a los empresarios que trabajan por una ganancia (5).&lt;br /&gt;Es necesario subrayar que la discusión sobre el socialismo no puede limitarse a los fines sino que también tiene que comprender los medios que hacen falta para conseguir esos fines. Porque el problema es que los métodos para conseguir una distribución igualitaria siempre son iguales, lo mismo sirvan para beneficiar a una raza superior que a los miembros de una aristocracia.&lt;br /&gt;La discusión entre los modernos planificadores y sus oponentes gira en torno a cuál es la mejor forma de conseguir nuestros objetivos. Lo que se discute es si una utilización racional de los recursos exige una dirección centralizada o si es mejor limitarse a crear las condiciones para que sean los individuos los que puedan planificar de la mejor manera posible.&lt;br /&gt;El pensamiento liberal no es defensor de ningún status quo. Considera sencillamente que la mejor manera de coordinar los esfuerzos humanos es mediante la competencia. Pero para que la competencia pueda funcionar exitosamente hay que crear un marco legal bien reflexionado. La competencia es el único método mediante el que podemos coordinar nuestras actividades sin la intervención arbitraria de alguna autoridad. Por supuesto, el mantenimiento de la competencia es perfectamente compatible con la prohibición de usar substancias tóxicas, la limitación de las horas de trabajo o la exigencia de ciertas condiciones sanitarias. En ese sentido, el único problema es determinar si las ventajas que se consiguen son mayores que los costos sociales que imponen.&lt;br /&gt;Obviamente, el funcionamiento de la competencia requiere, y depende, de condiciones que nunca pueden ser totalmente garantizadas por la empresa privada. La intervención estatal siempre es necesaria pero la planificación y la competencia sólo pueden combinarse cuando se planifica para la competencia, no en contra de ella.&lt;br /&gt;-------------------------------------------&lt;br /&gt;(5) En el mundo posterior a la Guerra Fría, habría que redefinir la política económica colectivista. Fracasados sus dogmastradicionales básicos (su desprecio por el mercado, su pasión por la estatización o nacionalización de las empresas) ahora parece caracterizarse por la enorme cantidad de regulaciones burocráticas con que el gobierno central abruma a la empresa privada (que en EEUU incluyen la acción afirmativa) así como por la excesiva carga tributaria necesaria para mantener su inmenso aparato burocrático de beneficencia social.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;Capítulo IV&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;La "inevitabilidad" de la planificación&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Se habla mucho de que la planificaciones es inevitable. Se dice que los cambios tecnológicos han hecho imposible la competencia en toda una serie de campos, y que la única opción que nos queda es el control de la producción o bien por los monopolios privados o bien por el gobierno. En gran medida, esta tesis se deriva de la doctrina marxista de la "concentración de la industria".&lt;br /&gt;La supuesta causa tecnológica del crecimiento de los monopolios es la superioridad de la empresa grande sobre la pequeña, debido a la superior eficiencia de los métodos modernos de producción en masa. Sin embargo, la superioridad de la gran empresa no ha sido demostrada nunca. Frecuentemente, los monopolios son producto de otros factores como los acuerdos secretos o una deliberada política gubernamental. No constituyen ninguna tendencia "necesaria" del capitalismo. Si así fuera, hubieran aparecido primero en los países de capitalismo más desarrollado. Pero no fue así. Los monopolios aparecieron primero en Estados Unidos y Alemania, países de capitalismo joven. El crecimiento de los monopolios y carteles en Alemania desde 1878, fue una política deliberada del gobierno alemán. Fue el primer gran experimento en "planificación científica" y "organización consciente de la industria". El supuesto "inevitable" desarrollo del capitalismo en "capitalismo monopolista" fue simplemente una idea popularizada por teóricos alemanes, particularmente Sombart. Cuando EEUU siguió una política altamente proteccionista a principios del siglo XX, esto pareció confirmar sus generalizaciones.&lt;br /&gt;La afirmación de que la complejidad de la civilización industrial moderna hace necesaria la planificación central revela una falta de comprensión sobre la verdadera función de la competencia. Lejos de sólo ser apropiada para condiciones relativamente simples, es la misma complejidad de la división del trabajo en las condiciones modernas es lo que hace de la competencia el único método eficiente para poder conseguir esa coordinación. Es precisamente cuando los factores a tomar en cuenta son tan numerosos que es imposible conseguir una visión de conjunto sobre los mismos, cuando la descentralización se hace verdaderamente imprescindible.&lt;br /&gt;En efecto, el mercado en un sistema que registra automáticamente todos los actos individuales relevantes y permite a los empresarios ajustar sus actividades a las de los demás con sólo observar el comportamiento de unos cuantos precios. Los esfuerzos individuales se coordinan así mediante un mecanismo impersonal que trasmite la información relevante.&lt;br /&gt;Una de las razones que explican que haya tantos expertos que apoyen la planificación centralizada estriba en que los ideales técnicos que cada uno persigue pudieran ser alcanzados, si sólo cada uno de ellos pudiera convertirse en el único objetivo único a conseguir. Una de las razones que alimenta la rebelión de los especialistas contra el sistema es, precisamente, que sus ideales son inalcanzables. Lo que les resulta difícil de comprender a los especialistas es que cada uno de esos objetivos sólo puede ser alcanzado mediante el sacrificio de los demás (6). Lo que agrava la dificultad de la tarea es que hay que balancear lo que nos importa mucho con otros factores en los que estamos mucho menos interesados.&lt;br /&gt;El movimiento a favor de la planificación deriva mucho de su fuerza de reunir a todos los idealistas unidireccionales, a todos los hombres y mujeres dedicados a la persecución de un solo ideal. Pero su devoción a la planificación no es el resultado de una amplia visión de la sociedad sino, todo lo contrario, de una exagerada valoración de sus estrechos intereses. Probablemente sean los más peligrosos para poner al frente de la sociedad porque del idealista unidireccional al fanático no suele haber más que un paso.&lt;br /&gt;---------------------------------------&lt;br /&gt;(6) Un caso que viene a la mente es el de los ambientalistas o "verdes" contemporáneos, cuyos grupos extremistas aspiran a eliminar... ¡el crecimiento económico!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;Capítulo V&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;Planificación y democracia&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El rasgo común de todos los sistemas colectivistas es la deliberada organización de toda la actividad de los individuos en función de un objetivo social definido, rechazando cualquier área donde los intereses individuales sean lo más importante. Ahora bien, el bienestar de millones no puede ser medido en una sola escala, depende de muchas cosas que sólo pueden conseguirse mediante una infinita variedad de combinaciones. Es por eso que ese bienestar de millones no puede ser expresado mediante un objetivo único sino gracias a una gran jerarquía de objetivos en las que las necesidades de cada persona ocupan un cierto lugar. Pretender dirigir nuestras actividades mediante un plan único significaría poder darle a cada una de nuestras necesidades un lugar en un orden de valores entre los que el planificador tendría que poder escoger. Pero eso es simplemente imposible. ¿Cómo decidir, por ejemplo, dónde ubicar recursos necesariamente limitados? ¿En un nuevo hospital en el campo? ¿En una máquina sofisticada para un centro de investigación? ¿En un aumento de salarios a los maestros? Por otra parte, esto también requeriría un código ético completo porque sería la única forma de poder establecer algún tipo de priorización.&lt;br /&gt;Por supuesto, no estamos acostumbrados a pensar en códigos morales completos. Constantemente estamos escogiendo entre diferentes valores sin que haya un código social que nos señale qué deberíamos escoger. En realidad, el desarrollo de la civilización ha ido acompañado de la progresiva disminución de reglas de conducta fijas para orientar la acción. El hombre primitivo rodeaba de un elaborado ritual casi todas sus actividades cotidianas y estaba limitado por una infinidad de tabúes. Ni siquiera hubiera soñado con hacer las cosas de manera diferente a los demás miembros de la tribu. Ha sido el desarrollo de la civilización, precisamente, el que ha ido disminuyendo el número de esas reglas y haciéndolas más generales.&lt;br /&gt;La filosofía del individualismo no está basada en la idea de que el hombre deba ser egoísta. En lo que está basada es en la aceptación de la imposibilidad de incluir en nuestra escala de valores algo más que un pequeño sector de las necesidades del conjunto de la sociedad. De aquí, la imposibilidad de un plan social único. Las únicas escalas de valores son las parciales, que son diferentes entre un individuo y otro y que frecuentemente son contradictorias. De esto, el liberalismo concluye que, dentro de ciertos límites, se le debería permitir a los individuos perseguir sus propios valores sin interferencia de los demás. Esto no excluye el reconocimiento de la coincidencia de objetivos individuales que hace posible y conveniente la asociación para conseguirlos. Pero esa acción conjunta está limitada a los casos en que esos puntos de vista individuales coinciden.&lt;br /&gt;Es el precio de la democracia que las posibilidades de un control consciente se encuentren restringidas a los campos en donde haya un acuerdo real y que, en otras áreas, haya que dejar las cosas al azar. La democracia es esencialmente un invento para salvaguardar la paz interna y la libertad individual. No tiene nada de infalible ni de seguro. La planificación y la democracia chocan porque la planificación exige cierta supresión de la libertad.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;Capítulo VI&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;La planificación y el imperio de la ley&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Nada distingue mejor a un país libre de un país bajo un gobierno dictatorial que la observancia del llamado imperio de la ley o estado de derecho (rule of law). Despojado de todo tecnicismo, el imperio de la ley (o estado de derecho) significa que todas las acciones del gobierno están limitadas por reglas establecidas y anunciadas previamente, reglas que permiten preveer con certeza la forma en que las autoridades utilizarán sus poderes de coerción y que, de esa forma, permiten planificar la actividad individual.&lt;br /&gt;Toda ley restringe en alguna medida la libertad individual al determinar los medios que pueden utilizarse para conseguir ciertos fines. Sin embargo, bajo el estado de derecho el gobierno no puede frustrar los esfuerzos individuales mediante medidas ad hoc, o específicamente dirigidas a conseguirlo. Bajo el imperio de la ley, el gobierno se limita a fijar las condiciones de utilización de los recursos disponibles mediante reglas formales que no están dirigidas a la solución de ningún problema en particular. Son, simplemente, los medios establecidos para conseguir los fines individuales. Están concebidas para un período de tiempo lo suficientemente largo como para que sea imposible saber por anticipado a quien van a beneficiar. Ayudan a la gente a predecir el comportamiento de aquellos con quienes tienen que colaborar, mas bien que a satisfacer necesidades particulares. Es, para poner un ejemplo, como el sistema de signalización de las carreteras, establece las reglas pero no le dice a nadie a dónde ir.&lt;br /&gt;La planificación económica colectivista es justamente lo opuesto. La autoridad planificadora no puede limitarse a proporcionar oportunidades para que personas desconocidas hagan con ellas lo que estimen conveniente. No puede amarrarse a reglas formales que limiten su acción. Y esto es así porque los planificadores tienen que resolver necesidades concretas en la medida en que éstas vayan apareciendo. Constantemente tienen que resolver problemas que, inevitablemente, dependen de las circunstancias y, al tomar esas decisiones, están obligados a balancear unos intereses contra otros. Al final, los puntos de vista de alguien tendrán que decidir cuáles intereses son los más importantes, y esa decisión se convertirá en una ley que habrá que imponer por la fuerza, independientemente de cualquier reglamentación anterior y de cualquier "formalismo" preestablecido. El mercado permite guiarse por leyes generales fijas pero la dirección "consciente", por el contrario, necesita estarse reorientando constantemente. Por consiguiente, no puede permitir que una reglamentación anterior, cuyos resultados no habían sido previstos, venga a estorbar o perjudicar los objetivos que ella misma se ha fijado.&lt;br /&gt;Esta distinción entre leyes formales (que establecen las condiciones en que los individuos persiguen sus fines) y leyes sustantivas (en las que el estado trata de conseguir directamente ciertos fines) es muy importante aunque, al mismo tiempo, es difícil de precisar en la práctica.&lt;br /&gt;El estado debe limitarse a establecer reglas para situaciones generales y debe permitir plena libertad a los individuos en todo lo que tenga que ver con las condiciones concretas porque sólo ellos pueden conocer plenamente las circunstancias de cada caso y adaptar sus acciones a las mismas. Si los individuos han de poder hacer planes efectivos, tienen que poder predecir las acciones gubernamentales que puedan afectar esos planes. Y si esas acciones han de ser predecibles, tendrán que estar determinadas por reglas independientes de las condiciones concretas.&lt;br /&gt;Por el contrario, si es el gobierno el que ha de dirigir las acciones individuales para conseguir sus propios fines, esa dirección tendrá que basarse en las cambiantes circunstancias del momento y, por lo tanto, será necesariamente impredecible. Mientras más planifique el estado, menos podrá planificar el individuo.&lt;br /&gt;Una de dos. Si estado tiene que poder prever los resultados de sus acciones, no podrá dejar ninguna opción a los afectado por ellas. Y si queremos dejar opciones a la gente, los resultados de la acción gubernamental tendrán que ser imprevisibles. Las reglas generales, a diferencia de las reglas específicas o sustantivas, tienen que operar en circunstancias que no puedan ser previstas en detalle. Ser imparcial significa no tener respuesta para ciertas preguntas.&lt;br /&gt;La planificación implica elegir entre las necesidades de diferentes personas y permitirle a alguien lo que habrá que prohibirse a otro. Tiene que hacer obligatorio lo que se le permitirá, o no, a las personas. Para hacer posible una dirección centralizada de la economía es necesario legalizar lo que, a ojos vistas, son acciones arbitrarias. En realidad, esto significa una inversión del movimiento histórico progresivo "del status al contrato", es decir, de épocas donde lo único que podían hacer las personas era lo que les era permitido por su posición social (status) como había sido siempre en la historia de la humanidad hasta la aparición del capitalismo, hasta esta otra época donde la actividad de las personas no tiene otra limitación que lo que establezcan los acuerdos entre las partes (contrato) (7).&lt;br /&gt;Cualquier política dirigida directamente a un ideal de justicia distributiva, es decir, a lo que alguien entienda como una distribución "más justa", tiene necesariamente que conducir a la destrucción del imperio de la ley porque, para poder producir el mismo resultado en personas diferentes, sería necesario tratarlas de forma diferente. Y ¿cómo podría haber entonces leyes generales?&lt;br /&gt;No puede negarse que el imperio de la ley produce desigualdad económica, lo único que puede alegarse es que esa desigualdad no está concebida para afectar a nadie en particular. Es muy significativo que socialistas (y nazis) siempre hayan protestado contra la justicia "simplemente" formal, por su deseo de conseguir ciertos resultados sociales a toda costa, y que siempre hayan criticado la independencia de los jueces.&lt;br /&gt;Para que el imperio de la ley sea efectivo es más importante que haya una regla que se aplique sin excepción, que lo que la misma regla sea. Lo importante en que la regla permita predecir el comportamiento de los demás, y esto requiere que se aplique en todos los casos, inclusive en los que nos parezca que es injusta.&lt;br /&gt;El estado de derecho es la encarnación legal de la libertad. Como dijo Voltaire: "El hombre es libre si sólo tiene que obedecer las leyes".&lt;br /&gt;La idea de que no debe haber límite para el poder de los legisladores es, en parte, un resultado negativo de la soberanía popular y el gobierno democrático. A veces se piensa que mientras todas las aciones del gobierno estén debidamente autorizadas por los legisladores, vivimos bajo un estado de derecho. No es así. El estado de derecho no tiene nada que ver con que las acciones gubernamentales sean legales. Decir que una sociedad no es un estado de derecho no significa que no tenga leyes, lo que significa es que el empleo de la coerción por parte del gobierno ya no está determinado y limitado por reglas preestablecidas.&lt;br /&gt;El conflicto es entre dos tipos de leyes, las leyes bajo un estado de derecho, que le permiten a los individuos prever como va ser utilizado el poder coercitivo del estado, y las leyes bajo una dictadura, que simplemente le dan a las autoridades el poder para hacer lo que estimen conveniente. En uno, el espíritu de la legislación es proteger al individuo contra el poder del estado. En el otro, el espíritu de la ley es impedir toda limitación a la voluntad de las autoridades. El imperio de la ley no significa que todo esté regulado por la ley sino, por el contrario, que el poder estatal sólo puede ser usado en los casos definidos por la ley, y de forma tal que pueda preverse cómo va a ser usado. El estado de derecho implica el reconocimiento de los derechos inalienables de los individuos, el reconocimiento de los derechos del hombre. En un caso "no hay castigo sin ley", en el otro,"no hay delito sin castigo".&lt;br /&gt;(7) Curiosamente, el socialismo representa entonces un movimiento de sentido inverso al desarrollo histórico y, por consiguiente, verdaderamente reaccionario. Es interesante, en este sentido, consultar a Popper (La Sociedad Abierta y sus Enemigos).&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;Capítulo VII&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;Control económico y totalitarismo&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;La mayoría de los planificadores tienen pocas dudas de que una economía dirigida tienen que ser administrada de manera más o menos dictatorial. El consuelo que nos ofrecen es que esa dirección sólo se aplicaría a problemas económicos. Sin embargo, los objetivos de las personas racionales nunca son económicos. La motivación económica sólo significa el deseo de poder alcanzar fines no especificados. Si luchamos por el dinero es porque éste nos ofrece el mayor rango de opciones al disfrute del producto de nuestro trabajo.. Debido a que las limitaciones del dinero son las que nos hacen sentir las limitaciones de nuestra relativa pobreza, el dinero viene a simbolizar esas restricciones. Sin embargo, el dinero ha sido el mayor instrumento de libertad que sehaya inventado nunca. El dinero le abre más posibiildades a los pobres que las que tenían los ricos hasta hace poco.&lt;br /&gt;Pensemos lo que significaría que las recompensas no se entregaran en dinero. Significaría que uno no podría escoger, y que el que diera la recompensa no sólo determinaría la magnitud de la misma sino también la forma en que ésta habría de disfrutarse. Siempre que podamos disponer libremente de nuestros ingresos y de nuestras posesiones, la pérdida económica siempre nos privará de lo que consideramos menos importante. Una pérdida económica es una cuyos efectos podemos hacer recaer sobre las menos importantes de nuestras necesidades, y lo mismo con la ganancia. Los cambios económicos sólo nos afectan marginalmente.&lt;br /&gt;Lo valores económicos son menos importantes para nosotros que muchas otras cosas precisamente porque somos libres de decidir lo que, para nosotros, es más o menos importante. La cuestión que plantea la planificación económica es si somos nosotros los que debemos decidir lo que es más o menos importante o sin son las autoridades planificadoras. Una autoridad planificadora controlaría la utilización de los recursos limitados para la satisfacción de todos nuestros objetivos.&lt;br /&gt;No sólo la planificación tendría que ver con nuesta capacidad como consumidores sino también con nuestra capacidad como productores. Tendríamos que ajustarnos los estándares que la autoridad planificadora fijara para poder simplificar su tarea. Y para simplificar su tarea tendría que reducir la diversidad de las capacidades individuales a unas a una pocas categorías de unidades intercambiables, y descartar deliberadamente las diferencias personales menores.&lt;br /&gt;Puede ser que el objetivo de la planificación sea que el hombre deje de ser un medio. Pero, en la práctica -puesto que el plan no puede tener en cuenta las preferencias y las repulsiones individuales- el individuo se convierte más que nunca en un medio a ser utilizado por las autoridades al servicio de esa abstracción que es "el bien de la comunidad".&lt;br /&gt;Hay gente que critica que en una sociedad competitiva casi todo puede ser conseguido por cierto precio. Eso parecer muy espiritual y muy moralista, pero lo que realmente quiere decir es que no deberíamos poder sacrificar necesidades menores para salvarguardar nuestros objetivos más importantes, y que alguien debería hacer esas decisiones por nosotros. Porque o el precio de la satisfacción de las necesidades está establecido por el mecanismo impersonal del mercado, o está establecido por alguna autoridad. No podemos olvidar que todos nuestros objetivos compiten por los mismos medios.&lt;br /&gt;No es nada sorprendente que la gente quisiera ser aliviada de las duras opciones que los hechos nos imponen. Y tampoco es extraño que estén dispuestos a creer que esas opciones no son realmente necesarias sino que les son impuestas por un cierto sistema económico. En realidad, lamentan que haya un problema económico.&lt;br /&gt;La creencia de que no hay realmente un problema económico es confirmada por la cháchara absolutamente irresponsable sobre la "riqueza potencial", y sobre "la escasez en medio de la abundancia" (8). La realidad es que nadie, nunca, ni en Estados Unidos ni en Europa Occidental, ha podido producir ningún plan para elevar la producción lo suficiente como para poder eliminar la pobreza. No hablemos ya del resto del mundo.&lt;br /&gt;--------------------------------------&lt;br /&gt;(8) En Cuba nos hemos criado oyendo esa cháchara irresponsable de que éramos un país rico, cuyo sentido ideológico ahora vemos claro. ¿Por qué entonces éramos pobres? ¡Porque nos robaban!, respondía la demagogia imperante, porque nos robaban los gobiernos corrompidos, porque nos robaban los imperialistas yanquis (que exportaban las ganancias) y porque nos robaban los capitalistas cubanos con su consumo suntuario. Se deducía, implícitamente, que la fórmula para conseguir la riqueza era extremadamente sencilla: aliminar a los ladrones.&lt;br /&gt;Después hemos oído repetir que ¡también Angola y Zaire son "ricos" porque tienen petróleo, uranio y otras materias primas! Ese tipo de razonamiento sofístico apunta a culpabilizar de la pobreza precisamente a las inversiones que están luchando por superarla. Su objetivo es desprestigiar a los capitalistas para luego poder ocupar su lugar, con las desastrosas consecuencias que conocemos.&lt;br /&gt;La diferencia entre el "potencial" y la realidad es enorme. Cualquier muchacho ágil y fuerte es, potencialmente, un jugador de Grandes Ligas... Pero, para países completos, realizar sus potencialidades es todavía infinitamente más difícil. El principal capital de un país lo constituye su pueblo, su nivel de educación, de instrucción, de espíritu de sacrifio y de hábitos de trabajo y ahorro. Y, en segundo lugar, la organización social que ese pueblo adopte para poder maximizar la energía creadora de sus ciudadanos. No sus materias primas, como lo saben muy bien los japoneses.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;Capítulo VIII&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;¿Quién? ¿A quién?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Fue Lenin el que planteó en los primeros tiempos del poder soviético, que el problema fundamental era quién iba a dirigir a quién. En cuanto el estado se hace cargo de la tarea de planificar toda la vida social, el único poder que merece la pena tener es el de ejercer ese poder de dirección. Cuando se trata de planificar toda una sociedad uno se encuentra con que ésta se halla compuesta por una multitud de grupos que compiten por la asignación de recursos limitados. ¿Qué recursos se van a asignar a qué problemas? Pronto se hace evidente la necesidad de crear un punto de vista común.&lt;br /&gt;Los socialistas siempre han pensado resolver este problema mediante la educación. Ha sido por esto que los socialistas se han preocupado tanto por la creación de instrumentos de adoctrinamiento. Fueron los socialistas los primeros en concebir la idea de un partido político que abarcara todas las actividades del individuo desde la cuna hasta la tumba, y que pretendiera orientar sus ideas en relación a todas las cosas. Fueron los los socialistas, no los fascistas, los que organizaron los primeros movimientos políticos de niños y de jóvenes. Fueron los socialistas los primeros en insistir en que sus miembros debían distinguirse por la forma de saludar. Y fueron ellos los que organizaron las primeras "células".&lt;br /&gt;La opción que tenemos es entre un sistema en que cada quien conseguirá lo que merece según cierto criterio universal y absoluto, y otro sistema donde eso estará determinado en gran medida por el azar. Pero es también la opción entre un sistema donde la voluntad de unas cuantas personas es lo que decide y otro donde, al menos parcialmente, dependerá de la habilidad y espíritu de empresa de la gente. Por supuesto, se puede argumentar a favor de reducir las diferencias de oportunidad entre las personas siempre que sea posible hacerlo sin destruir el carácter impersonal del proceso.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;Capítulo IX&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;Seguridad y libertad&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Frecuentemente se representa la seguridad económica como una condición indispensable para la verdadera libertad. Por supuesto, hay algo de verdad en eso. Sin embargo, habría que contrastar dos tipos de seguridad: la limitada y la ilimitada. La limitada trata de garantizar una protección mínima contra circunstancias adversas e imprevisibles. Es bueno y conveniente organizar un sistema de seguridad social así como tratar de combatir las fluctuaciones de la actividad económica.&lt;br /&gt;Pero tratar de garantizar contra las disminuciones de los ingresos que constituyen las durezas implícitas en el mismo sistema competitivo, tiene que conducir a una planificación que afecta la libertad individual. Esta seguridad es una variante de la "renumeración justa" del medioevo que buscaba un acuerdo no con los requerimientos del mercado sino con los méritos subjetivos (9).&lt;br /&gt;En un sistema donde sea libre la distribución de las personas en las distintas ocupaciones, es necesario que la renumeración corresponda a su utilidad a los demás miemmbros de la sociedad, aunque ésta no tenga relación con los méritos subjetivos. Pero lo que no se puede hacer es garantizarle a la gente sus ingresos y protegerlos contras las viscicitudes del mercado. Si no es el mercado el que determina, entonces tendría que ser un grupo de personas los que determinaran la "utilidad" de la gente. ¿Y cómo podría medirse ésta entonces objetivamente?&lt;br /&gt;Habría que buscar limitación de producción para poder garantizar precios artificialmetne altos aunque esto redujera las oportunidades de otras personas. Y esos otros no podrían participar en la prosperidad de las industrias controladas. Toda restricción de la libertad de entrar en un comercio reduce la seguridad de los que están fuera del área protegida. Mientras mejor estén los asegurados, mayor será la demanda de esa seguridad. Y, en la medida en que el número de los protegidos vaya aumentando, se irá desarrollando todo un nuevo sistema de valores sociales. Se desalentará toda actividad que implique riesgo y se censurarán las ganancias que justifican tomar esos riesgos. No sería la independencia sino la seguridad lo que daría status social, y el prestigio no estaría determinado por el ímpetu empresarial sino por la certidumbre de una pensión.&lt;br /&gt;Fue la extensión de los métodos de la guerra a otras esferas de la vida civil después de la I Guerra Mundial (aunque los primeros intentos se retrotraen a Bismarck), lo que le dió su carácter peculiar a la estructura social de Alemania. Hay que volver a aprender que libertad exige un precio, y que hay que estar dispuesto a sacrificios materiales para preservarla. Como dijo Benjamín Franklin, "Los que están dispuestos a renunciar a la libertad para comprar un poco de seguridad temporal, no merecen ni la libertad ni la seguridad".&lt;br /&gt;--------------------------------------------&lt;br /&gt;(9) La concepción del "precio justo" era defendida encarnizadamente por los gremios medievales. Fue una de las típicas trabas al desarrollo de las fuerzas productivas que caracterizaba a la sociedad feudal. La libertad de contratación reside precisamente en dejar que el salario, como los demás factores de la producción, sea establecido por la oferta y la demanda. Aunque, en cierta medida, los sindicatos pueden imponer la violación de este principio esto siempre tiene tendencias perversas sobre la economía. A la Iglesia le ha costado mucho trabajo desembarazarse de ese concepto arcaico. Sólo muy recientemente ha venido a reconciliarse con algunas de las características del capitalismo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;Capítulo X&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;Por qué suben los peores&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Algunos piensan que los peores rasgos del socialismo se deben a simples accidentes históricos, a que fueran individuos de baja catadura moral los que organizaron el sistema (10). Pero hay razones para creer que estos rasgos no son accidentales sino que fenómenos que un sistema totalitario tiene que producir tarde o temprano. Al igual que un estadista que quiera planificar se verá confrontado con la necesidad de adquirir poderes dictatoriales o renunciar a sus planes, el dictador totalitario tendrá que optar entre la renuncia a los valores morales ordinarios o el fracaso. Es por esta razón que en una sociedad que tienda al totalitarismo tendrán más éxito los inescrupulosos. Quien no comprenda esto, no comprenderá el abismo que separa al totalitarismo del régimen liberal, la diferencia de atmósfera moral entre el colecitivismo y el carácter esencialmente individualista de la civiliación occidental.&lt;br /&gt;En momentos de confusión, muchas veces se experimenta fatiga con los procedimientos de la democracia, con el carácter lento e intermitente de un progreso que tiene que conseguirse sobre la base de múltiples transaciones entre diferentes contradictorios. Es en esos momentos cuando se experimenta la necesidad de una dirección fuerte, que arrastre y que consiga resultados.&lt;br /&gt;Lo normal en una democracia e, inclusive, dentro de los mismos partidos, es la diversidad de opiniones. Esto es perfectamente normal. Mientras más alto el nivel de educación y cultura, más tienden a diferenciarse las opiniones. Es por esto, precisamente, que en una democracia cualquier grupo puede ganar una fuerza desproporcionada en relación con el número de sus militantes gracias al apoyo total de sus seguidores. En una democracia esto es casi imposible de conseguir y sus dirigentes tampoco lo pretenden. Pero el que consiga esto habrá dado un paso importante en el camino hacia la captura del poder, desde donde podrá, a su vez, extender el imperio de su voluntad a todo el país.&lt;br /&gt;Históricamente, ha habido momentos en que todos los partidos democráticos (burgueses) han enfrentado grandes emergencias nacionales que han debilitado las instituciones y en los que la desmoralización y la desesperación llevan a las masas a pedir cambios a toda costa. En esos momentos, la existencia de un grupo que tenga una visión universal y que parezca tener respuesta para todos los problemas, puede convertirse en una fuerza política decisiva. En este momento, lo que hace falta para capturar el poder es una organización política con un apoyo particularmente firme. Apoyo que no sea tanto el de los votos de una masa, con el apoyo sin reservas de un grupo más pequeño pero mejor organizado.&lt;br /&gt;Originalmente, el espíritu democratista de los partidos socialistas de Europa esperaba a que una mayoría estuviera de acuerdo en su plan para reorganizar el conjunto de la sociedad. Pero algunos comenzaron a sospechar que en una sociedad planificada, lo importante no era en qué estaba de acuerdo la mayoría del pueblo, sino cuál era el mayor grupo que estuviera lo suficientemente de acuerdo para hacer posible una dirección centralizada, total, efectiva o, si ese grupo no existiera, cómo podría crearse.&lt;br /&gt;Pero ¿qué puntos de vista morales tenderá a producir una organización colectivista de la sociedad? ¿Cuáles serán las cualidades más a propósito para llevar a los individuos al éxito en un sistema totalitario?&lt;br /&gt;Hay varias razones por las que la tendencia será a que esos grupos no estén formados por los mejores sino por los peores elementos de la sociedad. En primer lugar, mientras mayor sea la educación y la inteligencia de la gente, más diferenciados serán sus gustos y sus puntos de vista, y menos probable que puedan estar de acuerdo en una gama muy amplia de valores.&lt;br /&gt;Por el contrario, para encontrar esa unanimidad, hay que descender a los niveles más bajos, donde prevalecen los gustos e instintos más primitivos. El mayor número de personas con valores muy similares será el grupo de los niveles más bajos. Lo que une al grupo es el mínimo común denominador. Los miembros del partido totalitario serán los que menos convicciones tengan, los más crédulos, los más dispuestos a aceptar un sistema de valores preestablecidos con tal de que se le repita con la suficiente frecuencia.&lt;br /&gt;Y en tercer lugar, parece ser una ley de la naturaleza humana que es más fácil para la gente estar de acuerdo en un programa negativo que en uno positivo. El contraste entre ellos y nosotros, la lucha entre los de adentro y los de afuera, parece ser un ingrediente indispensable en cualquier credo que quiera unir sólidamente a un cierto grupo.&lt;br /&gt;En realidad, es cuestionable si puede concebirse un programa colectivista que no esté al servicio de algún tipo de particularismo, de nación, raza o clase. No es practicable la idea de una comunidad de objetivos e intereses que abarque a todos los hombres. La coherencia de ese programa le exigiría una proyección internacional francamente filantrópica. El colectivismo no tiene espacio para el amplio humanitarismo del liberalismo. Los socialistas, por ejemplo, empezando por Marx y Engels, siempre menospreciaron a las pequeñas nacionalidades.&lt;br /&gt;Por otra parte, si la comunidad es anterior al individuo y si sus fines son independientes y superiores a los de los individuos, entonces sólo los individuos que trabajen para esos mismos fines comunitarios podrán ser considerados como miembros de la comunidad. Su valor se derivará de esta membrecía y no de su calidad de ser humano.&lt;br /&gt;En realidad, entre los factores que tienden al colectivismo está ese sentimiento de inferioridad que impulsa al individuo a identificarse con un grupo y, por lo tanto, ese sentimiento sólo será satisfecho si la membrecía en ese grupo le da alguna superioridad sobre los que no forman parte del mismo.&lt;br /&gt;Como decía Reinhold Niebuhr: "Existe una creciente tendencia entre los hombres modernos de imaginarse a sí mismo éticos porque han delegado sus vicios en grupos cada más grandes". Actuar a nombre de un grupo parece liberar a la gente de las restricciones morales que controlan su cmportamiento como individuos.&lt;br /&gt;Mientras que los grandes filósofos sociales del individualismo dentro de la gran tradición liberal han considerado siempre al poder como un peligro para la libertad del hombre, los colectivistas lo han considerado como un bien en si mismo. Esto se deriva de su deseo de organizar a la sociedad de acuerdo a un plan unitario. Para poder conseguir una reorganización radical de la sociedad, los colectivistas necesitan disponer de un poder sin precedentes. En contraste, el vilipendiado poder económico nunca llega a ser un poder sobre toda la vida de la persona.&lt;br /&gt;De la necesidad de un sistema de objetivos comúnmente aceptado, y del deseo de darle el máximo de poder a un grupo para conseguir esos objetivos, se desprende un sistema de valores que excluye una moral universal, válida para todas las circunstancias. Es algo similar al caso del imperio de la ley. Las reglas de la ética individual, aunque imprecisas, son absolutas y prohiben cierto tipos de acciones, independientemente de que las intenciones sean buenas o malas. Estafar, torturar, traicionar la confianza son malas acciones independientemente del objetivo que sirvan. Aunque a veces tengamos que escoger entre distintos males, siempre los consideraremos como males.&lt;br /&gt;El fin justicia los medios es un principio que, en la ética individualista, significa la negación de la moral pero que en la ética colectivista representa la ley suprema. El principio de la raison d'etat en las relaciones entre los países, es aplicado por el estado colectivista a las relaciones entre los individuos.&lt;br /&gt;Eso no significa, por supuesto, que la ética colectivista no considere conveniente cultivar ciertos hábitos útiles. Todo lo contrario. Se tomará mayor interés en los hábitos individuales que los comunidad individualista. Para ser un miembro útil de una comunidad colectivsta hacen falta "hábitos útiles" que hay que fortelecer con una práctica constante. Sirven para llenar el vacío entre las órdenes aunque nunca para justificar un desacuerdo con la autoridad.&lt;br /&gt;A los buenos alemanes se les tenía por ser industriosos, disciplinados, conscientes, responsables, ordenados, con sentido del deber, con respeto por la autoridad y disposición para el sacrificio. Eran un excelente instrumento para ejecutar órdenes. Pero de lo que el "alemán típico" carecía es de las virtudes individualistas de la tolerancia, de la independencia de pensamiento y de la disposición a defender las convicciones propias, de la consideración por los débiles y de una cierta aversíon por el poder que sólo una vieja tradición de libertad personal ayuda a crear. Tambien es deficiente es cualidades menores pero importantes como bondad, sentido del humor, modestia, respeto por la privacidad y creencia en las buenas intenciones de los demás. Estas son virtudes que facilitan los contactos sociales y que no sólo hace superfluo el control externo sino que lo dificultan. Son virtudes que han florecido siempre en una sociedad individualista o comercial, y que son raras en la sociedad colectivistas o de tipo militar.&lt;br /&gt;Una vez que se admite que el individuo es sólo un medio para servir los fines de una entidad superior, llamada estado o nación, la mayor parte de las características de una sociedad totalitaria se derivan con inflexible necesidad. La intolerancia, la represión de la disidencia y el menosprecio por la vida y la felicidad del individuo, son consecuencias fatales e inevitables de esa premisa. El colectivista proclamará la superioridad de un sistema sobre otro que permite que los intereses "egoistas" estorben la realización de los fines de comunidad.&lt;br /&gt;Pero aunque la masa de los ciudadanos puede mostrar una devoción altruista, no se puede decir lo mismo de los que dirigen ese proceso. Para ser útil en la dirección de un estado totalitario, no basta con que el individuo tenga que estar preparado para justificar cualquier acción canallesca, él mismo tiene que estar dispuesto a quebrantar toda regla moral para poder alcanzar los fines que se le han asignado. Tiene que estar absolutamente comprometido con la persona del líder pero, después de ese principio vital, tiene que ser un hombre literalmente capaz de todo. En una sociedad totalitaria, las posiciones en las que hay que deliberadamente engañar, intimidar y ser cruel son numerosas.&lt;br /&gt;Evidentemente, es muy probable que esas posiciones sean ejercidas por individuos naturalmente afines a las mismas. El único gusto personal que el funcionario de un sistema totalitario pued satisfacer plenamente es el de ser obedecido, y el de formar parte de una aparato enormemente poderoso al que todo el mundo tiene que obedecer.&lt;br /&gt;----------------------------------&lt;br /&gt;(10) Así se oye hablar con demasiada frecuencia de los antecedentes gangsteriles de Fidel Castro.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;Capítulo XI&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;El fin de la verdad&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto, la manera más efectiva de hacer que todo el mundo sirva los fines de un plan social es que todo el mundo crea en esos fines. Para conseguir que un sistema totalitario funcione efectivamente no basta con que todo el mundo se vea obligado a trabajar por esos fines, es necesario que la gente haga suyos esos fines. En general, el control de todos los medios de comunicación le permite a un gobierno totalitario influir en gran medida sobre la gente.&lt;br /&gt;Si el objetivo de la propaganda totalitaria sólo fuera instruir a la gente en otro código moral, el problema se limitaría a si ese código es bueno o es malo. Pero esa propaganda tiene un influencia negativa aun más profunda, es destructiva porque socava el fundamento de toda moral: el sentido y el respeto por la verdad&lt;br /&gt;La propaganda totalitaria no puede limitarse a pincipios abastractos. Tiene que llevar a la gente a creer no sólo en los fines sino también en los medios. La autoridad no sólo tendrá que estar tomando decisiones constantemente sobre temas sobre los que no hay reglas morales definidas, sino que también tendrá que justificar sus decisiones ante la gente. Tendrá que racionalizar los gustos y las aversiones que, a falta de otros criterios, tienen que guiar a los planificadores. Y tendrá que plantear esas "razones" de la manera más atractiva posible, viéndose obligada a construir teorías que luego se convierten en parte integral de la doctrina.&lt;br /&gt;El proceso de creación de un "mito" para justificar sus acciones no tiene que ser consciente. El líder totalitario puede simplemente estar guiado por una aversión instintiva por el estado de cosas que ha encontrado y por un deseo de crear un nuevo orden jerárquiico que se adapte mejor a su concepción del mérito. De esa forma, abrazará teorías que parezcan proporcionarle una justificación racional para lo que, en realidad, son simplemente los prejuicios que comparte con muuchos de sus asociados. Es de esa forma que una teoría pseudo científica se convierte en parte del credo oficial que, en mayor o menor medida, dirige las acciones de todos.&lt;br /&gt;La necesidad de semejantes doctrinas oficiales como instrumento de direción y de unificación han sido previstas por varios teóricos del sistema totalitario, empezando por las "nobles mentiras" de Platón. Son puntos de vistas particulares sobre los hechos que se elaboran como teorías pseudocientíficas para poder justificar opiniones preconcebidas.&lt;br /&gt;La mejor manera de hacer que la gente acepte la validez de los valores que van a tener que servir es convenciéndola de que son los mismos valores que ellos mismos habían apoyado siempre pero que no habían sabio comprender o reconocer antes. Se logra que la gente transfiera su lealtad de los viejos dioses a los nuevos con el pretexto de que los nuevos son realmente los que su sano instinto les había dicho siempre, aunque antes sólo lo habían percibido a medias. Y la manera más eficiente de conseguir esta nueva lealtad es usando las viejas palabras pero cambiando su significado. Pocos rasgos de los regímenes totalitarios son, al mismo tiempo, tan confusos para el observador superficial y tan característicos del clima intelectual que impera en ellos como la completa perversióndel lenguaje, el cambio de significado de las palabras.&lt;br /&gt;Por supuesto, la principal víctima en este sentido es la palabra "libertad". Dondequiera que se ha destruido la libertad, se ha hecho a nombre de alguna nueva libertad prometida. Lo mismo sucede con "justicia", "ley", "derecho" e "igualdad", entre muchas otras. Gradualmente, en lo que este proceso se desarrolla, todo el lenguaje va perdiendo su sentido y las palabras se convierten en cascarones huecos desprovistas de significado preciso, y tan capaces de describir un fenómenos como su opuesto.&lt;br /&gt;Por supuesto, no es difícil despojar a la mayoría de un pensamiento independiente. Pero siempre existirá una minoría que retendrá una inclinación a criticar y que tendrá que ser silenciada. Hemos visto por qué la coerción no puede limitarse a una aceptación pasiva del nuevo código ético. Y puesto que muchos elementos de ese código no podrán ser explícitamente formulados ya que sólo existirán implícitamente en las medidas del gobierno, esas medidas mismas tendrán que estar exentas de toda crítica. Si la gente tiene que apoya el esfuerzo común sin vacilaciones, tiene que estar convencida no sólo del fin a perseguir sino también de que los medios son los mejores posibles. Por consiguiente, el credo oficial, cuyo acatamiento tiene que ser impuesto, comprenderá también la interpretación de los hechos sobre los que se basa el plan. La crítica tendrá que ser suprimida porque debilitará el apoyo popular.&lt;br /&gt;Como decían los Webbs hablando sobre la posición de cada empresa soviética: "Mientras se este desarrollando el trabajo, cualquier expresión pública de duda, o incluso de que el plan no vaya a tener éxito, es un acto de deslealtad e inclusive de traición debido a sus posibles efectos sobre la voluntad y los esfurzos del resto del personal". Y, por supuesto, cuando esas dudas se refieren al conjunto del plan social, tendrán que ser tratadas como sabotaje.&lt;br /&gt;Todo el aparato de divulgación del conocimiento será utilizado exclusivamente para difundir los puntos de vista que, verdaderos o falsos, fortalezcan la creencia en la justeza de las decisiones del gobierno; y cualquier información que puede arrojar dudas o vacilaciones será suprimida. El probable efecto sobre la lealtad popular se convierte así en el único criterio para decidir si una información cualquiera será publicada o suprimida. Por consiguiente, no hay ningún campo a donde no se extienda el control sistemático de la información, y donde no se impongan puntos de vista uniformes.&lt;br /&gt;El espíritu del totalitarismo condena cualquer actividad que no tenga un propósito bien definido. Toda actividad tiene que derivar su justificación de un propósito social deliberado. No puede haber ninguna actividad espontánea puesto que pudiera generar consecuencias imprevistas para el plan. Semejantes aberraciones son producto del deseo de verlo todo dirigido por "una concepción unitaria", de la creencia de que el conocimiento y las creencias de todo un pueblo no son más que instrumentos al servicio de un objetivo único. La misma palabra "verdad" pierde su sentido original, se convierte en lo que decida el gobierno, en algo que tiene que creerse en interés de determinados objetivos, y que podrá que ser alterado si ese objetivo lo exige. Esto genera un clima intelectual de absoluto cinismo en relación con la verdad, la pérdida del sentido e, inclusive, del significado de la verdad, la desaparición del espíritu de investigación independiente y de la fe en el poder de la razón (11).&lt;br /&gt;La propaganda totalitaria afirma que en las sociedades de libre mercado no hay verdadera libertad porque las opiniones y los gustos de las masas son influidos por la propagada, por los anuncios, por el ejemplo de las clases acomodadas y por otros factores ambientales. De ello deducen que las ideas y los gustos de las masas siempre son producto de circunstancias que pueden ser controladas, y que debemos utilizar ese poder deliberadamente para encauzar los pensamientos de la gente hacia lo que considermaos la dirección correcta.&lt;br /&gt;Probablemente sea cierto que, en cualquier sociedad, la libertad de pensamiento sólo sea directamente importante para una pequeña minoría. Pero esto no significa que nadie sea competente, o deba de tener el poder para seleccionar quiénes son los que van a ser libres. Y ciertamente no justifica la presunción de ningún grupo de tener el derecho de determinar lo que la gente deba pensar o de creer. El principal factor del progreso intelectual no es que tod mundo pueda pensar o escribir sino que cualquier causa o cualquier idea pueda ser defendida por alguien. Mientra no se suprima la disidencia, siempre habrá alguien que cuestione las ideas dominantes entre sus contempráneos y someta otras nuevas a la prueba de la discusión y de la crítica.&lt;br /&gt;Lo que constituye la vida del pensamiento es la interacción entre diversos individuos con conocimientos y puntos de vista diferentes. El desarrollo de la razón es un proceso social basado en la existencia de esas diferencias. Está en su misma esencia que sus resultados no puedan ser pronosticados, que no podamos saber cuáles ideas ayudarán a este progreso y cuáles no. El desarrollo no puede ser gobernado por los puntos de vista que tenemos actualmente sin que, al mismo tiempo, lo estemos limitando. "Planificar" u organizar" el desarrollo del conocimiento es una contradición de términos. Pensar que la mente humana puede controlar su propio desarrollo es confundir la razón individual, (la única que puede "controlar conscientemente" algo) con esos procesos impersonales que generan su desarrollo. Al intentar controlar ese desarrollo, simplemente lo estamos limitando. Tarde o temprano, esto conducirá al estancamento del pensamiento y a la decadencia de la razón.&lt;br /&gt;La tragedia del pensamiento colectivista es que, aunque empieza erigiendo a la razón en la fuerza suprema, termina destruyéndola porque malinterpreta los procesos de los que depende su desarrollo. El individualismo, por el contrario, representa una actitud de modestia ante este gran proceso social, y de tolerancia por las opiniones de los demás. El exacto opuesto del pesamiento colectivista.&lt;br /&gt;---------------------------------------------&lt;br /&gt;(11) El criterio de verdad objetiva se encuentra bajo un terrible ataque en los medios intelectuales de Estados Unidos. Para los teóricos del postmodernismo la "verdad" es totalmente relativa al grupo en que uno se encuentre. Este relativismo cultural, cuyo objetivo básico es desvalorizar la civilización occidental y su sistema de valores, es otra de las premisas ideológicas del fascismo que circulan ampliamente entre los modernos "progresistas" norteamericanos.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;Capítulo XII&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;Las raíces sociales del nazismo&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Es un error considerar al Nacional Socialismo simplemente como un movimiento irracional sin antecedentes ideológicos. Por el contrario, el Nacional Socialsmo culmina una larga evolución del pensamiento, en el que no sólo pensadores alemanes tomaron parte. Thomas Carlyle y Houston Chamberlain, Auguste Comte y George Sore forman tanta parte de este desarrollo como los mismos pensadores alemanes. No se puede, sin embargo, exagerar la importancia de estas ideas antes de 1914.&lt;br /&gt;Hay que decir que el apoyo que recibieron estas ideas no se debió simplemente al auge del nacionalismo en la Alemania derrotada. Mucho menos, en una supuesta reacción capitalista ante el avance del socialismo. Por el contrario, el apoyo que llevó estas ideas al poder vino, precisamente, de las filas socialistas. Durante la generación anterior a la última guerra, no hubo realmente oposicion al elemento socialista dentro el marxismo sino a los elementos liberales de su doctrina, como su internacionalismo y su democratismo. Cuando se comprendió que esos elementos eran obstáculos a la realización del socialismo, los socialistas de la izquierda se fueron aproximando cada vez máas a los de la derecha. Fue la unión de las fuerzas anticapitalistas de la derecha y de la izquierda, la fusión del socialismo radical y del socialismo conservador (12) lo que barrió con todo lo que en Alemania había deliberal.&lt;br /&gt;La relación entre socialismo y nacionalismo en Alemania fue estrecha desde el principio. Los principales antecesores del Nacional Socialismo -Fichte, Rodbertus y Lasalle- fueron al mismo tiempo los reconocidos padres del socialismo. Mientras el socialismo marxista dirigió el movimiento obrero, los elementos nacionalistas y autoritarios permanecieron en segundo lugar. Pero estaban implícitos en el movimiento. Habría que recordar que en 1892 uno de los principales líderes del movimento obrero alemán, August Bebel, le dijo a Bismarck que "el Canciller Imperial puede estar seguro de que la Social Democracia alemana es una especie de escuela preparatorio para el militarismo".&lt;br /&gt;De 1914 en lo adelante comenzaron a surgir un maestro tras otro orientando a los trabajadores y a los jóvenes idealistas hacia al Nacional Socialismo. Pero no surgieron de las filas de los conservadores y los reaccionarios sino de las filas socialstas. Fue sólo posteriormente que el rápido crecimiento de la marea nacionalista se transformó en la doctrina hitleriana. Quizas si e intelectual más representantivo de este período sea Werner Sombart,cuyo famoso "Mercaderes y Héroes", apareció publicado en 1915. Sombart había sido un socialista marxista y todavía en 1909 afirmaba con orgullo haber pasado la mayor parte de su vida luchando por las ideas de Marx. Hizo mucho por difundir el resentimiento anticapitalista en Alemania. Si el pensamiento alemán se vio permeado de elementos mmarxistas estos se debe, en gran medida, a la labor de Sombart. Este era percibido como el principal representante de una intelectualidad socialista perseguida, incapaz, de alcanzar una cátedra universitaria debido a sus ideas.&lt;br /&gt;En "Mercaderes y Héroes", Sombart le daba la bienvenida a la "guerra alemana" como un conlficto inevitable entre la civilización comercial de Inglaterra y la heroica cultura alemana. Su desprecio por los los puntos de vista "comerciales" del pueblo inglés no tenía límites. Las ideas de Libertad, Igualdad y Fraternidad de 1789, eran, según Sombart, ideales comerciales cuyo único objetivo era asegurar ciertas ventajas a ciertos individuos. Considerar la guerra como una actividad inhumana y sin sentido era un producto de puntos de vista comerciales. Para Sombart, la guerra era la culminación de una visión heroica de la vida, y la guerra contra Inglaterra era la guerra contra el ideal comercial de la libertad y el comfort individuales.&lt;br /&gt;Otro teórico que tuvo gran importancia durante ese período, fu Johann Plenge. Uno de sus libros más importantes durante la guerra se titulaba "1789 y 1914" y estaba dedicado al conflicto entre "las ideas de 1789,el ideal de la libertad, y "las ideas de 1914", el ideal de la organización. Para Plenge la organización era la esencia misma del socialismo. Exactamente lo mismo puede decirse de todos los socialistas que derivan su socialismo de una cruda aplicación de los criterios científicos a los problemas de la sociedad.&lt;br /&gt;Según Plenge la economía de guerra creada en Alemania en 1914 "es la primera realización de una sociedad socialista... y su espíritu la primera aparición del espíritu socialista. Las necesidades de la guerra han establecido la idea socialista en la vida económica de Alemania y, por consiguiente, la defensa de nuestra nación ha producido para la humanidad la idea de 1914, la idea de la organización alemana... El estado y la vida económica forman una nueva unidad... El sentimiento de responsabilidad económica que caracteriza al trabajo del empleado público se extiende a toda la actividad privada".&lt;br /&gt;Al principio Plenge todavía esperaba reconciliar el ideal de libertad con el ideal de organización, aunque fundamentalmente mediante la completa pero voluntaria sumisión del individuo al colectivo, pero pronto esas trazas de liberalismo desaparecieron de sus escritos. Para 1918, ya había establecido la necesidad de unir el socialismo con una cruda política de poder. "EEs hora de recnocer", decía, "el hecho de que el socialismo ha de ser política de poder, si ha de ser política de organización".&lt;br /&gt;Y sigue Plenge: "Desde el punto de vista del socialismo, que es organización, ¿acaso no es el derecho absoluto a la autodeterminación de la gente el derecho a la anarquía económica individualista? ¿Estamos dispuestos a concederle completa autodeterminación al individuo en la vida económica? El socialismo consecuente sólo puede darle a la gente los derechos que estén acordes con la correlación de fuerzas históricamente determinadas".&lt;br /&gt;Los ideales de los que Plenge fue portavoz eran particularmente populares, y quizás inclusive se derivaban, de ciertos círculos de científicos e ingenieros alemanes que clamaban por la organización central planificada de todos los aspectos de la vida - como lo hacen ahora en Inglaterra y Estados Unidos.&lt;br /&gt;Las ideas de Plenge fueron desarrolladas y difundidas, aun más, por un parlamentario socialdemócrata, Paul Lensch, que decía en su libro Tres Años de Revolución Mundial:&lt;br /&gt;"El resultado de la decisión de Bismarck de 1879 (la adopción del proteccionismo) fue que Alemania tomó el papel del revolucionario; es decir, de un estado cuya posición en relación con el resto del mundo es la de representar un sistema económico superior y más avanzado... nuestras concepciones de Liberalismo, Democracia y otras por el estilo, se derivan de las de las ideas del Individualismo Inglés, según las que un estado liberal es un estado con un gobierno débil, y donde toda restriccion de la libertad del individuo es concebida como un producto de la autocracia y el militarismo".&lt;br /&gt;En Alemania, "a la lucha por el sociaismo ha sido extraordinariamente simplificada puesto que todos sus prerrequisitos ya se han establecido".&lt;br /&gt;"Los conceptos políticos de "libertad" y "derechos civiles", de constitucionalismo y parlamentarismo se han derivado de la concepción individualista del mundo, de la que el Liberalismo Inglés en la encarnación clásica... Pero estos estándares han sido destrozados por esta guerra. Lo que hay que hacer es desembarazarse de estas ideas políticas heredadas y ayudar al crecimento de una nueva concepción del Estado y la Sociedad. También en esta esfera el Socialismo tiene que representar una oposicion consciente y firme al individualismo".&lt;br /&gt;En su libro "Prusianismo y Socialismo", publicado en 1920, Oswald Spengler decía:&lt;br /&gt;"El viejo espíritu prusiano y la convicción socialista, que hoy se odian con el odio de hermanos, son uno y lo mismo". "Los representantes de la Civiliación Occidental en Alemania, los liberales alemanes, son "el invisible ejército inglés que, tras la batalla de Jena, Napoleón dejá detrás en el suelo alemán".&lt;br /&gt;"La estructura de la nación inglesa está basada en la distinción entre ricos y pobres, la del prusiano está basada entre mando y obediencia. Por consiguiente, el significado de las diferencias de clase es fundamentalmente diferente en los dos países".&lt;br /&gt;La "idea prusiana" requería que todo el mundo fuera un funcionario del estado, que todos los sueldos y salarios fueran determinados por el estado. La administración de toda propiedad, en particular, se convertía en una función asalariada.&lt;br /&gt;Pero "la cuestión decisiva no sólo para Alemania sino para el mundo, y que tiene que ser resuelta por Alemania para el mundo es: En el futuro, ¿gobernará el comercio al estado, o gobernará e estado al comercio?. Frente a esta cuestión, Prusianismo y Socialismo son lo mmismo... Prusianismo y Socialismo combaten a Inglaterra en nuestro medio..."&lt;br /&gt;Fue así que la guerra misma llegó a definirse como una guerra entre Socialismo y Liberalismo como, entre otros, dijera Van den Bruck, un teórico nazi. El verdadero archienemigo siempre fue el liberalismo. La lucha contra el liberalismo en todas sus formas, el liberalismo que había derrotado a Alemania, era la idea común que unía a socialistas y a conservadores en un solo frente. Al principio fue fundamentalmente en el Movimiento de la Juventud Alemana, que era casi completamente socialista en su inspiración y puntos de vista, donde estas ideas fueron más rápidamente aceptadas y donde se completó la fusión entre el socialismo y el nacionalismo.&lt;br /&gt;-----------------------------------&lt;br /&gt;(12) Buscar la definición de "socialismo conservador" al final del Manifiesto Comunista.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;Capítulo XIII&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;Los totalitarios en nuestro medio&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Como he sugerido en estas páginas, la situación actual en las democracias occidentales no se parece tanto a las condiciones actuales de Alemania (1944) como a las condiciones de hace veinte o treinta años. La creciente veneración por el estado, la admiración por el poder y de la grandeza por la grandeza misma, el entusiasmo por la "organización" de todo (que ahora se llama "planificación") y la "incapacidad de dejar nada al simple crecimento orgánico" son tan notables hoy en Inglaterra como ayer lo eran en Alemania. Hombres como Lord Morley o Henry Sidwick, como Lord Acton o Dicey que eran admirados en todo el mundo como ejemplos sobresalientes de la sabiduría politica de Inglatera son, para la presente generación, obsoletos victorianos.&lt;br /&gt;Ninguna descripción en términos generales puede dar una idea adecuada de la similariad que existe entre la actual literatura política inglesa y los trabajos que destruyeron la creencia en la Civilización Occidental en Alemania y crearon el estado de ánimo en el que pudo triunfar el nazismo.&lt;br /&gt;La impaciencia con el estilo del hombre común, tan característica del experto, y el desprecio por todo lo que no haya sido conscientemente organizado por mentes superiores según modelos "científicos" eran fenómenos familiares en la vida pública aleman generaciones antes de que se volvieran significativos en Inglaterra.&lt;br /&gt;Como decía Julien Benda en la Trahison des Clercs (La Traición d los Intelectuales) "hay que observar que el dogma de que la historia obedece a leyes científicas es predicado especialmente por los partidarios de la autoridad arbitraria. Esto es natural puesto que de esa forma se eliminan las dos realidades que más odian: la libertad humana y la acción histórica del individuo".&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;Capítulo XIV&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;Condiciones materiales y fines ideales&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;En el pasado, ha sido la sumisión a las fuerzas impersonales el mercado lo que ha hecho posible el desarrollo de la civilización. Es esta sumisión lo que nos permite a todos construir algo que es mayor que lo que cada uno de nosotros pudiera construir. Se equivocan terriblemente los que creen que podemos ayudar a dominar las fuerzas de la sociedad de la misma forma que hemos aprendido a dominar las fuerzas de la naturleza. Esto no sólo es el camino hacia el totalitarismo sino también el camino hacia la destrucció de nuestra civilización y, ciertamente, la mejomanera de bloquear el progreso.&lt;br /&gt;La libertad individual no puede reconciliarse con la supremacía de un objetivo único al que toda la sociedad tenga que estar entera y permanentemente subordinada. La única excepción es la guerra u otra situación impuesta por un desastre.&lt;br /&gt;Los moralistas que enarbolan las banderas de la "justicia social" deben recordar que la moral es necesariamente un fenómeno individual. Sólo puede existir en la esfera en que el individuo es libre de optar por si mismo, de decidir si sacrificar alguna ventaja material a una regla moral. Fuera de la esfera de la responsabilidad individual no existe ni bien ni mal, ni oportunidad de mérito moral. No tenemos derecho a ser altruistas a costa de otros, ni hay ningún merito en el altruismo obligatorio.&lt;br /&gt;Un movimiento cuya principal promesa sea la de aliviar la responsabilidad individual no puede sino tener efectos antimorales. La independencia, la confianza en si mismo, la disposición a correr riesgos, la disposicion a respaldar las convicciones personales contra una mayoría, la disposición a la cooperación voluntaria, la tolerancia frente al diferente y al extraño, el respeto por la costumbre y la tradicón, y una saludable suspicacia con el poder y la autoridad son las virtudes sobre las que descansa una sociedad individualista. El colectivismo no tiene nada con que sustituirlas como no sea la obediencia.&lt;br /&gt;En la sociedad moderna las orientaciones a respetar ya no son la libertad del indiividuo, su libertad de movimiento o de expresión. Son, por el contario, los niveles protegidos de este grupo o aquel, su "derecho" a exluir a otros de darle a sus conciudadanos lo que les hace falta (13). La discriminación entre miembros y no miembros de grupos cerrados es aceptada cada vez más como algo natural; las injusticias contra los individuos en interés de ciertos grupos son vistas con creciente indiferencia.&lt;br /&gt;-------------------------------------------&lt;br /&gt;(13) En este sentido hay que tener mucho cuidado con la proliferación de supuestos "derechos" impulsada por la izquierda contemporánea. Los verdaderos derechos sólo apuntan a protegen al individuo frente a la arbitrariedad del poder. Pero la izquierda contemporánea promueve muchos "derechos" que no son tales sino simples aspiraciones cuya implementación llevaría a una "justicia distributiva" y, por consiguiente, al resurgimiento de los problemas discutidos en este libro. Cuando se habla del "derecho al trabajo", por ejemplo, ¿quién va a tener el deber, o la obligación, de emplear? Y ¿qué signfica el derecho a una retribución "equitativa" y "satisfactoria"? ¿Acaso los salarios no están determinados, como cualquier otro factor de la producción, por las leyes de la oferta y la demanda? Y, si no es el mercado, ¿quién determina entonces lo que es "equitativo" y "satisfactorio"? La Declaración Universal de 1948 fue un documento de compromiso, elaborado bajo la presión de la Unión Soviética y en medio del apogeo del New Deal. No hay que olvidarlo. Creo que hay que reflexionar sobre estos temas para no volver a ser víctimas de la misma demagogia de que hemos sido víctimas en el pasado.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;Capítulo XV&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/span&gt;&lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;Las perspecivas del orden internacional&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Otro campo donde el mundo también ha pagado caro el abandono del liberalismo del siglo XIX ha sido en el de las relaciones internacionales. También en este terreno las actuales concepcione sobre lo que es deseable y practicable pueden producir resultados completamente opuestos a los perseguidos. Es una ilusión fatal creer que sustituir la competencia por los mercados por las negociaciones entre los estados tiende a reducir las fricciones internacionales. Esto no es mas que trasladar la competencia entre empresas a la competencia entre estados poderosos y armados.&lt;br /&gt;No se puede creer que las limitaciones e inconvenientes de la planificación a escala nacional pueden superarse llevando la misma a una escala internacional. Mientras más aumenta la escala de la planificacion, más se va limitando la esfera de los acuerdos y más aumenta la necesidad de la compulsión. Si se llegara a considerar como la obligacion de una cualquier autoridad internacional el producir una justicia distributiva entre diferentes pueblos, la lucha de clases se covertiría en una lucha entre los trabajadores de distintos países. Las consecuencia de planificar para igualar los niveles de vida de distintos países tendrían que ser necesariamente desastrosos.&lt;br /&gt;Todos estamos de acuerdo en ayudar a elevar su nivel de vida a los pueblos más pobres. Pero, en ese sentido, la mejor ayuda es ayudar a mantener el orden y a crear las condiciones en las que la gente misma pueda desarrollar su propia vida. Nunca, en ninguna parte, ha funcionado bien la democracia sin una gran medida de autogobierno que represente una escuela de entrenamiento políticopara todos, y para los futuros líderes. Es sólo cuando la responsabilidad en asuntos con los que la gente está familiarizada puede aprenderse y practicarse, es sólo cuando la acción est orientada por las necesidades de nuestros vecinos y no por algunos principios abstractos, cuando la gente sencilla puede llegar aparticipar efectivamente en los asuntos públicos.&lt;br /&gt;Sin duda, una de las mejores salvaguardas de la paz sería una autoridad internacional que limitara el poder del estado sobre losindividuos. Usado con sabiduría, el principio federal pudiera ser la mejor solución para muchos de los problemas más difíciles del mundo. Poder reducir el riego de fricciones que puedan llevar a la guerra es probablemente todo lo que podamos y debamos esperar.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;Capítulo XVI&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;&lt;strong&gt;Conclusión&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Si hemos fallado en nuestro intento por crear un mundo de hombres libres, tenemos que tratar otra vez. Pero lo que no debemos olvidar nunca es que una política de libertad para el individuo es la única verdaderamente progresista, y que esto sigue siendo tan cierto hoy como lo fue en el siglo XIX.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p dir="ltr" style="margin-right: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:arial,sans-serif;font-size:100%;"  &gt;Fin &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6662313409533785359-1930601677046391605?l=textosliberales.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6662313409533785359/posts/default/1930601677046391605'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6662313409533785359/posts/default/1930601677046391605'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://textosliberales.blogspot.com/2008/12/el-camino-de-la-servidumbre-resumen.html' title='El Camino de la Servidumbre (resumen)'/><author><name>flavio g</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_ICglJvh8qjI/STu0eSSVcRI/AAAAAAAAAG8/q6oWwptOb_A/S220/portada_bases.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6662313409533785359.post-2107728878795236984</id><published>2008-12-08T09:54:00.000-08:00</published><updated>2008-12-08T10:16:39.311-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Read'/><title type='text'>Yo, el lápiz</title><content type='html'>Yo soy un lápiz de grafito, el típico lápiz de madera tan conocido por todos los que saben leer y escribir. Escribir es al mismo tiempo mi vocación y mi distracción; eso es todo lo que hago.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, el lápiz, si bien en apariencia soy algo sencillo, merezco tu asombro y admiración. En realidad, si ustedes consiguen darse cuenta del milagro que vengo a simbolizar, podrán ayudar a la libertad que desgraciadamente la humanidad poco a poco va perdiendo. Tengo una profunda lección que enseñar. Y puedo transmitirla mejor que lo que un automóvil, un aeroplano o una lavadora de platos podrían hacerlo, en virtud de ser aparentemente algo muy simple.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Simple? Sin embargo, &lt;em&gt;&lt;strong&gt;NI UNA SOLA PERSONA SOBRE LA TIERRA SABE COMO HACERME&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;. Esto suena fantástico ¿no es cierto? Especialmente cuando se toma conciencia que alrededor de quinientos millones de unidades como yo son producidas en los Estados Unidos cada año. Tómenme y obsérvenme. ¿Qué es lo que ven? Sus ojos no encontrarán gran cosa: hay un poco de madera, barniz, la etiqueta, la mina de grafito, algo de metal y una goma de borrar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi árbol familiar comienza con lo que en los hecho es precisamente un árbol: un cedro de fibra recta que crece en el norte de California y Oregon. Contemplen ahora todos aquellos elementos que la tarea de cortar el árbol y transportar los troncos hasta la vía del ferrocarril requiere: sierras, camiones, sogas y mucho otros pertrechos. Piensen en todas las personas y en las innumerables técnicas que intervinieron en su fabricación: en la extracción del mineral, la obtención del acero y su conversión en sierras, ejes, motores; el cultivo del cáñamo y su paso por todas las etapas hasta llegar a la soga pesada y resistente; los campamentos de los obreros con sus camas y comedores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los troncos son transportados hacia un aserradero en California. ¿Pueden ustedes imaginar a todo aquellos individuos que participan en la fabricación de los vagones, los rieles, los motores del ferrocarril y la instalación de los sistemas de comunicación? Consideren las tareas que se llevan a cabo en el aserradero. Los troncos de cedro son cortados en pequeñas láminas de menos de un cuarto de pulgada de grosor cada una. Las mismas son secadas y entintadas por las mismas razones por las que las mujeres ponen rouge en sus rostros: la gente prefiere que yo luzca hermoso y no de un blanco pálido. Las láminas de madera son enceradas y secadas en un horno nuevamente. ¿Cuántos conocimientos intervinieron en la fabricación de la tina y de los hornos, en la generación del calor, la luz y la energía, las poleas, los motores, y en todas las cosas qua la fábrica requiere? ¿Incluimos a los que realizan la limpieza de mis ancestros? Sí, y también a quienes vertieron el concreto para edificar la represa hidroeléctrica que suministra de energía a la fábrica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi punta en sí misma es compleja. El grafito es extraído de Sri Lanka. Tengan presente a los mineros y a todos aquellos que produjeron sus diversas herramientas y a los que elaboraron las bolsas de papel en las cuales el grafito es transportado y a quienes fabricaron las cuerdas con las cuales se atan las bolsas y a aquellos que las cargaron y a los que fabricaron esos barcos. Inclusive los encargados del faro que guía las naves y los operarios del puerto participaron en mi nacimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El grafito es mezclado con arcilla proveniente de Mississippi en la cual el hidróxido de amonio es utilizado en el proceso refinado. Posteriormente, agentes humectantes son añadidos, tales como sebo sulfurado, que es grasa animal químicamente tratada como ácido sulfúrico. Luego de pasar por numerosas máquinas, la mezcla finalmente luce como salida de un picador de carne, y pasan a ser cortadas a medida, secadas y horneadas por varias horas a una temperatura de 1000 grados Celsius. Para aumentar su resistencia y suavidad, las puntas son tratadas con una mezcla caliente que incluye cera proveniente de México, parafina y grasas naturales hidrogenadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La madera de cedro recibe seis manos de esmalte. ¿Tienen idea de cuáles son todos los ingredientes del esmalte? ¿Se le ocurriría a alguien pensar que las refinerías de aceite de castor forman parte de él? Pues así es,. Al mismo tiempo, el proceso a través del cual se logra que el esmalte tenga un atractivo color amarillo, involucra las habilidades de más personas que las que alguien podría llegar a enumerar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi pequeña porción de metal, está hecha de cobre. Piensen en todos aquellos que se dedican a la extracción de zinc y del cobre, y en quienes conocen las técnicas para producir finas y brillantes láminas con ambos elementos naturales. Los negros anillos que se observan en mi cuerpo, son de níquel negro. ¿Qué es el níquel negro y cómo se le aplica? A su vez, la historia completa de por qué el centro de mi cuerpo no posee níquel negro demandaría páginas enteras para explicarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego llega el momento de mi "coronación", a la que poco elegantemente se le conoce en el mundo comercial como "la arandela", la parte que los individuos utilizan para borrar aquellos errores que cometen conmigo. Un ingrediente llamado "factice" es lo que constituye esa parte de mi ser. Es un producto de características similares al caucho, hecho con un aceite proveniente de las Antillas Holandesas, mezclado con cloruro sulfurado. La llamada "goma", contrariamente a la opinión popular, se utiliza solamente para pegar. Existe también, numerosos agentes vulcanizadores y aceleradores. Por ejemplo, la piedra pómez proviene de Italia, y el pigmento que le otorga a la arandela su color es el cadmio sulfurado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Quiere alguien desafiar ahora mi afirmación inicial de que ningún individuo sobre la Tierra sabe cómo fabricarme? En realidad, millones de seres humanos han participado en mi creación, cada uno de los cuales sólo conoce muy poco del resto. Pero no hay un solo individuo entre todos esos millones de seres, incluyendo al presidente de la compañía de lápices, que contribuya a mi elaboración más que una infinitesimal parte del conocimiento. La única diferencia que existe entre el minero que extrae el grafito en Sri Lanka y el leñador en Oregon está en el tipo de conocimiento que ambos poseen. Ni el minero ni el leñador pueden ser dejados de lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He aquí un hecho pasmoso: ni el minero que extrae el grafito, ni quienes conducen o fabrican los barcos o trenes o camiones, ni quien posee en funcionamiento la máquina que talla mis partes metálicas, realizan su tarea porque me quieren. Ellos me quieren aún menos de lo que puede llegar a hacerlo un alumno de primer grado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad, entre esta vasta multitud existe algo en común, que nada tiene que ver con la circunstancia de que alguna vez hayan visto un lápiz o aún de que sean o no cómo utilizarlo. Su motivación es algo que está más allá de mi propia existencia. Cada uno de estos millones de individuos observa que puede intercambiar su pequeño arte de conocimiento respecto de cómo se produce un lápiz, por aquellos bienes y servicios que necesita o desea, pudiendo yo encontrarme o no entre esos bienes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Existe aún un hecho más pasmoso: La ausencia de una mente maestra, de alguien dictando o dirigiendo por la fuerza todas esas incontables acciones que me permiten cobrar vida. Ni el más mínimo rastro de tal clase de persona puede encontrarse. En cambio, hallamos a la Mano Invisible de Adam Smith trabajando. Este es el misterio al cual me refería al comienzo de mi relato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, el lápiz, soy una compleja combinación de milagros: un árbol, zinc, cobre, grafito, etc. Pero a todos estos milagros que se ponen de manifiesto en la Naturaleza se le ha añadido un milagro más aún más extraordinario: la configuración de creativas energías humanas, millones de pequeños conocimientos dando forma a una natural y espontánea respuesta a una necesidad y a un deseo humano y en ausencia de cualquier clase de mente maestra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo expresado es lo que quise decir cuando escribí, "si consiguen darse cuenta del milagro que vengo a simbolizar, podrán ayudar a la libertad que desgraciadamente la humanidad va poco a poco perdiendo." Si alguien es consciente de que estos conocimientos se armonizarán natural y automáticamente dando forma a actividades creativas y productivas, en respuesta a las necesidades y demandas de los individuos, y en ausencia de toda mente maestra gubernamental y coercitiva, esa persona poseerá un ingrediente absolutamente esencial para la libertad: &lt;em&gt;&lt;strong&gt;FE EN LA LIBERTAD INDIVIDUAL&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;. La libertad es imposible sin esa fe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez que el gobierno toma para sí el monopolio de alguna actividad creativa, como por ejemplo el servicio de correos, la mayoría de los individuos creerá que la correspondencia no podrá ser eficientemente despachada por particulares actuando libremente. He aquí el motivo: Cada uno admitirá que por sí mismo no puede conocer todas las facetas que involucra la entrega de correspondencia. Será consciente también de que ningún otro individuo sabe tampoco cómo hacerlo. Estas percepciones son en realidad correctas. Nadie posee suficiente conocimiento para desarrollar un servicio nacional de correos, del mismo modo de nadie posee los suficientes conocimientos como para poder fabricar un lápiz. Ahora bien, ante la falta de fe en la libertad individual, ante el desconocimiento de que millones de pequeños conocimientos natural y milagrosamente confluirán para satisfacer una necesidad del mercado, la opinión pública arribará erróneamente a la conclusión de que el correo puede ser repartido por una "mente maestra" gubernamental.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si yo, un lápiz, fuera el único artefacto que pudiera ofrecer testimonio acerca de lo que los hombres y mujeres pueden llegar a alcanzar cuando se les permite comerciar libremente, entonces quienes tienen poca fe tendrían un justo motivo. Sin embargo, observamos que el despacho de correspondencia es algo relativamente simple si se le compara, por ejemplo, con la fabricación de un automóvil o de una calculadora o con decenas de miles de otras cosas. En las áreas donde los individuos han sido dejados en libertad, ellos han logrado trasladar la voz humana alrededor del mundo en menos de un segundo; hacer llegar un evento visualmente y con movimiento hasta el hogar de cualquier persona al mismo tiempo en que está ocurriendo; transportar cuatro libras de petróleo desde el Golfo Pérsico hasta la Costa Occidental -media vuelta al mundo- por menos dinero que el que cobra el gobierno por despachar una simple carta hasta la vereda de enfrente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La lección que tengo para transmitir es esta: Déjese a las energías creativas fluir libremente. Simplemente organícese a la sociedad para actuar en armonía con esta lección. Procúrese que la organización jurídica remueva todos los obstáculos lo más que pueda. Permítase que los conocimientos surjan libremente. Téngase esa fe en que los hombres y mujeres libres responderán a la Mano Invisible. Esa fe será ampliamente confirmada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, el lápiz, aparentemente tan simple, ofrendo el milagro de mi creación como testimonio de que esa fe resultará muy práctica, tan práctica como lo son el sol, la lluvia, un cedro y la buena tierra.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6662313409533785359-2107728878795236984?l=textosliberales.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6662313409533785359/posts/default/2107728878795236984'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6662313409533785359/posts/default/2107728878795236984'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://textosliberales.blogspot.com/2008/12/yo-el-lpiz.html' title='Yo, el lápiz'/><author><name>Mike</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_7bj6iQ9MDyM/S9Rlw10WIUI/AAAAAAAAGxk/q2dqiS56mLY/S220/NS05.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6662313409533785359.post-2442157387398104451</id><published>2008-12-08T08:18:00.000-08:00</published><updated>2008-12-08T08:25:16.723-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Rand'/><title type='text'>De cada cual según su capacidad; a cada cual según sus necesidades</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"   style="color: rgb(32, 32, 32);   line-height: 16px; font-family:Verdana;font-size:12px;"&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(255, 255, 255);"&gt;Fragmento del libro de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ayn_Rand"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(255, 255, 255);"&gt;Ayn Rand&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(255, 255, 255);"&gt;, "&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Atlas_Shrugged"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(255, 255, 255);"&gt;La rebelión de Atlas&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(255, 255, 255);"&gt;"&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(255, 255, 255);"&gt;-En la fábrica donde trabajé veinte años ocurrió algo extraño. Fue cuando el viejo murió y se hicieron cargo sus herederos. Eran tres: dos hijos y una hija que pusieron en práctica un nuevo plan para dirigir la empresa. Nos dejaron votar y todo el mundo, o casi todo el mundo, lo hizo favorablemente, porque no sabíamos en realidad de qué se trataba. Creíamos que ese plan era bueno, o mejor dicho, pensamos que se esperaba de nosotros que lo creyésemos bueno. Consistía en que cada empleado en esa fábrica trabajaría según su habilidad o destreza, y sería recompensado de acuerdo a sus necesidades. Nosotros... pero ¿qué le ocurre, señora? ¿Por qué me mira de ese modo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo se llamaba esa fábrica? – preguntó Dagny con voz apenas perceptible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Twentieth Century Motor Company, señora. En Starnesville, Wisconsin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Continúe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Votamos por el plan en una gran reunión a la que asistimos unos seis mil, es decir, todos los que trabajábamos allí. Los herederos de Starnes pronunciaron largos discursos, no demasiado claros, pero nadie hizo preguntas. Ninguno estaba seguro de cómo funcionaría ese plan, pero todos pensábamos que nuestros compañeros lo habían comprendido. Si alguien tenía dudas al respecto, se sentía culpable y debía mantener la boca cerrada, porque todo aquel que se opusiera al plan hubiese parecido un desalmado, al que no era justo considerar humano. Nos dijeron que aquel plan significaba la concreción de un ideal muy noble. ¿Cómo íbamos a pensar lo contrario? ¿No habíamos oído decir durante toda nuestra vida, a nuestros padres y maestros, y a los pastores religiosos, leído en todos los periódicos y visto en todas las películas, y escuchado en todos los discursos públicos que aquello era recto y justo? Quizá nuestra conducta en la reunión podía ser comprensible hasta cierto punto. Votamos por el plan, y conseguimos lo previsto. Usted sabe, señora, que quienes trabajamos durante los cuatro años del plan en la fábrica Twentieth Century somos hombres marcados. ¿Qué se supone que es el infierno? Maldad, pura y simple, ¿verdad? Pues bien, eso es lo que vimos allí y lo que ayudamos a construir. Creo que estamos condenados por eso y quizá no se nos perdone nunca...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"¿Sabe cómo funcionó aquel plan y cuáles fueron sus efectos en nosotros? – continuó explicando el vagabundo –. Es como verter agua en un depósito en cuya parte inferior hay un caño por el que se vacía con más rapidez de la que usted lo llena y cada balde que echa dentro ensancha ese desagüe cada vez más, entonces cuanto más uno duramente trabaja, más se le exige; primero trabaja cuarenta horas semanales, luego cuarenta y ocho, y, más tarde, cincuenta y seis, para pagar la cena del vecino, la operación de su mujer, el sarampión del niño, la silla de ruedas de su madre, la camisa de su tío, la educación de su sobrino, o para el niño que ha nacido en la casa de al lado, o el que va a nacer; en fin para cuantos lo rodean, y que han de recibirlo todo, desde pañales a dentaduras postizas, mientras uno trabaja desde el amanecer hasta la noche, un mes tras otro y un año tras otro, sin tener más para mostrarles a esas personas que el propio sudor, sin otra expectativa que la complacencia de los demás para el resto de su vida, sin descanso, sin esperanza, sin fin... De cada uno según sus capacidades, para cada uno de acuerdo con sus necesidades...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Nos dijeron que formábamos una gran familia, que todos participábamos en la empresa juntos, pero no todos trabajábamos ante la luz de acetileno diez horas diarias, ni padecíamos a la vez un dolor de vientre. ¿Cómo establecer, de un modo exacto, la capacidad de unos y las necesidades de otros? Cuando todo se hace en común, no es posible permitir que cualquiera decida sobre sus propias necesidades, ¿verdad? Si lo hace, pronto acabará pidiendo un yate, y si sus sentimientos son los únicos valores en que podemos basarnos, nos demostrará que es cierto. ¿Por qué no? Si no tengo derecho a tener un auto, hasta que caiga en una sala de hospital por haber trabajado para proporcionarle un coche a cada holgazán y a cada salvaje del mundo, ¿por qué no puede exigirme también un yate, si aún sigo de pie, si no he colapsado? ¿No? ¿Por qué no? Y entonces, ¿por qué no exigirme también que prescinda de la crema de mi café, hasta que él haya podido pintar su habitación...? ¡Oh, bien!... Acabamos decidiendo que nadie tenía derecho a juzgar sus propias necesidades o sus propias convicciones, y que era mejor votar sobre ello. Sí, señora, votábamos en una reunión pública que se celebraba dos veces al año. ¿De qué otro modo podíamos hacerlo? ¿Imagina lo que sucedía en semejantes reuniones? Bastó una sola para descubrir que nos habíamos convertido en mendigos, en unos mendigos de mala muerte, gimientes y llorones, ya que nadie podía reclamar su salario como una ganancia lícita, nadie tenía derechos ni sueldos, su trabajo no le pertenecía sino que pertenecía a ‘la familia’, mientras que ésta nada le debía a cambio y lo único que podía reclamarle eran sus propias ‘necesidades’, es decir, suplicar en público un alivio a las mismas, como cualquier pobre cuando detalla sus preocupaciones y miserias, desde los pantalones remendados al resfriado de su mujer, esperando que ‘la familia’ le arrojara una limosna. Tenía que declarar sus miserias, porque eran las miserias y no el trabajo lo que se había convertido en la moneda de aquel reino, así que se convirtió en una competencia de seis mil pordioseros, en la que cada uno reclamaba que su necesidad eran peor que la de sus hermanos. ¿Qué otra cosa podíamos hacer? ¿Quiere saber lo que ocurrió? ¿Quiere saber quiénes mantuvieron la calma, sintiendo vergüenza y quiénes se aprovecharon de la situación?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Pero eso no fue todo. En la misma reunión se descubrió otra cosa. La producción de la fábrica había disminuido en 40 por ciento en el primer semestre, y se llegó a la conclusión que alguien no había trabajado ‘de acuerdo con su destreza o capacidad’. ¿Quién era? ¿Cómo averiguarlo? La ‘familia’ votó también sobre eso. Así se determinó quiénes eran los más capacitados, y a éstos se los sentenció a trabajar horas extra cada noche durante los siguientes seis meses. Horas extras sin paga, porque no se pagaba por el tiempo trabajado, ni por la tarea realizada, sino tan sólo según las necesidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"¿Quiere que le cuente lo que sucedió después? ¿Y en qué clase de seres nos fuimos convirtiendo, los que alguna vez habíamos sido seres humanos? Empezamos a ocultar nuestras capacidades y conocimientos, a trabajar con lentitud y a procurar no hacer las cosas con más rapidez o mejor que un compañero. ¿Cómo actuar de otro modo, cuando sabíamos que rendir al máximo para ‘la familia’ no significaba que fueran a darnos las gracias ni a recompensarnos, sino que nos castigarían? Sabíamos que si un sinvergüenza arruinaba un grupo de motores, originando gastos a la compañía, ya fuese por descuido o por incompetencia, seríamos nosotros los que pagaríamos esos gastos con horas extra y trabajando hasta los domingos. Por eso, nos esforzamos en no sobresalir en ningún aspecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Recuerdo a un joven que empezó lleno de entusiasmo por ese noble ideal, un muchacho brillante, sin estudios, pero con una inteligencia asombrosa. El primer año ideó un plan de trabajo que nos ahorró miles de horas-hombre y lo entregó a ‘la familia’, sin pedir nada a cambio, aunque tampoco hubiera podido hacerlo. Se portó como creía correcto, lo hacía por el ideal, según dijo. Pero cuando en una votación lo declararon el más inteligente de todos, y lo sentenciaron a trabajar de noche porque no habíamos conseguido extraerle aún lo suficiente, cerró la boca y el cerebro. Le aseguro que el segundo año no aportó ninguna idea nueva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"¿Qué era eso que siempre nos habían dicho acerca de la competencia descarnada del sistema de ganancias, donde los hombres debían competir por ver quién realizaba mejor trabajo que sus colegas? ¿Cruel, no es así? Deberían haber visto lo que ocurría cuando todos competíamos por realizar el trabajo lo peor posible. No existe medio más seguro para destruir a un hombre, que ponerlo en una situación en la que no sólo desee &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(255, 255, 255);"&gt;no mejorar&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(255, 255, 255);"&gt;, sino que, además, día tras día se esfuerza en cumplir peor sus obligaciones. Dicho sistema acaba con él mucho antes que la bebida o el ocio, o el vivir haciendo malabares para tener una existencia digna. Pero no podíamos hacer otra cosa, estábamos condenados a la impotencia. La acusación que más temíamos era la de resultar sospechosos de capacidad o diligencia. La habilidad era como una hipoteca insalvable sobre uno mismo. ¿Para qué teníamos que trabajar? Sabíamos que el salario básico se nos entregaría del mismo modo, trabajáramos o no, recibiríamos la ‘asignación para casa y comida’, como se la llamaba, y más allá de eso no había chances de recibir nada, sin importar el esfuerzo. No podíamos planear la compra de un traje nuevo para el año siguiente porque quizá nos entregarían una ‘asignación para vestimenta’, o quizá no. Dependía de si alguien no se rompía una pierna, necesitaba una operación o traía al mundo más niños, y si no había dinero suficiente para adquirir ropas nuevas para todos, no lo habría para nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Recuerdo a cierto hombre que había trabajado duramente toda su vida porque siempre había querido que su hijo fuera a la universidad. Bueno, el muchacho terminó la secundaria durante el segundo año del plan, pero ‘la familia’ no quiso entregar al padre ninguna asignación para que siguiera sus estudios. Dijeron que su hijo no podía ir a la universidad hasta que hubiera suficiente dinero para que los hijos de todos pudieran hacerlo. El padre murió al año siguiente en una riña de bar. Una pelea sobre nada en particular, en la que salieron a relucir navajas. Ese tipo de altercados se estaban haciendo muy frecuentes entre nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"También, había un viejo viudo y sin familia que tenía una afición: los discos fonográficos. Creo que era todo cuanto pudo desear conseguir de la vida. En otros tiempos solía ahorrar en comida para poder comprar algún disco nuevo de música clásica. Pues bien: no le dieron "asignación" para discos por considerarlo ‘un lujo personal’ pero durante esa misma reunión, una niña fea y desagradable, de ocho años, llamada Millie Bush, que era la hija de alguno, consiguió que votaran para comprarle un par de aparatos de oro para sus dientes, porque se trataba de una ‘necesidad médica’ según el psicólogo que consideró que sino se enderezaban sus dientes, la niña tendría un complejo de inferioridad. El viejo amante de la música se dio a la bebida, hasta tal punto que rara vez lo veíamos sobrio. Pero había algo que no podía olvidar. Cierta noche, mientras se tambaleaba por una calle, vio a Millie Bush y empezó a darle puñetazos hasta dejarla sin un diente, ni uno solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"La bebida era lo único que nos proporcionaba algún consuelo y todos nos volcamos a ella en mayor o menor grado. No pregunte de dónde sacábamos el dinero. Cuando todos los placeres decentes quedan prohibidos, existen siempre medios para llegar a los vicios. No se entra a robar a un bar durante la noche ni se registran los bolsillos de un compañero para comprar sinfonías clásicas o adquirir accesorios de pesca, pero sí para emborracharse y olvidar. ¿Accesorios de pesca? ¿Escopetas de caza? ¿Cámaras fotográficas? No existían asignaciones para ese tipo de pasatiempos. La ‘diversión’ fue lo primero que quedó descartado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"¿Es que acaso no se supone que uno debe avergonzarse por cuestionar cuando alguien nos pide que dejemos algo que nos da placer? Hasta nuestra ‘asignación para cigarrillos’ quedó reducida a dos paquetes mensuales, porque, según dijeron, el dinero debía usarse para comprar leche para los niños. La producción de niños fue la única que no disminuyó, sino que, por el contrario, se hizo cada vez mayor. La gente no tenía otra cosa que hacer y, por otra parte, no tenían por qué preocuparse, ya que los niños no eran una carga para ellos, sino para ‘la familia’. En realidad, la mejor posibilidad para obtener un respiro durante algún tiempo, era una ‘asignación infantil’, o una enfermedad grave.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Pronto nos dimos cuenta de cómo funcionaba aquello. Quien quisiera jugar limpio, tenía que privarse de todo, perder el gusto por los placeres, aborrecer fumar o masticar chicle, preocupado de que hubiese alguien que necesitara más esas monedas. Sentía vergüenza de la comida que tragaba, preguntándose quién la habría pagado con sus horas extras, pues sabía que esa comida no era suya por derecho propio y prefería ser engañado antes que engañar. Podía aprovecharse, pero no hasta el punto de chupar la sangre de otro. No se casaba ni ayudaba en sus hogares para no ser una nueva carga para ‘la familia’. Además, si conservaba cierto sentido de la responsabilidad, no podía casarse y tener hijos, puesto que no le era posible planear, prometer, ni contar con nada. Pero los desorientados y los irresponsables se aprovecharon. Trajeron niños al mundo, se casaron, y trajeron consigo a todos los indignos parientes que tenían en todo el país, y a cada hermana soltera que quedaba embarazada y con el fin de obtener ‘asignaciones por incapacidad’, contrajeron más enfermedades de las que cualquier médico podía atender, arruinaron sus ropas, sus muebles y sus casas, pero ¡qué importaba!: ‘la familia’ pagaba todo. Así, encontraron más modos de tener ‘necesidades’ que los que nadie hubiera podido imaginar, desarrollaron una habilidad especial para eso, la única habilidad que mostraban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"¡Por Dios, señora! ¿Se da cuenta de lo que sucedió? Se nos había dado una ley con la cual vivir y que llamaban &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(255, 255, 255);"&gt;ley moral&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(255, 255, 255);"&gt;, que castigaba a quienes la cumplían. Cuanto más tratábamos de vivir de acuerdo con esa ley, más sufríamos y cuando más la burlábamos, mayores recompensas obteníamos. La honestidad era una herramienta entregada a la deshonestidad ajena. Los honestos pagaban, mientras los deshonestos cobraban. El honesto perdía y el deshonesto ganaba. ¿Cuánto tiempo puede un ser humano permanecer bueno con semejante ley? Éramos un buen grupo de personas decentes al principio. No había demasiados oportunistas entre nosotros. Conocíamos bien nuestra tarea, nos sentíamos orgullosos de ella, y trabajábamos para la mejor fábrica del país, propiedad del viejo Starnes, que sólo admitía en su plantel a los más selectos obreros. Al cabo de un año del nuevo plan, no quedaba entre nosotros ni una sola persona decente. Aquello era maldad, la clase de maldad horrible e infernal con la que los predicadores solían asustarnos, pero que uno nunca imaginamos que existiera. No es que el plan haya incentivado a algunos cuantos bastardos, sino que transformó a la gente decente en cretinos, sin que se pudiera obrar de otra manera... ¡y a eso llamaban ideal moral!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"¿Para qué habríamos de desear trabajar? ¿Por amor a nuestros hermanos? ¿Qué hermanos? ¿Para los aprovechadores, los sinvergüenzas, los holgazanes que veíamos a nuestro alrededor? Si eran simuladores o incompetentes, si no querían trabajar o estaban incapacitados para hacerlo, ¿qué nos importaba a nosotros? Si quedábamos reducidos para toda la vida al nivel de su capacidad, fingida o real, ¿para qué preocuparnos? No teníamos manera de saber cuáles eran sus verdaderas condiciones, carecíamos de medios para controlar sus necesidades. Lo único que se sabía era que estábamos convertidos en bestias de carga, luchando ciegamente, en un lugar que era mitad hospital, mitad almacén, sin marchar hacia ningún objetivo, excepto la incompetencia, el desastre y las enfermedades. Éramos bestias colocadas allí como instrumentos de aquél que quisiera satisfacer las necesidades de otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"¿Amor fraternal? Fue allí cuando aprendimos a aborrecer a nuestros hermanos por primera vez en la vida. Los odiábamos por todas las comidas que ingerían, por los pequeños placeres que disfrutaban, por la nueva camisa de uno, el sombrero de la esposa de otro, una salida familiar, o la pintura de la casa, porque todo eso nos era quitado a nosotros, era pagado con nuestras privaciones, nuestras renuncias y nuestro hambre. Empezamos a espiarnos unos a otros, con la esperanza de sorprendernos en alguna mentira acerca de nuestras necesidades y disminuir las asignaciones en la próxima reunión. Y empezamos a servirnos de espías, que informaban acerca de los demás, revelando, por ejemplo, si alguien había comido pavo el domingo, posiblemente pagado con el producto de apuestas. Empezamos a meternos en las vidas ajenas, provocamos peleas familiares para lograr la expulsión de algún intruso. Cada vez que veíamos a alguno saliendo en serio con una chica, le hacíamos la vida imposible, y así arruinamos numerosos compromisos matrimoniales, porque no queríamos que nadie se casara, no queríamos más gente a la que alimentar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"En los viejos tiempos, el nacimiento de un niño era celebrado con entusiasmo y generalmente ayudábamos a las familias a pagar sus facturas de la clínica si estaban apretadas. Pero luego, cuando nacía un niño, estábamos varias semanas sin dirigirle la palabra a sus padres. Para nosotros, los niños eran como las langostas para los agricultores. En otras épocas ayudábamos a quien tuviera enfermos en su casa, pero luego... Voy a contarle un solo caso. Se trataba de la madre de un hombre que llevaba con nosotros quince años. Era una anciana afable, alegre e inteligente, que nos llamaba por nuestros nombres de pila, y con la que todos solíamos simpatizar. Un día se cayó por la escalera del sótano, y se fracturó la cadera. Sabíamos lo que eso significaba, a su edad, y el médico dijo que tenía que ser internada en un hospital de la ciudad para someterla a un tratamiento costoso y prolongado. La anciana murió la noche antes de ser traslada a la ciudad para su internación. Nunca se pudo establecer la causa de su fallecimiento. No sé si fue asesinada, nadie lo dijo, nadie hablaba del tema. Todo cuanto sé es que... y esto es lo que no puedo olvidar... es que yo también deseé que muriera. ¡Que Dios nos perdone! Tal era la hermandad, la seguridad, la abundancia que se suponía que el famoso plan nos iba a brindar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"¿Qué motivo había para que se predicara esta clase de horror? ¿Sacó alguien algún provecho de todo esto? Sí, los herederos de Starnes. No vaya usted a contestarme que sacrificaron una fortuna y que nos entregaron la fábrica como regalo, porque también en esto nos engañaron. Es verdad que entregaron la fábrica, pero los beneficios, señora, dependen de aquello que se quiere conseguir. Y no había dinero en el mundo que pudiese comprar lo que los herederos de Starnes buscaban porque el dinero es demasiado limpio e inocente para tal cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"El más joven, Eric Starnes, era un sometido, sin valor ni energía para hacer nada en especial. Resultó electo director del departamento de Relaciones Públicas que no hacía nada y tenía a sus órdenes a un personal ocioso, por lo cual no tenía por qué quedarse en la oficina. Su paga, en realidad no debería llamarla así, porque no se ‘pagaba’ a nadie... la limosna que se votó para él, era muy modesta, algo así como diez veces mayor que la mía, pero a Eric no le importaba el dinero, porque no hubiera sabido qué hacer con él. Pasaba el tiempo entre nosotros, demostrándonos su compañerismo y su espíritu democrático. Le encantaba que la gente le demostrase afecto. Su mayor empeño consistía en recordarnos a cada instante que nos habían dado la fábrica. Ya no podíamos soportarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Gerald Starnes era nuestro director de producción. Nunca pudimos averiguar la medida de su rastrillaje de ganancias, pero hubiéramos necesitado todo un equipo de contadores y otro de ingenieros para saber de qué modo todo aquel dinero pasaba por una tubería directa o indirectamente a su despacho. Sin embargo, nada figuraba como beneficio particular, sino como medios con los que pagar los gastos de la compañía. Gerald tenía tres automóviles, cuatro secretarias y cinco teléfonos, y solía organizar fiestas con champán y caviar, que ningún gran magnate que pagara impuestos en el país podía permitirse. Gastó más dinero en un año que el que ganó su padre en los dos últimos de su vida. En su despacho encontramos unos cuarenta kilos de revistas, llenas de artículos sobre nuestra fábrica y nuestro noble plan, con grandes retratos de Gerald Starnes, en los que se lo mencionaba como un ‘gran paladín social’. Por la noche le gustaba entrar en las tiendas vestido de etiqueta, con gemelos de brillantes, del tamaño de monedas, desparramando la ceniza de su puro por doquier. Un bruto con plata que no tiene otra cosa que exhibir aparte de su dinero, ya es un tipo desagradable, pero al menos no necesita mostrar que el dinero es suyo y uno puede contemplarlo con la boca abierta si lo desea. Pero cuando un bastardo como Gerald Starnes se exhibe de ese modo y declara una y otra vez que no le preocupa la riqueza material y que sólo sirve a ‘la familia’, que todos aquellos lujos no son para él sino en beneficio del bien común porque es preciso mantener el prestigio de la firma y del noble plan de la misma... entonces es cuando uno aprende a aborrecer a esos seres como nunca se ha aborrecido a ningún ser humano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Pero su hermana Ivy era peor. A ella realmente no le importaba la riqueza material. La asignación que recibía no era mayor que la nuestra, y siempre iba con zapatos chatos y faldas simples y camisas, con el fin de demostrar su indiferencia. Era directora de Distribución, a cargo de nuestras necesidades, la que, en realidad, nos tenía agarrados del cuello. Se suponía que la distribución se realizaba por votación, por la voz de la gente, pero cuando la gente son seis mil voces roncas que tratan de decidir sin ningún criterio, medida o razón, cuando no existen reglas y cada uno puede pedir lo que quiera sin tener derecho a nada, cuando cada cual ejerce el derecho sobre la vida ajena pero no sobre la suya, todo acaba como efectivamente terminó: Ivy Starnes acabó siendo la voz del pueblo. Al finalizar el segundo año, abandonamos aquella farsa de las ‘reuniones de familia para proteger la eficacia productora y economizar tiempo’, que solían durar diez días, y todas las peticiones fueron enviadas directamente a la oficina de la señorita Starnes. No, no eran enviadas. Mejor dicho, cada peticionante en persona debía presentarse allí y ella elaboraba una lista de distribución que nos leía en una reunión que duraba tres cuartos de hora. Luego votábamos. Había diez minutos para la discusión y las objeciones, pero no formulábamos ninguna, para ese tiempo ya nos habíamos dado cuenta. Nadie puede dividir la renta de una fábrica entre miles de obreros, sin una norma con que medir el valor de la gente. La de la señorita Ivy era la adulación a su persona. ¿Desinteresada? En los tiempos de su padre todo su dinero no le hubiera permitido hablar al tipo más bajo de su empresa en el modo como ella solía hablarles a nuestros más hábiles obreros y a sus esposas. Tenía unos ojos pálidos, vidriosos, fríos y muertos. Si se quería conocer la maldad absoluta, bastaba con observar cómo resplandecían sus ojos cuando alguien le respondía a un cuestionamiento para entonces ya no recibir más que la "asignación básica". Al observar aquello, comprendíamos el motivo real de quienes fueran capaces de apreciar la consigna: &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(255, 255, 255);"&gt;‘De cada cual según su capacidad; a cada cual según sus necesidades’&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(255, 255, 255);"&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Allí residía el secreto de todo. Al principio no dejaba de preguntarme cómo era posible que hombres educados, justos y famosos, pudieran cometer un error semejante y presentar como buena tal abominación, cuando cinco minutos de reflexión les hubieran indicado lo que sucedería en caso de que alguien pusiera en práctica semejante idea. Ahora comprendo que no obraron así por error, porque errores de este tamaño no se cometen nunca inocentemente. Cuando alguien se hunde en alguna forma de locura, imposible de llevar a la práctica con buenos resultados, sin que exista, además, razón que la explique, es porque tiene motivos que no quiere revelar. Y nosotros no éramos tampoco tan inocentes cuando votamos a favor del plan, en la primera reunión. No lo hicimos sólo porque creyéramos que la vieja y empalagosa farsa que nos presentaban fuera buena. Teníamos otro motivo, pero la farsa nos ayudó a ocultarlo de nuestros vecinos y de nosotros mismos. La farsa nos daba una posibilidad de hacer pasar como virtud algo de lo que nos hubiéramos avergonzado. Ninguno votó sin pensar que dentro de una organización de tal clase participaría en los beneficios de quienes eran más hábiles que él. Nadie se consideró lo bastante rico y listo para no creer que alguien lo sobrepasaría, y este plan lo participaría de la riqueza y la inteligencia ajenas. Pero pensando conseguir beneficios de quienes estaban por encima, olvidamos que había seres inferiores, que buscaban lo mismo de nosotros, olvidamos a los inferiores que tratarían de explotarnos del mismo modo que cada uno intentaría explotar a sus superiores. El obrero impulsado por la idea de que sus necesidades le daban derecho a un automóvil como el de su jefe, olvidó que todo pordiosero y vagabundo de la tierra empezaría a exigir un refrigerador como el del obrero. Ése fue nuestro motivo real cuando votamos. Tal es la verdad pero no nos gustaba reconocerlo y cuanto más lo lamentábamos, más alto gritábamos nuestro amor hacia el bien común.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Conseguimos lo que nos habíamos propuesto, pero cuando nos dimos cuenta de lo que aquello representaba, ya era demasiado tarde. Estábamos atrapados, sin lugar adónde huir. Los mejores de entre nosotros abandonaron la fábrica en la primera semana del plan. Así perdimos a los mejores ingenieros, supervisores, capataces y obreros especializados. Todo el que se respete no quiere verse convertido en vaca lechera de la comunidad. Algunos intentaron impedir el proyecto, pero no lo consiguieron. Los hombres huían de la fábrica como de una zona infectada, hasta que no quedaron más que los necesitados, sin habilidad ni condiciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Si algunos de nosotros, dotados de ciertas cualidades, optamos por quedarnos, fue porque llevábamos allí muchos años. En los viejos tiempos, nadie renunciaba a Twentieth Century y no podíamos hacernos a la idea de que aquellas condiciones ya no existieran más. Transcurrido algún tiempo, nos fue imposible marcharnos, porque ningún otro empresario nos habría admitido, y no se los puede culpar. Nadie, ninguna persona respetable, quería tratar con nosotros. Los dueños de las tiendas donde comprábamos empezaron a abandonar Starnesville a toda prisa, hasta que no nos quedaron más que los bares, las salas de juego y algunos comerciantes estafadores y aprovechadores, que nos vendían bazofia a precios exorbitantes. Nuestras asignaciones fueron perdiendo valor a medida que aumentaba el costo de vida. En la empresa, la lista de los necesitados se fue estirando, al tiempo que la de sus clientes se acortaba. Cada vez era menor la riqueza a dividir entre más y más gente. En los viejos tiempos solía decirse que Twentieth Century Motors era una marca tan buena como el oro. No sé qué pensarían los herederos de Starnes si es que pensaban algo, pero tengo la impresión de que, igual que todos los planificadores sociales y los salvajes insensatos, estaban convencidos de que aquella marca era en sí misma una especie de emblema mágico dotado de un poder sobrenatural que los mantendría ricos, igual que a su padre. Pero cuando nuestros clientes empezaron a notar que nunca lográbamos entregar un pedido a tiempo, y que siempre había algún defecto en los que entregábamos, el mágico emblema empezó a operar en sentido inverso: la gente no aceptaba un motor marca Twentieth Century ni regalado. Llegó un momento en que nuestros únicos clientes fueron los que nunca pagaban ni pensaban hacerlo, pero Gerald Starnes, embrutecido y engreído por su propia publicidad, empezó a ir de un lado a otro con aire de superioridad moral, exigiendo que los empresarios nos pasaran pedidos, no porque nuestros motores fueran buenos, sino porque &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(255, 255, 255);"&gt;necesitábamos esos pedidos&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(255, 255, 255);"&gt;urgentemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Por aquel entonces, una ciudad fue testigo de lo que generaciones de profesores pretendieron no observar. ¿Qué beneficios podría reportar nuestra necesidad a una central eléctrica, por ejemplo, si sus generadores se paraban a causa de un defecto en nuestros motores? ¿Qué beneficio reportaría a un hombre tendido en una camilla de operaciones, si, de pronto, se le cortara la luz? ¿Qué bien haría a los pasajeros de un avión si el motor fallaba en pleno vuelo? Y si adquirían nuestros productos no por su calidad sino por nuestra necesidad, ¿la acción moral del propietario de la central eléctrica, del cirujano y del fabricante del avión sería buena, justa y noble?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Sin embargo, tal era la ley moral que profesores, directivos y pensadores habían querido establecer. Si esto fue lo que ocurrió en una pequeña ciudad donde todos nos conocíamos, ¿imagina lo que hubiera sido a escala mundial? ¿Imagina lo que hubiera ocurrido si hubiéramos tenido que vivir y trabajar, sujetos a todos los desastres y a todos los inconvenientes del planeta? Trabajar pensando en que si alguien fallaba en cualquier lugar, era uno quien debería pagarlo. Trabajar sin posibilidad alguna de progreso, con la comida, la ropa, el hogar y las distracciones pendientes de una estafa, una crisis de hambre o una peste en cualquier lugar del mundo. Trabajar sin posibilidades de una ración extra, hasta que los camboyanos tuvieran alimento suficiente o hasta que todos los patagónicos hubieran ido a la universidad. Trabajar con un cheque en blanco, en poder de cada criatura nacida, hombres a los que nunca vería, cuyas necesidades no conocería, cuya laboriosidad, pereza o mala fe nunca podría llegar a aprender o cuestionar. Tan sólo trabajar, trabajar y trabajar, dejando que las Ivys o los Geralds del mundo decidieran qué estómagos habrían de consumir el esfuerzo, los sueños y los días de su vida. ¿Es ésta la ley moral a aceptar? ¿Es éste un ideal moral?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Lo intentamos y aprendimos la lección. Nuestra agonía duró cuatro años, desde la primera reunión hasta la última, y todo terminó del único modo que podía terminar: en la quiebra. Durante la última reunión, Ivy Starnes fue la única que intentó forcejear un poco. Pronunció un corto, desagradable y agresivo discurso en el que dijo que el plan había fracasado porque el resto del país no lo había aceptado, que una sola comunidad no podía llevarlo a la práctica y triunfar en medio de un mundo egoísta y avaro; que el plan era un ideal noble, pero que la naturaleza humana no estaba a su altura. Un joven, el mismo que había sido castigado por habernos dado una idea útil durante el primer año, se puso de pie, mientras todos seguíamos sentados en silencio, y se dirigió a Ivy Starnes, que ocupaba el estrado. No dijo nada, sino que la escupió en la cara. Y ése fue el fin del noble plan de Twentieth Century.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6662313409533785359-2442157387398104451?l=textosliberales.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6662313409533785359/posts/default/2442157387398104451'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6662313409533785359/posts/default/2442157387398104451'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://textosliberales.blogspot.com/2008/12/de-cada-cual-segn-su-capacidad-cada.html' title='De cada cual según su capacidad; a cada cual según sus necesidades'/><author><name>Doble Doble V</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06496498643852364499</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6662313409533785359.post-2120769802017263496</id><published>2008-12-08T07:04:00.000-08:00</published><updated>2008-12-08T07:06:17.655-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Sowell'/><title type='text'>Conflicto de Visiones</title><content type='html'>&lt;p align="left"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;font-size:100%;"&gt;Conflicto de     visiones&lt;br /&gt;   &lt;br /&gt;   &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;font-size:85%;"&gt;Los orígenes ideológicos de las     luchas políticas&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Thomas Sowell&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Introducción &lt;/b&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Es frecuente que las mismas personas tengan     puntos de vista contrapuestos en relación con un gran número de     problemas aunque éstos no tengan relación entre sí. Difieren en     cuanto al papel del gobierno, la actitud ante la delincuencia, la     guerra, el divorcio, la pena de muerte, el aborto, el papel de los     jóvenes e innumerables otros asuntos. Ahora bien, si observamos con     más cuidado nos damos cuenta de que esta oposición no es casual, de     que estas personas razonan a partir de premisas diferentes,     frecuentemente implícitas, y que son esas premisas las que brindan     esa coherencia a su oposición. Ambos tienen perspectivas diferentes,     distintas visiones de cómo funciona el mundo.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Inevitablemente, el reflejo o la aprehensión de     la realidad sólo puede efectuarse mediante grandes síntesis que,     inevitablemente, dejan fuera muchos elementos de esa realidad. Sería     magnífico si no tuviéramos que recurrir a esas síntesis y pudiéramos     aprehender la realidad directamente pero, por supuesto, eso es     imposible. La realidad es demasiado compleja como para que la     mentalidad de nadie sea capaz de aprehenderla. Esas síntesis son los     únicos instrumentos de que disponemos para captarla. Aunque son     instrumentos maravillosos nunca debemos confundirlos con la realidad     misma y siempre debemos tener en cuenta que es posible que hayamos     pasado por alto algunos elementos significativos.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Las visiones son la base, el fundamento, sobre     el que se elaboran las teorías. La estructura final de éstas no sólo     depende de ese fundamento sino del cuidado y la coherencia con hayan     sido elaboradas y de en que medida concuerden con los hechos. Las     visiones son subjetivas, pero las buenas teorías tienen     implicaciones claras, y los hechos pueden comprobar y medir su     validez objetiva.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Las visiones sociales son importantes. Las     políticas basadas en ellas tienen consecuencias que recorren las     sociedades y reverberan a través de los años e, inclusive, de las     generaciones. Las visiones preparan las agendas del pensamiento y de     la acción, y llenan las brechas en el conocimiento individual. Un     hombre puede actuar de una forma en un área que conoce bien y de     forma totalmente distinta en otra, donde se apoya en una visión que     nunca ha comprobado empíricamente. Un médico puede ser conservador     en asuntos médicos y revolucionario en problemas sociales.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Desde el punto de vista de las motivaciones     personales, las ideas pueden ser simplemente fichas con las que los     demagogos y los oportunistas juegan a la política. Sin embargo,     desde una perspectiva histórica más amplia, esos individuos también     pudieran ser vistos como simples portadores de ideas, como vehículos     que transportan las ideas de una manera tan inconsciente como las     abejas transportan el polen. Juegan, de esa forma, un papel     importante en el metabolismo social aunque ellos mismos no estén     conscientes del mismo y sólo se encuentren persiguiendo objetivos     estrictamente individuales. &lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;El papel de los intelectuales en la historia ha     sido el de contribuir a la formación de esas vastas y poderosas     corrientes de opinión que impulsan la actividad humana. El efecto de     las visiones no depende de su formulación coherente y, ni siquiera,     de que sus portadores estén conscientes de las mismas. Muchos     hombres "prácticos" desdeñan las teorías porque no se han detenido a     analizar el fundamento ideológico de su propia actividad. Como decía     Keynes, muchos de esos hombres "prácticos" simplemente son esclavos     de las ideas de algún economista muerto desde hace dos o tres     siglos.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;DOS PERSPECTIVAS; LA CONSERVADORA Y LA     REVOLUCIONARIA &lt;/b&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Divergencias en cuanto a la naturaleza del     hombre. &lt;/b&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;La naturaleza del hombre: la perspectiva     conservadora o restringida.&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;En 1759, en su Teoría de los Sentimientos     Morales", Adam Smith señalaba que "... si (el hombre) fuera a perder     su dedo meñique no podría dormir por la noche pero, siempre que     nunca los haya visto, roncaría con la más profunda seguridad sobre     la ruina de cien millones de sus hermanos".&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;En la perspectiva de Adam Smith, las     limitaciones morales del hombre en general, y su egocentrismo en     particular, no son lamentadas ni consideradas como cosas a cambiar.     Son tratados como hechos, como características propias de la vida.     Estas limitaciones constituyen las restricciones fundamentales de su     perspectiva. Por consiguiente, el problema moral y social     fundamental es conseguir los mejores resultados posibles a partir de     esas limitaciones mas bien que disipar energías en tratar de cambiar     la naturaleza humana, un intento que Smith consideraba tan vano como     sin sentido.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;En vez de considerar la naturaleza humana como     algo que pudiera o debiera ser cambiado, Smith trataba de determinar     cuál sería la manera más efectiva de alcanzar los mayores beneficios     morales y sociales posibles, dentro de las limitaciones de la     naturaleza humana. Su punto de vista era muy similar al de Alexander     Hamilton, el principal autor de El Federalista, que afirmaba:&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;"Es el destino de todas las instituciones     humanas, aún de las más perfectas, el tener defectos así como     virtudes, propiedades buenas así como malas. Esto proviene de la     imperfección de su Institutor, el Hombre".&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Sin embargo, es evidente que una sociedad no     puede funcionar si cada persona fuera a actuar como si su dedo     meñique fuera más importante que las vidas de cientos de millones de     seres humanos. Pero aquí la palabra clave es actuar. En general, los     hombres no actuamos de forma tan groseramente egoísta, aunque     frecuentemente esa sea la inclinación espontánea de nuestros     sentimientos. Esto se debe a factores como la fidelidad a ciertos     principios morales, a los conceptos de honor y de nobleza más bien a     que amemos al prójimo como a nosotros mismos. A través de estos     artificios culturales se puede persuadir a los hombres a que hagan     por su propia imagen lo que no estarían dispuestos a hacer por su     prójimo. Estos conceptos eran vistos por Smith como la forma más     eficiente de hacer el trabajo moral al menor costo psíquico. Su     respuesta era esencialmente económica: un serie de compromisos, de     transacciones y de incentivos más bien que de una hipotética     solución mediante la transformación de la naturaleza humana.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Según Smith los individuos no buscaban     conscientemente beneficios económicos para la sociedad sino que,     bajo la presión de la competencia y los incentivos de la ganancia     individual, estos beneficios surgían espontáneamente de las     interacciones del mercado. Los beneficios sociales eran sistémicos     (derivados del funcionamiento de un sistema y no de un propósito     consciente). Es importante recordar que el mercado no es la única     interacción que, pese a ser espontánea, crea productos altamente     complejos y organizados. El idioma, por ejemplo, es otra. Este es un     punto muy importante porque tenemos la tendencia a pensar que     cualquier resultado deseable tiene que ser el producto de acciones     conscientes y deliberadas, pero no es así. En la vida social hay un     gran espacio, útil y constructivo, para las interacciones     espontáneas y sus beneficios sistémicos.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;La naturaleza del hombre: la perspectiva no     restringida o revolucionaria.&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Quizás ningún libro del siglo XVIII contraste     tanto con la visión del hombre de Adam Smith como la "Investigación     Concerniente a la Justicia Política" de William Goodwin, publicada     en 1793. Mientras que para Adam Smith la única forma de llevar al     hombre a actuar para el bien de los demás es ofreciéndole incentivos     para que lo haga, para Goodwin, el hombre es perfectamente capaz de     considerar las necesidades de los demás como más importantes que las     suyas propias y, por lo tanto, es capaz de actuar de forma     consistentemente imparcial, aun a costa de sus propios intereses. La     intención de beneficiar a los demás es "la esencia de la virtud" y     el único camino a la felicidad.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Por supuesto, esta afirmación no es una     generalización empírica sobre el coportamiento de la mayoría de las     personas sino una tesis sobre la naturaleza subyacente del ser     humano. A diferencia de Smith, que consideraba natural el egoísmo,     Goodwin lo consideraba como un vicio promovido por el mismo sistema     de recompensas que se empleaba para dirigirlo hacia fines sociales.     Según Goodwin, "la esperanza de recompensa" y "el temor del castigo"     eran "erróneas en si mismas" y "contrarias al mejoramiento de la     mente"(1). Era la misma tesis de Condorcet que rechazaba la idea de     tratar de "utilizar para el bien los prejuicios y los vicios en vez     de tratar de superarlos y reprimirlos". Esos "errores", según     Condorcet confundían al "hombre natural" y sus potencialidades con     el hombre actual, "corrompido por los prejuicios, las pasiones     artificiales y las costumbres sociales".&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;¿QUE HACER ANTE LOS PROBLEMAS SOCIALES? &lt;/b&gt;    &lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Compromisos versus soluciones&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;La prudencia, el cuidadoso sopesar de los     compromisos es vista de forma muy diferente en la visión restringida     o conservadora y la no restringida o revolucionaria. Dentro de la     perspectiva conservadora de la naturaleza humana, donde lo único a     lo que podemos aspirar es a negociaciones y compromisos, la     prudencia es una de las más altas virtudes. Edmund Burke la llamaba     "la primera de todas las virtudes" y afirmaba que "nada es bueno     sino en proporción con otros factores y con referencia a otros     asuntos", es decir, como transacción y compromiso.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Por el contrario, Goodwin, seguramente pensando     en Adam Smith, despreciaba a "esos moralistas que sólo piensan en     estimular los hombres a las buenas acciones mediante consideraciones     de frígida prudencia y mercenarios egoísmos" en vez de tratar de     estimular "el magnánimo y generoso sentimiento de nuestra     naturaleza".&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;En la visión no restringida o revolucionaria se     encuentra implícita la noción de que lo potencial es radicalmente     diferente de lo real, de que existen medios para mejorar la     naturaleza humana y acercarla a ese potencial para que el hombre     haga las cosas justas por las razones correctas más bien que por     recompensas económicas o psicológicas. Condorcet decía que, con el     tiempo, el hombre podría "cumplir por inclinación natural los mismos     deberes que hoy le cuestan esfuerzo y sacrificio" (2). "La     perfectibilidad del hombre" -decía- "es verdaderamente indefinida".    &lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Aunque la palabra "perfectibilidad" ha caído en     desuso, el concepto ha sobrevivido intacto hasta nuestro tiempo. El     concepto de que "el ser humano es un material sumamente plástico"     sigue jugando un papel clave entre los pensadores contemporáneos que     comparten la visión revolucionaria. Dentro de esta perspectiva, el     concepto de "solución" juega un papel crucial. Se logra una solución     cuando ya no es necesario hacer compromisos o negociaciones porque     se ha conseguido transformar la naturaleza humana. Es precisamente     ese objetivo de encontrar una "solución" final el que justifica     sacrificios iniciales que, de otra forma, serían considerados     inaceptables. &lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Divergencias en cuanto a los efectos de las     acciones y la moralidad social&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Goodwin clasificaba las acciones humanas en     intencionales y no intencionales, y cada una de estas, a su vez, en     benéficas y perjudiciales. La acción intencional benéfica era la     virtud. La acción intencional perjudicial era el vicio. La acción no     intencional perjudicial era la negligencia. Pero, para Goodwin, la     acción no intencional benéfica no existía. Es una categoría ausente     de su pensamiento.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Sin embargo, esa misma categoría es central en     el pensamiento de Adam Smith. Y es bueno recordar que Adam Smith no     era ningún adulador de los capitalistas y que, antes de Marx, ningún     economista los fustigó tan ácidamente. Smith caracterizaba las     intenciones de los capitalistas de "mezquina rapacidad" y comentaba     que eran gente "que rara vez se reúne, ni siquiera para divertirse,     y cuya conversación siempre termina en una conspiración contra el     público, o en algún esquema para subir los precios". Las     intenciones, tan decisivas para Goodwin, carecían de mayor     importancia para Smith. Lo importante, para él, eran las     características sistémicas de una economía de competencia, que     producían beneficios sociales independientemente de las mezquinas     intenciones individuales. Y, por supuesto, habría de ser Rosseau el     campeón de la visión revolucionaria, el principal expositor de la     tesis de que la naturaleza humana no tiene ninguna limitación     inherente y que los vicios sólo son el producto de las instituciones     sociales.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Diferencias en cuanto a la posibilidad de     poder conocer adecuadamente los fenómenos sociales &lt;/b&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Las concepciones epistemológicas (relativas al     conocimiento) son muy diferentes en la visión conservadora y en la     revolucionaria. En la concepción conservadora el conocimiento     individual es esencialmente insuficiente para tomar decisiones     sociales. Si la deficiencia del conocimiento individual suele     gravitar pesadamente sobre los problemas individuales, mucho más lo     será en relación con los complejos fenómenos de la sociedad. En esta     visión, el progreso sólo es posible gracias a una infinidad de     acuerdos sociales que trasmiten y coordinan el conocimiento de     muchísimos individuos. Y no sólo el suyo sino también el de las     generaciones pasadas. En la visión conservadora el conocimiento es     sobre todo experiencia. Experiencia trasmitida, en gran medida, de     manera implícita, no expresa, y del que son ejemplos desde las     tradiciones hasta los precios.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;"No todo conocimiento es parte de nuestro     intelecto. Nuestros hábitos y capacidades, nuestras actitudes     emocionales, nuestros instrumentos y nuestras instituciones, son en     este sentido adaptaciones a experiencias pasadas que han ido     acumulándose mediante una eliminación selectiva de las conductas     menos adecuadas. Son una parte tan indispensable de la praxis     exitosa como nuestro conocimiento consciente. Hay más inteligencia     incorporada en el sistema de reglas de conducta que en las     reflexiones de cualquier individuo sobre el medio que lo rodea.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;El conocimiento es la experiencia social de las     masas materializado en sentimientos y hábitos más bien que en las     razones explícitas de unos cuantos individuos, por muy talentosos     que estos puedan ser. Como dice Burke:&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;"Nos da miedo poner a los hombres a vivir y a     comerciar de acuerdo a sus solos recursos privados de raciocinio     porque sospechamos que esos recursos son escasos en cada hombre, y     que los individuos harían mejor recurriendo a los recursos generales     de las naciones y de los siglos". Esa destilación cultural del     conocimiento debe ser considerado como un probado cuerpo de     experiencia que ha funcionado, y que sólo debe ser cambiado tras el     más riguroso, y hasta renuente, de los exámenes.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Sin embargo, la visión revolucionaria tiene una     apreciación totalmente opuesta. Según ella, es perfectamente posible     comprender y, por consiguiente, dominar los complejos fenómenos     sociales. "La verdad y, sobre todo, la verdad política no es difícil     de adquirir", decía Goodwin. Lo único que hace falta es "una     discusión independiente e imparcial" entre gente "sincera y sin     ambiciones". La naturaleza del bien y del mal, para Goodwin, era     "uno de los temas más sencillos" de comprender. Posteriormente esa     misma posición ha reaparecido una y otra vez. Según Bernard Shaw,     los males de la sociedad "no son ni incurables ni siquiera difíciles     de curar cuando se han diagnosticado científicamente". Según Shaw,     la sociedad existente "es sólo un sistema artificial susceptible de     casi infinitos reajustes y modificaciones. Más aun, prácticamente     puede ser demolido y substituido de acuerdo a la voluntad del     Hombre". Es decir, que las dificultades para comprender y controlar     los fenómenos sociales no constituyen una dificultad fundamental. La     dificultad fundamental se encuentra en la deliberada obstrucción de     su solución.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Nota: Muy vinculada a esta concepción esta la     idea de que la eliminación de la pobreza es una tarea relativamente     fácil. Dados los vastos recursos de la ciencia y la técnica     modernas, bastaría con aplicarlos para eliminar la miseria. La     fuente fundamental de la pobreza está en la falta de disposición     para afrontarla. De la misma forma en que se minimizan las     dificultades para superar las debilidades de los individuos, se     minimizan las dificultades para superar las debilidades de las     naciones. Y de la misma forma en que se exagera la potencialidad de     los individuos, confundiéndola con la realidad, también se confunde     la potencialidad de los países con su realidad.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;En la visión revolucionaria, la razón ocupa el     lugar de la experiencia. Según Goodwin, el papel de la experiencia     es muy exagerado en comparación con "el poder general de una mente     cultivada". Por consiguiente, consideraba que, en gran medida, la     sabiduría de los siglos era simplemente la ilusión de los     ignorantes. Según Goodwin:&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;"Nada debe ser mantenido porque es antiguo,     porque nos hemos acostumbrado a considerarlo como sagrado, o porque     resulta insólito cuestionarlo". Igualmente, según Condorcet, "todo     lo que tenga el sello del tiempo debe inspirar desconfianza más que     respeto". Es "sólo por meditación", decía "que podemos llegar a     cualquier verdad general en la ciencia del hombre".&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Debido a la capacidad de "la mente cultivada"     de aplicar la razón directamente a los hechos, no había necesidad de     ceder ante el inarticulado proceso sistémico que se expresa en la     sabiduría colectiva del pasado. Implícita en la visión     revolucionaria hay una profunda diferencia entre las conclusiones a     que pueden llegar las "personas de mente cultivada" y las de "mente     estrecha". De aquí se deduce que el progreso significa elevar los     primeros al nivel de los segundos.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;"El verdadero mejoramiento intelectual demanda     que la mente sea elevada, tan rápidamente como sea posible, a las     alturas del conocimiento ya existente entre los miembros ilustrados     de la comunidad, y empezar de ahí en la búsqueda de ulteriores     adquisiciones". &lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;El rechazo del concepto de sabiduría colectiva     deja las comparaciones entre las concepciones individuales como     único criterio de evaluación. &lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;En la visión conservadora, por el contrario, se     parte de "la necesaria e irremediable ignorancia de todo el mundo",     como dice Hayek. La toma de decisiones racionalista de la visión     revolucionaria "exige el completo conocimiento de todos los hechos     relevantes", lo que es completamente imposible puesto que el     funcionamiento de la sociedad depende de la coordinación de     "millones de hechos que, en su conjunto, no puede conocer nadie". En     la perspectiva conservadora, el conocimiento abarca toda la     multiplicidad de la experiencia, demasiado compleja para una     articulación explícita. Es una "sabiduría sin reflexión, inculcada     tan profundamente que se convierte prácticamente en reflejos     inconscientes". Pero la sabiduría sistémica, expresada de manera     inarticulada en la cultura popular, tiene más probabilidades de     estar en lo cierto que las grandes visiones de unos pocos     intelectuales. En la concepción conservadora, la sociedad suele     compararse con un organismo vivo que no puede ser reconstruido sin     consecuencias fatales. &lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;No se trata de negar la relativa superioridad     de los expertos dentro de un estrecho sector del conocimiento     humano. Lo que se niega es que esta superioridad, relativa y     limitada, vaya a conferir una superioridad general sobre otros tipos     de conocimiento más ampliamente difundidos. En esta perspectiva     restringida, conservadora, donde se concibe el conocimiento como     fragmentario y difundido, la coordinación sistémica de los muchos es     considerada superior a la sabiduría especial de los pocos.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Hayek señalaba que "prácticamente todo     individuo tiene alguna ventaja sobre los demás porque posee alguna     información única que se puede aprovechar, pero sólo si se le dejan     las decisiones que dependen de la misma o si se toman con su activa     cooperación". &lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Y, nuevamente Adam Smith: "El estadista que     intentara dirigir a la gente en cuanto a la forma en que debieran     emplear sus capitales, no sólo echarían sobre si mismo un trabajo     totalmente innecesario sino que asumiría una autoridad que no puede     darse con seguridad no sólo a ninguna persona sino a ningún concilio     o senado, y que podría ser más peligrosa en las manos de un hombre     lo suficientemente loco y presuntuoso como para imaginarse capaz de     ejercerla". &lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Dos visiones: racionalidad articulada versus     racionalidad sistémica &lt;/b&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Es importante comprender las divergencias de     las dos visiones en cuanto a su apreciación de la racionalidad. En     efecto, aunque todos los fenómenos tienen una causa, los seres     humanos pueden ser incapaces de especificarla. Con todo, en la     visión conservadora lo que constituye el factor decisivo es la     fuerza de los procesos no articulados para movilizar y coordinar el     conocimiento.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Para Goodwin el conocimiento mismo es sinónimo     de la racionalidad articulada. Cualquier actividad sin "una razón     explícita" es actuar "con prejuicio". En la visión revolucionaria,     estos dos significados prácticamente se funden, y decir que un     fenómeno tiene causa es prácticamente igual a decir que esa causa     puede especificarse. De aquí que las decisiones se tomen sobre la     base de las razones que pueden argumentarse, y que esas razones se     consideran prácticamente las únicas a tomarse en cuenta. &lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;En la visión conservadora, por el contrario,     siempre hay que dejar mucho espacio para las razones que no pueden     especificarse y que sólo podemos conocer a través de procesos     sociales. Hamilton decía que es extremadamente fácil, para cada     bando, decir un gran número de cosas plausibles". Pero, como     señalaba Hayek, es suficiente que la gente "sepa cómo actuar en     consonancia con las reglas, sin saber lo que las reglas son     explícitamente". De aquí el papel tan diferente que las dos visiones     conceden a los intelectuales.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Según Goodwin, "la razón es el instrumento     adecuado, y suficiente, para regular las acciones de la humanidad".     Lo que hace falta es inculcar "los puntos de vista justos sobre la     sociedad" en "los miembros reflexivos y liberalmente educados" que,     a su vez, según Goodwin, serán los "guías e instructores del     pueblo". Esta idea ha sido un tema constante en la visión     conservadora. Es la visión de los intelectuales como consejeros     desinteresados. Como decía Voltaire, "los filósofos, al no tener     interés particular que defender, sólo pueden hablar a favor de la     razón y del interés público. Condorcet hablaba de "los filósofos     verdaderamente ilustrados ajenos a la ambición". Y D'Alambert, "la     mayor felicidad de una nación se realiza cuando los que gobiernan     están de acuerdo con los que la instruyen". Una derivación moderna     de esta convicción es el papel asignado a los "expertos" dentro de     las burocracias gubernamentales para tratar de "resolver" todo tipo     de problemas sociales.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Muy por el contrario, la visión conservadora,     siempre ha considerado con profundo escepticismo el papel de los     intelectuales en la dirección de la sociedad. Como decía Burke:     "tratan de restringir a ellos mismos o sus seguidores la reputación     de buen sentido, cultura y buen gusto" y son capaces de "llevar la     intolerancia de la lengua y la pluma hasta la persecución" de los     demás. Adam Smith se refiere al "hombre de sistema", que cree ser un     "sabio en su vanidad" y que "parece imaginar que puede organizar los     diferentes miembros de una gran sociedad con la misma facilidad con     que la mano arregla las diferente piezas en un tablero de ajedrez".&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Dos visiones; sinceridad versus fidelidad&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Debido a las diferencias en cuanto a la     posibilidad cognoscitiva de cada individuo y la efectividad que     pueda tener ese conocimiento para decidir complejos problemas     sociales, las dos visiones le dan una importancia muy distinta a la     sinceridad. En la visión revolucionaria, donde se confía en que la     actividad del individuo "consciente" puede conseguir directamente     resultados importantes, la sinceridad y la dedicación son     esenciales. Según esta visión, los principales obstáculos para     conseguir los resultados deseados consisten, en primer lugar, en la     ignorancia, en que la gente no sabe cómo conseguirlos (y de aquí la     necesidad de las minorías "conscientes") y, en segundo lugar, en que     los que saben no quieren conseguirlos debido a conflicto de     intereses. &lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Los intelectuales que plantean la dificultad de     resolver los problemas sociales desesperan a los partidarios de la     visión revolucionaria. No pueden creer que sean sinceros. De ahí su     tendencia a considerar a sus adversarios como esencialmente     deshonestos. Son sobornados por sus adversarios, corrompidos,     hipócritas y hasta malévolos. Es aquí donde el error se hace     sinónimo de pecado, y donde algunos partidos cobran su parecido con     las iglesias. &lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;En la visión conservadora, por el contrario, el     enfoque es completamente distinto. Sus partidarios consideran que     nadie pueda saber, realmente, cómo resolver los problemas sociales.     De aquí que consideren natural que se cometan errores, y que tiendan     a no dudar de la sinceridad de sus adversarios. Es por esto que     consideran la sinceridad como una virtud menor que, en ocasiones,     puede ser hasta negativa, como cuando la gente se obstina en ideales     socialmente contraproducentes. Como decía Burke: "pueden hacer las     peores cosas sin ser los peores de los hombres".&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;En la visión conservadora, lo importante es la     fidelidad al papel que nos toca jugar en la sociedad. En efecto,     para los conservadores es posible alcanzar progreso social mediante     el simple y fiel desempeño de esos modestos papeles individuales,     gracias a sus efectos sistémicos. De aquí, que el deber del     negociante sea la fidelidad a sus accionistas, a los que les han     confiado sus ahorros, y no a la sincera prosecución de algún ideal     mediante donaciones caritativas o inversiones técnicamente dudosas,     que puedan poner en peligro esos ahorros. El deber del juez es     aplicar la ley y no cambiarla para conseguir los mejores resultados     de los que está sinceramente convencido. El profesor debe promover     el proceso de investigación y de reflexión en sus estudiantes, y no     llevarlos a las conclusiones que sinceramente considera como las     mejores para la sociedad. De la misma manera, los periodistas     tendenciosos no cumplen con el deber de su función social que es,     simplemente, dar la mejor información posible y dejar que los     lectores saquen sus propias conclusiones.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Sin embargo, en la visión revolucionaria, donde     la razón y la sinceridad juegan un papel fundamental, los papeles     sociales son considerados como excesivamente restringidos y rígidos.     Por consiguiente, se tiende a restarle importancia a las     formalidades. Cuando se sabe concretamente cómo conseguir los     resultados sociales que se desean, las formalidades parecen     innecesarias. A los funcionarios, los oficiales del ejército, los     padres o los maestros supuestamente no les hace falta la autoridad     de su función porque les basta con la fuerza de la razón. &lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Los partidarios de la visión conservadora     piensan de modo muy distinto. Ellos consideran que inevitablemente     se presentarán situaciones en las que haga falta que los soldados,     los alumnos o los niños, obedezcan aunque no comprendan. De ahí la     importancia que cobran entonces los títulos, las ceremonias y todos     los recursos para promover la obediencia a reglas cuyos beneficios     pueden no ser inmediatamente aprehensibles pero en cuyos benéficos     resultados se confía a largo plazo.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Las dos visiones: el papel de la juventud y     el de la vejez&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;En la visión revolucionaria, donde el     conocimiento y la razón son concebidos como racionalidad articulada,     los jóvenes tienen todas las ventajas. Si todos los problemas y los     vicios se derivan de las instituciones y creencias existentes, los     menos habituados a las mismas estarán menos corrompidos y, por     consiguiente, en mejor disposición para acometer los cambios     revolucionarios que la sociedad necesita. "Los niños son la materia     prima puesta en nuestras manos", decía Goodwin. Sus mentes son "como     una hoja de papel blanco". Y, por el contrario, "el prejuicio y la     avaricia" son características "comunes en la vejez".&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;En la visión conservadora, por el contrario, la     experiencia humana es simplemente la menos falible de las guías.     "Los más sabios y experimentados son generalmente los menos     crédulos", dijo Adam Smith. "Es sólo la sabiduría adquirida y la     experiencia lo que enseña incredulidad, y muy pocas veces lo enseña     lo suficiente". De aquí que valoren mucho la experiencia de los     viejos. La visión conservadora, que busca compromisos más bien que     soluciones dramáticas, valora mucho la prudencia producto de la     experiencia. El fervor moral no es un sustituto válido. "No es una     excusa de la ignorancia presuntuosa el estar dirigida por una pasión     insolente", decía Burke. &lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Oliver Wendell Holmes reflejaba la visión     conservadora cuando decía que "muchos juicios honorables y sensatos"     expresan "una intuición de la experiencia que va más allá del     análisis y compendia muchas impresiones enredadas y confusas;     impresiones que pueden estar por debajo la consciencia sin por eso     perder su valor". La ley incorpora la experiencia "no sólo de     nuestras vidas sino de las vidas de todos los hombres que han sido".&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;John Stuart Mill decía que las leyes no     "crecen" sino que se hacen y que "es absurdo sacrificar fines     actuales a medios anticuados". Sin embargo, también señaló que para     hacer la ley había que tomar en consideración "lo que la gente puede     soportar" y que esto era función de "viejos hábitos". La     aquiescencia de la humanidad "depende de la preservación de algo así     como la continuidad de la existencia en las instituciones" que     representa esos innumerables compromisos entre intereses y     esperanzas contradictorios, sin los que ningún gobierno pudiera     mantenerse durante un año, y aun con dificultad por sólo una     semana". &lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;¿Cuál es la mejor manera de promover el bien     colectivo? En la visión revolucionaria, los individuos "conscientes"     deben luchar por que se consigan los mejores resultados posibles     pero, en la visión conservadora, lo mejor es adherirse al deber de     los papeles institucionales, y dejar que sea el proceso sistémico el     que determine los resultados. No se trata de la contradicción entre     dos grupos sino entre el raciocinio articulado y la experiencia     histórica de muchas generaciones. Sin embargo, un filósofo moderno     del derecho como Dworkin, reflejando la visión revolucionaria, se     refiere esta experiencia histórica como "el fáctico y arbitrario     desarrollo de la historia".&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;La actitud ante los compromisos adquiridos&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;La actitud ante los compromisos es muy     diferente en la visión conservadora y la revolucionaria. En primer     lugar, hay que recordar que, para la visión revolucionaria, es     posible conocer las fórmulas del éxito y la felicidad. De aquí que     todo compromiso deba ser esencialmente revocable puesto que se ha     adoptado cuando el conocimiento era menor y, por lo tanto, no     debería mantener su validez en un futuro donde el conocimiento se     haya perfeccionado. &lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;En la visión conservadora, por el contrario,     donde se considera imposible conocer las fórmulas del éxito y la     felicidad, la importancia de los nuevos conocimientos es muy     cuestionable. Lo único seguro es el valor intrínseco de las     tradiciones que representan la experiencia acumulada de la humanidad     y que necesitan estabilidad para poder servir de guía. De aquí su     valorización de la lealtad y la fidelidad. &lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;En la visión conservadora, los vínculos     emotivos entre las personas son vistos como lazos sociales útiles,     indispensables para el funcionamiento de la sociedad. Como dice     Burke:&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;"Estar vinculado a la subdivisión, querer el     pequeño pelotón al que pertenecemos en la sociedad, es el primer     principios (el germen como si dijéramos) de los afectos públicos. Es     el primer eslabón en la serie que prosigue hacia el amor a nuestro     país, y a la humanidad". &lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;En la visión revolucionaria, esos sentimientos     espontáneos son considerados manifestaciones instintivas,     primitivas, no racionales y, por consiguiente, son considerados más     bien como obstáculos del progreso social. Para Goodwin: "el amor por     nuestro país es "un principio engañoso" que establecería "una     preferencia basada en relaciones accidentales y no en la razón". &lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Ninguna de las visiones considera que las     unidad sociales más pequeñas sean intrínsecamente más importantes     que las mayores. Pero la visión revolucionaria estima que los     hombres pueden llegar a conocer lo que hace falta hacer para que la     sociedad sea perfecta y, por consiguiente, considera indeseable y     perjudicial subordinar los intereses particulares a los generales.     La visión conservadora, por su parte, que no cree que ese     conocimiento sea posible, considera que hay que aprovechar los     vínculos emocionales primarios para utilizarlos como contrapeso del     egoísmo personal. &lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;La libertad&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;En la visión conservadora, la libertad es     considerada como la ausencia de opresión, de restricciones externas.     En la visión revolucionaria, la libertad es considerada como la     capacidad de hacer lo que uno quiera, como "el poder efectivo de     hacer cosas específicas", como decía John Dewey. Según la primera     concepción, lo importante es limitar el poder de unos individuos     sobre otros. Según la otra, lo importante es aumentar al máximo la     posibilidad de conseguir objetivos específicos. Esto implica dar     ventajas compensatorias a los que tengan alguna desventaja. &lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;El problema del poder&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Puesto que las visiones conservadora y     revolucionaria tienen concepciones opuestas sobre el funcionamiento     de la sociedad, ambas valoran de manera muy diferente la naturaleza     del poder. En la concepción revolucionaria se considera que tras un     gran número de fenómenos sociales se esconde una voluntad     deliberada. De aquí que le de mucha mayor importancia a la     racionalidad articulada y, por consiguiente, al papel del poder en     los fenómenos sociales.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Por otra parte, se considera que la libertad es     la capacidad de conseguir lo que uno quiera. De aquí que la misma     definición de poder sea diferente. En la concepción revolucionaria,     poder es la facultad de imponer la voluntad propia sobre la conducta     de los demás. Cada vez que alguien consigue influir sobre la     actuación de una persona, tiene poder sobre ella.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;En la concepción conservadora, donde tras la     mayoría de los fenómenos sociales lo que hay son procesos     sistémicos, inconscientes y espontáneos, la importancia que se le     concede al poder es mucho menor. Por otra parte, en la concepción     conservadora la libertad se considera como ausencia de opresión, de     restricciones, externas, de aquí que se considere al poder como la     facultad de restringir las opciones de alguien. Las definiciones se     parecen pero, en realidad, son muy diferentes.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;En la visión conservadora, alguien puede     conseguir que yo haga lo que él quiere pero si esa persona no me ha     impuesto determinadas limitaciones ni ha restringido mis opciones no     tiene poder sobre mí. Como la capacidad de influir sobre los demás     está mucho más generalizada que la capacidad de restringir sus     opciones, en la concepción revolucionaria la cuestión del poder     juega un papel mucho más importante que en la conservadora. &lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;El problema de la igualdad&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;En la visión revolucionaria, tratar de la misma     forma a personas diferentes es mantener y reforzar la desigualdad.     La igualdad significa igualdad de probabilidades de alcanzar     determinados resultados. Pero, dada la enorme desigualdad de los     seres humanos, esto implica recurrir a una política generalizada de     ventajas compensatorias para ciertos grupos. Condorcet decía que     "una verdadera igualdad" requiere que "aun las diferencias naturales     entre los hombres sean mitigadas" por políticas sociales.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;El origen de la desigualdad es muy importante.     En la visión revolucionaria, no sólo se trata de que unos tengan     mucho y otros poco, sino que algunos tienen poco porque otros tienen     mucho. Los ricos le han quitado lo suyo a los pobres. El empleador     le quita al empleado, el que vende al que compra, la metrópolis a la     colonia. &lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Por el contrario, la visión conservadora     considera, como decía Burke, que "todos los hombres tienen los     mismos derechos pero no las mismas cosas". La igualdad es la     igualdad en la ausencia de restricciones. Pretender eliminar otro     tipo de desigualdades sería contraproducente. Significaría en primer     lugar, que alguien tendría que estar a cargo de eliminar esas     desigualdades, lo que implicaría investir de excesivos poderes al     grupo gobernante. Este es el tema central de "El Camino de la     Servidumbre" de F.A.Hayek: Los cambios sociales revolucionarios sólo     pueden llevarse a cabo mediante una dictadura represiva. &lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Por otra parte, las desigualdades han existido     siempre y no están vinculadas a un determinado sistema social.     Precisamente lo que diferencia al capitalismo es que le ha permitido     al hombre común disfrutar de un nivel de vida sin precedentes en la     historia. La tecnología moderna no influye tanto sobre la vida de     los ricos como sobre la de los pobres. Los ricos siempre han     disfrutado de todas las comodidades pero sólo el capitalismo ha     puesto esas comodidades al alcance de las grandes masas. La     justificación moral del mercado se encuentra en la libertad y     prosperidad general que produce. &lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;El problema de la guerra &lt;/b&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;Para la visión revolucionaria la guerra es     contraria a la naturaleza humana, como todas las calamidades     sociales, se origina en las instituciones y surge de algún fallo     intelectual. Por consiguiente tiene que tener alguna causa que puede     ser combatida y neutralizada. Por consiguiente, lo que una nación     pacífica debe hacer es poner en evidencia su voluntad de paz,     mejorar las comunicaciones, hacer llamamiento a los más ilustrados,     restringir el armamento o todo lo que pueda ser amenazantes y     negociar las diferencias. Según Goodwin, la "inocencia y     neutralidad" no presentar peligro militar alguno que pueda     "amenazar" o "provocar un ataque". El fortalecimiento militar, las     alianzas, y el equilibrio de poder pueden conducir a la guerra.    &lt;span lang="ES"&gt;La institución militar es algo deplorable.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Para la visión conservadora, la     guerra no necesita explicación. Está implícita en los múltiples     fallos de la naturaleza humana y sólo puede ser negociada mediante     compromisos temporales. Smith veía el patriotismo como natural y     beneficioso, como un fenómeno moralmente productivo. Lo que una     nación pacífica debe hacer es prepararse para la guerra, elevar al     máximo el costo potencial para los agresores, promover el     patriotismo y al disposición para la guerra, negociar desde     posiciones de fuerza, apoyarse más en el valor popular que en los     veleidosos grupos de intelectuales. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES"&gt;El problema del crimen&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Para la visión conservadora el     crimen tiene su explicación en la naturaleza humana. Cada nueva     generación es una invasión de nuevos bárbaros que tienen que ser     civilizados antes de que sea demasiado tarde. Sólo nos protege el     acondicionamiento social, la moralidad general, el sentimiento del     honor, el humanismo cultivado por las tradiciones e instituciones     sociales. Tenemos que tratar de disuadir del crimen con la amenaza     de represalias. Adman Smith señalaba: "La piedad con los culpables     es crueldad con los inocentes". El castigo era, para él, un deber     doloroso. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Para la visión revolucionaria,     sin embargo, el crimen es contrario a la naturaleza humana. Es     difícil comprender la existencia del crimen si no hay una causa     especial que lo haya provocado. La sociedad "drena la compasión del     espíritu humano y engendra el crimen". En nuestra época se ha dicho     que "gente saludable y racional no perjudicaría a los demás". Por     consiguiente, la gente realizar crímenes por razones especiales, ya     sean sociales o psiquiátricas. Y, por consiguiente, la forma de     reducir el crimen es reducir esas razones especiales: pobreza,     desempleo, discriminación, enfermedades mentales. El crimen refleja     el carácter de la sociedad. El criminal sólo es su víctima. Goodwin     señalaba que "el castigo puede cambiar la conducta de un hombre",     pero "no puede mejorar sus sentimientos" &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES"&gt;El problema de la economía&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Para la visión conservadora, el     mercado responde a fuerzas sistémicas, a la interacción de     innumerables opciones individuales. Un mercado competitivo es un     sistema muy eficiente de "transmisión de información" en la forma de     precios. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;La visión revolucionaria alega     que la economía obedece al poder de intereses particulares y que, en     el futuro, debería obedecer el poder del interés público. Grupos de     poder fijan arbitrariamente los precios en las principales     industrias, y la respuesta debe ser que "el colérico público" exija     que el gobierno rectifique esta situación. Para Gunnar Myrdal,     Premio Nobel de economía, hay que investigar las condiciones     "responsables del subdesarrollo". Para Milton Friedman no hay que     explicar el subdesarrollo, lo que hay que explicar son las causas     del desarrollo y la prosperidad. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES"&gt;El problema de la justicia&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;En la visión conservadora la     justicia es necesaria para el mantenimiento de la sociedad. Como     decía Adam Smith: "Generalmente los hombres sienten tan poca     solidaridad por su prójimo que si este principio (la justicia) no     estuviera dentro de él y lo abrumara de respeto, actuarían como     bestias salvajes... y entrar en un grupo humano sería como entrar en     una cueva de leones"&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Puesto que la sociedad "no     puede subsistir entre los que están constantemente listos para     agredir y atacarse entre sí", la justicia es la primera necesidad de     la sociedad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Como decía Oliver Wendell     Holmes:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;"La ley no toma en     consideración la infinita variedad de temperamento, intelecto y     educación que determina que el carácter interno de un acto sea tan     diferente en los distintos hombres. No intenta ver a los hombres     como los ve Dios... Si, por ejemplo, un hombre nace apresurado y     torpe, siempre está teniendo accidentes y lesionándose a sí mismo o     a sus vecinos, no cabe duda que sus defectos congénitos serán     tomados en cuenta en los tribunales del Cielo pero sus errores no     resultan por eso menos enojosos para sus vecinos que si se derivaran     de una mala intención. Por consiguiente, sus vecinos le exigen, a su     propio riesgo, que se ponga a su mismo nivel, y las cortes que ellos     establecen no van a tomar en consideración su ecuación personal".    &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Según Holmes, "es correcto que     la justicia hacia el individuo pese menos que los intereses más     generales que hay que sopesar en el otro lado de la balanza".&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Según Holmes, "La vida de la     ley no ha sido lógica: ha sido experiencia... La ley encarna la     historia del desarrollo de una nación a lo largo de muchos siglos, y     no puede ser tratada como si sólo contuviera los axiomas y     corolarios de un libro de matemáticas".&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Y Blackstone:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;"Y la ley sin equidad, aunque     dura y desagradable, es mucho más deseable para el bien público que     la equidad sin ley, que haría de cada juez un legislador e     introduciría la más infinita confusión puesto que las cortes     establecerían casi tantas reglas de conducta como diferencias hay de     capacidad y sentimiento en la mente humana".&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;La visión revolucionara, por     supuesto, toma una posición totalmente contraria. Como decía     Goodwin: "No hay verdadera justicia si se reducen todos los hombres     a la misma estatura" según el delito cometido. Más bien, la justicia     requiere "contemplar todas las circunstancias de cada caso     individual". En esta concepción, no sólo se trata de la justicia de     la sanción sino también de la eficacia de la misma. La visión no     restringida aspira a cambiar los motivos y las predisposiciones de     la gente, busca soluciones. De aquí el constante llamamiento a     mejorar y transformar la legislación. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Holmes, al igual que Goodwin,     considera que es moralmente superior individualizar las sanciones,     pero considera que hacerlo está más allá de la capacidad de los     tribunales. La naturaleza humana no cambia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES"&gt;El problema de los derechos     individuales&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;La "Investigación Concerniente     a la Justicia Política" en 1793 puede haber sido el primer tratado     de justicia social. La justicia social es considerada como una     obligación obsesiva. "Nuestra deuda con el prójimo incluye todos los     esfuerzos que podamos hacer por su bienestar, y toda el auxilio que     podamos ofrecer a sus necesidades. En realidad, no tenemos nada que     sea estrictamente nuestro". Ni Goodwin ni Condorcet pensaban que     fuera necesario recurrir al gobierno como instrumento de cambios     sociales, ni infringir los derechos a la propiedad. Para los     partidarios de la visión conservadora, el concepto de justicia     social carece de toda importancia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;La diferencia fundamental entre     las dos visiones es que, para la visión revolucionaria, no se trata     de una cuestión de justicia sino de caridad. Para Hayek, el problema     estriba en que tratar de establecer cualquier redistribución de la     riqueza afecta tanto a la libertad como al mismo bienestar general.     "... el concepto de "justicia social" ha sido el caballo de Troya     que ha permitido la entrada del totalitarismo".&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Para Hayek, es obviamente     absurdo exigir "justicia social" de un proceso social inconsciente.     En realidad, la demanda de "justicia social" significa pedir que los     miembros de la sociedad se organicen de tal forma que sea posible     asignar determinadas porciones del producto social a diferentes     individuos o grupos. Pero esto significa no sólo conferir un     exagerado poder a determinado grupo y, por consiguiente, limitar la     libertad de los demás sino también crear obstáculos para la     generación de riqueza.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Según Hayek la libertad humana     depende, en gran medida, de ciertas reglas y especialmente de     reglas, de derechos, que "protegen ciertos dominios dentro de los     que los individuos son libres de actuar como ellos mismos decidan".     Según Hayek el concepto de "justicia social" socavaba el concepto     mismo de "estado de derecho", como estado gobernado por reglas     estables, puesto que siempre estaría tratando de sustituir la     justicia "formal" por la justicia "real" o "social". Y esta     "justicia social" no es más que un conjunto de resultados a los que     sólo puede llegarse mediante la ampliación de los poderes del     gobierno. Según Hayek, la "justicia distributiva" es intrínsecamente     "irreconciliable con el estado de derecho".&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;En la visión revolucionaria,     por el contrario, donde el hombre es supuestamente capaz de     pronosticar y controlar las consecuencias sociales de sus     decisiones, tanto el individuo como la sociedad son moralmente     responsables de que sus opciones produzcan determinados resultados.     Los jueces, por consiguiente, no se deben limitar a aplicar reglas     de procedimiento, ignorando los resultados particulares, sino que     deben tratar de aplicar los principios morales implícitos en la ley.     En los conflictos entre derechos, se le debe dar más peso a los que     definen al ser humano como sujeto antes de como objeto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;En la visión revolucionaria, la     igualdad, en forma más o menos amplia, ha sido considerada como     igualdad de resultados. Dada la inmensa cantidad de situaciones     diferentes, esto se traduce en tratamientos diferentes y     compensatorios.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;En la visión conservadora, los     principios de la justicia están limitados por sus posibilidades. Los     derechos son dominios más allá del alcance de las autoridades, y la     conveniencia a largo plazo de esta actitud está implícita en su     misma existencia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;En la visión conservadora, el     hombre es capaz de hacer evaluaciones a largo plazo pero la forma de     hacer esas evaluaciones es puramente experimental y apuntando a la     experiencia de la mayoría, es decir observando la forma en que las     masas "votan con los pies". La realidad es demasiado compleja como     para soñar en cualquier justicia compensatoria. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;En la visión revolucionaria,     sin embargo, el hombre es capaz de hacer evaluaciones más inmediatas     y lo hace mediante razones precisas y articuladas que no se detienen     ante la justicia compensatoria.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;b&gt;CONCLUSIONES&lt;/b&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;La diferencia fundamental entre     la ciencia y las teorías sociales reside en la imposibilidad de     hacer experimentos sociales de laboratorio que nos den las pruebas     definitivas para cancelar ciertas hipótesis. Por otra parte, la     continuidad biológica de la especie humana significa que los     experimentos que fracasan no pueden ser iniciados nuevamente a     partir de cero. En la vida social, sólo es posible la sensatez, no     la ciencia. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;* NOTA de AR: En este texto,     Sowell utiliza los conceptos de "restricted" y "unrestricted" para     caracterizar las visiones. Es decir, la visión "restringida" y la     "no restringida", según acepten limitaciones a la naturaleza humana&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;(visión restringida) o no las     acepten (visión no restringida). Con todo, he considerado más claro     sustituir esos términos en esta síntesis por los de "conservadora" y     "revolucionaria", que son más claras para el público de habla     hispana y fieles al espíritu del autor.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt; &lt;b&gt;SOBRE EL AUTOR&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Thomas Sowell (1930- ) es un     economista graduado de las unversidades de Harvard, Columbia y la     Escuela de Chicago, donde fue alumno de Milton Friedman. Es miembro     asociado de la Institución Hoover. Es un columnista sindicado que     publica regularmente en la revista Forbes. Profesor durante mucho     años, Sowell es un autor prolífico y, sin duda, un extraordinario     pensador y uno de los más brillantes intelectuales norteamericanos     de nuestro tiempo. De su extensa bibliografía, recomendamos     particularmente:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Conflict of Visions (de la que     hemos ofrecido un síntesis)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6662313409533785359-2120769802017263496?l=textosliberales.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6662313409533785359/posts/default/2120769802017263496'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6662313409533785359/posts/default/2120769802017263496'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://textosliberales.blogspot.com/2008/12/conflicto-de-visiones.html' title='Conflicto de Visiones'/><author><name>flavio g</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_ICglJvh8qjI/STu0eSSVcRI/AAAAAAAAAG8/q6oWwptOb_A/S220/portada_bases.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6662313409533785359.post-480248118917883106</id><published>2008-12-08T05:53:00.000-08:00</published><updated>2008-12-08T06:33:58.250-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Bastiat'/><title type='text'>LA LEY, Por Frédéric Bastiat</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;La ley, ¡pervertida! La ley y tras ella todas las fuerzas colectivas de la nación, ha sido no solamente apartada de su finalidad, sino que aplicada para contrariar su objetivo lógico. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¡La ley, convertida en instrumento de todos los apetitos inmoderados, en lugar de servir como freno!&lt;br /&gt;¡La ley, realizando ella misma la iniquidad de cuyo castigo estaba encargada! Ciertamente se trata de un hecho grave, como pocos existen y sobre el cual debe serme permitido llamar la atención de mis conciudadanos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;LA VIDA ES UN DON DE DIOS&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;De Dios nos viene el don que, para nosotros, los contiene a todos: La vida. - la vida física, intelectual y moral.&lt;br /&gt;Empero, la vida no se mantiene por sí misma. Aquel que nos la ha dado, ha dejado a cargo nuestro el cuidado de mantenerla, desarrollarla y perfeccionarla.&lt;br /&gt;Para ello nos ha dotado de un conjunto de facultades maravillosas; nos ha colocado en un medio compuesto de elementos diversos. Aplicando nuestras facultades a aquellos elementos, es como se realiza el fenómeno de la transformación, de la Apropiación, por medio del cual la vida recorre el camino que le ha sido asignado. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Existencia, Facultades, Producción en otros términos, Personalidad, Libertad, Propiedad-: he ahí al hombre.&lt;br /&gt;De esas tres cosas sí puede decirse, fuera de toda sutileza demagógica, que son anteriores y superiores a cualquier legislación humana.&lt;br /&gt;La existencia de la Personalidad, la Libertad y la Propiedad, no se debe a que los hombres hayan dictado Leyes. Por el contrario, la preexistencia de su personalidad, libertad y propiedad es la que determina que puedan hacer leyes los hombres.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;¿QUE ES LA LEY?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¿Qué es, pues, la ley? Es la organización colectiva del derecho individual de legitima defensa.&lt;br /&gt;Cada uno de nosotros ha recibido ciertamente de la naturaleza, de Dios, el derecho de defender su personalidad, su libertad y su propiedad ya que son esos los tres elementos esenciales requeridos para conservar la vida, elementos que se complementan el uno al otro, sin que pueda concebirse uno sin el otro. Porque, ¿qué son nuestras facultades, sino una prolongación de nuestra personalidad, y qué es la propiedad sino una prolongación de nuestras facultades?.&lt;br /&gt;Si cada hombre tiene el derecho de defender, aun por la fuerza, su persona, su libertad y su propiedad, varios hombres tienen el Derecho de concertarse, de entenderse, de organizar una fuerza común para encargarse regularmente de aquella defensa.&lt;br /&gt;El derecho colectivo, tiene pues, su principio, su razón de ser, su legitimidad, en el derecho Individual; y la fuerza común, racionalmente, no puede tener otra finalidad, otra misión, que la que corresponde a las fuerzas aisladas a las cuales substituye.&lt;br /&gt;Así como la fuerza de un individuo no puede legítimamente atentar contra la persona, la libertad o la propiedad de otro individuo, por la misma razón la fuerza común no puede aplicarse legítimamente para destruir la persona, la libertad o la propiedad de individuos o de clases.&lt;br /&gt;Porque la perversión de la fuerza estaría, en uno como en otro caso, en contradicción con nuestras premisas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¿Quién se atrevería a afirmar que la fuerza nos ha sido dada, no para defender nuestros derechos sino para aniquilar los derechos idénticos de nuestros hermanos? Y no siendo eso cierto con respecto a cada fuerza individual, procediendo aisladamente ¿cómo podría ser cierto en cuanto a la fuerza colectiva, que no es otra cosa que la unión organizada de las fuerzas aisladas?&lt;br /&gt;Si ello es cierto, nada es más evidente que esto: la ley es la organización del derecho natural de legítima defensa: es la sustitución de la fuerza colectiva a las fuerzas individuales, para actuar en el campo restringido en que éstas tienen el derecho de hacerlo, para garantizar a las personas, sus libertades, sus propiedades y para mantener a cada uno en su derecho, para hacer reinar para todos la JUSTICIA.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;GOBIERNO JUSTO Y ESTABLE&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Si existiera un pueblo constituido sobre esa base, me parece que ahí prevalecería el orden, tanto en los hechos como en las ideas. Me parece que tal pueblo tendría el gobierno más simple, más económico, menos pesado, el que menos se haría sentir, con menos responsabilidades, el más justo, y por consiguiente el más perdurable que pueda imaginarse, cualquiera que fuera, por otra parte, su forma política.&lt;br /&gt;Porque bajo un régimen tal, cada uno comprendería bien que posee los privilegios de su existencia, así como toda la responsabilidad al respecto. Con tal que la persona fuera respetada, el trabajo fuera libre, y los frutos del trabajo estuvieran garantizados contra todo ataque injusto, ninguno tendría nada que discutir con el Estado. De lograr éxito no tendríamos que darles las gracias al Estado. Así como sí fracasamos, no lo culparíamos en mayor medida de lo que pueden hacerlo los campesinos, en cuanto a echarle en cara el granizo o la helada. El Estado se haría sentir solamente por el inestimable beneficio de la seguridad derivada de este concepto de gobierno.&lt;br /&gt;Más aún, puede afirmarse que gracias a la no intervención del Estado en los asuntos privados, las necesidades y las satisfacciones se desarrollarían en el orden natural. No se vería a las familias pobres pretender instrucción literaria antes de tener pan.&lt;br /&gt;No se vería poblarse la ciudad en detrimento de los campos o los campos en detrimento de las ciudades. No se verían esos grandes desplazamientos de capitales, de trabajo, de población, provocados por medidas legislativas, desplazamientos que hacen tan inciertas y precarias las fuentes mismas de la existencia, agravando así en una medida tan grande la responsabilidad de los gobiernos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;COMPLETA PERVERSION DE LA LEY&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por desgracia, es mucho lo que falta para que la ley esté encuadrada dentro de su papel. Ni siquiera cuando se ha apartado de su misión, lo ha hecho solamente con fines inocuos y defendibles. Ha hecho algo aún peor: ha procedido en forma contraria a su propia finalidad; ha destruido su propia meta; se ha aplicado a aniquilar aquella justicia que debía hacer reinar, a anular, entre los derechos, aquellos límites que era su misión hacer respetar; ha puesto la fuerza colectiva al servicio de quienes quieran explotar, sin riesgo y sin escrúpulos, la persona, la libertad o la propiedad ajenas; ha convertido la expoliación, para protegerla, en derecho y la legítima defensa en crimen, para castigarla. ¿Cómo se ha llevado a cabo semejante perversión de la ley? ¿Cuáles son sus consecuencias?&lt;br /&gt;La ley se ha pervertido bajo la influencia de dos causas muy diferentes: el egoísmo carente de inteligencia y la falsa filantropía.&lt;br /&gt;Hablemos de la primera.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;FATAL TENDENCIA DE LA ESPECIE HUMANA&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La aspiración común de todos los hombres es conservarse y desarrollarse, de manera que si cada uno gozara del libre ejercicio de sus facultades y de la libre disposición de sus productos, el progreso social sería incesante, ininterrumpido, infalible.&lt;br /&gt;Pero hay otra disposición que también les es común a los hombres. Es la que se dirige a vivir y desarrollarse, cuando pueden, a expensas los unos de los otros. No es ésta una imputación aventurada emanada de un espíritu dolorido y carente de caridad. La historia da testimonio al respecto, con las guerras incesantes, las migraciones de los pueblos, las opresiones sacerdotales, la universalidad de la esclavitud, los fraudes industriales y los monopolios, de todos los cuales los anales se encuentran repletos.&lt;br /&gt;Esta funesta inclinación nace de la constitución misma del hombre, de ese sentimiento primitivo, universal, invencible, que lo empuja hacia el bienestar y lo hace huir de la incomodidad, el esfuerzo y el dolor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;PROPIEDAD Y EXPOLILACION&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El hombre no puede vivir y disfrutar sino por medio de una transformación y una apropiación perpetua, es decir por medio de una perpetua aplicación de sus facultades a las cosas, por el trabajo. De ahí emana la Propiedad.&lt;br /&gt;Pero también es cierto que el hombre puede vivir y disfrutar, apropiando y consumiendo e producto de las facultades de sus semejantes. De ahí emana la expoliación.&lt;br /&gt;Ahora bien, siendo que el trabajo es en sí sufrimiento y ya que el hombre se inclina a huir del sufrimiento, el resultado es -y ahí está la historia para probarlo- que prevalece la expoliación siempre que sea menos onerosa que el trabajo; prevalece, sin que puedan impedirlo en ese caso ni la religión ni la moral.&lt;br /&gt;¿Cuándo se detiene pues la expoliación?&lt;br /&gt;Cuando se hace más onerosa, más peligrosa que el trabajo.&lt;br /&gt;Evidente es que la ley debiera tener por finalidad oponer el obstáculo poderoso de la fuerza colectiva a aquella tendencia funesta; que debiera tomar partido por la propiedad y contra la expoliación.&lt;br /&gt;Pero, lo más frecuente es que la ley sea hecha por un hombre o por una clase de hombres. Y siendo inoperante la ley sin sanción, sin el apoyo de una fuerza preponderante, es inevitable que en definitiva quede aquella fuerza en manos de quienes legislan.&lt;br /&gt;Este fenómeno inevitable, combinado con la funesta inclinación que hemos comprobado que existe en el corazón del hombre, explica la perversión casi universal de la ley. Se concibe así como, en lugar de constituir un freno contra la injusticia, se convierte en un instrumento y el más invencible instrumento de la injusticia. Se concibe que, según sea el poder legislador, destruya -en provecho propio y en grados diferentes, en cuanto al resto de los hombres- la personalidad con la esclavitud, la libertad con la opresión y la propiedad con la expoliación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;VICTIMAS DE LA EXPOLIACION LEGAL&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Está en la naturaleza de los hombres el reaccionar contra la iniquidad de que sean víctimas. Así, pues, cuando la expoliación está organizada por la ley, en beneficio de las clases que la dictan, todas las clases expoliadas tienden por vías pacíficas o revolucionarias a tener alguna participación en la confección de las leyes. Tales clases, según sea el grado de esclarecimiento a que hayan llegado, pueden proponerse dos finalidades muy diferentes al perseguir la conquista de sus derechos políticos: o quieren hacer cesar la expoliación legal, o aspiran a participar en dicha expoliación.&lt;br /&gt;¡Desgraciadas, tres veces desgraciadas las naciones en las cuales sea este último pensamiento el que predomine en las masas en el momento en que a su vez se apoderen de la facultad de legislar!&lt;br /&gt;Hasta la época presente, la expoliación legal era ejercitada por un pequeño número contra el gran número, tal como se ve en los pueblos en los cuales el derecho de legislar se concentra en pocas manos. Pero he aquí que se ha vuelto universal y se busca el equilibrio, en la expoliación universal. En lugar de extirpar lo que la sociedad contenía de injusticia, se generaliza esta última. Tan pronto como las clases desheredadas han recuperado sus derechos políticos, el primer pensamiento que de ellas se adueña, no es el de liberarse de la expoliación (eso supondría en ellas conocimientos que no pueden tener) sino el de organizar contra las otras clases y en su detrimento, un sistema se represalias -como si fuera necesario, antes del advenimiento del reinado de la justicia- que una cruel venganza viniera a herirlas, a unas a causa de su iniquidad, a las otras a causa de su ignorancia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;RESULTADOS DE LA EXPOLIACION LEGAL&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No podía pues introducirse en la sociedad un cambio más grande y una mayor desgracia que ésta: la ley convertida en instrumento de expoliación.&lt;br /&gt;¿Cuáles son las consecuencias de una perturbación semejante? Se necesitarían volúmenes para describirlas a todas. Contentémonos con indicar la más sobresaliente.&lt;br /&gt;La primera, es la de borrar en todas las conciencias la distinción entre lo justo y lo injusto.&lt;br /&gt;Ninguna sociedad puede existir, si no impera en algún grado el respeto a las leyes; pero es el caso que lo que da más seguridad para que sean respetadas las leyes, es que sean respetables. Cuando la ley y la moral se encuentran en contradicción, el ciudadano se encuentra en la cruel disyuntiva de perder la noción de lo moral o de perder el respeto a la ley, dos desgracias tan grandes una como la otra y entre las cuales es difícil elegir.&lt;br /&gt;Hacer reinar la justicia está tan en la naturaleza de la ley, que ley y justicia, es todo uno en el espíritu de la gente. Todos tenemos una fuerte inclinación a considerar lo legal como legítimo, hasta tal punto que son muchos los que falsamente dan por sentado que toda justicia emana de la ley. Basta pues que la ley ordene y consagre la expoliación, para que ésta parezca justa y sagrada para muchas conciencias. La esclavitud, la restricción, el monopolio, encuentran defensores no solamente entre los que de ello aprovechan, sino aún entre los que por ello sufren.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;SE CONDENA A LOS DISIDENTES&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Si alguien pone en duda la moralidad de aquellas instituciones se dirá: "Sois un innovador peligroso, un utopista, un teórico, despreciáis las leyes; conmovéis la base sobre la cual reposa la sociedad".&lt;br /&gt;Si uno dicta cátedra sobre moral o economía no tardan en aparecer instituciones oficiales que hacen llegar al gobierno peticiones como las siguientes:&lt;br /&gt;"Que en adelante se enseñe la ciencia, no ya desde el único punto de vista del libre intercambio (de la libertad, la propiedad y la justicia) como hasta ahora ha ocurrido, sino que también y sobre todo, sea enseñada desde el punto de vista de los hechos y de la legislación (contraria a la libertad, propiedad y justicia) que rige la industria nacional.&lt;br /&gt;"Que en las cátedras públicas, remuneradas por el Tesoro, el profesor se abstenga rigurosamente de llevar el menor ataque al debido respeto a las leyes en vigor".&lt;br /&gt;De manera que si existe una ley que consagra la esclavitud o el monopolio, la opresión o la expoliación en una forma cualquiera, no se podrá siquiera hablar de ella; porque ¿cómo podría hablarse de esa ley, sin conmover el respeto que inspira? Más aún, habrá que enseñar moral y economía política desde el punto de vista de aquella ley, es decir basándose en el supuesto de que es justa, sólo por ser ley.&lt;br /&gt;Otro aspecto de la deplorable perversión de la ley, es el que da una preponderancia exagerada a las pasiones y luchas políticas, y en general a la política propiamente dicha.&lt;br /&gt;Podría probar mi afirmación de mil maneras. Me limitaré por vía de ejemplo a relacionarla con el asunto que recientemente ha ocupado el espíritu de todos: el sufragio universal.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;¿QUIEN DEBE JUZGAR?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Piensen lo que piensen al respecto los afectos a la escuela de Rousseau -que se dice muy avanzada y que para mí tiene un atraso de veinte siglos- el sufragio universal (tomando la palabra en su aceptación rigurosa) no es uno de esos dogmas sagrados, con respecto a los cuales el examen y la duda misma constituyen crímenes.&lt;br /&gt;Pueden oponérsele graves objeciones.&lt;br /&gt;Para empezar, la palabra universal oculta un sofisma grosero. Hay en Francia treinta seis millones de habitantes. Para que el derecho de sufragio fuera universal, tendría que serle reconocido a treinta y seis millones de electores. En el sistema más amplio, no se le reconoce sino a nueve millones. Luego, quedan excluidas tres de cada cuatro personas, y lo que es más importante, quien excluye a los otros es la cuarta persona. ¿Sobre qué principio se funda tal exclusión? Sobre el principio de la incapacidad. Sufragio universal quiere decir: sufragio universal de los que tienen capacidad. Quedan en pie estas cuestiones de hecho: ¿Quiénes son capaces? ¿Acaso la edad, el sexo, o las condenas judiciales, son los únicos signos por los que puede reconocerse la incapacidad?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;RAZON PARA RESTRINGIR EL VOTO&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Si se mira de cerca, muy pronto se percibe el motivo por el cual el derecho de sufragio se basa en la presunción de capacidad y a ese respecto el sistema más amplio no difiere del más restrictivo, sino en la apreciación de los signos por los cuales puede reconocerse la capacidad; lo cual no constituye una diferencia de principio sino de grado.&lt;br /&gt;El motivo está en que el elector al votar no compromete sólo su interés sino el de todo el mundo.&lt;br /&gt;Si, como lo pretenden los republicanos de tipo griego o romano, nos estuviera conferido el derecho de sufragio junto con la vida, sería inicuo que los adultos impidieran votar a mujeres y niños. ¿Por qué se les excluye? Porque se les presume incapaces. ¿Y por qué la incapacidad es motivo de exclusión? Porque al elector no le toca a él sólo la responsabilidad de su voto; porque cada voto compromete y afecta a la comunidad entera; porque la comunidad bien tiene el derecho de exigir algunas garantías en cuanto a los actos de los cuales depende su bienestar y su existencia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;LA SOLUCION ESTA EN RESTRINGIR LA FUNCION DE LA LEY&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sé lo que puede contestarse. También sé lo que se podría replicar. No es éste el lugar para agotar tal controversia. Lo que quiero hacer observar es que esa misma controversia (como también la mayor parte de las cuestiones políticas) que agita, apasiona y trastorna los pueblos, perdería casi toda su importancia si la ley hubiera sido siempre lo que debía ser.&lt;br /&gt;En efecto, si la ley se limitara a hacer respetar a todas las personas, a todas las libertades y todas las propiedades, si no fuera más que la organización del derecho individual de legítima defensa, el obstáculo, el freno y el castigo opuesto a todas las opresiones y a todas las expoliaciones, ¿puede creerse que hablamos de disputar mucho, entre conciudadanos, a propósito del sufragio, más o menos universal? ¿Se cree que por eso se pondría en cuestión el mayor de los bienes, la tranquilidad pública? ¿Se cree que las clases excluidas no habrían de esperar tranquilamente que les llegará su turno? ¿Se cree que las clases admitidas al voto, estarían muy celosas por conservar su privilegio? ¿Y acaso no es claro que siendo idéntico y común el interés, los unos actuarían sin causar inconvenientes a los que no votan?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;LA FATAL IDEA DE LA EXPOLIACION LEGAL&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero si llega a introducirse el principio funesto de que so pretexto de organización, reglamentación, protección y apoyo, la ley puede quitar a los unos para dar a los otros, echar mano a la riqueza adquirida por todas las clases para aumentar la de una clase, a veces la de los agricultores, en otros casos la de los manufactureros, negociantes, armadores, artistas o comerciantes. ¡Oh!, por cierto en ese caso, no hay clase que no pretenda -con razón- echar mano a la ley también ella; que no reivindique curiosamente su derecho de elegir y ser elegida, y que no esté dispuesta a trastornar la sociedad antes de renunciar a sus pretensiones. Los mismos mendigos y vagabundos probarán que tienen títulos incontestables. Dirán: "Nunca compramos vino, ni tabaco, ni sal, sin pagar impuestos, y una parte de tales impuestos se da por vía legislativa en forma de primas y subvenciones a hombres más ricos que nosotros. Hay otros que hacen servir la ley para elevar artificialmente el precio del pan, de la carne, del hierro y del paño. Ya que cada uno explota la ley en provecho propio, también nosotros queremos explotarla".&lt;br /&gt;Queremos sacar de ahí el derecho a la beneficencia, que es la parte del pobre en la expoliación. Para ello, es necesario que seamos electores y legisladores, a fin de que organicemos en gran escala la limosna para nuestra clase, tal como se ha organizado en gran escala la protección para la clase pudiente. No se nos diga que se nos dará nuestra parte, que nos será arrojada -según la propuesta de Mimerel- una suma de 600,000 francos para hacemos callar, como un hueso para roer. ¡Tenemos otras pretensiones, y en todo caso, queremos dictar preceptos en nuestro beneficio, así como otras clases lo hicieron en provecho suyo!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;LA PERVERSION DE LA LEY PROVOCA CONFLICTO&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¿Qué puede contestarse a esos argumentos? Mientras sea admitido en principio que puede desviarse la ley de su misión verdadera, que aquella puede violar los derechos de propiedad en lugar de garantizarlos, cada clase querrá hacer la ley, sea para defenderse contra la expoliación, sea para organizarla también en provecho propio. La cuestión política prevalecerá sobre la justicia, será dominante y absorbente; en una palabra se luchará en las puertas del palacio legislativo. La lucha adentro no será menos encarnizada. Para convencerse de ello, sólo es necesario observar lo que ocurre en las legislaturas en Francia y en Inglaterra; basta saber cómo queda planteado el asunto.&lt;br /&gt;¿Hay necesidad de probar que esa odiosa perversión de la ley es perpetua causa de odio y de discordia, que puede llegar hasta la desorganización social?&lt;br /&gt;Mirad hacia los Estados Unidos. De todo el mundo es el país donde la ley se mantiene más adentro de su papel, que es el de garantizar a cada uno su libertad y su propiedad. También es el país de todo el mundo donde el orden social parece descansar sobre las bases más estables. Con todo, también en los Estados Unidos existen dos cuestiones -no hay más que dos- que desde el principio han puesto en peligro varias veces el orden político.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;LA ESCLAVITUD Y LAS TARIFAS ADUANERAS SON EXPOLIACION&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¿Y cuáles son esos dos asuntos? El de la esclavitud y el de las tarifas aduaneras; es decir, precisamente las dos únicas cuestiones en las cuales, contrariamente al espíritu general de aquella república, la ley ha tomado el carácter expoliativo. La esclavitud es una violación consagrada por la ley, a los derechos de la persona. El proteccionismo es una violación, cometida por la ley, del derecho de propiedad; y ciertamente es muy de notar que en medio de tantos otros debates, aquel doble azote legal, triste herencia del antiguo mundo, sea el único que puede traer, y que traerá tal vez la ruptura de la unión americana. Es que en efecto, no podrá imaginarse en el seno de una sociedad, un hecho más digno de consideración que el siguiente: La ley transformada en instrumento de injusticia. Y si tal hecho engendra tan formidables consecuencias en los Estados Unidos, donde no constituye más que una excepción, ¿qué debe ser en nuestra Europa, donde constituye un principio, un sistema?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;DOS CLASES DE EXPOLIACION&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Montalembert, apropiándose del pensamiento contenido en una famosa proclama de Carlier decía: hay que hacerle la guerra al socialismo. Y, por socialismo, Charles Dupin, entendía referirse a la expoliación.&lt;br /&gt;¿Pero a qué expoliación se refería? Porque hay dos clases: la expoliación extra-legal y la legal.&lt;br /&gt;En cuanto a la extra-legal, la que se llama robo, estafa, la que define, prevé y castiga el Código Penal, en verdad no creo que pueda decorársela con el nombre de socialismo. No es la que amenaza sistemáticamente a la Sociedad en sus fundamentos. Por otra parte, la guerra contra esa clase de expoliación no ha esperado la señal de Montalembert o de Carlier. Se ha dado desde el comienzo del mundo; Francia había tomado medidas al respecto mucho antes de la Revolución de Febrero de 1848, mucho antes de la aparición del socialismo, por medio de todo un aparato de justicia, policía, gendarmería, prisiones, presidios y patíbulos. La ley misma es la que conduce a está guerra y para mí lo que sería de desear, sería que la ley conservara siempre esta actitud con respecto a la expoliación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;LA LEY DEFENDIENDO A LA EXPOLIACION&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero no ocurre así. La ley a veces defiende y participa en la expoliación. A veces la lleva a cabo por su propia mano a fin de ahorrarle al beneficiario la vergüenza, el peligro y el escrúpulo. A veces pone todo aquel aparato de juzgados, policía, gendarmería y prisión, al servicio del expoliador, tratando como criminal al expoliado que se defiende. En una palabra, existe la expoliación legal, que es sin duda la mencionada por Montalembert.&lt;br /&gt;Tal expoliación puede ser en la legislatura de un pueblo, nada más que una mancha excepcional -y en ese caso, lo mejor que puede hacerse, sin tantas declamaciones y jeremiadas, es borrarla lo más pronto posible, a pesar de los clamores de los interesados.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;COMO IDENTIFICAR LA EXPOLIACION LEGAL&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¿Cómo reconocerla? Es muy sencillo. Hay que examinar si la ley quita a algunos lo que les pertenece, para dar a otros lo que no les pertenece. Hay que examinar si la ley realiza, en provecho de un ciudadano y en perjuicio de los demás un acto que aquel ciudadano no podría realizar por si sin incurrir en criminalidad. Perentoriamente debe derogarse tal ley; no constituye solamente una iniquidad, sino que es ella fuente fecunda de iniquidades; porque provoca represalias, y de no tenerse cuidado, el hecho excepcional habrá de extenderse y multiplicarse, transformarse en algo sistemático. Sin duda el beneficiario chillará: invocará los derechos adquirimos. Dirá que el Estado debe protección y fomento a su industria; alegará que es bueno que el Estado lo enriquezca, porque siendo rico, gastará más, derramando así una lluvia de salarios sobre los obreros pobres. Hay que guardarse de escuchar a este sofista,, pues es justamente por la sistematización de tales argumentos, como quedará sistematizado la expoliación legal.&lt;br /&gt;Es lo que ha ocurrido. La quimera de hoy es la de enriquecer a todas las clases, las unas a expensas de las otras; es la de generalizar la expoliación bajo el pretexto de organizarla.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;LA EXPOLIACION LEGAL TIENE MUCHOS NOMBRES&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ahora bien, la expoliación legal puede ejercitarse en una multitud, infinita de maneras; de ahí la infinita multitud de planes de organización: tarifas, proteccionismos, primas, subvenciones, fomentos, impuestos progresivos, instrucción gratuita, derecho al trabajo, derecho a la ganancia, derecho al salario, derecho a la asistencia, derecho a los instrumentos de trabajo, gratuidad del crédito, etc. Y es el conjunto de todos aquellos planes, en lo que tienen de común que es la expoliación legal, lo que toma el nombre de socialismo.&lt;br /&gt;Es el caso que así definido el socialismo, formando un cuerpo de doctrina, ¿qué guerra puede hacérsele, no siendo una guerra de doctrina? Se encuentra que la doctrina socialista es falsa, absurda, abominable. Debe refutársela. Lo cual resultará tanto más fácil, cuanto más falsa, absurda y abominable sea. Sobre todo, si se quiere ser fuerte, hay que comenzar por extirpar de la legislación todo lo que haya podido deslizarse en ella, de carácter socialista, y no es trabajo pequeño.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;EL SOCIALISMO ES EXPOLIACION LEGAL&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Se ha reprochado a Montalembert el querer emplear la fuerza bruta contra el socialismo. Es un reproche del cual hay que exculparlo, porque formalmente ha dicho: hay que hacerle al socialismo la guerra que sea compatible con la ley, el honor y la justicia.&lt;br /&gt;¿Pero cómo es que Montalembert no se da cuenta de que se coloca en un círculo vicioso? ¿Quiere oponer la ley al socialismo? Pero, el socialismo precisamente invoca la ley. No apela a la expoliación extra-legal, sino a la expoliación legal. Al igual que todos los monopolistas, pretende hacer un instrumento de la ley misma; y una vez que tenga la ley de su parte, ¿cómo se puede volver la ley contra él? ¿Cómo pretender colocarlo bajo el poder de los tribunales, gendarmes y prisiones?&lt;br /&gt;Luego, ¿qué hacer? Se le quiere impedir que intervenga en la confección de las leyes. Se le quiere mantener fuera del palacio legislativo. Me atrevo a predecir que no se tendrá éxito, mientras dentro se legisle basándose en el principio de la expoliación legal. Es demasiado ¡lógico, demasiado absurdo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;LAS ALTERNATIVAS QUE SE NOS PRESENTAN&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Es absolutamente necesario que este asunto de la expoliación legal se resuelva, y no hay más que tres soluciones:&lt;br /&gt;Que los menos expolien a los más.&lt;br /&gt;Que todos expolien a todos.&lt;br /&gt;Que ninguno expolie a nadie.&lt;br /&gt;Hay que elegir entre expoliación parcial, expoliación universal o ausencia de expoliación. La ley no puede perseguir sino uno de aquellos tres resultados.&lt;br /&gt;La expoliación parcial es el sistema que ha prevalecido mientras ha sido limitado el sufragio, sistema al que se retorna para evitar la invasión del socialismo.&lt;br /&gt;Expoliación universal es el sistema que nos ha amenazado cuando el sufragio se ha hecho universal, ya que las masas han concebido la idea de legislar basándose en el mismo principio utilizado por los legisladores que las precedieron cuando el sufragio era limitado.&lt;br /&gt;Ausencia de expoliación es el principio de justicia, de paz, de orden, de estabilidad, conciliación y buen sentido, que habré del proclamar con todas mis fuerzas, ¡ay! por mucho insuficientes, hasta mi último aliento.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;FUNCION PROPIA DE LA LEY&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y sinceramente ¿puede pedirse otra cosa a la ley? La ley que tiene como sanción necesaria a la fuerza, ¿puede razonablemente ser empleada para otra cosa que no sea su función de mantener a cada uno en su derecho? Desafío a cualquiera para extender su función más allá de ese círculo, sin volverla contra el derecho, y por consiguiente, sin volver la fuerza contra el derecho. Y como es esa la perturbación social más funesta y más ilógica que pueda imaginarse, debe ser reconocido sin dificultad que la verdadera solución, tan buscada, para el problema social, se encierra en esas simples palabras: LA LEY ES LA JUSTICIA ORGANIZADA.&lt;br /&gt;Ahora, notémoslo bien: organizar la justicia por medio de la ley, es decir, mediante la fuerza, excluye la idea de organizar por la ley o por la fuerza una manifestación cualquiera de la actividad humana: trabajo, caridad, agricultura, comercio, industria, instrucción, bellas artes o religión; porque no es posible que una de esas organizaciones secundarias deje de aniquilar la organización esencial: LA JUSTICIA. En efecto, cómo imaginar a la fuerza coartando la libertad de los ciudadanos, sin que resulte dañada la justicia, es decir sin actuar contra su propia finalidad?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;SEDUCTOR ENGAÑO DEL SOCIALISMO&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Tropiezo aquí contra el prejuicio más popular de nuestra época. No se quiere solamente que la ley sea justa; se quiere también que sea filantrópica. No se está conforme conque garantice a cada ciudadano el libre y pacífico ejercicio de sus facultades, aplicadas a su desarrollo físico, intelectual y moral: se exige que esparza directamente sobre la nación el bienestar, la instrucción y la moralidad. Ese es el aspecto seductor del socialismo.&lt;br /&gt;Pero, lo repito, aquellas dos misiones de la ley, se contradicen. Es necesario optar. El ciudadano no puede al mismo tiempo ser libre y no serio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;LA FRATERNIDAD FORZADA DESTRUYE LA LIBERTAD&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me escribió una vez Lamartine: "Vuestra doctrina no es más que la mitad de mi programa: os habéis detenido en la libertad, yo estoy ya en la fraternidad". Le contesté: "La segunda mitad de vuestro programa habrá de destruir la primera". Y, en efecto, me es completamente imposible separar la palabra fraternidad, de la palabra voluntarismo. Me es por completo imposible concebir la fraternidad forzada legalmente, sin que resulte la libertad legalmente destruida y la justicia legalmente pisoteada.&lt;br /&gt;La expoliación legal tiene dos raíces: una, acabamos de verlo, está en el egoísmo humano; la otra está en la falsa filantropía.&lt;br /&gt;Antes de seguir adelante creo que debo explicarme acerca de la palabra expoliación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;LA EXPOLIACION VIOLA LA PROPIEDAD&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No tomo la expresión como se hace demasiado a menudo en un sentido vago, indeterminado, aproximativo y metafórico. Me sirvo de ella en el sentido completamente científico, destinándola a expresar la idea opuesta a la de la propiedad. Cuando una porción de riqueza pasa sin su consentimiento y sin su compensación de aquel que la ha adquirido, a quien no la ha creado, ya sea por la fuerza o por el engaño, digo que hay ataque a la propiedad, produciéndose una expoliación. Digo que ahí está precisamente lo que la ley debiera reprimir en todas partes y siempre. Que si la ley misma realiza el acto que debiera reprimir, sigo diciendo que no hay ahí menos expoliación sino más aún, desde el punto de vista social, con circunstancias agravantes. Sólo que en tal caso, no tiene la responsabilidad quien se aprovecha de la expoliación, sino la ley, el legislador, la sociedad, y he allí la existencia del peligro político.&lt;br /&gt;Es lamentable que la palabra expoliación sea ofensiva. Vanamente he buscado otra, porque en ningún momento, y hoy menos que nunca, quisiera arrojar en medio de nuestras discordias una palabra irritante. Por eso, se crea o no, declaro que no pretendo atacar las intenciones, o la moralidad de ninguno. Ataco una idea que creo falsa, un sistema que me parece injusto y tan lo hago prescindiendo de las intenciones, cuanto que reconozco que cada uno de nosotros aprovecha de la idea del sistema sin quererlo, y sufre por el mismo sin saber la causa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;TRES SISTEMAS DE EXPOLIACION&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sería necesario escribir bajo la influencia del espíritu de partido o del temor, para poner en duda la sinceridad del proteccionismo, del socialismo y aún del comunismo, que no son sino un solo árbol en tres períodos diversos de su crecimiento. Sólo ocurre que la expoliación se hace más visible, por su particularidad, en el proteccionismo, y por su universalidad en el comunismo; de donde resulta que de los tres sistemas el socialismo es aún el más vago, el más indeciso, y por consiguiente el más sincero.&lt;br /&gt;Si en Francia la protección no fuera acordada mas que a una sola clase, por ejemplo a lo
